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150 años de la muerte de Hector Berlioz (08-03-2019)

Prototipo de romántico tanto en su vida privada y personalidad como en su obra, siendo el primer gran exponente de compositor de música programática, Hector Berlioz es uno de los compositores más influyentes en los compositores contemporáneos y posteriores, desde Franz Liszt hasta los nacionalistas rusos o checos. Aprovechamos el 150 aniversario de su muerte para repasar su carrera. 

Louis-Hector Berlioz nació el 11 de diciembre de 1803 en La Côte-Saint-André, localidad de casi 4.000 habitantes del departamento de Isère, a medio camino entre Grenoble, capital del departamento, y Lyon, capital regional. Su padre era médico, y si bien fue quien le dio las primeras lecciones musicales, quiso que el mayor de sus hijos siguiera sus pasos como médico (Hector era el mayor de 6 hermanos, de los que 4 llegaron a la edad adulta). Pero Hector no pudo soportar las disecciones que se realizaban en la Escuela de Medicina de París, y se inscribe en el Conservatorio de París en 1826, siguiendo su deseo de convertirse en músico. Conoce en esta época la música de Beethoven y de Weber, que influenciarán en gran medida su carrera como compositor, si bien sus primeras composiciones no se conservan, siendo algunas destruidas por él mismo. 

Hector Berlioz se presenta desde sus primeros años como estudiante al Concurso de Roma, que premiaba al ganador con una estancia en la capital italiana. En 1827 presenta la cantata “La mort d’Orphée”, que es rechazada por considerarse imposible de interpretar:

Mientras, Berlioz se siente fascinado por la actriz inglesa Harriet Smithson, a la que conoce representando la Ofelia de “Hamlet”. Pero las cartas que le escribe, demasiado apasionadas (dejando al descubierto el caracter exageradamente romántico de Berlioz) no ayudan a que este amor sea correspondido, por lo que en 1830 comienza una relación con Maria Moke. 

Berlioz insiste en el Concurso Roma, ya que con él quiere demostrar a su familia que puede dedicarse a la música. En 1829 queda segundo con la cantata “Herminie”, consiguiendo por fin la victoria en 1830 con la cantata “Sardanapale”:

Berlioz parte para Roma, pero antes se encarga de que se estrene en París la obra en la que ha estado trabajando, una sinfonía que recoge sus sentimientos, incluso la correspondencia que había enviado a Harriet Smithson, y que requiere leer previamente el argumento de la obra para poder entenderla, es uno de los mejores exponentes de la nueva música “programática”. El director Leonard Bernstein, a quien veremos dirigir la obra, afirma que es la primera obra psicodélica de la historia, ya que al parecer Berlioz escribió parte de ella bajo la influencia del opio:

El estreno, el 5 de diciembre de 1830, es un gran éxito, y poco después, el 30 de diciembre, Berlioz parte para Roma. En allí donde se entera que, por influencia de su madre, Maria Moke ha roto su relación con él para casarse con Camille Pleyel. Impetuoso como siempre, decide regresar a París para matar a Marie, a su madre y a Camille, pero por suerte se detiene en Niza. Durante su breve estancia de un mes en la ciudad de la costa azul, Berlioz compone la Obertura del Rey Lear, que escuchamos dirigida por Colin Davis, uno de los más destacados intérpretes de su obra:

A continuación regresa a Roma, y si bien durante su estancia en la ciudad italiana apenas compone, sí que le servirá de inspiración para algunas de sus futuras obras. Permanece en la ciudad los dos años correspondientes antes de regresar a París. Allí se entera de que Harriet Smithson finalmente asistió a una función de su Sinfonía fantástica, comprendiendo los sentimientos que ésta encerraba. Ambos se casan el 3 de octubre de 1833, y tienen un hijo, Louis, el 14 de agosto de 1834.  Louis servirá en la marina y trabajará como marino mercante, muriendo en Cuba a causa de la fiebre tifoidea en 1866, con 32 años. 

Nicolo Paganini, fascinado tras escuchar la Sinfonía Fantástica, le encarga componer una obra para viola y orquesta, y Berlioz, en lugar de componer un concierto, compone una sinfonía concertante para viola y orquesta, titulada “Harold en Italia”, inspirada en su estancia en Roma y basada en una obra de Lord Byron. Pero la obra no es del agrado de Paganini, y no la interpretará nunca. Además, en el estreno, Berlioz queda descontento con la labor del director de orquesta, por lo que decide, a partir de ese momento, dirigir él mismo sus obras. Escuchamos la obra de nuevo dirigida por Colin Davis:

Años después, Paganini escuchará la obra y, satisfecho, entregará a Berlioz una importante suma de dinero. 

En los siguientes años, Berlioz trabaja también como crítico musical. Además, en 1937 compone su Requiem, que requiere de una enorme masa coral, que fue estrenado durante el funeral del General Charles-Marie Denys de Damrémont, muerto en combate en Argelia, aunque la obra había sido encargada por el gobierno francés para conmemorar a los caídos durante la revolución de 1830. Escuchamos la obra dirigida por Tugan Sokhiev:

En 1838 Berlioz consigue estrenar su primera ópera, “Benvenuto Cellini”, basada en la vida del famoso escultor italiano y el proceso de elaboración de su Perseo, aunque la obra fue un fracaso. Escuchamos el aria del protagonista “Seul pour lutter” cantada por el tenor Nicolai Gedda

Pese al fracaso, poco después es cuando Berlioz recibe el dinero de Paganini, lo que le aporta una cierta seguridad económica que le permite componer y estrenar la ambiciosa sinfonía para solistas, coro y orquesta “Roméo et Juliette”, obra difícil que no terminó de entusiasmar en el estreno pero que en seguida consiguió la aprobación popular, incluso la de Richard Wagner, que se encontraba por aquellas fechas en París. Escuchamos la obra dirigida por Colin Davis:

En 1840 se cumplen 10 años de la revolución de 1830, y para conmemorarla, el gobierno francés le encarga a Hector Berlioz la composición de una obra. Compone entonces la Grande symphonie funèbre et triomphale, para orquesta y coro, que se estrena en la Plaza de la Bastilla, dirigida por el propio Berlioz. La escuchamos dirigida por Colin Davis:

En 1841 compone “Les nuits d’eté”, ciclo de 6 canciones sobre textos de su amigo Theóphile Gautier, para piano y voz, aunque en 1856 realizará una versión para orquesta, que es la habitual hoy y que prepara el camino para los Lieder orquestales alemanes posteriores. Escuchamos la obra cantada por la mezzo-soprano Anne Sofie von Otter:

Con su matrimonio en crisis desde años atrás, Berlioz comienza por estas fechas una relación con la cantante Maria Recio, que le acompañará en las giras que realizará por Centroeuropa, Gran Bretaña e incluso Rusia en los años siguientes. Berlioz sigue componiendo, en todo caso, y de 1844 data la obertura “Le carnaval Romain”, que escuchamos dirigida por Victor de Sabata:

En 1846 estrena en París su oratorio dramático “La damnation de Faust”, basado en la obra de Goethe, que a menudo se representa como una ópera, de la que destaca la famosa marcha húngara:

En 1954 estrena en París un nuevo oratorio, “L’enfance du Christ”, compuesto de tres partes, El sueño de Herodes, La huida a Egipto y La llegada a Sais, por lo que es conocida como la Trilogía sagrada. Escuchamos la obra dirigida por Colin Davis:

Ese mismo año, tras la muerte de su esposa Harriet Smithson, que llevaba años paraplégica, se casa con Maria Recio. 

En 1856, Hector Berlioz comienza a trabajar en su obra más ambiciosa, una Grad’Opera basada en la Eneida de Virgilio, con 5 actos y unas 4 horas de duración, que termina de componer en 1858. Los empresarios teatrlaes consideran imposible su representación, y sólo acceden a representar los tres últimos actis, conocidos como “Los troyanos en Cartago” en parís en 1863. Los dos primeros actos no fueron representados hasta 1890, en Karlsruhe, seguidos al día siguiente por los tres restantes. La primera representación completa de la obra no tuvo lugar hasta 1957. Escuchamos el dúo “Nuit d’ivresse”, del cuarto acto, cantado por Gregory Kunde y Susan Graham:

Terminada la composición, en 1862 termina de componer la que será su última ópera, en este caso una comedia, “Béatrice et Bénédict”, basada en “Mucho ruido y pocas nueces” de Shakespeare, que se estrena en Baden-Baden en 1862. Escuchamos el aria de Héro “Je vais le voir” cantada por Kathleen Battle:

Pero en 1862 muere repentinamente su esposa. La noticia de la muerte de su hijo en 1866 le hace huir del dolor realizando una gira de conciertos por Rusia que le deja agotado. De regreso a París, su salud va deteriorándose hasta su muerte, el 8 de marzo de 1869, a los 65 años. Es enterrado en el parisino cementerio de Montmantre, y sus dos esposas son exhumadas para ser enterradas junto a él:

Su influencia como compositor, tanto de música programática como de canciones con orquesta, es fundamental en el posterior desarrollo de la música clásica, como lo es su labor como director de orquesta y su labor como orquestador, recogida en un ensayo publicado en 1844 que será fundamental para compositores muy posteriores. Si bien la mayor parte de su obra permaneció olvidada hasta después de la II Guerra Mundial, a día de hoy Hector Berlioz está considerado uno de los compositores más importantes y relevantes del romanticismo musical.

Crónica: Ein deutsches Requiem en el Kursaal (19-12-2016)


El osético Tugan Sokhiev es uno de los directores de orquesta que más alegrías me han dado de todos los que he podido escuchar en vivo. En mi memoria quedan sus numerosas participaciones en la Quincena Musical Donostiarra (inolvidables sus interpretaciones de Tchaikovsky, por ejemplo), así como aquel maravilloso “Boris Godunov” de Pamplona en el que le acompañaba el orfeón Donostiarra con el que repetía colaboración en esta ocasión para este Ein deutsches Requiem de Johannes Brahms. El concierto tenía por lo tanto dos grandes atractivos, director y coro, que, como era previsible, no decepcionaron.




El concierto venía a ser de alguna forma el cierre a este año de la capitalidad europea de la cultura donostiarra, por lo que contar con la que quizá sea la institución musical más destacable de la capital gipuzkoana, el Orfeón Donostiarra, era poco menos que un imprescindible. La elección del programa podría ser en todo caso discutible: ¿cuál es el motivo de la elección de esta obra? ¿Habría sido más adecuado la elección de alguna obra de un compositor local? ¿Tenía algún significado más “simbólico” la elección de este Ein deutsches Requiem que el pobre programa de mano no explicaba?

Ein deutsches Requiem (un réquiem alemán) de Johannes Brahms es una maravillosa obra para orquesta, coro y solistas (soprano y barítono) dividida en 7 partes, alejada de la típica estructura de los réquiems litúrgicos, mucho más luminosa y esperanzadora en su mensaje, con textos íntegramente extraídos de la Biblia (apócrifos incluidos). La parte coral, en especial, da unas grandes posibilidades de lucimiento a un coro de nivel, y cuando esto se consigue, el resultado será siempre un conciertos absolutamente disfrutable, como fue el caso.

Dejo antes de nada un enlace con el programa del concierto.

Tugan Sokhiev dirigía con mano de hierro a la Orchestre National du Capitole de Toulouse, de la que es el director titular. La orquesta respondía a las indicaciones del director con absoluta fidelidad, alternando momentos de gran lirismo (como la primera parte) con otros más dramáticos, como la segunda parte , el famoso y bellísimo “Denn alles Fleisch”. Destacar la labor de los metales, impecables y que no se hicieron notar tocando con demasiado volumen, además de unas cuerdas, en especial en las secciones más graves, que sonaron maravillosamente ya desde los primeros acordes. Se nota que la coordinación con el director es absoluta, porque la orquesta respondía sin problemas a la personal visión que Sokhiev plasmó de la obra en esta ocasión.

Es la tercera vez que veo al Orfeón Donostiarra cantar Ein deutsches Requiem (vamos, las tres veces que he visto esta obra en vivo ha sido con ellos), y ya sé perfectamente que bordan esta obra, con esos juegos de dinámicas desde los susurros casi inaudibles con los que comienza la obra hasta los pasajes en forte en el que el sonido es simplemente apabullante. Magníficos tanto en la conclusión de la segunda parte como en la fabulosa fuga que cierra la sexta parte, en las que habría que destacar en especial la impecable labor de las voces masculinas, que en esta ocasión se hicieron notar (para bien) como no recordaba haberles oído, siempre más eclipsados por las voces femeninas. Fue un verdadero placer escucharles en esta ocasión.

Ya hemos mencionado que Ein deutsches Requiem requiere dos solistas: un barítono para las partes tercera y sexta, y una soprano para la quinta. Y los solistas elegidos para la ocasión superaron con corrección pero sin brillo sus partes. En el caso del barítono, Garry Magee, comenzó algo flojo, con agudos entubados y una voz que no terminaba de sonar brillante, hasta que calentó la voz y pudimos escuchar a un solvente barítono lírico de buenas maneras, lo suficientemente expresivo, que consiguió salvar su parte. En el caso de la soprano, Claudia Barainsky, tuvo que lidiar con la ingrata parte que tiene en esta obra, breve pero siempre en la zona aguda del registro, que tiene que cantar en piano. Si en las anteriores ocasiones que he escuchado esta obra las sopranos padecían de un insoportable vibrato que afeaba el resultado, en el caso de Barainsky ese vibrato no resultaba tan excesivo y por lo menos su intervención no molestó, que no es poco en esta obra.

El público amenizó la velada con un concierto de toses, como siempre en el momento más oportuno (sí, lo sé, con este tiempo todos estamos con catarro y no siempre se puede evitar toser, pero la discreción…), por no hablar de los móviles que no pararon de sonar durante el concierto. Lamentable.

Fue por tanto un concierto en general de muy alto nivel, un concierto para disfrutar (quizá no tanto para aplaudir a rabiar, no es esta una obra que despierte el aplauso tan fácilmente) que supone un digno cierre a esta capitalidad europea de la cultura con la calidad musical que se espera de una ciudad como Donostia.