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Crónica: Balthasar-Neumann-Ensemble en la Quincena Musical (10-08-2017)


Volvía el Balthasar-Neumann-Ensemble y Coro a la Quincena musical tras su estreno el año pasado, y de nuevo lo hacía con un repertorio proto-romántico, lo que me despertaba cierto recelo. Es cierto que, no siendo especialmente aficionado a la música religiosa, tanto el Stabat Mater de Franz Schubert como la Misa en Dom Mayor de Ludwig van Beethoven me resultaban absolutamente desconocidas, pero la inclusión de una de las obras maestras de la historia de la música, la sinfonía nº 8, Inacabada, de Schubert, era un elemento de atracción y al mismo miedo de terror: es una obra en la que no perdono malas interpretaciones.




Antes de comentar nada dejo un enlace del programa.

El concierto comenzó con un apropiado minuto de silencio por los atentados de Cataluña, a cuyas víctimas estaba dedicado el concierto. Esperemos que no se repitan más actos execrables como estos y que no haya que volver a dedicar un concierto a la memoria de nuevas víctimas (en especial en el concierto del próximo sábado, ya que dedicar a unas víctimas una producción del opresivo Requiem de Verdi se me antoja en exceso macabro).

Comenzaba el concierto con el breve Stabat Mater de Schubert, obra que sonó bella en un coro que parecía en estado de gracia y una orquesta con instrumentos de época que sonaba cálida. Eso sí, no había subtítulos, y por mucho que el programa de mano incluyera tanto la letra en la latín como sus traducciones al euskera y al castellano, la oscuridad del auditorio impedían seguir el texto, que para mí es totalmente desconocido (y gracias a que se incluyó el texto del Stabat Mater, porque no se hizo lo propio con la Misa de Beethoven, lo que hacía especialmente difícil seguir su estructura para quienes somos ajenos al mundo litúrgico).

Sin pausa, sin posibilidad de aplaudir al concluir la breve obra, Thomas Helgenbrock pasó a dirigir los primeros acordes de esa maravilla que es la 8ª de Schubert. Ya comenté el año pasado que en general tengo bastante miedo a las orquestas que hacen planteamientos historicistas de las obras románticas, ya que tienden a usar tempos en exceso rápidos, a prescindir de rubatos y pausas… a alejarse del enorme componente expresivo que tienen estas obras. Y la 8ª de Schubert no será su obra maestra a nivel de juego de timbres orquestales (en esto está muy lejos de la 9ª, por ejemplo), pero sí a nivel estructural y expresivo, combinando momentos opresivos con otros mucho más plácidos.

Pues bien, Thomas Helgenbrock, que se mostró muy preciso al dirigir a los instrumentistas, eligió un tempo lento, muy lento incluso, para el Allegro inicial. Y, pese a algún desafine en la sección de maderas, la Balthasar-Neumann-Ensemble sonó a gloria, destacando esas violas y chelos al atacar el tema B del primer movimiento, con una sonoridad cálida y dulce realmente hermosa. El primer movimiento fue un momento casi mágico.

Lo que no entiendo es esa costumbre de no distinguir entre Allegro y Andante, ya que parece que Thomas Helgenbrock utiliza el mismo ritmo. Afortunadamente, al haber sido el allegro tan lento, el andante, pese a sonar algo rápido, no lo era en exceso (hablo siempre de mis gusto personal, claro), y fue un movimiento igualmente apreciable. Es una lástima, por supuesto, que la sinfonía termine aquí, algo que se nota en las pocas ganas que tienes de aplaudir cuando concluye ese pianísimo final del segundo movimiento.

La sonoridad de los instrumentos de época del Balthasar-Neumann-Ensemble resultaba por supuesto extraña para quienes estamos acostumbrados a las orquestas modernas. Ya he destacado la belleza de las cuerdas, y lo mismo se podría decir de las maderas. Más molesto me resultó el sonido muy metálico de los timbales, que se hacían demasiado presentes.

Quitados mis miedos iniciales, tocaba disfrutar de la segunda parte con la Misa en Do Mayor de Beethoven. Aquí fue el coro el que mejor pudo lucirse, con unos juegos de dinámicas realmente logrados (magníficos pianísimos). Solventes los solistas (algunos más destacables que otros, por supuesto. Yo me quedo con el tenor y la contralto de la primera parte; la voz de ella tenía un timbre bellísimo), aunque no entiendo por qué cambiarlos en cada parte de la misa.

Poco más puedo decir, dado mi desconocimiento de la obra. Fue sin duda un concierto de gran calidad musical, y la respuesta del público fue entusiasta. Y el Balthasar-Neumann-Ensemble respondió con una propina, un fragmento coral del oratorio “Elías” de Felix Mendelssohn, que sonó a gloria (y con una pronunciación alemana exquisita, mucho mejor que en latín desde luego). Terminaba así un concierto que tranquilamente podría situarse entre los mejores de la presente edición de la Quincena, aunque todavía tenemos bastantes que escuchar.



Crónica: Balthasar-Neumann-Ensemble en la Quincena Musical (24-08-2016)


Balthasar Neumann fue un destacado arquitecto barroco alemán, una de las figuras clave del estilo rococó, especialmente activo en el sur de Alemania. Por eso, que vinieran a visitarnos las dos agrupaciones fundadas por Thomas Hengelbrock, el Balthasar-Neumann-Chor (fundado en 1991) y el Balthasar-Neumann-Ensemble (de 1995) hacía presagiar una interpretación historicista, aunque no precisamente del período que cabría esperar, de los siglos XVII  XVIII, ya que las dos obras que nos presentaron eran de 1806. Dada mi alergia a las interpretaciones historicistas de la música proto-romántica, tenía serías dudas sobre lo que me iba a encontrar.




El programa, como ya he dicho, no era a priori el que cabría asociar a estas agrupaciones: la sinfonía nº 6, “Pastoral”, de Ludwig van Beethoven, y la “Harmoniemesse” de Franz Joseph Haydn. Del programa me tentaba la primera parte, ya que hasta ahora no he tenido ocasión de ver muchas sinfonías de Beethoven en vivo (una 1ª, dos terceras y una 9ª), y la pastoral es una obra que me encanta. Luego ya según las ganas me quedaría o no a la misa de Haydn, un compositor que me atrae más bien poco… bueno, antes de nada dejo el enlace del programa.

El Balthasar-Neumann-Ensemble no es una agrupación muy numerosa, y quizá de ahí viene uno de sus problemas al interpretar un repertorio tan tardío: noté en la pastoral una cierta escasez de cuerdas agudas, ya que las cuerdas graves y las maderas se hicieron oír demasiado por momentos. Por lo demás, Thomas Hengelbrock dirigió con buen pulso el primer movimiento, con unos curiosos rubatos en los primeros acordes y con un ritmo más o menos moderado. Magníficas fueron así mismo las interpretaciones de los movimientos 3º y 4º, alegre el 3º y dramático el 4º, que es lo que la partitura pide.

Donde fallaron, para mi gusto, es en los movimientos clave, el 2º y el 5º, movimientos lentos que requieren un ritmo más pausado que el que llevaba el Balthasar-Neumann-Ensemble para poder resaltar su lirismo y su bellísima melodía. Era de esperar, por otra parte, no era Furtwängler quien dirigía… son dos formas de entender la interpretación totalmente opuestas, y el mayor problema que tenemos los defensores incondicionales de una es que, cuando nos toca escuchar el estilo opuesto, los resultados no nos parecen satisfactorios. Como siempre, en este caso es un asunto meramente subjetivo, ya que objetivamente hablando, la orquesta resolvió sin problemas las no pocas dificultades de la partitura, destacando la labor de las maderas.

Decidí quedarme finalmente a la “Harmoniemesse” de Haydn; eso me permitiría escuchar junto al Balthasar-Neumann-Ensemble al coro, y así comprobar el nivel de éste. Y lo cierto es que es un coro igualmente magnífico, en el que varios de sus miembros participaron además como solistas con absoluta solvencia.

No conocía la obra de Haydn, y he de reconocer que me sorprendió para bien; ni siquiera se me hizo larga, pese a los tres cuartos de hora que dura. La ausencia de referencias previas me impide poder valorar adecuadamente el desempeño orquestal y coral, pero me quedé con la sensación de que el nivel global había sido muy bueno.

Como ya he dicho, mi problema con el Balthasar-Neumann-Ensemble y coro es más bien subjetivo, un asunto tanto de repertorio como de estilo interpretativo. Pero al margen de esos factores, se podría decir que traerles ha sido todo un acierto de la Quincena, y más para quienes disfruten del repertorio barroco y/o clásico.