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175 años del estreno de Ernani (09-03-2019)

Tras los recientes éxitos de “Nabucco” y de “I lombardi“, Giuseppe Verdi comienza a recibir ofertas de diferentes teatros que quieren estrenar una nueva obra suya. El compositor, deseoso de alejarse de Milán, se siente tentado por la oferta del Teatro de La Fenice de Venecia para componer dos óperas. El compositor establece una serie de condiciones que son aceptadas: el pago se realizará tras la primera función, y no tras la tercera (recordando que “Un giorno di regno” sólo se represento una vez), la libre elección de libretista y del tema de la ópera.

Verdi contacta entonces con el poeta veneciano Francesco Maria Piave, con el que entablará una relación profesional estable y muy prolongada en el tiempo. Pero la composición se retrasa por no encontrar un tema adecuado. Se baraja “El Corsario” de Lord Byron, pero no se dispone de un barítono adecuado; la historia de los Foscari es descartada por problemas con la censura (si bien ambos temas serán retomados por Verdi en futuras óperas); llega entonces Victor Hugo, del que Piave adapta Cromwell, pero, con el libreto concluido, a Verdi no le convence. Entonces Nanni Mocenigo, presidente del teatro, le propone adaptar otra obra de Victor Hugo: la exitosa “Hernani”. Piave teme que la censura no permita el estreno, pero cuando el teatro aprueba la obra, Verdi prosigue con el proyecto y modifica la distribución tradicional de las voces: Ernani, el protagonista, pasa de contralto a tenor, por lo que el Rey Carlos pasará de tenor a barítono y el villano Silva será bajo en vez de barítono. La nueva ópera romántica da un paso más, pese a que las vocalidades de los personajes son todavía plenamente belcantistas. 

Con problemas con el reparto que debía protagonizar la obra, Verdi impone al tenor Carlo Guasco, que había estrenado el Oronte de “I lombardi”, y además, insatisfecho con el bajo previsto, no duda en seleccionar a un joven del coro, Antonio Selva, que aún no había cumplido los 20 años, para el papel del viejo Silva (Ruy Gómez de Silva era en realidad demasiado joven durante la época en la que sucede la acción, pero eso es ya culpa de Victor Hugo). 

Finalmente, tras una temporada desastrosa en La Fenice (con el fiasco de la representación de “I lombardi” a causa del tenor), “Ernani” se estrena el 9 de marzo con un enorme éxito, beneficiada en buena parte por el exquisito tratamiento melódico que da Verdi a la partitura, y que la convierte en una de las óperas más populares de la primera etapa del compositor, si bien por problemas con la censura (Victor Hugo no estaba bien visto en muchos estados italianos) se modificó en ocasiones el título por el de “Il proscrito”. La ópera ha continuado siendo popular desde entonces hasta nuestros días, aunque desde los años 50 otras óperas del primer Verdi le han superado en popularidad. 

Antes de pasar a comentar el argumento de la ópera dejamos, como siempre, un enlace al libreto traducido al español. 

La ópera comienza con una obertura bastante modesta si comparamos su duración con la de “Nabucco”. La escuchamos aquí dirigida por Riccardo Muti: 

Comienza la ópera, que consta de 4 actos, todos los cuales tienen lugar en 1519. 

El primer acto comienza en las montañas de Aragón con el tradicional coro. Un grupo de bandidos bebe y disfruta del momento, mientras ven que su líder, Ernani, no comparte su alegría. Escuchamos el coro dirigido de nuevo por Riccardo Muti:

Ernani decide compartir sus penas con sus camaradas. Se ha enamorado de una noble aragonesa, pero el viejo Silva quiere casarse al día siguiente con ella. Ernani quiere raptarla, pero sus camaradas quieren saber si ella estará de acuerdo y querrá huir con él. Ernani les asegura que ella se lo ha jurado, por lo que cuenta con la ayuda de sus bandidos. Así se consuela sabiendo que, en su exilio, estará acompañada por su amada. Escuchamos el aria “Come rugiada al cespite” y la cabaletta “O tu, che l’alma adora”, cantada por Carlo Bergonzi:

Cambiamos de escena, nos trasladamos al castillo de Ruy Gomez de Silva, en Aragón (absurdo, Silva era portugués). Estamos en las habitaciones de Elvira, la joven enamorada de Ernani. Es de noche. Ella no quiere que Silva vuelva, ya que está cansada de que la persiga, y sólo desea que Ernani se la lleve de ese lugar que tanto odia. Entran varias damas con los regalos para la boda, diciéndole que muchas mujeres envidian su suerte, pero a ella le dan igual los collares y las joyas que le regala Silva: sólo espera que llegue el momento para huir junto a Ernani. Escuchamos el aria de Elvira “Ernani, Ernani, involami” y la cabaletta “Tutto sprezzo che d’Ernani” cantada por Leyla Gencer:

Pero en ese momento aparece el joven Don Carlo, Rey de Aragón y aspirante a la corona imperial. La criada Giovanna va en busca de Elvira. Don Carlo está enamorado de Elvira, pero sabe que ella la rechaza porque ama a un enemigo suyo. Llega Elvira, que vuelve a rechazarlo. Carlo le recrimina que ame a un bandido, y le abre su corazón: está enamorado de ella desde el día que la vio, pero ella le confirma que le da igual la corona o el título que tenga, no le ama y no va a amarlo. Carlo trata de llevársela, pero ella le arrebata el puñal y le amenaza con matarlo y matarse. Y en ese momento aparece Ernani. Escuchamos el dúo “Da quel dì che t’ho veduta” cantado por Giuseppe Taddei y Leyla Gencer:

El Rey reconoce a su enemigo Ernani, el bandido; le avisa que, a una sola señal suya estará muerto, pero le permite huir. Ernani le demuestra su amor porque el Rey se lo ha arrebatado todo, bienes, honor, mataron a su padre y además aman a la misma mujer. Mientras, Elvira, desesperada al ver tanto odio entre ambos, amenaza con apuñalarse allí mismo ante ellos. Escuchamos el terzetto “Tu se’ Ernani” con Carlo Bergonzi, Mario Sereni y Leontyne Price:

En ese momento aparece Silva, escandalizado al ver que dos hombres se pelean por la que quiere que sea su esposa. Tras llamar a todos sus caballeros para que sean testigos, lamenta que la edad no le haya dado un corazón de hielo. En una cabaletta añadida para unas funciones en la Scala en 1844 utilizando música compuesta por Verdi para su primera ópera, “Oberto”, Silva confirma que, pese a la edad, está dispuesto a luchar para defender su honor. Escuchamos el aria “Infelice! E tuo credevi” y la cabaletta “Infin che un brando vindice” cantada por Cesare Siepi:

Silva se dispone a luchar contra ambos, y elige primero a Carlo, pero en ese momento entra su escudero Riccardo y Silva descubre que es el Rey. Carlo afirma que el viejo se calma al estar ante el Rey, y todos se dan cuenta de su lucha interna. Mientras, Ernani y Elvira planean su fuga. Escuchamos la escena con Luciano Pavarotti, Joan Sutherland, Leo Nucci y Paata Burchuladze:

Silva le pide perdón al rey, que se lo concede. Carlo afirma que, como necesita el consejo de un hombre sabio, se quedará en el castillo esa noche, mientras permite que Ernani huya, aunque este sigue clamando venganza. Mientras, Carlo expresa su intención de alcanzas la corona imperial, y, si la consigue, sabrá ser clemente. Escuchamos el final del primer acto de Ernani con Carlo Bergonzi, Leontyne Price, Cornell McNeil y Giorgio Tozzi:

Comenzamos el segundo acto. Volvemos a estar en el castillo de Silva. En una gran sala del castillo, todos los criados preparan alegres la celebración de la boda de su señor con Elvira:

Silva ordena a su escudero Jago que haga pasar al peregrino que ha llegado, ya que se dispone a ofrecerle la hospitalidad que solicita, y ni siquiera desea saber su identidad. Lo que no sabe es que el peregrino es en realidad Ernani disfrazado. Así, cuando Silva le presenta a la novia, que no es otra que Elvira, Ernani se descubre y ofrece como regalo su cabeza. Escuchamos la escena con cesare Siepi, Mario del Monaco y Zinka Milanov:

Ernani afirma que los soldados del Rey le persiguen, ha perdido a sus hombres y no tiene esperanza de sobrevivir. Elvira lamenta su suerte y Silva se niega a entregarlo al Rey, ya que ha prometido acogerle, y es su deber defenderlo. Escuchamos el trío con Carlo Bergonzi, Leontyne Price y Giorgio Tozzi:

Silva se va para preparar la defensa del castillo. Entonces Ernani se enfrenta a Elvira porque ella haya aceptado casarse con Silva. Ella se defiende diciendo que todos le daban por muerto e incluso estuvo a punto de matarse. Ernani se recupera de la locura pasajera, ambos confirman su amor y se abrazan, justo en el momento en el que aparece Silva, que quiere venganza. Pero en ese momento Jago avisa de la llegada del Rey, por lo que Silva, que quiere matar a Ernani por su propia mano, hace que el fugitivo se esconda por una puerta secreta. Escuchamos la escena con Plácido Domingo, Raina Kabaivanska y Nicolai Ghiaurov:

Llega el Rey, alarmado al encontrar el castillo lleno de defensas, y sospecha que los nobles preparan una nueva rebelión. Silva afirma su lealtad, pero como prueba de esa lealtad el Rey le pide que entregue a Ernani, que se ha refugiado en el castillo, o de lo contrario arderá. Silva dice que ha ofrecido hospitalidad a un peregrino y que no puede traicionarlo, pero eso supone traicionar al Rey, quien hace que su escudero Riccardo busque a Ernani por todo el castillo. Escuchamos la escena con Nicolai Ghiaurov y Renato Bruson:

Carlo se muestra altivo, diciendo que no puede desafiar así a su Rey, y pese a que Silva le advierte que ningún Rey de Iberia querría deshonrar a los Silva, Carlo piensa matarlo. Escuchamos el aria “Lo vedremo, veglio audace” cantada por Mattia Battistini:

Vuelven los soldados del Rey diciendo que no hay rastro de Ernani, pero que han desarmado a la guarnición del castillo, y que, bajo tortura, hablarán y dirán dónde se esconde el bandido. Aparece Elvira implorando su piedad, y Carlo solicita que Elvira le sea entregada como prueba de su lealtad. Silva se niega, ya que la ama y es lo único que le queda en la tierra, antes prefiere morir. Pero su honor está por encima, se niega a revelar dónde se esconde Ernani. Carlo se lleva entonces a Elvira, ofreciéndole una vida llena de alegrías, mientras los criados de Silva se dan cuenta de que eso acabará con la vida de su señor, que clama venganza. Escuchamos la escena con Cornell MacNeill y Giorgio Tozzi:

Tras confirmar su deseo de matar al Rey, Silva hace salir a Ernani de su escondite para batirse en duelo. Ernani no quiere hacerlo por la edad de Silva, y le suplica que le escuche: quiere ver por última vez a Ernani antes de que Silva lo mate. El viejo le dice que se la ha llevado el Rey, y Ernani le dice que el Rey ama a Elvira, lo que enfurece aún más a Silva, que se dispone a perseguir el cortejo tras acabar con Ernani. Pero el bandido le dice que lo necesitará para luchar contra Carlo, y como garantía le ofrece su cuerno: cuando Silva lo haga sonar, él morirá al momento. Tras jurar, todos salen en persecución del Rey. Escuchamos el dúo con Plácido Domingo y Nicolai Ghiaurov:

Para la función de Parma del mismo 1844, Rossini le sugirió a Verdi que añadiera en este momento un aria para Ernani, que sería interpretado por el tenor ruso Nicola Ivanoff. Verdi compone entonces el aria “Odi il voto” y la cabaletta “Sprezzo la vita”, en la que Ernani jura vengar a su padre cueste lo que cueste, y hace que todos juren ayudarle en esa venganza. Escuchamos el aria cantada por quien la re-descubrió, Luciano Pavarotti:

Comenzamos el tercer acto. Estamos en Aquisgrán, en la tumba de Carlomagno. Mientras los electores están reunidos para elegir al nuevo Emperador del sacro Imperio Romano-Germánico, Carlo sabe por su escudero Riccardo que los conspiradores que quieren matarlo se reunirán en ese lugar. Carlo va a esconderse en la tumba de Carlomagno para sorprenderlos. Mientras, le pide a Riccardo que, si es elegido Emperador, le dé una señal mediante tres cañonazos y que acuda allí con Elvira. Escuchamos la escena cantada por Leo Nucci:

Una vez solo, Carlo medita sobre su situación: de nada le sirve la las riquezas, los sueños de juventud. Ahora se dispone a convertir su nombre en algo que perdure por siglos. Escuchamos la gran aria de Carlo “Oh, de verd’anni miei” cantada por Leonard Warren:

Carlo se esconde en la tumba de Carlomagno justo antes de que lleguen los conspiradores. Tras constatar que están todos presentes, Silva saca al azar un nombre, que será el encargado de asesinar a Carlo. El nombre es el de Ernani, lo que llena de alegría al bandido. Silva le pide que le ceda el puesto a cambio de su vida, y le enseña su cuerno, pero él se niega, así que el viejo le asegura que sufrirá una terrible venganza. Escuchamos la escena con Cesare Siepi y Mario del Monaco:

Los conjurados cantan un coro en el que afirman que despierta el león de Castilla (¿pero no se suponía que Silva y Ernani eran Aragonese?), y afirman ser todos una familia que buscan el mismo fin. Escuchamos este espectacular coro dirigido por Dimitri Mitropulos:

Pero los conspiradores son detenidos al escucharse unos cañonazos.  Al tercero Carlo sale de la tumba de Carlomagno y se presenta como Carlo V, porque ha sido proclamado Emperador. Llega en ese momento Riccardo con Elvira y un gran séquito. Carlo, seguro, hace detener a los conjurados, decretando la muerte para los nobles y la prisión para el resto. Ernani solicita entonces ser ejecutado, ya que es Conde de Segorbe (no de Segovia, como se traduce demasiadas veces) y de Cardona, y revela su identidad: Don Juan de Aragón. Carlo se dispone a hacerlo ejecutar, pero Elvira le suplica que, ahora que es Emperador, les perdone y los castigue con el desprecio. Escuchamos la escena con Carlo Bergonzi, Cornell MacNeill y Leontyne Price: 

Carlo se gira hacia la tumba de Carlomagno, y afirma querer imitar sus virtudes. Por ello, perdona a todos los conjurados y hace que Ernani y Elvira se casen. Todos cantan entonces loas hacia Carlo, excepto Silva, que clama venganza. Escuchamos el final del tercer acto desde el monólogo de Carlo “O sommo Carlo” cantado por Piero Cappuccilli:

Comenzamos el cuarto acto con aires festivos. Estamos en el Palacio de Don Juan de Aragón, que ha recuperado Ernani como su propiedad. Se celebra la boda entre Ernani/Juan y Elvira. Todos se encuentras felices, pero observan una figura siniestra, cubierta por un manto negro, que les aterra, y desean que desaparezca. Mientras, Ernani y Elvira cantan su amor. Pero entonces se escucha el sonido de un cuerno de caza, y Ernani se da cuenta de que es Silva que reclama su muerte. Aleja a Elvira diciéndole que le duele una vieja herida y que vaya a buscar sus medicinas. Escuchamos el coro inicial y el dúo con Carlo Bergonzi y Leontyne Price:

Una vez solo, Ernani no escucha nada y piensa que puede haber tenido una alucinación, pero cuando se dispone a irse, aparece Silva, que le recuerda su juramento: cuando suene el cuerno, Ernani caerá muerto. Le acusa de mentiroso si no se quita la vida. Ernani le suplica: toda su vida ha sido un fugitivo, ha estado sufriendo, y ahora quiere gozar por fin del amor. Pero Silva se muestra inflexible y le ofrece un puñal y una copa con veneno para que elija cómo suicidarse. Ante la acusación de perjurio, Ernani coge el puñal y está a punto de clavárselo cuando aparece Elvira. Primero amenaza con matar a Silva, pero luego se echa atrás u solicita perdón, ya que ella también es hija de un Silva y ama a Ernani. Pero es por ese amor por el que Silva lo quiere muerto, y no piensa perdonar. Ernani le pide a Elvira que deje de llorar, porque ahora necesita todo su valor. Finalmente, Ernani se clava el puñal en el pecho. Elvira quiere hacer lo mismo, pero ni Ernani ni Silva se lo permiten, y Ernani muere ante la satisfacción de Silva y la desesperación de Elvira. Escuchamos el trío final con Carlo Bergonzi, Leontyne Price y Ezio Flagello:

Y así termina “Ernani”, una ópera en la que es mejor ignorar los errores y las incoherencias del libreto y dejarse llevar por la magnífica partitura verdiana. 

Terminamos, como siempre, con un Reparto Ideal:

Ernani: Carlo Bergonzi o Luciano Pavarotti.

Elvira: Leyla Gencer.

Don Carlo: Leonard Warren, Piero Cappuccilli o Renato Bruson.

Silva: Cesare Siepi o Nicolai Ghiaurov. 

Dirección de Orquesta: Dimitri Mitropoulos. 



30 años del estreno de “Les miserables” (08-10-2015)


Antes de nada, dedico este post a mi querido Hector, ilustre príncipe troyano-Algortarra, porque de no ser por él no me habría enterado de este aniversario… Y venga, vamos a seguir poniéndome en ridículo… porque lo cierto es que yo no tenía ni idea de qué era eso del musical de “Les miserables” hasta que medio mundo lo descubrió al mismo tiempo. La culpable, una mujer de mediana edad y de apariencia descuidada llamada Susan Boyle:




Imposible no emocionarse escuchando esta canción. Al margen de la interpretación de Miss Boyle (errores vocales en frases como “With their voices soft as thunder – As they tear your hopes apart”; más pendiente de lucir voz que de una interpretación de verdad, aunque eso es lógico en el programa), en ese momento esta canción ya entró en mi corazón.

Pero aún así pasaría tiempo antes de conocer el musical: no lo descubrí hasta que fui al cine a ver la versión cinematográfica que dirigió Tom Hooper. La vi dos veces: la primera fui a verla con un amigo, aguanté las lágrimas como pude y descubrí el musical. Para cuando fui a verla por segunda vez (esta vez para acompañar a mis padres) ya me había comprado el CD con la banda sonora (sí, todavía compro CDs, ¿qué pasa?), así que ya me conocía el musical casi de memoria. Y claro, me pasé toda la peli susurrando las canciones y al llegar al final me era imposible contener los lagrimones que me caían mientras susurraba la canción del pueblo. Y eso que ahí mi orgullo no me deja que se note que una peli me ha hecho llorar…

Y os preguntaréis ¿por qué está soltando hoy este tío semejante chapada? Pues bien, un 8 de octubre de 1985, este musical se estrenó en el Barbican Centre de Londres. Es cierto que la versión francesa del musical se había estrenado en 1980, pero la versión inglesa tiene los suficientes cambios como para que la consideremos el inicio del musical que todos conocemos. Por tanto, hoy hace 30 años que se estrenó. El mismo año que yo nací. Y es que lo mejor que dio 1985 fue mi nacimiento y el estreno de “Les miserables”, “Los Goonies” y “Memorias de África” (sí, ya sé que Martiño Rivas nació el mismo día que yo, por eso es secundario… XD )

Y claro, como fan INCONDICIONAL de este musical no podía dejar pasar la oportunidad de hablar extensamente de él (la brevedad y yo nos llevamos a matar, no sé si se nota…). Lo primero de todo es confesar que he visto este musical dos veces: dos días seguidos, en realidad. Cuando el año pasado vino la gira a Donostia fui el viernes, y el sábado me dio la locura de repetir. Bueno, y de esas funciones conservo un recuerdito:

La verdad es que no tuve demasiada suerte: en aquella reposición ya no estaban ni Daniel Diges ni Gerónimo Rauch (a Rauch acababa de verle unos 3 meses antes un espectacular Fantasma de la Ópera en Londres), y en las funciones de Donostia no cantó ese pedazo Javert que es Ignasi Vidal, pero por lo menos tuvimos a un Marius de lo mejorcito imaginable, el gran Guido Balzaretti. Así que el sábado, al salir de la función, me quedé esperando por si podía saludarle… era complicado, era la una de la mañana y Guido acababa de cantar dos funciones seguidas, estaría hecho polvo… pero fue un tío encantador. Conseguí su firma en el programa de mano, pero mi móvil no tenía batería para la foto… y va y me dice “Ven mañana”. “No, no puedo, ya he gastado demasiada pasta viniendo dos veces”. “No, ven a la salida y nos hacemos la foro”. ¿Es necesario decir que le hice caso? Lo único, esto tiene un problema: ya no puedo ser objetivo con Guido. Y eso lo notarán quienes no compartan mis impresiones sobre él.

Antes de nada, no deja de resultar extraño que la obra maestra de Victor Hugo no hubiera sido llevada a la ópera nunca. Y es extraño porque Victor Hugo es un autor muy habitual en el repertorio operístico. Si ya en 1833 Gaetano Donizetti basa su Lucrezia Borgia en la obra teatral de Victor Hugo, en las siguientes dos décadas será el gran genio Giuseppe Verdi quien use dos de sus obras teatrales para componer dos de sus obras maestras: Ernani y Rigoletto (basada en “Le roi s’amusse”). Y esto sólo por citar a dos grandes compositores y tres óperas de repertorio hoy día. Eso con sus obras de teatro, pero no con sus novelas. Porque para encontrar una de sus novelas llevadas a la ópera más o menos destacable hay que esperar a comienzos del siglo XX: el alemán Franz Schmidt compone su “Notre-Dame” (ópera casi desconocida, salvo por su bellísimo intermezzo), basada en otra de las obras maestras de Victor Hugo, “Nuestra Señora de París” (el jorobado de Notre-Dame de toda la vida, para entendernos). Pero Les miserables ofrecía muchas más dificultades a la hora de trasladarla a los escenarios: no solo la longitud de la obra, sino su extensión cronológica (pasan bastantes años desde el comienzo hasta el final de la obra), los numerosos acontecimientos que en ella suceden… llevarla al cine (que ofrece muchas más posibilidades que el teatro) ya resulta difícil, aunque de 1935 tenemos la excelente versión que dirigió Richard Boleslawski con el enorme Valjean de Fredric March y el sorprendente Javert de Charles Laughton.

Será en 1980 cuando se estrene una versión musical de Los miserables, con música de Claude-Michel Schönberg (quien compondrá años después otro célebre musical, “Miss Saigon”) y letra en francés de Alain Bloubil y Marc Natel. La obra no fue un gran éxito, pero pocos años después Cameron Mackintosh (que en 1986 produciría otro enorme éxito del West End “The phantom of the opera” de Andrew Lloyd Webber, de la que hablaremos llegado el momento) recibió el encargo de producir una adaptación adecuada al gusto inglés. Con letra inglesa de Herbert Kretzmer, la adaptación tardó dos años en realizarse hasta que por fin se estrenó y… desde entonces sigue representándose ininterrumpidamente en el West End.

Venga, vamos a comenzar nuestro repaso a los números musicales más destacables del musical. En lo que me sea posible intentaré comparar el musical con la novela de Victor Hugo, pero por el momento he leído sólo más o menos el 60% de la obra (los tres primeros libros, para ser exacto), así que hasta ahí llegarán las comparaciones… en todo caso, aún sin haber terminado de leer la obra, la recomiendo a todo el mundo. Es una lectura imprescindible.

El musical comienza con una escena de trabajos forzados. No aparece como tal en la novela, pero de ella podemos extraer detalles que nos permitan imaginarnos cómo fue la vida de Valjean en prisión:

El vídeo pertenece a la gala del 10º aniversario del estreno, gala de la que veremos no pocos vídeos. Por desgracia, de la gala del 25º aniversario apenas hay vídeos en Youtube, porque fue editada hace poco en DVD y Blue-Ray. En todo caso, os la recomiendo.

En esta versión del 10º aniversario tenemos al Valjean del estreno, el gran Colm Wilkinson, y a un enorme Javert, Philip Quast, quien estrenó el papel en Australia.

Tras esta introducción, Valjean busca comida, un lugar donde alojarse… pero no lo consigue, hasta que lo encuentra el Obispo de Digne. Veamos la escena de la versión cinematográfica:

Aquí Colm Wilkinson interpreta al obispo, frente a Valjean de Hugh Jackman. El obispo acoge a Valjean cuando todos le rechazan, pero él se lo compensa robándole la cubertería de plata. Valjean es detenido al día siguiente y llevado ante el obispo, pero éste dice que no sólo le dio la cubertería, sino que además se dejó olvidados los dos candelabros de plata, mucho más valiosos… con la esperanza de que Valjean cambie y use el dinero que consiga para hacer el bien de los demás.

El shock en Valjean es brutal. Odia a la humanidad porque esta le odia, pero de repente una muestra de compasión remueve su conciencia. En el musical no aparece la escena del pequeño Gervais; no es necesaria. Valjean reflexiona en un impactante soliloquio:

Tras la reflexión, Valjean decide seguir el consejo del obispo, por lo que rompe su condicional: Jean Valjean ya no existe, quien era Valjean ahora será otra persona, un hombre de bien, preocupado por ayudar a los demás. Y es que si algo quiso mostrar Victor Hugo con esta novela, es la capacidad de redención de cualquier persona, incluso de un criminal. Quizá por eso me encanta la obra, porque tengo mucha fe en la redención (aunque no tanta como Manuela Carmena, tengo que reconocerlo… ¡hay quienes me hacen perder esa fe!)

El pequeño intermedio musical nos sirve de bisagra entre el prólogo y el 1º acto, que nos lleva a Montreuil 8 años después:

Miseria por doquier, pese al la gran riqueza que ha generado la empresa del señor Madeleine (ya todos sabemos que Madeleine es Valjean). Sin que él lo sepa, el encargado, que ve sus deseos eróticos rechazados, despide a una joven, Fantine, quien por la maldad de sus compañeras ha tenido que confesar que tiene una hija oculta, siendo soltera. Otro de los grandes problemas, la doble moralidad. Ella no es más inmoral que las demás… pero tiene una hija. Y ahí se acaba todo. Sin trabajo no podrá pagar a los posaderos que atienden a su hija, por lo que desespera.

El musical omite la historia de amor de Fantine, así que le da uno de los momentos estelares, el bellísimo monólogo con el que hemos comenzado el post. Vamos con algunas versiones. La primera es Ruthie Henshall, quien interpretó a Fantine en el 10º aniversario, aunque he escogido esta otra versión, que me gusta mucho más:

La segunda es Lea Salonga (¿os suena su voz? Volved a ver “Aladdin” en versión original, y veréis que es la voz de Jasmine) en el concierto del 25º aniversario. Curiosamente, ella había sido Eponine en el 10º aniversario:

Grandes interpretaciones en ambos casos.Pero la canción es un bombón que ha hecho que la hayan cantado también algunos hombres, como por ejemplo el gran Michael Crawford:

La versión cinematográfica tiene el acierto de cambiar el orden, y de postergar este “I dreamed a dream”; primero vemos el “Lovely ladies”, Fantine vende su pelo, sus dientes y finalmente su cuerpo; llega al sumum de la degradación. Así, la canción resulta todavía mucho más desgarradora, y la interpretación de Anne Hathaway en ese plano continuo le sirvió para llevarse un merecidísimo Oscar a la mejor actriz secundaria. Además, a diferencia de otra versiones fílmicas de musicales, en las que primero se graba el sonido y luego la imagen haciendo playback, aquí el sonido y la imagen se graban al mismo tiempo:

Venga, ¡a ver quién es el guapo que ha conseguido contener las lágrimas!

Como ya he adelantado, ahora viene una escena coral, el “Lovely ladies”. Y es que en cualquier ciudad siempre hay unos suburbios donde la gente malvive, donde reina la miseria y el vicio, y donde todo tiene un precio; en el caso de Fantine, pelo y dentes, y al final la necesidad le lleva a prostituirse:

Y a partir de aquí todo se complica: Fantine, quien no está nada contenta por prostituirse, rechaza a un cliente, lo que provoca una pelea. Y aparece Javert, quien ahora es el jefe de policía de Montreuil, y ordena detenerla, ya que viciosos y criminales siempre seguirán delinquiendo. Pero aparece el señor Madeleine, quien escucha a Fantine y se siente culpable, por lo que impide su arresto y la acoge, lo que enfurece a Javert.

Además, se produce un accidente cuando un carro atrapa bajo sus ruedas al viejo Fauchelevent, que está a punto de morir aplastado cuando Madeleine, con su enorme fuerza, levanta el carro permitiendo que saquen al viejo. Javert sospecha: sólo conoce a una persona que tenga tanta fuerza un criminal que rompió su condicional…

Pero entonces Javert se lleva un golpe: Madeleine no puede ser Valjean, porque acaban de detener a un hombre que parece ser Valjean. Entonces se lo confiesa a Madeleine, quien quita importancia al hecho de que Javert lo haya acusado. Pero ahora surgen los dilemas en la conciencia de Valjean: él ahora vive bien y ayudando a mucha gente que depende de él, pero ¿puede dejar que acusen a un nocente en su lugar?

Escucharemos tres versiones de este brutal monólogo. Comenzamos con la de Colm Wilkinson:

Seguimos con Alfie Boe:

Y terminamos con la de Hugh Jackman:

La dificultad de esta parte es brutal. Si mi partitura no miente, termina con un Si natural agudo, que le hace pasar serios apuros al más baritonal Colm Wilkinson, que lo compensa con su poderosísimo fraseo. Alfie Boe, como buen tenor, no tiene problemas de tesitura, aunque sea más blando. Y Jackman curiosamente tiene más problemas por abajo, en los graves, que tampoco son nada fáciles, de hecho. Y es que en este monólogo Valjean tiene dos octavas de extensión, del Si1 al Si3: el Si1 es bastante grave para un tenor, y el Si3 es muy agudo para un barítono. Vamos, que vocalmente tenemos un problema serio.

Y lo rematamos con la excelente versión española de Gerónimo Rauch:

Como es de esperar, el señor Madeleine aparece en el juicio para declarar que él es Jean Valjean.

E inmediatamente vuelve a visitar a una moribunda Fantine, cuyos últimos pensamientos son para su pequeña Cosette. Así muere una miserable:

Pero justo en este momento aparece Javert, dispuesto a detener a Valjean. Éste le solicita unos días para poder recoger a Cosette y así cumplir el último deseo de Fantine, pero el sentido de la justicia de Javert es inflexible, así que Valjean escapa:

Diferencia sustancial con la novela: Valjean no es capturado, juzgado y condenado. No vuelve a prisión y consigue huir cuando le dan por muerto. Demasiado complicado. Valjean escapa de Javert y no pasa nada más. Va a cumplir con su encargo: recoger a la pequeña Cosette.

La pobre Cosette es tratada como una vulgar criada por los Thénardier, una pareja de posaderos que tienen una hija, Eponine (en la novela tiene otra más, pero aquí la ignoramos, no nos interesa para continuar la historia, y hay que eliminar personajes superfluos).

Cosette tiene los sueños que cualquier niña tendría:

La Thénardier envía en plena noche a Cosette a coger agua del pozo que está en el bosque, cosa que a la niña le da miedo, claro. Pero será cuando está cogiendo agua cuando la encuentre Valjean.

Los Thénardier del musical soy muy distintos a los de la novela: son unos bribones, unos granujas, unos aprovechados, pero en vez de los malos malísimos de la novela (ya tenemos un malo malísimo con Javert y nos sobra), en el musical suponen un necesario contrapunto cómico que rompa la tensión acumulada tras tantos dramas que hemos visto (y que vamos a ver. Así que en el fondo, aunque patéticos, se agradece que aparezcan en ciertos momentos para dejarnos descansar.

Y así se nos presentan, con este “Master of the house”, que en la versión fílmica interpretan Sacha Baron Cohen y Helena Bonham Carter:

Llega Valjean y consigue llevarse a Cosette tras una dura negociación en la que los Thénardier fingen querer mucho a la niña e intentan sacarle todo el dinero que pueden a Valjean.

Para la versión cinematográfica se compuso una nueva canción, “Suddenly”, en la que Valjean expresa como acoger a esta niña cambia su vida. Una canción bonita, sin más, pero que merece la pena escucharse (y que fue nominada al Oscar):

El musical nos deja aquí, aunque la película nos muestre a Valjean entrando en París perseguido por Javert (y de paso use el “Stars” de Javert como intermedio al salto temporal que vamos a ver). Nada del 3º libro de Los Miserables (“Marius”) se nos muestra aquí: nada nos sugiere que Gavroche sea hijo de los Thénardier, ni que estos se hayan arruinado y vendido su posada para malvivir en París a base de estafar y robar, ignoramos todo el pasado de Marius, su entrada en el club del Café ABC, el intento de secuestro de Valjean por parte de Thénardier… y, por supuesto, Marius no conoce previamente a Cosette.

Damos entonces un salto temporal que nos lleva al París de 1832, 9 años después. De nuevo, misera entre el pueblo, que ve en el general Lamarque al único miembro del gobierno que se preocupa por ellos (un personaje real, Jean-Maximilien Lamarque, gran defensor de los derechos humanos, y que efectivamente murió de cólera en 1832 avivando la revolución del mismo año frente al gobierno del rey Luis Felipe de Orleans)… pero Lamarque se muere, y los revolucionarios alzan la voz:

El tema que nos introduce es el mismo que hemos escuchado al comienzo del prólogo, con Valjean en prisión. Representa la opresión de un pueblo que en el fondo está tan prisionero de las élites como lo está Valjean en prisión.

La versión original del musical incluía una canción del pequeño Gavroche, “Little people”, que se eliminó en seguida, aunque escuchamos algunos fragmentos más adelante (en la detención de Javert y en la muerte de Gavroche). Vamos a rescatarla como curiosidad:

Thénardier sigue la pista de Valjean e intenta asaltarlo en plena calle, pero Eponine avisa a todos que llega Javert y el ataque se frustra. Javert no descubre a Valjean, pero Marius sí descubre a la joven que le acompaña (Cosette, obviamente), y le pide a Eponine (que está secretamente enamorada de él) que le ayude a encontrarla.

Y ahora llega uno de los momentos estelares del musical (valga la redundancia): el monólogo de Javert, “Stars”. Pongo a continuación dos versiones. Comenzamos con la de Philip Quast (la misma que tengo en la página principal del blog):

Y escuchamos también la de Russell Crowe en el film:

La voz de Crowe suena pálida y sin fuerza al lado de la de Quast, pero bueno, tampoco está tan mal…

De regalo, ya que es una canción que me encanta, una versión de la Boyband británica Collabro:

Venga, lo admito, aunque el arreglo a 5 voces es bien bonito, el fraseo es demasiado blandengue… para compensar, una versión poco menos que referencial, por voz pero sobre todo por fraseo: esas frases cortadas al final, violentas y rudas, de un grande: Ignasi Vidal. Todavía no le he perdonado no habérselo oído en vivo (aunque ya le escuché en La bella y la bestia, y fue igualmente flipante). ¡Algo me dice que de haberlo podido oír en vivo me habría dado algo!:

Nos vamos ahora al ABC Cafe, donde se reúne un grupo de jóvenes revolucionarios encabezados por Enjolras, un joven idealista (y uno de mis personajes favoritos, de hecho). Marius llega tarde y un poco trastornadillo porque acaba de ver a un ángel (Cosette), lo que le gana la reprensión de Enjolras, quien expone sus ideas de cambiar el mundo. Entonces reciben por parte de Gavroche la noticia de que Lamarque ha muerto: es el momento de comenzar la revolución, por lo que escuchamos a continuación otro de los pasajes más emocionantes del musical, la canción del pueblo.

Vamos primero con la versión del 10º aniversario:

Adelanto que el Enjolras de Michael Maguire no me gusta nada; suena muy violento, agresivo, y de timbre demasiado oscuro. Michael Ball tampoco es mi Marius preferido, pero resuelve bien el papel.

Vamos ahora con la versión fílmica. Primero, la canción del Café ABC:

Aquí sí que no pongo pegas ni al Enjolras de Aaron Tveit (magnífico de voz, de interpretación y de fraseo, con momentos de gran sensibilidad… sí, sí reíros, pero el Enjolras salvaje que nos han pintado a veces ya os digo que no me va en absoluto) ni al Marius de Eddie Redmayne.

Inteligentemente, la canción del pueblo se cambia de lugar en la versión cinematográfica para ponerla justo al comienzo del 2º acto, durante el funeral de Lamarque, consiguiendo un efecto que solo se puede lograr en el cine:

Así conseguimos un efecto mucho más emotivo.

Vamos ahora con la versión española:

El Marius de Balzaretti es más que notable, pero quien está simplemente referencial es el Enjolras del gran Daniel Diges (aunque se le recuerde por el “Algo pequeñito”, por lo menos en talento de pequeñito no tiene nada). ¿No me creéis? Pues escuchadle en la canción del pueblo:

Para mí así se canta Enjolras: timbre claro, fresco y juvenil, fraseo cuidado y más soñador que agresivo. En mí opinión Diges está de 10.

Y ahora nos vamos a la parte romántica, ya que, gracias a Eponine, Marius y Cosette van por fin a conocerse:

No me gusta nada Amanda Seyfried (es una actriz que no aguanto, de verdad), pero es que tampoco soporto a Cosette (¿soy el único que piensa que Marius es “tontolculo” por preferir a Cosette teniendo a Eponine?), pero para compensar tenemos a Eddie y a Samantha Barks, una Eponine difícilmente superable. Y la melodía del “In my life” es una de las más bellas de toda la obra.

Problemas: no sólo Marius ha encontrado a Cosette, también Thénardier. Eponine grita para que su padre y los bandidos que le acompañan huyan, pero al oír el ruido, Valjean teme haber sido descubierto por Javert y le dice a Cosette que abandonan la casa y que se irán a Londres. Adiós sueño de amor, Marius no va a poder encontrarla.

En la película todavía nos meten entre medio el “On my own” de Eponine (pero sin el recitativo previo… ¡nos lo comemos!), pero el musical pasa directamente al número final de este 1º acto, el que más me impactó la primera vez que vi la película: “One day more”:

¿Por qué elijo este vídeo cuando desconozco tanto la fecha de la función como a casi todo el reparto, excepto a Alfie Boe y a Samantha Barks? Bueno, los subtítulos ayudan mucho. Y es que me hace gracia eso de “Cada uno repite sus frases anteriores. ¡Alucinante!” ¿Qué tiene de alucinante algo a lo que toda la vida hemos llamado “concertante”? En una ópera, un concertante es precisamente eso: una escena en la que los personajes empiezan a cantar cada uno su propia melodía y luego se van fusionando todos con su propia melodía al mismo tiempo. El efecto es impactante y se reserva para momentos clave; en este caso, el final de 1º acto.

Comienza Valjean cantando el tema que ya cantó antes en el “Who am I”. Marius, Cosette, Eponine y Enjolras, junto con el coro, emplean la melodía del “I dreamed a dream”. La de Javert se la hemos escuchado ya en el enfrentamiento con Valjean. Y la de los Thénardier es del “Master of the house”. El resultado, impresionante, de poner la carne de gallina. Ya dije que era el momento que más me impresionó, y sigue entre mis favoritos (y mira que hay maravillas en este musical…).

Vamos con otras versiones. Comenzamos con la del 10º aniversario:

Destaca por encima de todo el poderío vocal, el contundente fraseo de Colm Wilkinson (sus “One day more” eclipsan al resto de los cantantes). Y claro, el Javert de Quast. De nuevo negativamente el Enjolras de Maguire, que parece que se crea Rambo o algo así.

Vamos ahora a sufrir con el del 25º aniversario:

De nuevo Alfie Boe y Samantha Barks, ambos a muy buen nivel. También Norm Lewis como Javert. Ramin Karimloo un poco excesivo como Enjolras. La catástrofe es Nick Jonas como Marius (suena a puro marketing… ¿no tenían a mano a Gareth Gates?): voz áfona, fraseo nulo, pronunciación incomprensible… no puede con el “My place is here, I fight with you”, tiene que hacerlo en cuatro respiraciones cuando lo normal serían dos y el agudo (¡que sólo es un fa natural, por favor!) directamente no existe.

Mejora mucho la propina que dieron al final del concierto, con el reparto original (salvo Enjolras, que lo repite Ramin Karimloo):

Ignoremos a la Eponine, vocalmente acabada. Michael Ball deja a Nick Jonas a la altura del barro, pese a la diferencia de edad. Y Wilkinson sigue espléndido. Lo cierto es que es un bis más que emotivo.

De todas formas, hay algo que sigue mosqueándome: ¿por qué la frase de Marius ” I did not live until today” es tan difícil cuando propiamente no tiene nada? Porque ese “today” mira que se les atraganta a todos: o gangosos, o nasales, o…

Penúltima versión: la cinematográfica:

Poco que añadir a lo ya dicho. El squillo de la Barks, flipante. Eddie por momentos fuera de onda con esos falsetitos, y la Seyfried ñoña hasta la nausea. Por lo demás, impactante escena.

Y vamos ya a por la versión española, que reúne a los 4 grandes: Gerónimo Rauch, Ignasi Vidal, Daniel Diges y Guido Balzaretti:

Corramos un tupido velo sobre Eponine, con esos espantosos agudos abiertos… sobre Guido, tiene problemas en la frase antes mencionada, pero os garantizo que cuando le escuché en vivo 4 años después había mejorado una barbaridad, a un altísimo nivel. Al menos por parte de ellos 4, un lujazo.

Por cierto, cada vez que ahora alguien dice “sale el sol” no puedo evitar ponerme a cantarlo…

Y así comenzamos el 2º acto de “Les miserables”.

Mientras se construyen las barricadas, Marius envía a Eponine con un mensaje para Cosette (en la película el mensaje lo lleva Gavroche), quien se lo da a Valjean. Es así como éste descubre que su hija está enamorada y decide acudir a las barricadas.

Mientras Eponine vuelve a donde Marius, canta otra de las canciones más famosas de la obra, el bellísimo “On my own” (que recoge melodías de la muerte de Fantine), en el que reconoce que su amor por Marius es imposible y parece resignarse a ello:

La Barks está de matrícula de honor, vocal, técnica e interpretativamente. Y, por cierto, mucho más guapa que en la peli… el talento de esta chica es alucinante.

Otra versión más, la de la no menos grande Lea Salonga:

Seguimos. Los enfrentamientos entre los rebeldes y el ejército ya han comenzado, así que cuando Eponine intenta llegar a donde Marius y sus amigos… un disparo la hiere. Si no tenéis un kleenex a mano, mejor que vayáis yendo a buscarlo, os lo aconsejo. Es sólo un poquito de lluvia:

La Barks aquí está acompañada por Gareth Gates.

Vamos a ver también la versión cinematográfica, también con Samantha Barks, acompañada por Eddie Redmayne:

Bonito y emotivo momento, ¿no? Como dice Enjolras, ella es la primera en caer… pero no será la última, por desgracia.

Mientras tanto, Javert ha intentado infiltrarse entre los jóvenes, pero es desenmascarado por Gavroche. Lo atan y piensan juzgarlo, pero en un momento aparece Valjean y salva la vida de Enjolras. En agradecimiento, le permiten que sea él quien mate a Javert. Valjean se lo lleva a la parte trasera de la taberna, y pese a las bravuconearías de Javert, que no para de insultarlo, Valjean quiere darle una lección y le deja huir, pese a que Javert le advierta que mientras esté vivo irá a por él.

Es de noche y la desesperación crece entre los alzados; comienzan a darse cuenta de que nadie más les va a apoyar y que solo les queda rendirse o morir… y entonan un emotivo brindis:

Cada uno de los jóvenes del ABC café tienen una personalidad distinta, que se refleja en este triste brindis, que no deja de recordar de alguna forma a la cena que celebraros los girondinos en prisión la noche antes de ser guillotinados durante el terror jacobino… no sé si los autores serían conscientes de ello, pero a mí desde luego me lo recuerda.

Marius canta desesperado antes la imposibilidad de volver a ver a su amada. Y mientras cae dormido del agotamiento, Valjean, quien le ha reconocido como el joven al que ama Cosette, canta otro de los pasajes más famosos y bellos del musical: “Bring him home”. Escuchamos para comenzar 3 versiones. La primera será la de Colm Wilkinson:

La segunda es la de Alfie Boe:

Y la tercera la de Hugh Jackman:

Al margen de las enormes dificultades interpretativas, la canción es vocalmente mu peliaguda, con esos pianísimos en notas bastante agudas, especialmente esos 2 La3 finales. Apianar esas notas con emisión de pecho es casi imposible, por lo que la partitura especifica que hay que cantarlas en falsete, pero lo cierto es que eso de hacerla en falsete no me gusta mucho, porque como tengas un falsete feo, la laste. Lo ideal sería hacerlas en mixto (no, el mixto al que me refiero no es un sándwich de jamón y queso… quizá en otro momento explique que es eso del mixto, que si lo explico aquí no acabamos ni para el 50º aniversario). Pero claro, eso del mixto no lo sabe hacer todo el mundo…

Jackman opta por cantar todo con registro de pecho… y no es el primer Valjean que, después de superar los difíciles escollos del primer acto, naufraga en el momento clave. Con ese timbre avejentado aposta, suena feo, pálido, sin brillo… una pena.

Boe está más cómodo por tesitura, pero de nuevo el certero fraseo de Wilkinson gana la batalla…

Vamos con otra versión, esta vez le toca a Michael Crawford:

No tengo constancia de que Crawford (referencial como el Fantasma) haya cantado completo el Valjean… tampoco le pega. Pero lo cierto es que este “Bring him home” es brillante, se adapta perfectamente a su vocalidad y a su estilo canoro, y el resultado es bellísimo. Una versión muy disfrutable.

También fue muy disfrutable este bis del concierto del 25º aniversario:

4 grandes Valjean: Colm Wilkinson, John Owen-Jones, Simon Bowman y Alfie Boe. Y, pese a todo, Wilkinson se los come a todos con patatas (por mucho que Boe se saque un agudo de la manga).

Y terminamos con otro enorme Valjean. Lo ha cantado en inglés (ha representado el papel en el West End), pero siempre será nuestro Valjean, así que mejor le escuchamos en español. Bellísimo “Sálvalo” el de Gerónimo Rauch:

Perfecto vocal e interpretativamente. Para que nos demos cuenta del lujazo que ha sido haberlo tenido de Valjean.

Seguimos. Amanece. Pero esta vez no sale el sol: no hay esperanza. Vuelven los ataques, y el primero en caer es el pequeño Gavroche. Los jóvenes reciben el aviso de que serán atacados con cañones si no se rinden, pero no lo hacen. Y comienza la batalla final.

Vemos

la impactante adaptación que de este intermedio sinfónico realiza Tom Hooper en el film:

En este intermedio orquestal recuperamos temas ya escuchados. Por ejemplo el de “Red and black” que acompaña a la muerte de Enjolras (bellísimamente resuelta en la peli, cayendo por la ventana con la bandera francesa) o uno especialmente emotivo, cuando escuchamos el tema del “Bring him home” mientras Javert revisa los cuerpos de los caídos y se encuentra el del pequeño Gavroche, no sin una cierta emoción (¿tendrá acaso Javert posibilidad de redención, un corazoncito bajo esa coraza metálica?).

Pero Marius no muere. Cae herido y Valjean se lo lleva por las alcantarillas. Con Marius inconsciente y Valjean hecho polvo, son sorprendidos por un bribón que se dedica a robar lo que encuentre entre los cuerpos: Thénardier. Alcanza a robar un anillo del joven (al que no reconoce), pero en ese momento Valjean despierta y Thénardier sale por patas.

El problema es que Javert se ha dado cuenta de que Valjean ha huido por las alcantarillas, y le sorprende a la salida. Valjean de nuevo le pide tiempo para llevar a casa a Marius, Javert se niega, pero Valjean le ignora y se va sin que Javert sea capaz de disparar: algo está cambiando dentro de él. El efecto que ha tenido en él que Valjean le salvara le ha destrozado. Toda su vida se ha basado en la defensa inflexible de la ley (que no de la justicia) con la creencia de que el ladrón será siempre ladrón; y ahora se da cuenta de que se ha equivocado. Escuchamos la misma melodía que en el soliloquio de Valjean del principio, que representa ese cambio en la forma de pensar… pero mientras Valjean decide cambiar su vida, Javert es incapaz de hacerlo: se siente fuera de lugar en el mundo, no es capaz de soportar su equivocación y se arroja a las aguas del Sena:

Las películas que he visto de Los miserables (la de Boleslawsky que mencioné antes y la de Bille August) terminan la historia aquí, para dejarnos con buen sabor de boca: Valjean es libre y todo irá bien. Pero no, la historia no va a ir bien.

Un grupo de mujeres limpian de sangre las calles mientras cantan un “turning” que recoge el tema de “Lovely ladies”, pero de forma mucho menos alegre. Mientras, un todavía herido Marius acude al ABC Cafe como único superviviente del grupo. El dolor que siente es indescriptible. Y después de haber escuchado grandes monólogos de la mayoría de los personajes principales, ahora le llega el turno al Marius, con este “Empty chairs at empty tables”. De nuevo, vamos con tres versiones. Empezamos con la de Michael Ball:

La segunda es la de Gareth Gates:

Y la tercera es la de Eddie Redmayne:

Las dos primeras versiones son vocalmente impecables. La de Eddie es interpretativamente perfecta, pero el La bemol de “became her last communion” tiene que darlo en falsete… ¿será que no llega?

Y una última versión, en español:

Por algún extraño motivo, este monólogo es el que menos me atrae, el que menos me emociona, y eso que el personaje de Marius me encanta. Pues bien, como ya le dije al propio Guido Balzaretti a la salida del musical, por primera vez me había emocionado oyéndola; en realidad no es sólo que me emocionara, es que fue casi el momento que más me emocionó. Buena prueba de que el nivel vocal e interpretativo de Guido estaba a años luz del resto del reparto.

Y basta con verle en esta grabación en estudio. Por lo general, fuera de una interpretación completa se tiende a ser más frío, el calor del directo ayuda, pero aquí el dramatismo que oímos (y vemos en sus gestos) es simplemente desgarrador. ¡Bravo por él!

Seguimos: Marius se va recuperando y se prepara su boda con Cosette. Pero Valjean entonces le cuenta su historia, le confiesa que es Valjean, que estuvo en prisión y que adoptó a Cosette. Por ese motivo,ahora que ella tiene a Marius, es mejor que él desaparezca. Dulcificamos la historia frente a la de la novela, donde Marius no quiere que Valjean vea más a Cosette; aquí replica un poco, pero acepta que él se vaya.

Y la feliz parejita se casa:

En la boda aparecen los Thénardier con intención de chantajear a Marius: el padre de su mujer, Valjean, llevaba un cadáver de un joven al que Thénardier robó un anillo; es por tanto un asesino. Pero Marius reconoce que el anillo es suyo y se da cuenta de la verdad: fue Valjean quien le salvó de las barricadas. Al comprender la verdad, se lleva a Cosette para ver a su padre.

Y así llegamos al epílogo: Valjean agoniza. Y vamos a verlo en la escena final de la película:

Tras escuchar de nuevo el tema del “Bring him home”, aparece Fantine entonando el tema de su muerte: viene a recoger el alma de Valjean, que se ha redimido con el amor que ha demostrado por Cosette (la dulzura de la voz de Anne Hathaway es espectacular). Pero en ese momento aparecen Cosette y Marius, y ya se sabe… “Papa, no puedes morir” y lo de siempre. Valjean le entrega una carta en la que le cuenta su historia, y muere acompañado por Fantine y por Eponine, aunque en la peli sustituyen a Eponine por el Obispo de Digne, muy buena idea, ya que fue quien le hizo cambiar (y que en la novela e indica que murió años atrás). Y bueno, por lo menos vamos a ver ese final:

Volvemos a escuchar la canción del pueblo, pero con la letra cambiada: ya no se canta a la revolución, sino a un nuevo mundo con claras referencias bíblicas (la obra de Victor Hugo es muy católica, no lo neguemos). parece como si estuviéramos en el cielo con todos los miserables muertos: Eponine, Fantine, Gavroche, Enjolras y los chicos del ABC cafe… yo echo de menos a Javert (¿su suicidio no le redime?). Aunque no estén muertos, no es raro que en las representaciones en vivo se sumen Marius y Cosette. Quienes ni están ni se les espera son los Thénardier. Y a estas alturas los lagrimones ya no me dejan ver nada.

Y con ese “El mañana llega” termina el musical. Después de mucho sufrir, una ventana al optimismo de un mundo mejor.

No sé cómo pensáis celebrar este 30 aniversario… yo no puedo moverme de casita para ir a alguna representación en vivo, así que a la noche tocará ver la peli de Tom Hooper. Y disfrutar como un enano. Espero que vosotros disfrutéis este musical tanto como yo.

PD: lo de grabarme cantando el “Bring him home” lo dejamos para el 40 aniversario (¡para cuanto yo tenga 40 tacos!).