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Centenario del nacimiento de Birgit Nilsson (17-05-2018)


Con un repertorio reducido pero inteligentemente elegido, gracias a una voz enorme en volumen y extensión y a una técnica impecable, destacó en algunos de los más difíciles roles de soprano de todo el repertorio. En el centenario de su nacimiento recordamos a la gran soprano Birgit Nilsson.




Märta Birgit Nilsson nació en una granja de la localidad sueca de Västra Karup, en la provincia de Escania, a unos 100 Km de su capital, Malmo. Desde muy temprana edad demostró sus dotes musicales, siendo descubierta en el coro de la iglesia, cuyo director le aconsejó que recibiera clases de canto, algo que terminaría haciendo en la Real Academia de Música de Estocolmo, si bien ella se solía considerar autodidacta.

Su debut fue bastante tardío, en 1946, en Estocolmo, cuando apenas tiene tres días para prepararse el papel de Agathe en “Der Freischütz” de Weber en sustitución de la soprano titular. Cantará en Estocolmo en los siguientes años, en los que ampliará su repertorio en papeles dramáticos. Su salto internacional se produce en 1951 en el festival de Glindebourne, cantando la Elektra del “Idomeneo” mozartino. Debuta en Viena en 1953, en Bayreuth, donde será asidua, en 1954, mismo año en el que debuta en Munich, en el Met de Nueva York en 1959 y en la Scala de Milán en 1958, con un papel, el de Turandot, que acababa de debutar el año anterior en Estocolmo y que, según ella misma afirmaba, le hizo rica.

Comenzamos escuchando esa Elektra del “Idomeneo” de Glyndebourne, de la que escuchamos el aria “D’Oreste, d’Aiace”:

Su otro gran papel mozartino fue la Donna Anna de”Don Giovanni“, del que escuchamos aquí la difícil aria “Non mi dir”, en la que luce una voz flexible, potente pero al mismo tiempo delicada, así como una insólita capacidad para las coloraturas en una voz de su tamaño:

Esa capacidad para el canto dramático de agilidad le permitió sobresalir en un papel tan terrorífico como la Lady Macbeth del “Macbeth” verdiano, del que escuchamos su primera aria:

Y, aunque hasta donde sé, nunca cantó en vivo la Abigaile de “Nabucco“, sí grabó el aria “Anch’io dischiuso un giorno”, de forma absolutamente impecable:

Su repertorio verdiano no fue muy extenso. Podemos escuchar, por ejemplo, su Leonora de “La forza del destino”, pletórica de medios (esos pianísimos en el agudo tan difíciles), aunque siempre falta de ese calor mediterráneo que se espera de las voces que interpreten estos papeles:

Cantó también la Amelia de “Un ballo in maschera”, que además grabó en estudio dirigida por Georg Solti y junto al tenor Carlo Bergonzi, con quien canta este dúo del segundo acto, “Teco io sto”:

Su otro gran papel verdiano fue la protagonista de “Aida”, de la que escuchamos aquí su primera aria, “Ritorna vincitor”:

Y también cantaba el Requiem de Verdi, del que escuchamos el “Libera me Domine”:

Su registro vocal era tan grande, que se permitió el lujo de grabar en estudio el aria de la princesa de Eboli de “Don Carlo“, papel escrito para mezzo-soprano:

Su flexibilidad vocal llegaba hasta el punto de que se permitía el lujo de incluir en recitales arias de papeles a priori poco aptos para su voz, como este “O mio babbino caro” del “Gianni Schicchi” de Puccini, con unos pianísimos que ya quisieran sopranos más líricas:

Pero Birgit Nilsson no frecuentó el repertorio italiano, para el que siempre se le acusó de esa falta de italianidad, de color italiano en su voz. Buena prueba de ello es su fallida Minnie en “La fanciulla del West”, que grabó en estudio sustituyendo a la prevista Maria Callas, y de la que escuchamos el final del primer acto:

Su voz es perfecta, e incluso interpretativamente no está mal, pero le falta algo, ese algo que tenía, por ejemplo, una voz menos dotada pero más italiana como Renata Tebaldi. La frase final, “O un viso d’angelo”, es una buena muestra para comparar a ambas.

Y, pese a todo, frecuentó bastante el papel de “Tosca”, perfecto para su voz (como lo hubiera sido, por ejemplo, el de Gioconda de Ponchielli, que no cantó por desgracia). Sabe sacar partido a los momentos más dramáticos, pero también a los de expansión lírica, con un legato perfecto, como demuestra en este “Vissi d’arte”:

Pero si hay un papel italiano con el que alcanzó la cima de su arte, ese fue el de la terrible “Turandot”. Siendo un papel breve pero terrorífico vocalmente, la Nilsson lucía una interpretación hierática, muy sueca (casi recordaría a Greta Garbo por momentos), y, sobrada de medios, atacaba esos terribles agudos de su aria de entrada con una perfección insultante, perfectos, precisos:

Esos piques sanos con Franco Corelli, que era su Calaf habitual, por ver quién superaba al otro, regalaron al público noches inolvidables. Su interpretación de la princesa china sigue a día de hoy insuperada.

Pero el repertorio en el que más brilló Birgit Nilsson fue el alemán, donde los papeles de soprano dramática son más frecuentes. Un ejemplo de ello es su Leonore del “Fidelio” de Beethoven:

O sus dos papeles weberianos. Primero, la Agathe de “Der Freischütz”, que ya hemos mencionado que fue el papel con el que debutó:

Y el otro, la Rezia de la mucho menos conocida “Oberon”:

Birgit Nilsson dio lo mejor de sí en óperas de los dos Richards. El primero que vamos a ver es Richard Strauss. Nilsson tenía la capacidad vocal que requieren algunos de sus papeles más terroríficos, como esa “Salome” que sigue estando entre las mejores de la historia:

Su enorme potencia vocal le permite hacerse oír ante una orquesta de dimensiones espectaculares.

Y se superó si cabe con la aún más terrible “Elektra”, más adecuada si cabe a sus enormes medios:

Y cantaba así con 64 años nada menos…

Birgit Nilsson destacó como protagonista de “Der Rosenkavalier” y de “Ariadna auf Naxos”, pero de nuevo encontró un mejor vehículo de lucimiento, aunque en la etapa final de su carrera, como la esposa del tintorero en “Die Frau ohne Schatten”:

Y pasamos al otro Richard, Wagner, del que cantó la mayoría de sus papeles para soprano. Comenzamos con la impecable balada de Senta de “Der fliegende Höllander”:

De “Tannhäuser” cantó tanto la Venus (en principio, otro papel para mezzo) como la Elisabeth, de la que escuchamos el aria “Dich Teure Halle”, rematada por un impecable Reb sobreagudo:

Birgit Nilsson también cantó la Elsa de “Lohengrin”, llegando a cantarla junto a la Ortrud de Astrid Varnay, quien fuera la anterior reina wagneriana por antonomasia:

Escuchamos también su Eva de “Die Meistersinger von Nürnberg”:

Y cantó también la Sieglinde de “Die Walküre”:

Pero hay dos papeles wagnerianos en los que sobresale por encima de los demás, papeles por los que muchos la consideraron la heredera de Kirsten Fñagstad, pese a que su forma de cantar fuera muy distinta. El primero, con el que conquistó Bayreuth, fue la Isolde de “Tristan und Isolde”, papel extenuante y vocalmente muy exigente, pero para el que decía que lo único que necesitaba eran unos zapatos cómodos para aguantar la larga duración de la ópera. Su muerte por amor, “Mild und leisse”, es poco menos que mítica, con ese extenso legato y el pianísimo final que es pura magia:

Con ese final enamora hasta al más antiwagneriano del planeta.

Y el otro papel es el más terrorífico de todos, la Walkiria Brunhilde, de tres de las cuatro óperas de la tetralogía. Escuchamos primero su grito de guerra de “Die Walkure”:

Seguimos con el final de “Siegfried”, en el que le acompaña el mejor tenor wagneriano del momento, el único capaz de brillar a la misma altura que ella, Wolfgang Windgassen (que fue además su Tristan habitual en Bayreuth):

Y terminamos con “Gotterdamerung”, en unas imágenes de la grabación de la mítica tetralogía que dirigió Georg Solti para el sello discográfico DECCA, en las que el director húngaro prescinde de muchas de las viejas glorias que seguían cantando en Bayreuth para contar con cantantes más jóvenes; Birgit Nilsson se ve así beneficiada frente a Astrid Varnay, la anterior Brunhilde por antonomasia. Solti no se equivocaba, y he aquí la prueba:

Le escuchamos ahora en algo de repertorio concertístico, y comenzamos por el aria “Ah, perfido” de Beethoven:

Le escuchamos a continuación cantando tres Lieder de Franz Schubert, destacando el tercero, “An die Musik”:

Fue una destacada intérprete de los “Wesendonck Lieder” de Wagner:

Y también de los 4 últimos Lieder de Richard Strauss:

Le escuchamos a continuación un Lied de Jean Sibelius, “Svarta Rosor”:

No podía faltar alguna canción tradicional sueca:

Y  no puedo evitar terminar sin poner una curiosidad, que cantó en algún recital, el “I could have dance” del musical “My fair Lady”, divertidísimo:

Tras publicar una autobiografía en 1977, Birgit Nilsson se retiró a su granja natal en 1984, acompañada de su marido, Bertil Niklasson, con quien llevaba casada desde 1948. Nunca tuvieron hijos. Siguió concediendo entrevistas y presidiendo jurados de concursos de canto años después de su retirada. Finalmente, por causas desconocidas, murió el 25 de diciembre de 2005, a los 87 años. Fue enterrada en el cementerio de su pueblo natal:

Birgit Nilsson fue un verdadero fenómeno de la naturaleza. Una voz de gran extensión y enorme potencia, pero que ella sabía modular a placer, con una técnica impecable, le permitieron hacerse famosa (y rica) cantando algunos de los papeles más temidos del repertorio de soprano. Aún hoy sigue siendo recordada por sus impresionantes interpretaciones de Turandot, Elektra, Salome, Isolde y Brunhilde.



In Memoriam: Kurt Moll (05-03-2017)


Llevamos un comienzo de año realmente malo en lo que a pérdidas musicales respecta. Y al cosa no parece mejorar. En este post recordaremos al bajo alemán Kurt Moll, uno de los grandes intérpretes de los papeles para bajo profundo de la ópera alemana de la segunda mitad del siglo XX, que nos dejaba a los 78 años hace pocos días.




Kurt Moll nació el 11 de abril de 1938 en Buir, cerca de Colonia. De niño estudió violonchelo, instrumento al que pensaba dedicar su carrera. Pero cantaba también en el coro escolar, y el director de este coro le animó a estudiar canto, cosa que finalmente hizo en la escuela musical de Colonia con Emmy Müller, entrando en la compañía de la ópera de Colonia a los 20 años. De esta pasará a la de Maguncia, la de Wuppertal y finalmente, en 1969, a la de Hamburgo, de donde saltará a los grandes teatros internacionales, incluyendo su debut en el festival de Bayreuth en 1968.

Su repertorio de bajo profundo se centró en la ópera alemana, aunque su repertorio fue más amplio. Le escuchamos en un papel de ópera barroca, el Seneca de “L’incoronazione di Poppea” de Claudio Monteverdi:

Kurt Moll fue un destacado intérprete de óperas de Mozart, como el Bartolo de “Le nozze di Figaro”, del que escuchamos el aria “La vendetta”, en la que incluso tiene algún pasaje de canto sillabatto que Moll solventa con corrección:

Mucho más impactante resulta su interpretación del Comendador de “Don Giovanni”, del que escuchamos el final de la ópera junto al Don Giovanni de Samuel Ramey; Moll tiene todo lo que necesita el papel; extensión vocal, autoridad, potencia, rotundidad para hacer una escena final memorable:

Pero Kurt Moll destaca todavía más en las óperas alemanas de Mozart, empezando por el Osmin de “Die Entführung aus dem Serail”, de la que escuchamos el aria “O wie will ich triumphieren”, en la que a parte de sus dotes cómicas luce registro grave, descendiendo hasta el Mib1:

Y memorable es así mismo su Sarastro de “Die Zauberflöte”, del que escuchamos su famosa aria “In diesen heil’gen Hallen”:

Aunque asociemos su nombre a la ópera alemana, el repertorio de Kurt Moll fue más amplio, incluyendo títulos de ópera italiana, francesa o rusa. Destaca por ejemplo su Monterone de “Rigoletto” de Verdi, en el que de nuevo la rotundidad de su voz hace justicia a un personaje que a menudo pasa desapercibido. Escuchamos su breve intervención del segundo acto previa al “Si, vendetta” que cantan Piero Cappuccilli e Ileana Cotrubas:

Y le escuchamos también cantar el aria de Fiesco “Il lacerato Spirito” de “Simon Boccanegra”:

Escuchamos ahora a Kurt Moll cantar el aria “Vecchia zimarra” de “La Boheme” de Giacomo Puccini:

En ópera francesa cantó pequeños papeles en óperas como “Les contes d’Hoffmann” o “Werther”, mientras que en ópera rusa podemos escucharle el Pimen de “Boris Godunov” de Modest Mussorgsky, para el que Moll tenía una voz perfecta:

Pero pasamos ya al repertorio fundamental de Kurt Moll, la ópera alemana. Y empezamos con el “Fidelio” de Ludwig van Beethoven, del que interpreta el papel de Rocco,en este caso junto a Jessye Norman:

Kurt Moll fue por encima de todo un gran intérprete de las obras de Richard Wagner, así que empezamos escuchándole cantar la bellísima aria de Daland “Magst du mein kind” de la ópera “Der fliegende Holländer”:

Cantó también los papeles de bajo de “Tannhäuser”, “Lohengrin” y “Die Meistersinger von Nürnberg”, pero le escuchamos en el monólogo del Rey Marke de “Tristan und Isolde”:

Cantó igualmente los papeles de bajo del Anillo, como este Hunding de “Die Walküre”, para el que su oscurísima voz va perfecta para describir la rusticidad del personaje:

Le escuchamos ahora como el gigante Fafner en “Siegfried”:

Y para terminar con Wagner le escuchamos el Gurnemanz de “Parsifal”, en el que tiene que lucir una nobleza de canto que se diferencia enormemente de los villanos a los que acabamos de escuchar:

Kurt Moll cantó y grabó otras óperas alemanas, como “Abu Hasan” de Carl Maria von Weber, “Die lustigen Weiber von Windsor” de Otto Nicolai, “Zar un Zimmermann” de Albert Lortzing, “Jessonda” de Louis Spohr, “Der Evangelimann” de Wilhelm Kienzl, “Der Corregidor” de Hugo Wolf, “Notre Dame” de Franz Schmidt, “Wozzeck” de Alban Berg o “Tiefland” de Eugène d’Albert, pero a falta de vídeos en Youtube pasamos al otro compositor fundamental en su carrera, Richard Strauss. Y por encima de todos sus personajes straussianos destaca el Barón Osch de “Der Rosenkavalier”, del que vemos una escena que remata con un Do1 (si los agudos extremos son sobreagudos, los graves extremos serán infragraves, supongo):

Y cantó otras óperas suyas, como “Intermezzo”, “Daphne”, “Arabella” o “Fredenstag”, pero vamos a escuchar su Sir Morosus de “Die Schweigsame Frau”:

En el repertorio de concierto vamos a escuchar su intervención en una 9ª de Beethoven dirigida por Leonard Bernstein:

Y fue también un destacado intérprete de lied, de Franz Schubert por ejemplo, pero también de otros compositores menos conocidos como Carl Loewe, del que escuchamos su “Erlkönig”:

Se retira en 2006 a causa de una enfermedad, cantando en Munich un breve papel de “Die Meistersinger von Nürnberg”, el del vigilante nocturno, el mismo con el que había debutado en Bayreuth en 1968. Los aplausos que recibe al final dejan bien clara la brillante trayectoria que había tenido, que el público quiso recompensar:

La enfermedad que provocó su retirada ha terminado siendo fatal muchos años después, y finalmente Kurt Moll nos dejaba el 5 de marzo. Con él se va una voz de extensión privilegiada, un bajo que puede no entrar en la categoría de histórico, pero sí quizá uno de los últimos grandes bajos germanos, magistral en sus interpretaciones de Wagner y Strauss.



Crónica: Ballet de Tristan e Isolda en la Quincena musical (07-08-2016)


Un ballet de Tristan e Isolda, la gran ópera de Wagner. Ya a priori suena a un imposible. Convertir el drama wagneriano, más bien estático y reflexivo, y además de considerable duración, en una obra de danza más o menos clásica y resumirla en menos de hora y media resulta totalmente contradictorio. Pero eso es lo que decidió hacer la coreógrafa Joëlle Bouvier junto al Ballet del Gran Teatro de Ginebra. Y eso es lo que nos ha traído este año la Quincena Musical donostiarra al Kursaal.




Antes de nada dejamos un enlace de la producción.

La base musical es la grabación de Carlos Kleiber, con René Kollo, Margaret Price, Kurt Moll y Brigitte Fassbaender, elección más que adecuada no tanto por ser la mejor de la ópera (es cuestión de gustos, desde luego, es una gran versión, pero no es mi favorita, desde luego) como por ser una versión lenta y muy lírica, con unas voces menos dramáticas de lo acostumbrado (en especial en el caso de Isolde). Escuchamos la obertura y diversos pasajes de los 3 actos. La no subtitulación de los momentos cantados (algo que por otra parte en el ballet tampoco tendría sentido) hacía difícil seguir el hilo de la historia a quien no se conozca bien la ópera (yo en concreto me pierdo mucho en el primer acto, que se me hace muy largo y me cuesta escucharlo, por lo que no podía saber que momentos estaban sonando). Eso ponía en en los 4 bailarines “solistas”, correspondientes a Isolde, Trista, el rey Marke y una “testigo” en sustitución de Brangäne, en la tesitura de tener que transmitir perfectamente las emociones de esta ópera, que son muchas, por otro lado.

De este ballet de Tristan e Isolda diría que lo más conseguido fue la obertura, en la que se nos puso en antecedentes, con Tristan matando a Morold e Isolda perdonándole la vida al asesino de su prometido. Fue quizá el momento en el que era más fácil seguir la acción.

El primer acto se me hizo en general bastante largo, con varios monólogos de Isolda en los que resultaba difícil saber lo que estaba pasando. Mejoraba al final, con la aparición de Tristan y ese juego con la cuerda que colgaba del techo, un baile más de tipo acrobático pero que de alguna forma podría representar las ligaduras de este amor imposible.

El segundo acto fue quizá el mejor de los 3. Comenzó, no me explico el por qué, con un lied (me comentario que era un Wesendonck lieder del pripio Wagner). Luego escuchamos el comcienzo del largo dúo de amor de Tristan e Isolda, para pasar rápidamente al final del dúo (y es que ese era uno de los grandes problemas de este ballet de Tristan e Isolda; los repentinos cortes, los saltos e la partitura, restan uniformidad a la obra); me entristeció que se comieran el bellísimo monólogo de Brangäne, que pienso que podría haber dado bastante juego, pero es que su personaje aparecía tan desdibujado… muy bien resuelto tanto el descubrimiento de la pareja por parte del esposo de Isolda, el Rey Marke, como el final, con las heridas mortales de Tristan; no tanto el monólogo de Marke, en el que el personaje nos muestra su profundo dolor al sentirse traicionado por su sobrino y por su esposa: es un momento en el que el baile, del tipo que sea, queda espantosamente mal, y la coreografía desde luego no consiguió transmitir (al menos a mí) las emociones del traicionado esposo. Era uno de los momentos en los que más rídicula se hacía la idea de convertir la ópera de Wagner en un ballet.

Y totalmente fallido el 3º acto. Un fragmento del largísimo monólogo del agonizante Tristan, metido casi sin ton ni son, mientras el agonizante bailaba y brincaba (otro sinsentido), y luego de golpe hemos de suponer que muere (en vez de usar el momento de su muerte en la ópera, que podía haber quedado muy bien) para pasar directamente a un “Mild un leisse”, la muerte de amor de Isolda, que no consiguió emocionarme.

Se echaba de menos sentir las vibraciones que produce el escuchar la música en vivo (que es a lo que estoy acostumbrado en el Kursaal), y más en una obra con momentos tan bellos y emocionantes como esta ópera de Wagner. Existía la opción de cerrar los ojos, olvidarte del ballet y sólo disfrutar la música… pero eso también puedo hacerlo en casa.

No voy a hablar de la coreografía ni de los bailarines, ya que mis conocimientos de ballet son nulos. Únicamente decir que, por suerte, los reducidos requerimientos escénicos (una cuera en el primer acto y una escalera de caracol giratoria en el segundo) se adaptaban perfectamente a las reducidas posibilidades escénicas del Kursaal. Por lo menos por este lado, nada que reprochar.

No entiendo de ballet, ya lo he dicho, pero eso no quiere decir que no me guste: he podido disfrutar de, por ejemplo, dos “Cascanueces” que me encantaron. Quizá el problema es que yo entiendo el ballet en su forma clásica, que soy demasiado conservador, que preferiría ver un lago de los cisnes, una bella durmiente o una Coppellia, que por lo menos puedo seguir mejor. Seguramente sea problema mío, no lo niego, pero es que no he conseguido encontrarle el sentido a este ballet de Tristan e Isolda.