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Emil Gilels en el centenario de su nacimiento (19-10-2016)


La escuela pianística de Rusia ha sido ya desde el siglo XIX muy prestigiosa, dando nombres tan destacables como los hermanos Anton y Nikolai Rubinstein, Sergei Rachmaninov o, ya a comienzos del siglo XX, Vladimir Horowitz, por citar sólo algunos de los más famosos y destacables. Pero en la segunda década del siglo XX vinieron al mundo dos de los más grandes pianistas de los que hay registro sonoro; el primero sería Sviatoslav Richter, y el segundo, nacido un año después, será el que hoy nos ocupa en el centenario de su nacimiento: Emil Gilels.




Emil Grigoryevich Gilels nació en la ciudad Ucraniana de Odesa, por aquel entonces parte de ese Imperio Ruso que estaba a punto de desaparecer, en el seno de una familia judío-lituana. Emil Gilels tuvo una hermana 3 años menor, Elizabeth, que fue violinista, y con la que le vemos en esta foto:

Emil Gilels poseía oído absoluto, por lo que sus padres le llevaron a estudiar a los 5 años con el pedagogo y pianista Yakob Tkach, cuya estricta enseñanza desarrolló inmediatamente la técnica del pequeño Emil, que en pocos meses aprendió a tocar obras de Clemente o de Mozart, para sorpresa de un profesor que se dio cuenta de que Gilels había nacido para ser pianista.

En mayo de 1929, con sólo 12 años, Emil Gilels da su primer concierto público, entrando ese mismo año en el conservatorio de Odesa, donde se graduará en 1935. Bertha Reingbald será su profesora. Aún siendo menor de la edad estipulada, Gilels participa en concursos de piano de Ucrania, dejando claro su enorme talento.

Algo que demuestra ese talento es el hecho de que, en 1932, el famoso pianista polaco Arthur Rubinstein visitó Odesa y se llevó una gran impresión al ver tocar a Emil. Ambos serán amigos hasta la muerte de Arthur, quien años después confesaría que, si aquel joven pecoso de larga cabellera pelirroja hubiera ido en ese momento a Estados Unidos, él habría tenido que marcharse… razón no le faltaba, desde luego.

En 1932 conoce en Moscú a Heinrich Neuhaus, famoso profesor del conservatorio de Moscú, y en 1933 gana por unanimidad un prestigioso concurso de piano en la capital rusa y que le lanza a la fama en toda la URSS, pero Gilels, a quien Bertha Reingbald le había enseñado a no dar demasiados conciertos, agobiado por el estrés que le provoca toda esa actividad, vuelve al conservatorio de Ucrania. Eso sí, tras graduarse, vuelve a Moscú como estudiante de postgrado con Neuhaus, donde coincidirá con otro destacado alumno, Sviatoslav Richter, de quien también será gran amigo toda su vida (curioso que no hubiera rivalidad entre dos genios de su altura).

En 1938 gana otro concurso en Bruselas, y ese mismo año termina sus estudios en Moscú, pero la gira que tiene planeada en América se cancela por el inicio de la II Guerra Mundial. Pese a todo, Gilels es ya una celebridad, hasta el punto de que un exiliado Sergei Rachmaninov, escuchando por la radio los conciertos de Gilels, le envía una medalla y un diploma que él había recibido para simbolizar su puesto como sucesor de Anton Rubinstein; Rachmaninov considerará a Gilels su sucesor.

En 1944 Emil Gilels estrena la sonata para piano nº 8 de Sergei Prokofiev, y durante la guerra da conciertos en el frente para alentar a las tropas. Forma también en 1945 un trío junto a su cuñado, el violinista Leonid Kogan, y el chelista Mstislav Rostropovich.

En 1955, Emil Gilels será, junto con el violinista David Oistrakh, el primer músico soviético al que se le permite hacer giras en Occidente, donde arrasa por donde pasa. En Estados Unidos, sorprendido de su éxito, afirmará que eso es porque todavía no han escuchado a Richter (pero Richter viajará poco a Estados Unidos y fracasara inicialmente en el Reino Unido, a diferencia de Gilels). Realiza también un gran trabajo discográfico, tanto como solista como acompañando al Amadeus Quartet o junto al trío ya mencionado. Además, en sus últimos años, Gilels dará conciertos junto a su hija Elena, nacida en 1948 de su segundo matrimonio.

En 1981, Emil Gilels sufre un infarto durante un recital en Amsterdan, y su salud se deteriora, aunque su muerte fue inesperada, durante un chequeo médico en Moscú el 14 de octubre de 1985, a pocos días de cumplir 69 años. Su amigo Richter llegó a hablar de negligencia médica como causa de la muerte, aunque al parecer se trata sólo de rumores.

Pese a una carrera no excesivamente larga (no fue tan longevo, que digamos), Emil Gilels nos dejó una extensa discografía que nos permite disfrutar de su arte y de su estilo técnicamente perfecto y de gran dramatismo.

Comenzamos escuchándole en repertorio barroco, en concreto con Johann Sebastian bach, en esta Fuga BWV 532:

Destaca también como intérprete de Domenico Scarlatti, del que le escuchamos la sonata L118:

Vamos a escucharle ahora tocar obras de Wolfgang Amadeus Mozart. Comenzamos con el concierto de piano nº 21:

Le vamos a escuchar ahora junto al trío que formaba con Kogan y Rostropovich en el trío K564:

Y ahora vamos a verle tocar junto a su hija Elena el concierto para dos pianos K365:

Pero si hay un compositor en el que destacara Emil Gilels, ese es Ludwig van Beethoven. Lo comprobamos primero escuchando su mítica versión del concierto para piano nº 5 dirigida por Günter Wand:

Su estilo es prefecto para las sonatas de piano de Beethoven, capaz de solventar las grandes dificultades técnicas y el gran vistuosismo que requieren con una fuerza y un dramatismo que extraen al máximo toda la expresividad de estos. Y por encima de todas, destaca su interpretación de la sonata nº 8, “Patética”, en una versión referencial:

En vez de sólo escucharlo, ahora vamos a verlo con la sonata “Waldstein”, nº 23:

Y le escuchamos también en una sonata muy distinta, la “Claro de luna”, nº 14, donde tiene que sacar a relucir un pianismo más pausado, más poético, que si bien no era su mayor virtud, aquí demuestra que puede seguir siendo poco menos que referencial con ese delicado 1º movimiento de una belleza indescriptible:

Le escuchamos también junto a su cuñado, el violinista Leonid Kogan, interpretando la sonata para piano y violín “Kreutzer”:

Pasamos a Franz Schubert, del que vamos a escuchar primero la versión que Emil Gilels interpreta de los Momentos musicales:

Y escuchamos también una de sus más célebres participaciones junto al Amadeus Quartet, la grabación del quinteto con piano “La trucha”:

Afortunadamente, Emil Gilels no se olvidó de Felix Mendelssohn en su repertorio, que incluía las romanzas sin palabras, de la que vemos esta magnífica versión del Spinnerlied:

Y escuchamos también su versión del 1º concierto para piano:

Robert Schumann fue otro de los compositores en los que más destacó Emil Gilels. Lo comprobamos primero con estos Estudios sinfónicos:

Y le vemos ahora interpretara el concierto para piano, en una versión delicada y lenta para lo que era habitual en él, aunque con un tecleado siempre potente:

Aunque frecuente en su repertorio, no es Frederic Chopin el compositor que mejor se adaptaba al estilo de Emil Gilels, al que quizá le faltaba un punto más de delicadeza y poesía que necesita la música del polaco. Pese a todo, nos regala algunas versiones nada desdeñables de sus obras, como esta Sonata nº 3:

En cambio, en esta versión de la Polonesa Heroica se echa en falta un poco más de rubato, aunque técnicamente la versión es intachable:

En esta interpretación de la balada nº 1 se observa que su tecleado es, como ya mencionamos antes, potente, quizá demasiado para extraer todo el contenido poético de la obra de Chopin, aunque no por ello deja de haber momentos casi mágicos en su interpretación (esta es una de mis obras favoritas de Chopin, raro sería que no me gustara nada de su interpretación…), pese a otros momentos de ritmo un tanto apresurado:

Pero cuando llegamos a Franz Liszt, la cosa cambia. Aquí su estilo pianístico se adapta perfectamente a la obra del húngaro, como comprobamos en esta magnífica versión de la famosa Rapsodia Húngara nº 2:

Aunque especialmente célebre es su interpretación de la Rapsodia Húngara nº 9:

Escuchamos ahora su versión de la sonata para piano:

Y terminamos con el endiabladamente complicado Valse oubliée nº 1:

 Johannes Brahms es otro de los compositores a los que va asociado el nombre de Emil Gilels, cosa que no es difícil entender escuchando, por ejemplo, esta magnífica interpretación de su 2º concierto para piano:

Vamos a verle ahora interpretando las Baladas:

Y le vemos por último interpretar las Fantasías op. 116, donde en ese juego de matices expresivos destaca de nuevo ese tecleado potente, de gran dramatismo:

Vamos a escucharle ahora en el 2º concierto para piano de Camille Saint-Saëns:

Pasamos a Edvard Grieg, del que veremos a Emil Gilels tocar el concierto para piano:

Es un lujazo poder ver esas manos recorriendo todo el teclado con esa perfección técnica…

Gilels fue un destacado intérprete de la obra para piano del noruego, como por ejemplo sus piezas líricas, pero le vamos a escuchar en este Nocturno en el que se muestra especialmente delicado en una versión simplemente maravillosa:

De Claude debussy vamos a escuchar su versión del “Claire de lune” que sería interesante comparar con la de su amigo Richter, tan distintas ambas entre sí, Richter más comedido y poético, Gilels dibujando un juego de sonidos cual si de una cascada de agua se tratara con ese ritmo mucho más rápido:

Y le escuchamos también interpretar otra obra de Debussy, “Pour le piano”:

 Pero si por algo destacó Emil Gilels fue por sus interpretaciones de compositores rusos y/o soviéticos de los siglos XIX y XX. Y comenzamos con Piotr Ilich Tchaikovsky, del que nos regaló algunas de las mejores versiones del famosísimo primer concierto para piano:

Escuchamos también el trío con piano junto a Kogan y Rostropovich:

Otra gran figura del pianismo ruso fue Alexander Scriabin, del que Emil Gilels interpretó numerosas obras, como estos 5 preludios, op. 74:

Y escuchamos también la sonata para piano nº 3:

Famosa fue también su magnífica interpretación de la Sonata “Reminiscenza” de Nikolai Medtner:

Obviamente, la obra de Sergei Rachmaninoff fue también uno de los caballos de batalla de Emil Gilels, como muestra esta versión mítica de su 3º concierto para piano, dirigido por André Cluytens, una de las mejores versiones de este concierto:

Y le vemos también en uno de sus preludios, el op. 23 nº 5:

Su estilo virtuoso y enérgico se adapta a la perfección a las obras de Rachmaninoff, como hemos comprobado.

Ya hemos mencionado antes que Emil Gilels estrenó la sonata para piano nº 8 de Sergei Prokofiev, otro compositor muy importante en su repertorio, así que vamos a escuchar esa sonata:

Vamos a verle también tocar la sonata nº 3:

Le escuchamos también tocando su 3º concierto de piano:

Vamos ahora con sus interpretaciones de obras de Dmitri Shostakovich, comenzando con su segunda sonata para piano:

Le escuchamos también el Preludio y fuga nº 24:

Y por último, el 2º trío con piano, de nuevo junto a Kogan y Rostropovich:

Emil Gilels interpretó también obras de Aram Khachaturian, como la sonata para piano de la que en este vídeo escuchamos el primer movimiento (en youtube están los otros dos restantes):

Y terminamos con la interpretación que Emil Gilels hizo de la 4ª sonata para piano de Mieczyslaw Weinberg:

Como hemos podido observar, Emil Gilels fue un intérprete referencial tanto de Beethoven como del repertorio ruso, además de uno de los grandes intérpretes de compositores como Schumann, Brahms o Liszt. Dejó afortunadamente una amplia discografía y un buen número de recitales grabados en vídeo (se pueden ver en youtube) que, cien años después de su nacimiento, nos permiten seguir disfrutando de su arte.



130 años sin Franz Liszt (31-07-2016)


A la sombra de tantos compositores contemporáneos, en los que él mismo influyó (y a muchos de los cuales ayudó a comenzar sus carreras), la figura de Franz Liszt ha quedado en la historia casi como la de un compositor de segunda, destacándose sólo su carrera como virtuoso del piano. Pero es que resulta que Liszt es uno de mis compositores favoritos, y dado que hoy se cumplen 30 años de su muerte, es de rigor repasar su vida y su obra.




Ferenc Liszt (el nombre húngaro de Franz Liszt) nació en la entonces localidad húngara de Doborján (actualmente conocida por su nombre alemán, Raiding, perteneciente al estado austriaco de Burgenland) el 22 de octubre de 1811. Su familia provenía de la Baja Austria, siendo su bisabuelo el que emigró a Hungría, mientras su padre adaptaba la grafía original de su apellido, List, a la húngara Liszt. En todo caso, en Doborján no se hablaba húngaro, sino alemán, que será el idioma materno de Liszt (aprenderá algo de húngaro hacia el final de su vida, en los años 70).

Su padre era un destacado músico que trabajaba al servicio de la Casa de Esterházy. Ya desde los 6 años, Franz Liszt demostró su inclinación y talento por la música, por lo que su padre comenzó a enseñarle a tocar el piano, demostrando el pequeño Franz ser un auténtico niño prodigio (en realidad fue un prodigio toda su vida).

En 1820, a los 9 años, dio sus primeros conciertos en público, que llamaron la atención de todos, incluyendo los propios Estesházy. Así, Adam consigue el permiso de sus patronos para que el niño pueda ir a estudiar a Viena. La familia no puede hacerse cargo de los honorarios que pide Johann Nepomuk Hummel, pero por el contrario Karl Czerny se ofrece a darle clase gratis. Y también recibió clases de composición por parte de Anonio Salieri. En 1822 da su primer concierto público en Viena, donde conoció en persona a Beethoven y a Schubert (de quien fue un gran defensor toda su vida).

Pero en 1823 los Esterházy se niegan a concederle un año más de permiso al niño, por lo que su padre se retira del servicio y acompaña a su hijo en las giras de conciertos que va a dar, primero en Pest, luego en Viena y, tras dar conciertos en Munich, Augsburgo, Stuttgart y Estrasburgo, llega a París el 20 de septiembre de 1823. No tarda en aprender francés, que se convertirá en su lengua principal (domina además el Italiano y habla también inglés). Allí, Adam se lleva la sorpresa de que Luigi Cherubini, director del conservatorio de París, rechace admitir a Liszt en él, ya que está prohibida la admisión de extranjeros. Así que su propio padre continúa dándole clases de piano, mientras que a partir de 1824 recibirá clases de composición de Anton Reicha y Ferdinando Paër; Liszt compone diversas obras en este período que no tienen éxito; destaca la que será su única ópera, “Don Sanche”, que compone con la ayuda de Paër, estrenada el 17 de octubre de 1825 con el famoso tenor Adolphe Nourrit en el papel protagonista, pero la ópera tampoco consigue triunfar. Escuchamos su overtura:

Estos fracasos llevan a que Liszt se desinterese cada vez más por la música y se interese por la carrera religiosa (era un ferviente católico), pero su padre se lo impide y le obliga a seguir con su carrera como concertista. Entonces, en 1827, el joven Franz Liszt enfermó y se trasladó con su padre a la ciudad-balneario de Boulogne-sur-Mer para recuperarse; pero durante su convalecencia es su padre el que enferma de tifus y muere.

Así concluye la carrera concertística de Liszt. regresa a París junto a su madre y se dedica a dar clases de piano, que le agotan físicamente y al parecer le hacen adicto al tabaco y el alcohol. Su inseguridad le lleva a interesarse de nuevo por el sacerdocio, pero esta vez es su madre quien le desanima (necesita el sustento que consiga su hijo para sobrevivir).

En París entabla amistad con Chrétien Urham, un violinista de origen alemán y gran defensor de la música de Schubert, quien le adentra en la música del romanticismo. Conoce también a personalidades como Victor Hugo, Heinrich Heine o Hector Berlioz, y aprovecha este periodo para suplir sus carencias educativas (su infancia dando giras de conciertos le había impedido recibir una educación normal) leyendo mucho (cosa que continuará haciendo toda su vida).

El 20 de abril de 1832 asiste a un concierto del célebre violinista Niccolò Paganini, que encandilaba al público con su forma de tocar. Franz Liszt decide entonces hacer lo mismo como pianista. En parís había en esos momentos un buen número de virtuosos del piano (entre los que destaca Sigismund Thalberg), cada uno especializado en un aspecto técnico del piano; pero Liszt los cultiva todos, y con una personalidad atractiva y una considerable belleza física, provoca la locura del público.

En 1833 realiza una transcripción para piano de la Sinfonía fantástica de Berlioz, entonces poco conocida, para contribuir a hacerla más famosa y ayudar así a su amigo, tocando a menudo la obra en sus conciertos.

Por las mismas fechas conoce a Frederic Chopin, que también se encontraba en París, y lejos de establecerse una rivalidad entre ambos, se hicieron amigos; de hecho, el estilo poético de Chopin terminará influyendo en Liszt.

Desde 1833, Franz Liszt mantiene una relación sentimental con la condesa Marie d’Agoult, quien tras abandonar a su esposo se irá a Ginebra junto a Liszt. Allí Liszt trabaja como profesor en el conservatorio de la ciudad y compone sus primeras obras de madurez, alejadas de las fantasías de sus períodos previos, como las Harmonías poéticas y religiosas:

Con Marie, Franz Liszt tiene 3 hijos: Blandine en 1835, Cosima en 1837 y Daniel en 1839. Pero la relación entre ambos se enfría ese mismo año, y Liszt, al enterarse de las dificultades económicas que habíapara el monumento conmemorativo de Beethoven en Bonn, vuelve a dar giras de conciertos, mientras Marie vuelve con sus hijos a París. Se separarán definitivamente en 1844.

Liszt viaja por toda Europa dando conciertos, ganando tanto dinero que en general lo dedica a causas humanitarias o sociales, desde la construcción de la Escuela Nacional de Música Húngara o las obras para concluir la construcción de la enorme catedral de Colonia hasta ayudas para las víctimas del incendio de Hamburgo de 1842.

A Liszt le cuesta encontrar compañeros que compartan escenario con él en la gran cantidad de conciertos que da (unos 4 por semana), por lo que será el “inventor” de concepto actual de recital de piano. La histeria que provocaba en sus conciertos se adelanta en un siglo a la que provocarán las estrellas del rock a partir de Elvis y The Beatles. El público se peleaba por conseguir sus guantes, que acababan destrozados.

Su vida cambia en 1847, cuando en un concierto en Kiev conoce a la princesa Corline zu Sayn-Wittgenstein, de la que se enamora y con quien permanecerá la mayor parte del resto de su vida. Ese mismo año da su último concierto público (retirándose de la vida concertística a los 35 años, en la plenitud de su carrera). Recibe una oferta de la Gran Duquesa Maria Pavlóvna de Rusia para establecerse en Weimar, donde permanecerá hasta 1861. Allí será maestro de capilla, dará clases de piano a, entre otros, su futuro yerno Hans von Bülow y contribuirá al estreno de Tannhauser en 1849 y dirigirá él mismo el de Lohengrin en 1850 (mientras el autor, Richard Wagner, estaba en el exilio).

Pero si por algo destacan estos años es por su obra compositiva, en la que compone o arregla buena parte de sus obras más conocidas. Destaca el desarrollo del poema sinfónico como pieza programática, idea odiada por el sector más conservador (aunque me gustaría saber qué diferencia hay entre los poemas sinfónicos de Liszt y las overturas de Mendelssohn, por ejemplo). De entre ellos destaca el famosísimo “Les preludes”:

Entre 1848 y 1858 Liszt compone en total 12 poemas sinfónicos. Les preludes es uno de los primeros; Die Ideale, uno de los últimos. En ellos vemos su talento orquestador (influenciado por Berlioz) y su gran dramatismo, lleno de contrastes de volumen, ritmo, tonalidad o armonía, anticipándonos a figuras como Mahler o Richard Strauss. Escuchamos ese Die Ideale, dirigido por Kurt Masur:

Los poemas sinfónicos son obras de estructura libre, lo que no significa que Liszt renuncie a las formas clásicas, que a menudo emplea en sus obras, pero lo hace con una mayor libertad que otros compositores, cosa que se percibe también en otras dos obras que compone en este periódo, sus dos sinfonías. La primera de ellas es la Sinfonía fausto, de 1854 (aunque la revisará en 1861), con 3 movimientos y un final coral:

Entre 1855 y 1856 compone la Sinfonía Dante, que al igual que la anterior tiene un marcado carácter programático:

En esas fechas reescribe sus dos conciertos para piano. El primero (aunque cronológicamente sea el segundo), que había compuesto en 1849, lo reescribe en 1856. Se lo escuchamos a Sviatoslav Richter:

En 1849 reescribe su segundo concierto para piano, de 1839, que consta en realidad de cuatro movimientos sucesivos sin interrupción. Se lo escuchamos a Martha Argerich:

De 1859 es también la obra para piano y orquesta Totentanz, que le escuchamos a György Cziffra:

De su obra para piano destaca la sonata en Si, de nuevo en un único movimiento, liberándose de las formas clásicas. Se la escuchamos a Krystian Zimerman:

En 1851 compondrá una de sus obras maestras de virtosismo pianístico, los 12 estudios de ejecución trascendental, que le escuchamos a Claudio Arrau:

Terminará en esos años también los dos primeros volúmenes de sus Años de peregrinaje, Suiza e Italia respectivamente. Escuchamos a Lazar Berman tocar un fragmento del primero, la Pastoral:

Por esas fechas compone también la mayor parte de sus 19 rapsodias húngaras para piano (las dos últimas serán ya de los años 80). Escuchamos algunas de ellas de nuevo con Cziffra:

Con posterioridad, Franz Doppler adapta 6 de estas rapsodias (la 2, 5, 6, 9, 12 y 14) para orquesta, siendo estas adaptaciones revisadas por el propio Franz Liszt. La más famosa es sin duda la 2ª:

La 14 fue también adaptada como obra para piano y orquesta, la Fantasía Húngara, que escuchamos interpretada por Sviatoslav Richter:

En 1850 había compuesto también los 3 Liebesträume, de los cuales el 3º es justamente famoso por su belleza poética. Se lo escuchamos a Artur Rubinstein:

También Franz Liszt compone numerosos arreglos para piano de obras de otros compositores, así como paráfrasis, de entre las que podemos destacar esta magnífica, de 1859, sobre temas del “Rigoletto” de Verdi; toma en concreto el tema del cuarteto “Bella figlia dell’amore” y lo adapta al piano, consiguiendo que no echemos de menos ni las voces ni la orquesta en un ejercicio simplemente magistral, que escuchamos de nuevo interpretado por Cziffra:

Pero todo se iba a torcer. Franz Liszt y Caroline querían casarse, ya que ambos eran actólicos y querían legalizar su unión, pero ella estaba ya casada y su esposo seguía vivo. Así que se inició un largo proceso para anular su matrimonio previo, cosa que se logró en 1860. La idea era casarse el 22 de octubre de 1861 en Roma, el día que Liszt cumplía 50 años, pero entonces presiones del esposo de la princesa y del zar de Rusia anularon el permiso que el Vaticano había dado para el matrimonio, que nunca se realizará.

Fueron años difíciles para Liszt, quien había visto morir a dos de sus hijos (Daniel en 1859, con sólo 20 años, y Blandina en 1862. Franz Liszt quiere retirarse a una vida solitaria, para lo que se establece en un monasterio franciscano de Roma, donde toma las órdenes menores (aunque nunca llegará a sacerdote). En esos años dirige conciertos en Roma y compone mayoritariamente oratorios, como el Cantico del Sol di San Francesco d’Assisi, de 1862:

En 1865 salta el escándalo cuando su hija Cosima comienza una relación con Richard Wagner, casándose en 1870. Las relaciones entre Liszt y Wagner se enfriarán (el carácter de Wagner tampoco ayuda), y no volverán a la normalidad hasta 1872.

En 1869 Franz Liszt es invitado de nuevo a Weimar para dar clases de piano , y en 1871 también le invitan en Budapest, por lo que Liszt pasará los siguientes años a caballo entre estas 3 ciudades en lo que él llamó “triple vida”, en la que además hace paradas para visitar a su hija y su yerno Wagner en Bayreuth (donde apoya a Wagner para la construcción de su teatro) y Venecia. Pese a la edad y las malas condiciones de los viajes en esa época, hacía un mínimo de 6.500 km al año. En esta época da sus últimos conciertos públicos, pero destaca sobre todo por su labor didáctica con un buen puñado de alumnos llamados a continuar el legado pianístico de Liszt.

Sus obras compositivas sufren una importante evolución en esta época. En 1877 termina su tercera parte de los Años de peregrinaje, en los que nos encontramos con estos “Jeus d’eau a la Villa d’Este” que nos anuncian ya el impresionismo de Debussy, y que escuchamos en la versión de Claudio Arrau:

De 1881 en “Nuages gris”, una obra muy alejada de su virtuosismo anterior, pero con unas armonías muy innovadoras y un estilo ya mucho más sombrío, propio del difícil estado anímico en el que se encuentra. Escuchamos la versión de Richter:

En un estilo igualmente sombrío son las dos piezas que componen “La lugubre gondola”, de la que aquí escuchamos la 2ª (seguida de Nuages gris y otra obra tardía de Liszt) en la versión de Zimerman:

En 1885 compone su “Bagatela sin tonalidad”, un breve vals de gran riqueza cromática, que no es propiamente atonal (y mucho menos disonante al estilo de Schönberg), pero sí que rehuye una tonalidad musical concreta; el musicólogo Fétis la denominará “omnitónica”:

De su obra orquestal, destaca la orquestación de sus “Valses Mefisto” para piano, de 1881; escuchamos aquí el magnífico primer vals:

En 1882 compone su último poema sinfónico, “De la cuna a la tumba”; no creo tener que añadir nada visto el título al estado anímico del compositor. Como no consigo un vídeo completo en youtube, lo tengo que poner en tres partes:

Si por mí fuera habría puesto la integral de poemas sinfónicos, pero 3 horas de duración resultan excesivas… pero es que son unas obras que merecen tanto la pena, y que se escuchan tan poco (con la excepción de Les preludes)…

Franz Liszt había gozado de un razonable estado de salud (y mantenía su esbelta figura de juventud, así como su llamativa melena, aunque ya blanca). Pero una caída en 1881 en el hotel en el que se alojaba en Weimar se complicó en graves problemas de salud que arrastraría por el resto de su vida y que oscurecerían su estado de ánimo. Su yerno Wagner murió en 1883 en Venecia. Liszt le sobrevivirá 3 años. Al parecer, estando en Bayreuth para acudir al festival junto a su hija Cosima, contrajo una neumonía, que al parecer no fue ben tratada y que lo llevó a la tumba el 31 de julio de 1886, a los 74 años. Fue enterrado en el Alter Friedhof de Bayreuth:

Por desgracia, Franz Liszt no llegó a tiempo de poder registrar sus interpretaciones en audio, con lo que nos perdemos poder conocer mejor su estilo interpretativo, que podemos deducir gracias a sus alumnos, y que debió ser el mejor que se había visto hasta el momento. Liszt fue una persona generosa con muchos músicos contemporáneos (Berlioz y Wagner entre ellos, pero también otros muchos), que contribuyó a redescubrir a otros compositores del pasado al incorporarlos a su repertorio (Schubert en especial, pero también Bach o Händel, por ejemplo) y que, como compositor, no sólo demostró su gran talento como pianista, sino también como orquestador, además de adelantarse a su tiempo en su estilo. Fue en mi opinión uno de los más grandes compositores del romanticismo, y como tal he querido recordarlo.