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40 años de la muerte de John Wayne (11-06-2019)

En el Hollywood clásico de los años 30 y 40 no había espacio para el multifacetismo; todos los actores estaban encasillados en algún género. Así, si pensamos en las aventuras, pensamos en Errol Flynn. Para las screwball comedies tenemos a Cary Grant. Humphrey Bogart es el rey del cine negro, mientras para los dramas recurrimos a Spencer Tracy y para los biopics a Paul Muni. ¿Y para los westerns? Su extensa filmografía lo confirma, en este género el rey era John Wayne. En el 40 aniversario de su muerte repasamos su carrera. 

El nombre de nacimiento de John Wayne era Marion Robert Morrison, y nació el 26 de mayo de 1907 en la pequeña ciudad de Winterset, en el estado de Iowa, donde aún se conserva su casa natal:

Su familia, de religión presbiteriana, tenía origen inglés, escoces y, sobre todo, irlandés. Cuando sus padres tuvieron otro hijo decidieron llamarle Robert, por lo que cambiaron el segundo nombre de Marion, que pasa a ser Marion Mitchell Morrison. La familia se mudó pronto a California, estableciéndose en 1916 en Glendale, donde su padre, veterano de la Guerra Civil, trabaja de farmacéutico. Es allí donde pasea a su Terrier, llamado “Little Duke”, cuando empieza a ser conocido como “Duke”, el Duque, apodo que mantendrá de por vida, ya que prefería ese apodo a ser conocido como Marion (perfectamente comprensible, por otro lado). 

De joven destaca tanto en el lado deportivo como en el académico. Juega al fútbol, escribe en el periódico del instituto y forma parte de la Orden DeMolay (próxima a la masonería). Comienza a estudiar leyes en la universidad y juega al fútbol en el equipo de la misma. Pero una rotura de clavícula haciendo surf acaba con su carrera deportiva y, con ello, con su estancia en la universidad.

Su entrenador le consigue, en todo caso, trabajo como extra en las películas que rueda John Ford con el actor Tom Mix, lo que le permite incluso conocer al mítico Wyatt Earp, amigo de Mix. Fue poco a poco consiguiendo papeles mayores, siendo su debut propiamente dicho en 1926  en la película “El asalto al tren expreso”. Estamos todavía en época de cine mudo, y Wayne ni siquiera aparece acreditado en el film. 

En 1929 aparece acreditado como Duke Morrison en un musical, “Words an music”. Pero en 1930 Raoul Walsh le elige como protagonista de “La gran jornada” y propone que sea acreditado como Anthony Wayne, en honor a un general de la Guerra de Independencia, pero el estudio (la Fox) dice que suena demasiado italiano. Walsh propone entonces que sea llamado John Wayne, lo que es aceptado por la productora (todo esto sin que él esté presente). El resto ya es historia:

El problema fue que la película era demasiado ambiciosa y terminó siendo un fracaso económico. Eso relegó a John Wayne a actor secundario de películas de serie A y a protagonista de infinidad de westerns de serie B (él mismo calculaba que debían rondar las 80), en la que incluso se le quiso convertir en un cowboy cantante (doblado, él no cantaba). Mientras tanto, el género del western cae en desgracia. 

Así, cuando John Ford quiere rodar en 1939 “La diligencia”, se encuentra con que ninguna productora la acepta, así que decide contactar con el productor privado Walter Wanger para poder rodarla. Cuenta con una de las grandes estrellas del momento, Claire Trevor, y con un nada desdeñable reparto, con Thomas Mitchell (que ganará el Oscar a mejor secundario), Donald Meek, John Carradine, George Bancroft… pero para protagonizarla eligió a John Wayne, al que veía como un “chico para todo”, solvente pero no brillante. La película fue un enorme éxito de crítica y de pronto John Wayne se convirtió en estrella:

En 1940 repite con Raoul walsh y Claire Trevor en el western “Mando siniestro”, y rueda de nuevo a las órdenes de Ford “Hombres intrépidos”, drama bélico ambientado ya en plena II Guerra Mundial, en el que vuelve a compartir pantalla con Thomas Mitchell. Y en 1942 estrena, entre otras, la comedia “Dama por una noche”, la película de aventuras “Piratas del mar Caribe”, en la que interpreta al antagonista frente a Ray Milland y el western “Los usurpadores”, en el que se enfrenta a Randolph Scott por el amor de Marlene Dietrich:

Pero Estados Unidos ha entrado en la II Guerra Mundial. Ya en su juventus John Wayne había querido ingresar en la marina, siendo rechazado. Ahora es el momento de alistarse, pero su situación familiar no se lo permite: en 1933 se había casado con la panameña Josephine Alicia Sáenz, y contaba con 4 hijos: Michael, nacido en 1934, Mary Antonia, de 1936, Patrick (futuro actor) en 1939 y Melinda en 1940. Wayne insiste en entrar en el ejército, pero es de los pocos actores famosos que no se ha alistado, y las productoras hacen lo imposible para mantenerlo. Y, pese a todo, las películas que ruede durante la guerra serán prescindibles. Participa también en programas de radio.

En 1945 vuelve a su rescate de nuevo John Ford, dándole uno de los papeles protagonistas (el otro es para Robert Montgomery) en el drama bélico “No eran imprescindibles”, en la que interpretan a dos oficiales que intentarán detener el avance japonés en las Filipinas justo después del bombardeo de Pearl Harbour:

En 1945 se divorcia de Josephine y en 1946 se casa con la actriz mexicana Esperanza Baur, de la que se divorcia en 1953. 

Cinematográficamente no participa en ninguna película relevante hasta 1948, cuando vuelve a trabajar a las órdenes de John Ford, no una, sino dos veces. La primera, “Tres padrinos”, western con tono de comedia en el que tres fugitivos (Wayne, Pedro Armendariz y Harry Carey Jr.), mientras huyen de la justicia (del sheriff Ward Bond) se hacen cargo del hijo recién nacido de una mujer que muere en el parto (Mildred Natwick), poniendo en grave peligro su fuga:

La otra, en “Fort Apache”, película dedicada a la caballería, en la que Wayne interpreta a un militar de campamento, libre, ajeno a la legalidad estricta que representa la academia militar de la que procede Henry Fonda, lo que provoca un enfrentamiento entre ambos:

Pero ese mismo año da la gran sorpresa la da en el magistral western de Howard Hawks “Río Rojo”, en la que interpreta a un tiránico cowboy que busca vengarse de sus hombres que se amotinaron, y en especial de su hijo adoptivo, un jovencito Montgomery Clift:

La interpretación de John Wayne sorprende al mismísimo John Ford, que al parecer, al ver su interpretación, dijo “¡No sabía que ese gran hijo de puta pudiera actuar!”. Y es cierto que aquí Howard Hawks le da a Wayne un papel con una profundidad dramática que no habían tenido sus papeles anteriores, y demuestra su capacidad interpretativa. John Ford tomará buena nota, sin duda. 

Por el momento, John Wayne protagoniza la segunda entrega de la trilogía de la caballería de Ford, “La legión invencible”, en 1959. Ese mismo año protagoniza “Arenas sangrientas”, narración de la batalla de Iwo-Jima, por la que consigue su primera nominación al Oscar:

Pero ese año el Oscar será para Broderick Crawford por “El político”, papel que Wayne rechazó por considerarlo anti-americano. Y es que, pese a haber votado por Franklin D. Roosevelt en años anteriores, John Wayne era un patriota conservador republicano, y la visión crítica del mundo de la política en la película no era de su agrado. 

En 1950 protagoniza la tercera película de la caballería de Ford, la mejor de las tres, “Río Grande”, primera vez que coincide en pantalla con su pareja más emblemática, Maureen O’Hara, interpretando a una pareja que se enfrenta por el destino en la caballería de su hijo, Claude Jarman Jr, acompañados de otros actores frecuentes en la filmografía de Wayne como Victor McLaglen y Harry Carey Jr.:

John Wayne repite con John Ford y Maureen O’Hara (además de Victor McLaglen, Mildred Natwick y Ward Bond, sumándose esta vez Barry Fitzgerald) en la genial comedia romántica “El hombre tranquilo”, una de las mejores películas de Ford y uno de los mejores papeles de Wayne interpretando a ese ex-boxeador que busca cambiar su vida en su Irlanda natal y que tendrá que soportar la oposición del hermano de la mujer de la que se enamora:

En 1953 trabaja a las órdenes de John Farrow en el western “Hondo”, en el que tiene que proteger a una testaruda mujer, Geraldine Page, y a su hijo, del inminente ataque de los indios:

También trabaja a las órdenes de William A. Wellman en “Infierno blanco”, interpretando a un piloto que tiene un accidente en Canadá. Al año siguiente, 1954, repite con Wellman en otra historia de aviación, interpretando a un piloto con problemas para llegar a Hawaii que tendrá que decidir si sigue adelante o regresa a San Francisco, con un reparto completado por Robert Stark o Claire Trevor entre otros, además de la magnífica música de Dimitri Tiomkin:

En 1954 se casa por tercera y última vez, con la actriz peruana Pilar Pallete, con la que estará casado hasta su muerte y con la que tendrá tres hijos: Aissa en 1956, Ethan en 1962 y Marisa en 1966. 

En 1955 vuelve a trabajar a las órdenes de John Farrow en “El zorro de los océanos”, en la que interpreta a un militar alemán que tiene que regresar a su país al estallar la II Guerra Mundial pese a sus pocas simpatías nazis, perseguido por un barco inglés en el que le acusan de un crimen que no ha cometido y llevando a una espía a bordo, interpretada por Lana Turner:

En 1956 protagonizó una de sus más fallidas películas, “El conquistador de Mongolia”, dirigida por Dick Powell, en la que daba vida al mismísimo Gengis Khan. El argumento no hay por dónde cogerlo, y pese a contar con Susan Hayward y Agnes Moorehead en el reparto, fue un fracaso. Al margen de haber sido rodada en terrenos contaminados por radiactividad tras unas pruebas atómicas:

Para compensarlo, ese mismo año protagoniza “Centauros del desierto” de John Ford, uno de los westerns más famosos de la historia (tal vez algo sobrevalorado) en el que interpreta a un veterano de guerra que, tras ver cómo su familia es masacrada por los indios, no cede en la búsqueda de su sobrina (insulsa Natalie Wood), que fue raptada, ayudado al final sólo por Jeffrey Hunter para encontrarla convertida en india, lo que enciende su más profundo racismo:

En 1957, tras rodar la mediocre “Arenas de muerte” junto a Sophia Loren, vuelve a ponerse a las órdenes de John Ford en “Escrito bajo el sol”, biopic del piloto Frank Wead quien, tras sufrir un accidente doméstico que le dejó parapléjico, escribió guines (Ford trabajó con él en “No eran imprescindibles”) y fue instructor de vuelo durante la II Guerra Mundial. En esta ocasión volvía a acompañarle en escena Maureen O’Hara:

Tras rodar en 1958 “El bárbaro y la Geisha” a las órdenes de John Huston, en 1959 vuelve a trabajar con John Ford en “Misión de audaces”, drama bélico ambientado en la Guerra de secesión en la que él, un unionista, tendrá que unirse al confederado William Holden en una misión:

Pero su mejor película de 1959 será el magistral western “Río Bravo”, que Howard Hawks rodó como oposición a “Solo ante el peligro” de Fred Zinnemann: el sheriff no está nunca sólo, cuenta con sus ayudantes, en este caso un borracho Dean Martin, un tullido Walter Brennan, un joven Ricky Nelson (estrella del Rock&Roll de vida desgraciada) y una misteriosa mujer, Angie Dickinson. Además, a diferencia de los westerns tradicionales, aquí los malos no son los indios, sino los ricos terratenientes que contratan a matones para controlar la vida de los pueblos del oeste, cambiando así la visión tradicional del western. Pese a no conseguir ninguna nominación a los Oscars, “Río Bravo” marcará un nuevo rumbo en el género, además de ser uno de los mejores westerns de la historia (en mi opinión le supera, por un pelo, “El hombre que mató a Liberty Valance” en el puesto de mejor western):

Los años 50 han sido los mejores de John Wayne hasta la fecha, pero su carrera sigue todavía en ascenso. Comienza 1960 con un western menor, “Alaska, tierra de oro”, de Henry Hathaway, de carácter más bien cómico, acompañado por Stewart Granger:

Pero ese mismo año su gran película será “El Álamo”, que se atreverá a dirigir él mismo, además de interpretar al mítico David Crockett, con un enorme reparto en el que destacan Richard Widmark y Laurence Harvey, además del propio hijo de John, Patrick Wayne, en la famosa historia del ataque mexicano al fuerte de El Álamo en la Guerra de Independencia de Texas. La película fue un gran éxito, consiguiendo incluso ser nominada al Oscar como mejor película:

En 1961 estrena “Los comancheros”, western a las órdenes de Michael Curtiz. Más productivo será sin duda 1962, en el que, a parte de su pequeña participación en la superproducción “La conquista del Oeste”, estrena tres grandes películas. La primera, la bélica “El día más largo”, detallada historia del Desembarco de Normandía que cuenta con 3 directores y un extenso reparto, en el que destacan Henry Fonda, Robert Mitchum e innumerables pequeños papeles y cameos, como el de Richard Burton:

La segunda es la genial comedia de aventuras “Hatari!”, de Howard Hawks, en la que lidera a un grupo de cazadores de animales salvajes para suministrar a los zoos en Tanzania, junto a Red Buttons o Hardy Kruger entre otros, además de surgir una complicada historia de amor con Elsa Martinelli. Aquí John Wayne demuestra como pocas veces sus magníficas dotes para la comedia:

No voy a negar mi absoluta predilección por esta película, pero es que John Wayne tenía todavía que ofrecer el que es en mi opinión su mejor papel en la otra película que estrenó en 1962, “El hombre que mató a Liberty Valance” de John Ford (ya he mencionado que es, en mi opinión, el mejor western de la historia), en la que Ford arregla todos los defectos que tenía “Centauros del desierto”: los villanos no son los indios, sino los terratenientes, Lee Marvin es un magnífico y creíble villano, las interpretaciones son mucho menos histriónicas y más matizadas (no podía ser de otra forma con James Stewart y Vera Miles como protagonistas) y el Tom Doniphon de Wayne es un papel matizado, realista pero al final derrotado por haber perdido a la mujer que ama. Y, con todo, esta obra maestra obtuvo una única nominación al oscar, a mejor vestuario; Wayne se merecía una nominación a mejor actor secundario más que cualquier otro intérprete:

En 1963, Andrew V. McLaglen, el hijo del actor Victor McLaglen, reúne de nuevo a John Wayne y Maureen O’Hara en el western cómico “El gran McClintock”, divertidísima película en la que participan Yvonne de Carlo y Patrick Wayne:

Wayne se encuentra cómodo en la comedia, y por ello en 1963 protagoniza junto a Lee Marvin y Jack Warden la comedia de aventuras de John Ford “La taberna del irlandés”: será la última película que ruede a las órdenes de Ford:

En 1964 se nos pasa al mundo del circo de la mano del director Henry Hathaway en “El fabuloso mundo del circo”, en la que comparte protagonismo con Rita Hayworth y Claudia Cardinale:

En 1965 es famoso su cameo en la película “La historia más grande jamás contada”, interpretando al centurión romano:

Pero ese mismo año protagoniza dos grandes películas. La primera, “Primera victoria”, de Otto Preminger, un retorno a la II Guerra Mundial, interpretando a un capitán de marina que se enamora de Patricia Neal al tiempo que intenta recuperar su relación con su hijo, el magnífico pero malogrado Brandon de Wilde, además de responder al ataque de Pearl Harbour junto a un magnífico reparto en el que destacan  Kirk Douglas, Henry Fonda o Franchot Tone en su última película:

Y la otra, el magnífico western de Henry Hathaway “Los cuatro hijos de Katie Elder”, en la que interpreta al mayor de 4 hermanos (los otros son Dean Martin, Earl Holliman y Michael Anderson Jr.) que vuelven a encontrarse para intentar recuperar las tierras que le robaron a su recién fallecida madre:

En 1966 protagoniza el segundo western de la trilogía de Howard Hawks iniciada con “Río Bravo”, titulada “El Dorado”, acompañado en esta ocasión por Robert Mitchum y James Caan:

En 1967 protagoniza “Ataque al carro blindado”, interpretando a un ex-presidiario que intenta robar a la persona que le tendió una trampa para encerrarlo y robarle sus tierras, Bruce Cabot (mítico secundario en tantas películas de Wayne), para lo que contará con la ayuda de Kirk Douglas, Keenan Wynn, Robert Walker Jr. y Howard Keel:

En 1968 volvió a la dirección, pero sin tanto éxito como con “El Álamo”: y es que “Boinas verdes”, ambientada en la Guerra de Corea, fue vista desde el principio como una película que se posicionaba a favor de la polémica Guerra de Vietnam (que era a fin de cuentas la posición de John Wayne):

En 1969 trabaja en dos películas a las órdenes de Andrew McLaglen, en el drama sobre bomberos “Los luchadores del infierno” y en el western “Los indestructibles”, en el que comparte pantalla con Rock Hudson:

Pero ese año su mayor éxito fue interpretar al tuerto Rooster Cogburn, agente de la ley contratado por una joven, Kim Darby, para que capture a los asesinos de su padre en “Valor de Ley”, western dirigido de nuevo por Henry Hathaway:

Por este papel John Wayne consiguió su segunda y última nominación al Oscar, pero esta vez se lo llevó a casa:

Quién le iba a decir a John Ford que ese gran hijo de… no sólo era capaz de actuar, sino incluso de ganar un Oscar (merecidamente), y que es grandullón se iba a emocionar al recogerlo. Magnífico por cierto escuchar al tiempo que se levanta la magistral banda sonora de Elmer Bernstein, compositor habitual en sus últimos westerns. 

En 1970 John Wayne trabaja de nuevo con Andrew V. McLaglen en el western “Chisum”, y protagoniza el último film de la trilogía western de Howard Hawks, “Río Lobo”, acompañado en esta ocasión por el mexicano Jorge Rivero y por Christopher Mitchum, el hijo de Robert Mitchum:

En 1971 trabaja por última vez junto a Maureen O’Hara en “El gran Jack”: ella se reúne con su ex-marido cuando unos cuatreros secuestran a su nieto (interpretado curiosamente por el hijo pequeño de John, Ethan), y este consigue la ayuda de dos de sus hijos, Patrick Wayne y Christopher Mitchum, pese a los problemas que ambos tienen con él:

En 1972 protagoniza un simpático western, “Los cowboys”, en el que, sin trabajadores que le ayuden a llevar al ganado, contrata a un grupo de jóvenes, que tendrán que enfrentarse a unos bandidos liderados por Brice Dern que querrán robar el ganado. Es uno de los pocos films en los que John Wayne muere:

En los siguientes años John Wayne protagoniza algunos westerns y películas policiales. Destaca en 1975 “Brannigan”, en la que interpreta a un policía americano que tiene que colaborar con la policía británica, encabezada por Richard Attenborough, para detener a un criminal, aunque la película se centra demasiado en las diferencias entre americanos y británicos:

Ese mismo año retoma su papel de Rooster Cogburn, protagonista de “Valor de ley”, en “El rifle y la biblia”, en la que comparte pantalla con Katherine Hepburn. El duelo interpretativo entre ambos, con esos juegos de ironía, es magistral y digno de ver:

Al año siguiente, 1976, estrena su última película: “El último pistolero”, de Don Siegel, western crepuscular en la que interpreta a un antiguo pistolero que, diagnosticado de cáncer terminal, se instala para morir en la casa de un viuda, Lauren Bacall, incómoda con su pasado, y su hijo, Ron Howard, fascinado por quién fue, para enfrentarse en una batalla final con sus últimos enemigos. La película es en realidad un homenaje a toda su carrera, apareciendo imágenes de algunas de sus películas, con un marcado carácter crepuscular que nos anuncia la despedida del Duque:

En sus últimos años se alejó del Partido Republicano y se acercó al demócrata Jimmy Carter en su defensa de que el canal de Panamá debía ser soberanía exclusiva del estado de Panamá. 

Diagnosticado de cáncer de pulmón en 1966, consiguió superarlo, pero luego sufrió cáncer de estómago. Siempre se ha sospechado que el rodaje de “El conquistador de Mongolia” en zonas contaminadas con radioactividad pudo haberlo provocado (de cáncer habían muerto tanto el director como otros protagonistas de la película). Su última aparición pública, en los Oscars de 1979, dejó en evidencia su mal estado de salud:

Pocos meses después sucumbía al cáncer de estómago, el 11 de junio de 1979. Poco antes de morir se había convertido al catolicismo. Fue enterrado en el Pacific View Memorial Park Cemetery, cerca de Los Angeles. 

John Wayne es el rostro por excelencia del western, pese a haber destacado también en otros géneros, como el bélico o la comedia. Quizá en sus comienzos no fuera un gran actor, pero a base de trabajar (más de 150 películas en su filmografía) terminó convirtiéndose en un magnífico actor que nos dejó una gran cantidad de interpretaciones memorables. 

50 años de la muerte de Robert Taylor (08-05-2019)

Galán romántico en los años 30, casi desaparecido en los años 40, regresa con fuerza en los años 50 en westerns y en películas de época que le devolvieron esa fama que parecía perdida. Hace 50 años moría Robert Taylor, y aprovechamos para recordar su carrera.

El nombre de nacimiento de Robert Taylor era Spangler Arlinghton Brugh, y nació el 5 de agosto de 1911 en la pequeña localidad de Filley, en Nebrasca. Hijo único, su padre, granjero, había estudiado medicina para atender a su enferma esposa. La familia se movió bastante en esos años, hasta establecerse definitivamente en Beatrice, también en Nebrasca. Es allí donde el joven Spangler comienza sus lecciones de chelo con Herbert E. Gray. Cuando éste se traslada a California a una escuela privada de artes, Spangler le acompaña para poder seguir estudiando con él, entrando además en la academia de teatro del colegio. 

Es gracias a esto que es descubierto por la MGM, con la que firma un contrato. La Metro cambia su nombre por el más fácil de recordar Robert Taylor, y le ofrece pequeños papeles, debutando en 1934 en la comedia “Handy Andy”. En 1935 consigue ya protagonizar “Sublime obsesión” junto con Irene Dunne, pero su definitivo salto a la fama vendrá en 1936 cuando protagonice “La dama de las camelias” junto a quien quizá sea la mayor estrella femenina del Hollywood del momento, Greta Garbo, quien nunca estuvo mejor que en este film gracias a la dirección de George Cukor. Robert Taylor consiguió no quedar eclipsado por semejante pareja, dejando claro su nada desdeñable talento interpretativo:

También en 1936 comparte pantalla por primera vez junto a Barbara Stanwyck, en el melodrama “La esposa de su hermano”, (repitiendo junto a ella en 1937 en el drama policial “La contraseña”):

En esos años, Robert Taylor comparte pantalla con algunas de las grandes actrices del momento, como Jean Harlow, Joan Crawford, Margaret Sullavan o Maureen O’Sullivan. Con ella y con una desconocida en Hollywood Vivien Leigh rueda en 1938 en Inglaterra “Un Yanki en Oxford”:

También protagoniza el musical “Melodía de Broadway 1938” (tras haber participado en la homónima de 1936), junto a Eleanor Powell y otros actores del mundo del musical (incluyendo a una debutante Judy Garland):

En 1939 no estrena ninguna película relevante, pero ese año se casa con Barbara Stanwyck. La pareja no tendrá hijos. 

Más interesante, cinematográficamente hablando, será 1940. Ese año estrena el drama “Evasión”, junto a Norma Shearer, en el que interpreta a un americano que acude a la Alemania Nazi para rescatar a su madre, una actriz alemana condenada a muerte por el régimen. Y vuelve a trabajar junto a Vivien Leigh en el drama “El puente de Waterloo”, ambas dirigidas por Mervyn LeRoy:

En 1941 vuelve a trabajar junto a Joan Crawford, además de Greer Garson y Herbert Marshall, en la comedía sobre triángulos amorosos “Cuando ellas se encuentran”, luciendo sus dotes para la comedia:

Ese mismo año protagoniza su primer gran Western, “Billy el niño”, en el que por fin le vemos en color:

En 1942 obtiene un gran éxito al pasarse al cine negro con “Senda prohibida”, de nuevo dirigida por Mervyn LeRoy, en la que interpreta a un gangster que lleva una doble vida y que se enamora de una inocente Lana Turner. Su interpretación es magnífica, pero quien acapara la atención en Van Heflin, que gana el Oscar a mejor actor secundario (Robert Taylor no será nunca nominado al Oscar):

Comenzada ya la II Guerra Mundial, Robert Taylor rueda algunas películas bélicas antes de alistarse en el ejército como instructor aéreo. Su última película antes de ir a la Guerra es “Song of Russia”, en la que forma parte de la resistencia soviética frente al avance nazi:

Durante la Guerra rueda películas didácticas sobre pilotaje de aviones. Terminada ésta, regresa a Hollywood, aunque tiene problemas de adaptación a su nueva forma de vida, además de problemas familiares. Su primera película a su regreso es “Corrientes ocultas”, película de intriga en la que comparte pantalla con Katherine Hepburn (quien luego afirmaría que Robert Taylor era mejor actor de los que él mismo creía… razón no le faltaba a Katherine, desde luego):

A parte de los problemas laborales y familiares, surgen también problemas políticos. Robert Taylor fue siempre un conservador republicano, que había ayudado a fundar la Asociación cinematográfica para la preservación de los valores americanos. Pero la Caza de brujas le afectó. Robert Taylor era reacio a declarar en ese circo que consideraba el comité de actividades anti-americanas, pero se vio obligado a hacerlo ante la acusación de haber promocionado el comunismo en “Song of Russia”. Taylor afirmó que fue obligado a rodarla por la Metro, lo que retrasó su alistamiento, pero Louis B. Mayer lo nego, y tuvo que retractarse. Afirmó así mismo que había algunos actores que en el Sindicato de Actores habían demostrado actitudes favorables al comunismo, lo que contribuyó a acabar con la carrera de alguno de ellos. Por este motivo, las películas de Taylor fueron prohibidas en varios países comunistas. 

Con su carrera en horas bajas, en 1949 rueda el thriller de espionaje ambientado en la Guerra Fría “Traición”, junto a Elizabeth Taylor, en la que interpreta a un espía soviético (así por las buenas…):

A ésta siguen westerns y cine negro menores, con la excepción, en 1951, de “Caravana de mujeres”, de William A. Wellman, probablemente uno de sus westerns más famosos, luciendo ese personaje rudo pero tierno en el fondo que le caracterizará en otros westerns:

En 1951 se divorcia finalmente de Barbara Stanwyck. En 1952 se casa de nuevo con la actriz alemana Ursula Thiess, con la que tendrá dos hijos, Terrance en 1955 y Tessa en 1959, además de adoptar a los dos hijos que tenía la actriz de un matrimonio anterior.

Pero su carrera está lejos de ser lo que prometía antes de la Guerra. Tuvo que ser de nuevo Mervyn LeRoy quien acudiera a su rescate, dándole el papel protagonista (inicialmente pensado para Gregory Peck) de “Quo Vadis”, drama romano-cristiano que fue un enorme éxito de público y un razonable éxito de crítica, compartiendo escena con una joven Deborah Kerr:

Clark Gable había rechazado el papel pensando que aparecer en falda romana iba a resultar ridículo. Robert Taylor lo aceptó y de pronto se convirtió en el rey de las películas de época. Así, en 1952 llegará la adaptación de la novela de Walter Scott “Ivanhoe”, una de las super-producciones más famosas de la época, en la que le acompañaban Elizabeth Taylor, Joan Fontaine y George Sanders:

Richard Thorpe, el director de “Ivanhoe”, vuelve a contar con él para protagonizar su nueva super-producción de época, “Los caballeros del Rey Arturo”, de 1953, interpretando a Lancelot, junto a la Ginebra de Ava Gardner y el Arturo de Mel Ferrer:

Ese mismo año protagoniza el western “Una vida por otra”, interpretando a un bandido que, por el amor de una mujer (de nuevo Ava Gardner) se redime y traiciona a su líder, Anthony Quinn, para defender a un idealista recién llegado, Howard Keel:

El mismo año trabaja de nuevo a las órdenes de Richard Thorpe en “Todos los hermanos eran valientes”, aventuras a bordo de un ballenero junto a Ann Blyth y Stewart Granger:

En 1954 protagoniza junto a Eleanor Parker la primera película de Hollywood rodada en Egipto, “El valle de los Reyes”, interpretando a un arqueólogo que busca la tumba del bíblico José. Al margen de la mala dirección de Robert Pirosh, que afecta a la calidad de una película que goza de unos escenarios magníficos, la película supuso alejarse de las comodidades de Hollywood y rodar en condiciones mucho más complicadas, como afirmaría después Eleanor Parker:

En 1955 repite con Eleanor Parker en un western cómico, en el que interpreta a un trampero del que se enamora una joven campesina que hará lo posible por casarse con él, algo que no está en sus planes, acompañados ambos por unos geniales Victor McLaglen y Russ Tamblyn:

Ese mismo año regresa a Inglaterra para rodar la tercera película de la trilogía de capa y espada de Richard Thorpe, “Las aventuras de Quentin Durward”, la más cómica de las tres, acompañado en esta ocasión por Kay Kendall y Robert Morley:

En 1956, además de protagonizar una película sobre el desembarco de Normandía, “Día D, 6 de junio”, interpreta al villano  (poco frecuente en él verle en personajes tan desagradables) de “La última caza”, demasiado aficionado a matar búfalos e indios, que terminará enfrentándose a su antiguo socio, Stewart Granger: 

El resto de su carrera va a transcurrir por lo general en el ámbito del western. En 1958 rueda a las órdenes de John Sturges “Desafío en la ciudad muerta”, interpretando a un Sheriff que tendrá que enfrentarse a su antigua banda, liderada por Richard Widmark:

Pese a todo, en 1958 Robert Taylor regresa al cine negro con “Chicago, años 30”, de Nicholas Ray, ambientada en el mundo del crimen organizado, en la que de nuevo el amor, en este caso por Cyd Charisse, le impulsará a querer abandonar la vida criminal, encontrándose con muchos obstáculos para ello, encabezados por su patrón, Lee J. Cobb:

Pero también en 1958 abandona la MGM, fundando su propia productora y pasando a trabajar en televisión. En esta época, sus westerns van a resultar menos sonados, pero regresa al género de las aventuras dirigido de nuevo por Richard Thorpe en “Los asesinos del Kilimanjaro”, partiendo de la historia de los famosos leones asesinos de Tsavo:

Su ritmo de trabajo se reduce. Algunos westerns más dejan paso en 1964 a “Amor entre sombras”, thriller de terror en el que comparte pantalla con su ex-mujer, Barbara Stanwyck, en la que será la última película de ella:

Pese a rodar algunas películas más, la carrera de Robert Taylos va a destacar en sus últimos años en la televisión, cuando sustituya a su amigo Ronald Reagan, que se pasa a la política, en la serie “Death Valley Days”:

Robert Taylor vive en su gran rancho en Los Angeles con su familia. Sus últimos años son difíciles. Fumador empedernido, en 1968 se le diagnostica cáncer de pulmón, lo que le provoca ser sometido a varias operaciones. Además, el 26 de mayo de 1969 su mujer se encuentra el cuerpo sin vida de su hijo Michael (hijo adoptivo de Taylor), que había salido un mes antes de una clínica psiquiátrica en la que llevaba años por intentar envenenar a su padre biológico (la autopsia determinó que murió de sobredosis). Pocos días después, el 8 de junio de 1969, Robert Taylor sucumbía al cáncer de pulmón, a los 57 años. Su cuerpo fue enterrado en el Forest Law Memorial de Glendale. 

Actor generalmente infravalorado, Robert Taylor supo recuperar su fama en los años 50 tras haber caído en el olvido en los años 40, consiguiendo con ello alguno de sus papeles más memorables. Si bien nunca entró en la categoría de los grandes actores del Hollywood clásico, su talento bien le hace merecer nuestro recuerdo. A fin de cuentas, que un casi debutante consiga no quedar en ridículo ante una inmensa Greta Garbo ya es un mérito al alcance de muy pocos.

125 años del nacimiento de John Ford (01-02-2019)

Su buscáramos a un director de cine unánimemente admirado por la crítica y por sus compañeros directores, probablemente haya un nombre que destaque por encima de cualquier otro: John Ford. Aprovechando el 125 aniversario de su nacimiento, repasamos su extensa carrera. 

El nombre real de John Ford era John Martin Feeney, y nació en Capel Elizabeth, un pueblo costero del estado de Maine el 1 de febrero de 1894. Era el décimo hijo de una familia de inmigrantes irlandeses, que todavía tendría un hijo más que moriría siendo bebé. Sólo 5 de ellos llegaron a la edad adulta, siendo John el menor. Siempre tuvo muy presentes sus antecedentes irlandeses, e incluso parece que sabía hablar irlandés gracias a su madre. 

Los problemas económicos de la familia llevaron a que ésta abandonara la granja en la que vivían y se mudaran a la ciudad de Portland. Allí, John termina sus estudios secundarios y realiza diversos trabajos, mientras tiene el deseo de enrolarse en la Marina. 

Pero en 1911 su hermano mayor, Francis, se había mudado a Hollywood, donde trabajaba en la recién nacida industria cinematográfica bajo el nombre de Francis Ford. John se reunió con él en 1913, trabajando como su asistente y como actor extra, en películas como “El nacimiento de una nación” de Griffith, lo que le permitió ver en vivo la forma de trabajar del mítico director. Adopta entonces el nombre artístico de Jack Ford (Jack era el nombre con el que le conocía su familia), abandonando su apellido irlandés. 

Parece ser que, además de trabajar como actor e incluso como guionista, John se estrena como director en 1917 con varias películas, aunque se duda de si realmente era el director o sólo el asistente de su hermano. En todo caso, de su enorme cantidad de películas mudas (más de 60), se conservan muy pocas, y las que se conservan no siempre están completas o en buen estado. 

En 1920 se casa con Mary McBridge Smith, matrimonio problemático por ser él católico y ella divorciada y no católica. En todo caso, permanecerán juntos hasta la muerte de él. Tendrán dos hijos, Patrick en 1921 y Barbara en 1922. 

Por fortuna, John Ford es contratado por la Universal para dirigir Westerns, género por aquel entonces poco relevante, por lo que se podían permitir el lujo de utilizar a un director poco conocido y experimentado como él. Pero gracias a su relación laboral con el actor Harry Carey, con el que realiza un elevado número de westerns, su prestigio aumenta, y con ello su sueldo. En todo caso, en su etapa de cine mudo, pese a su especialización en el western, trabaja en géneros muy dispares. 

En 1928 dirige su primer film sonoro, “El barbero de Napoleón”, que no se conserva. Pero, poco después, es despedido junto con los demás directores de cine mudo, para que sus puestos sean ocupados por directores teatrales. Pero claro, dirigir teatro y cine no tienen nada que ver, y, tras el fracaso de estos, los estudios vuelven a contar con los directores despedidos. Y Ford regresa con”Shari, la hechicera”, film de aventuras exóticas ambientado en la India y protagonizado por Victor McLaglen (actor recurrente en su filmografía) y Myrna Loy:

El éxito de la película, producida por la Fox, le lleva a nuevos contratos en los años siguientes, de los que destaca la comedia “Río arriba”, que originalmente iba a ser un drama carcelario pero que Ford alteró sin el consentimiento del guionista. La película destaca por ser la primera que rodaron Spencer Tracy y Humphrey Bogart:

En 1931, abandona la Fox para dirigir para Samuel Goldwyn la adaptación de la novela ganadora del Pullitzer de Sinclair Lewis, “El doctor Arrowsmith”, protagonizada por Ronald Colman y Helen Hayes:

La película obtiene varias nominaciones a los Premios Oscar, incluyendo el de mejor película. Pero John Ford rompe las condiciones del contrato con Goldwyn, que no le permitían beber durante el rodaje, pero la Fox da por terminado el contrato en exclusiva que había tenido hasta entonces, lo que le permite a Ford trabajar de manera autónoma para los diferentes estudios, sin depender directamente de ninguno de ellos. La serie del Juez Priest le otorga gran fama, pero será en 1935 cuando alcance el éxito gracia a “El delator”, película ambientada en la Irlanda del IRA (hacia el que no esconde sus simpatías) y que cuenta la historia de un delator atormentado por lo que ha hecho, protagonizada de nuevo por Victor McLaglen:

La película obtiene un gran éxito: Victor McLaglen gana el Oscar a mejor actor, Max Steiner se lleva la estatuilla por su muy descriptiva banda sonora, y el propio Ford gana su primer Oscar (en su primera nominación como director). 

Con la libertad que este prestigio le aporta, cambia de registros en sus siguientes películas. En 1936 prueba suerte con el género histórico en “María Estuardo”, protagonizada por Katherine Hepburn y Fredric March:

En 1937 dirige a la niña Shirley Temple en la comedia “La mascota del regimiento”, y trabaja también en el drama exótico “Huracán sobre la isla”, que enfrenta a un intransigente Raymond Massey con una pareja autóctona de Polinesia, formada por John Hall, interpretando a un delincuente, y Dorothy Lamour: 

Intriga, cine bélico… John Ford cambia constantemente de gñenero en esta época. En 1939 estrena “El joven Lincoln”, que narra la etapa del futuro presidente como abogado, y que interpreta magistralmente un joven Henry Fonda:

Tanto Henry Fonda como Ward Bond, el villano del film, serán actores recurrentes en la filmografía de Ford, como también lo será el protagonista de su gran éxito de ese año, John Wayne, en “La diligencia”, su retorno al western, género que recupera para el público y la crítica (y, de paso, lanza a la fama a Wayne):

La película obtiene un gran éxito en los premios: Thomas Mitchell gana el Oscar a mejor actor secundario, y John Ford es nominado a mejor director, siendo la única vez que no gane (al competir contra Victor Fleming por “Lo que el viento se llevó”). 

En 1940 dirige un drama rural, de unos campesinos que abandonan sus tierras para mudarse a la próspera California: “Las uvas de la ira”, que se convertirá en uno de sus mayores éxitos. Jane Darwell gana el Oscar a mejor actriz secundaria, Henry Fonda es nominado como mejor actor y John Ford gana su segundo Oscar como mejor director (aunque, de nuevo, no se lleva el premio a la mejor película):

Y en 1941 repite el éxito con “Qué verde era mi valle”, de nuevo un drama rural ambientado en una zona minera en decadencia de Gales, protagonizado por una joven Maureen O’Hara (que se convertirá en su actriz fetiche), Walter Pidgeon, el debutante Roddy McDowall y Donald Crisp y Sara Allgood como los patriarcas de la familia:

Pese a que, incomprensiblemente, Maureen O’Hara se queda sin nominación, la película obtiene numerosas nominaciones y premios: Sara Allgood es nominada como mejor secundaria, Donald Crips se lleva el premio a mejor secundario, John Ford gana su tercer Oscar, y, esta vez sí, también el de mejor película. 

Por esta época, John Ford todavía es políticamente bastante progresista. Ayudó al bando republicano en la Guerra Civil española, y es un activo miembro de la Liga Hollywoodiense anti-Nazi, clamando a favor del bloqueo a Alemania y, cuando la Guerra comienza, la participación americana en ella. Así, tras el bombardeo de Pearl Harbour, sirve en la Oficina de servicios estratégicos como fotógrafo, rodando varios documentales bélicos. “La batalla de Midway” gana de hecho el Oscar a mejor documental. 

A su regreso a Hollywood, ya en 1945, rueda “No eran imprescindibles”, film bélico ambientado en Filipinas justo después del bombardeo de Pearl Harbour, que narra sucesos que conoció de primera mano, y que es protagonizada por John Wayne, Robert Montgomery y Donna Reed:

En 1946 vuelve al western para presentarnos una visión romántica, e históricamente inexacta, del famoso duelo del O.K. Corral en “Pasión de los fuertes”, con Henry Fonda como Wyatt Earp y un solvente Victor Mature (demasiado piropo calificarlo como solvente) como Doc Hollyday, con Linda Darnell como el amor de este último y con Walter Brennan interpretando al villano patriarca de los Clanton:

En lo que queda de década, John Ford se va a dedicar fundamentalmente al western. Tras rodar la curiosa “Tres padrinos”, con tres fugitivos de la justicia adoptando a un recién nacido cuya madre acaba de morir (siendo uno de ellos el debutante Harry Carey Jr., hijo del actor con el que saltó a la fama en sus comienzos), comienza su trilogía sobre la caballería americana con “Fort Apache”, de 1948, en la que un académico en inflexible Henry Fonda se enfrenta al mucho más pragmático y conocedor del terreno John Wayne, provocando un conflicto con los apaches, que son mostrados aquí de forma no tan negativa como es habitual, ya que sus protestas tienen motivo:

En 1949, tras terminar rechazando rodar el drama sobre racismo “Pinky”, que terminará en manos de Elia Kazan, filma la segunda entrega de la trilogía, “La legión invencible”, para rematarla en 1950 con “Río Grande”, uno de sus western más famosos, en el que la pareja formada por John Wayne y Maureen O’Hara se enfrentan por el trato que él debe dar, como coronel de la caballería, a su hijo recién alistado, interpretado por Claude Jarman Jr.:

Curiosamente, pese a ser siempre identificado con el género del western, este será el último que dirija en bastantes años.

Sus amistades en Hollywood (John Wayne, Maureen O’Hara, Ward Bond) han ido haciendo a John Ford cada vez más conservador en política. Pese a todo, durante el McCarthysmo se niega a acusar a Joseph Mankiewicz, como deseaba hacer Cecil B. de Mille. En todo caso, Ford pasa de apoyar a Roosevelt a, años después, hacer campaña a favor de Richard Nixon, pasando claramente del Partido Demócrata al Republicano, al que pertenecían no pocos de sus actores habituales. 

En 1952, Ford dirige una curiosa comedia con la que regresa a Irlanda, “El hombre tranquilo”, historia de un boxeador (John Wayne) que busca huir de su pasado americano y regresa a su tierra para enamorarse de una mujer (Maureen O’Hara) y enfrentarse a las costumbres del lugar, incluyendo al hermano de esta (Victor McLaglen):

Por esta película John Ford gana su cuarto y último Oscar a mejor director (aunque, de nuevo, sin llevarse el de mejor película). 

En 1953 fracasa con el drama rural “El sol siempre brilla sobre Kentucky”, que volvía al personaje del Juez Priest, pero obtiene un gran éxito con el drama de aventuras “Mogambo” (remake de “Tierra de pasión” de Victor Fleming), con un triángulo amoroso formado por Clark Gable (que recupera el papel que también interpretó en la versión original, y que consiguió volver al primer plano tras años olvidado), Ava Gardner y Grace Kelly:

En 1954 se estrena en un nuevo campo, la televisión, y no vuelve a estrenar en cines hasta 1955, cuando se presenta “Cuna de héroes”, que narra la historia de un instructor militar de la Academia Militar de West Point, interpretado por Tyrone Power y Maureen O’Hara: 

También ese año comienza a dirigir “Escala en Hawai”, pero surgen problemas con el actor protagonista, Henry Fonda, que había interpretado el papel en Broadway y no estaba convencido de que Ford fuera el director idóneo para la obra. Ford se caracterizaba por su carácter difícil y por su rudeza al tratar a los actores, y no soportando las críticas de Fonda, le dio un puñetazo que acabó con su amistad. Sumido en el alcohol, retoma la dirección pero una rotura de su vesícula, que requiere cirugía, le hace abandonar el proyecto, que concluirá Mervyn LeRoy. 

En 1956 estrena la que muchos consideran su gran obra maestra, el western “Centauros del desierto”, brillante por su fotografía, por la visión casi pictórica de cada plano, algo típico en él, por su banda sonora firmada por Max Steiner (aunque a Ford no le convenciera), pero también criticada por la ausencia de un villano a la altura, por la sobreactuación de algunas interpretaciones y por el empeño de Ford de rodar siempre sus westerns en el Monument Valley, viniera o no a cuento. La película nos cuenta la historia de un militar, John Wayne, que regresa a casa de su familia tras la Guerra de Secesión para ver como, poco después, son masacrados por los indios, con la excepción de una sobrina, Natalie Wood, en cuya búsqueda partirá acompañado por Jeffrey Hunter, hasta que salgan a la luz sus más bajos instintos:

En 1957 repite dirigiendo a la pareja artística formada por John Wayne y Maureen O’Hara en “Escrito bajo el sol”, drama basado en la vida de Frank Wead, guionista de las primeras películas sonoras de Ford y aviador que tuvo un accidente que lo dejó en silla de ruedas:

Y en 1958 rueda una película no muy conocida pero que, en mi opinión, es una de sus obras maestras, “El último hurra”, drama político en el que un viejo alcalde busca la reelección cuando irrumpe un nuevo medio como es la televisión, cuando él se maneja mejor en el trato directo con la gente. La película cuenta con una de las mejores interpretaciones de Spencer Tracy, además de con un magnífico Jeffrey Hunter y un impresionante plantel de secundarios:

Pero su salud va viéndose deteriorada tras años de consumo de alcohol y tabaco (siempre con su característica pipa), los problemas derivados de sus heridas de combate y una memoria y una visión que iban disminuyendo (era habitual que usara un parche en el ojo para disimular sus problemas de vista). Esos problemas y los nuevos modelos de Hollywood hicieron que, pese al éxito comercial considerable de “El último Hurra”, las productoras sólo lo quisieran para dirigir westerns. Así, en 1959 estrena “Misión de audaces”, drama bélico ambientado en la guerra de secesión que enfrentaba a John Wayne con William Holden

De 1960 es su nuevo western, “El sargento negro”, alegato antirracista en el que un abogado militar, Jeffrey Hunter, tiene que defender a un soldado negro, Woody Strode, acusado del asesinato de una joven, cuando todos lo consideran culpable: 

En 1961 estrena un nuevo western, “Dos cabalgan juntos”, en el que un grupo de militares liderados por James Stewart y Richard Widmark tratarán de rescatar a los blancos raptados por los comanches:

Y en 1962, a parte de dirigir un fragmento de la monumental “La conquista del oeste”, dirige la que, en mi opinión, es su obra maestra: “El hombre que mató a Liberty Valance”, en la que un idealista abogado interpretado por James Stewart se tiene que enfrentar a un grupo de matones liderado por Lee Marvin, el Liberty Valance del título, contando con la ayuda de un vaquero, John Wayne, con el que se enfrentará por estar ambos enamorados de la misma mujer, Vera Miles. Es cierto que Stewart y Wayne son excesivamente mayores para sus papeles, pero sus interpretaciones son magistrales, la historia es magnífica (los villanos no son los indios, sino los terratenientes blancos, siempre ávidos de más riquezas) y la fotografía en blanco y negro juega con los claroscuros de esa forma pictórica que tanto gustaba a Ford:

En 1963, John Ford trabaja por última vez con John Wayne en “La taberna del irlandés”, comedia ambientada en una isla del Pacífico coprotagonizada por Lee Marvin, aquí en un papel mucho más amable que en la anterior:

En 1964 estrena su último western, la más larga y ambiciosa de sus películas, “El gran combate”, que narra el éxodo de los Cheyenes desde la reserva de Oklahoma en la que fueron confinados hasta sus tierras originales, y la oposición del gobierno americano y del ejército, protagonizada por Richard Widmark, Karl Malden y Sal Mineo, entre otros, en una película que buscaba ser favorable a los indios americanos:

Problemas de salud cada vez mayores le obligan a cancelar nuevos proyectos, siendo capaz de terminar en 1966 su última película, “( mujeres”, ambientada en la China de 1930 en el que un grupo de misioneras chinas se enfrentan a los problemas de una invasión de los mongoles, protagonizada por Anne Bancroft:

Ninguno de sus siguientes proyectos pudo ser realizado. Una rotura de cadera en 1970 le confina en una silla de ruedas y le obliga a abandonar su casa y mudarse a otra de una sola planta, en la que permanecerá los siguientes tres años, hasta que el cáncer de estómago que padecía desde años atrás termine con su vida el 31 de agosto de 1973, a los 79 años de edad. Fue enterrado en el cementerio de Holy Cross de Culver City, cerca de Los Angeles. 

Con un enorme legado de películas mudas y sonoras, John Ford nos dejó un estilo de hacer cine muy personal, clásico, artístico, de gran atractivo visual aunque en muchas ocasiones de contenido claramente propagandístico, si bien cuando se aleja de esas funciones sus películas alcanzan el nivel de obras maestras. Por algo es el único director que ha ganado 4 Oscars en esa categoría. 

60 años de la muerte de Ronald Colman (19-05-2018)


Si bien hoy día bastante olvidado, fue una de las grandes figuras del cine mudo y de las pocas capaces de sobrevivir a la llegada del sonoro con idéntico éxito. Hoy recordamos a ese gran actor que fue Ronald Colman.




Ronald Charles Colman nació en Richmond, cerca de Londres, el 9 de febrero de 1891. Descubrió su interés por la interpretación ya en el colegio, uniéndose, pese a su timidez, a una compañía teatral amateur en 1908, al mismo tiempo que quiso estudiar ingeniería, algo que se hizo imposible por los problemas financieros a causa de la muerte de su padre en 1909.

Ronald Colman debutó profesionalmente en el teatro en 1914, pero ese mismo año, con el comienzo de la I Guerra Mundial, se une al ejército (junto a otros actores como Claude Rains, Basil Rathbone, Herbert Marshall o Cedric Hardwicke), pero el 31 de octubre de ese mismo año recibió una herida de metralla en el tobillo que le dejó secuelas por el resto de su vida y por la que fue dado de baja en el ejército.

De regreso en Londres, vuelve al teatro profesional, donde alcanza gran éxito, y realiza sus primeras películas a finales de la década. En 1920 se casa por primera vez, con Thelma Raye, de quien se divorciará en 1934. También en 1920 realiza una gira teatral por Estados Unidos junto a Fay Bainter, estableciéndose finalmente en el país.

Así, en 1923 es descubierto por el director Henry King, que le contrata para protagonizar junto a Lillian Gish “La hermana blanca”:

A partir de entonces se convierte en un actor asiduo de Hollywood, siendo uno de sus papeles más destacados el protagonista de la adaptación de la obra de Oscar Wilde “El abanico de Lady Windermere” que dirige Ernst Lubitsch en 1925:

Con una imagen de galán romántico, Colman se convierte en una estrella imprescindible para protagonizar grandes adaptaciones literarias, como el “Beau Geste” de 1926:

Pero entonces llega el cine sonoro, y muchas estrellas del cine mudo no son capaces de adaptarse a los requerimientos de este nuevo cine. Ronald Colman, por el contrario, tiene todos los elementos para triunfar en el nuevo medio: una perfecta dicción inglesa y un bellísimo timbre de gran calidez. Así, en 1929 es nominado al Oscar a mejor actor por partida doble, por “El capitán Drummond” y por “Condenado”.

En 1930 protagoniza “Raffles”, historia de un caballero inglés que es además un destacado ladrón. Pero suerte tendrá en 1931 cuando John Ford lo seleccione para protagonizar “El doctor Arrowsmith”; Ronald Colman es demasiado mayor para el papel, aunque siga interpretando papeles de galán, y un papel a priori pensado para tener una nueva nominación al Oscar fue poco menos que un fracaso:

Aunque sigue trabajando en cine, no volverá a tener grandes éxitos hasta 1935, año en el que protagoniza “Clive de la India” y, sobre todo, la adaptación de la magistral obra de Charles Dickens “Historia de dos ciudades”, consiguiendo una magnífica interpretación del cínico Sydney Carton, que encuentra su redención al final de la película, en una escena dolorosamente memorable:

Cómodo todavía en el cine de aventuras, en 1936 protagoniza “Bajo dos banderas”, junto a Claudette Colbert, Victor McLaglen y Rosalind Russell:

En 1937 vuelve a regalarnos dos grandes papeles. El primero, al protagonizar “El prisionero de Zenda”, en la que luce sus habilidades para los films de capa y espada al enfrentarse al malvado Rupert de Hentzau que interpreta Douglas Fairbanks Jr.:

La otra será en la mítica película de Frank Capra “Horizontes perdidos”, en la que es uno de los tripulantes del avión que termina en la legendaria Shangri-La:

Pese a ser un gran actor dramático, Ronald Colman trabaja en esos años especialmente en papeles de aventuras históricas, como “Si yo fuera Rey”, de 1938, interpretando a un poeta francés que llama la atención del Rey Luis XI, interpretado por Basil Rathbone:

Ese mismo año se casa por segunda vez, con la actriz británica Benita Hume, con la que tendrá a su única hija, Juliet. Permanecerán juntos hasta la muerte de él; posteriormente, ella se casará con el actor George Sanders.

En 1939 se pasa al cine dramático con “En tinieblas”, en la que interpreta a un pintor que, a punto de quedarse ciego, sólo quiere terminar el retrato en el que está trabajando:

Tras protagonizar algunas películas casi olvidadas, en 1942 vuelve a la primera plana, en parte gracias a la comedia “El asunto del día”, de George Stevens, en la que interpreta a un serio profesor de derecho que se ve inmiscuido, sin él quererlo, en la defensa de un presunto pirómano condenado a muerte, interpretado por Cary Grant, que, fugado de la cárcel, se refugia en la casa que él le ha alquilado a Jean Arthur, antigua compañera del presunto criminal:

Pero será sobre todo el drama “Niebla en el pasado” el que le devuelva a la fama. En él interpreta a un hombre que, tras sufrir un accidente, se queda amnésico y olvida su pasado. Su esposa, Greer Garson, hará todo lo posible por recuperarlo y devolverle la memoria:

Por este papel, Ronald Colman es nominado al Oscar, algo que no conseguía desde 1929.

Regresa al cine en 1944 con otra cinta de aventuras de época, esta vez ambientada en Arabia, “El príncipe mendigo”, en la que interpreta a un mendigo mago callejero que engaña a su hija haciéndole creer que es alguien importante y que termina enamorándose de Marlene Dietrich, princesa del harén, y viéndose envuelto en una conjura para asesinar al Califa:

El estilo irónico y cínico que siempre había gastado Colman va perfecto para el papel, y, de nuevo, pese a la edad, excesiva para un papel de héroe de capa y espada, consigue resultar solvente.

En 1947 protagoniza “El mundo de George Apley”, de Joseph Mankiewicz, en la que interpreta a un bostoniano orgulloso de su origen que ve como sus hijos no lo están tanto. Pero, por encima de todo, ese año destaca en “Doble vida”, de George Cukor, historia de un actor que, mientras interpreta a Otello, comienza a confundir ficción y realidad con fatales consecuencias:

Ronald Colman recibe una nueva nominación al Oscar, y esta vez sí, era indiscutible que iba a ser el ganador. Y así lo recogió, elegante como siempre:

Ronald Colman apenas trabaja más en cine. En 1945 había empezado a trabajar en televisión con gran éxito, y se traslada a este medio, así como a la radio, en los siguientes años, en los que sigue trabajando incansablemente. A parte de un breve cameo en “La vuelta al mundo en 80 días”, su última participación en cine fue como el narrador de “Historia de la humanidad” en 1957. Está claro por qué su voz le permitió seguir haciendo carrera en el cine sonoro, a diferencia de tantas y tantas estrellas del cine mudo:

Finalmente, un año después, el 19 de mayo de 1958, Ronald Colman moría a causa de un enfisema pulmonar en Santa Monica a los 67 años, siendo enterrado en el Cementerio de Santa Barbara. Años después, su hija Juliet escribió una biografía sobre él.

Ronald Colman no fue un actor especialmente prolífico, pero sí fue un magnífico actor de marcado origen teatral, de enorme talento y gran versatilidad vocal, que brilló en algunas de las grandes adaptaciones literarias de los años 30, si bien será con ese papel de actor teatral, tan cercano sí mismo, de “Doble vida” con el que alcanzará su mayor fama y por el que más se le recuerda a día de hoy. Casi olvidado por el gran público, los actores actuales tendrían mucho que aprender de su enorme talento.



130 años del nacimiento de Max Steiner (10-05-2018)


Fue quien revolucionó la visión que Hollywood tenía sobre las Bandas Sonoras tras la llegada del cine sonoro. Trabajador incansable, autor de unas 300 bandas sonoras, entre ellas algunas de las más memorables partituras cinematográficas, recordamos en el 130 aniversario de su nacimiento a Max Steiner.

Maximilian Raoul Steiner nació el 10 de mayo de 1888 en Viena, por aquel entonces capital del Imperio Austro-Húngaro y una de las ciudades musicalmente más importantes del momento. La familia Steiner, de origen judío, estaba muy vinculada al mundo teatral, mientras su madre había sido bailarina. De hecho, su padrino fue el compositor Johann Strauss. Vinculado desde muy niño al teatro, en especial al musical, las inclinaciones artísticas del joven Steiner no tardan en despuntar, abandonando la Universidad Tecnológica para poder estudiar en la Academia Imperial de Música. Allí, su enorme talento es percibido por grandes compositores como Gustav Mahler o Robert Fuchs, que le darán clases privadas, permitiéndole superar en un año cuatro cursos. Estudia numerosos instrumentos, además de armonía, contrapunto y composición.




En seguida despunta como compositor de opereta y como director de orquesta. Su éxito dirigiendo “Die lustige Witwe” de Franz Léhar hace que sea invitado a dirigirla en Londres en 1906. Steiner se establece en la capital británica, como compositor y director de obras teatrales y de sinfonías. Y allí permanecerá 8 años, hasta 1914, cuando comienza la I Guerra Mundial. Steiner es austriaco, y por lo tanto es visto como enemigo por la sociedad inglesa, así que gracias a su amistad con Hugh Grosvenor, duque de Westminster, consigue huir a Nueva York, donde llega en la miseria en diciembre de 1914.

Pero, una vez en Nueva York, comienza de inmediato a trabajar en Broadway, apenas en la faceta de compositor (“Peaches”de 1923), pero sí como director e incluso como arreglista y orquestador (orquestará por ejemplo la partitura de George Gershwin para “Lady be good” en 1924). En 1927 orquestaráy dirigirá el estreno de musical “Rio Rita” de Harry Tierney, y cuando en Hollywood se planea la adaptación cinematográfica del musical, en 1929, llaman a Max Steiner para dirigir la adaptación musical. Steiner se traslada a Los Angeles, y trabaja ya en exclusiva para el cine. Entre sus primeros trabajos relevantes se encuentran “Cimarron”, un western de 1931, y “Ave del paraíso”, película de aventuras de 1932. Pero su gran oportunidad vendrá cuando, en 1932, David O’Selznik cuenta con él para componer la partitura de “La melodía de la vida”, drama judío para el que compone un tema, como era característico en la época, para que suene en la apertura de la película. Pero Selznik se queda tan satisfecho con la partitura, que le encarga escribir más música, que sonará a lo largo de la película:

Pero será en 1933 cuando por fin aparezca su verdadero estilo. Ese año, la productora RKO, para la que Steiner estaba trabajando, iba a estrenar la ambiciosa “King Kong”. Originalmente, los productores no tenían intención de utilizar nueva música para la película, pero los decepcionantes resultados de los efectos especiales les empujaros a llamar a Steiner y darle carta blanca para componer una extensa partitura a lo largo de todo el film:

No era la primera partitura importante de Steiner, que ya había llenado de música la práctica totalidad del metraje de “Ave del paraíso”, pero en esta ocasión, la partitura fue todo un éxito. Si ya en 1931 la partitura que Alfred Newman había compuesto para “La calle” de King Vidor era más ambiciosa de lo tradicional (una pista más o menos larga para los títulos de crédito iniciales, una pista breve para el final de la película y, en ocasiones, algo de música diegética, es decir, que suena en la propia película, que los personajes están escuchando, en un baile o por la radio, por ejemplo), todavía se seguía evitando incorporar música que acompañara los diálogos de los personajes, por temor a que estos se perdieran. Steiner, por el contrario (al igual que Newman), considera que la música puede realzar las emociones del film, además de ayudar a ambientarlo. Por eso, su música tiene una gran riqueza cromática y temática. Pero todavía no ha llegado el tiempo de lucirla en su máximo esplendor, y partituras como la de “Las cuatro hermanitas”, película de George Cukor protagonizada por Katherine Hepburn, van a seguir ancladas en el concepto de tema inicial y poco más:

Max Steiner también adapta la música que se va a utilizar en algunos de los más importantes musicales de los años 30, en especial en esos protagonizados por Fred Astaire y Ginger Rogers, como “La alegre divorciada”, de 1934:

Más ambiciosa será en 1934 su partitura para “La patrulla perdida”, film bélico de John Ford ambientado en Mesopotamia. Sus ritmos irregulares le imprimen ese ambiente tenso que repetirá en numerosas ocasiones posteriores (e incluso reutilizará en “Casablanca”, como veremos más adelante):

Max Steiner recibirá sus dos primeras nominaciones al Oscar por ambas películas, “La alegre divorciada” y “La patrulla perdida”.

Repite con John Ford (y con el actor Victor McLaglen, que protagoniza ambas películas) en 1935 con “El delator”, partitura de carácter de nuevo opresivo, al contarnos la historia de un delator del IRA:

Esta partitura le valdrá su primer Oscar, aunque en estas fechas este premio no lo recibe el compositor, sino la productora.

Pero poco después, Selznik abandona la RKO y se lleva consigo a Steiner, que compondrá en 1936 la partitura de “El jardín de Alá”, que le valdrá una nueva nominación al Oscar. Además, Steiner firma un contrato con la Warner, siendo su primer trabajo para esta productora “La carga de la brigada ligera”, film bélico protagonizado por Errol Flynn y Olivia de Havilland, en el que de nuevo luce su capacidad para transmitir el dinamismo de las escenas bélicas y las marchas militares, como en este tema principal:

Pero en la Warner, Steiner se va a encontrar con un duro competidor: Erich Wolfgang Korngold, un prestigioso compositor clásico recién llegado a Hollywood, que goza de un contrato privilegiado y apenas compone una partitura al año. Steiner compondrá muchas partituras anuales, en películas como “La vida de Émile Zola”, “Ángeles con caras sucias” o “Jezabel”, película de William Wyler protagonizada por Bette Davis y Henry Fonda, para la que compone un bellísimo vals, de ritmo vienés en su tema principal y otro ritmo más agitado, de subdivisión ternaria, de sonoridad más eslava, en el segundo tema. Las influencias clásicas centroeuropeas de Steiner quedan claras:

El uso de la música para destacar aspectos fundamentales de la película resulta aquí muy evidente. Basta con volver a verla y fijarse en como un pequeño apunte musical subraya el momento en el que un mosquito pica a Henry Fonda (aunque esto sería un gazapo. Alerta spolier: se supone que los ricos burgueses de Nueva Orleans huyen al campo para no contagiarse de la fiebre amarilla, y que Henry Fonda se contagia por ir a menudo a la ciudad, pero la mencionada escena en la que le pica un mosquito transcurre en el campo, con lo que no tiene sentido).

Mientras, Max Steiner sigue trabajando con Selznik: “El pequeño Lord” en 1936, “Ha nacido una estrella” en 1937 y “Las aventuras de Tom Sawyer” en 1938, en la que se percibe su asimilación del estilo musical más propiamente americano, que conoce a fondo por su trabajo en musicales en sus primeros años americanos:

Pero Selznik llevará a la fama absoluta a Max Steiner con su siguiente y más ambicioso productor: la adaptación de la novela de Margaret Mitchell “Lo que el viento se llevó”, dirigida originalmente por George Cukor y posteriormente por Victor Fleming y protagonizada por Clark Gable y Vivien Leigh. La duración de la película ronda las 4 horas, y Steiner llena el metraje de música, en la que probablemente sea su mejor partitura (y la mejor banda sonora de todos los tiempos). El Tema de Tara es uno de los temas cinematográficos más célebres de la historia del cine, y con razón:

Pero, ¿qué tal encaja con las escenas, que es a fin de cuentas lo que nos importa? Veamos la escena más mítica de la película:

Steiner usa un recurso operístico muy wagneriano: el leitmotiv. Un leitmotiv es un tema musical asociado a un personaje, un lugar o una situación concreta. Por lo tanto, cada vez que lo escuchemos a lo largo de la ópera o de la película, sabemos que ese personaje, ese lugar o esa situación tienen una gran importancia en la escena. Pues bien, el tema de Tara es el leitmotiv de un lugar, de Tara, pero en realidad significa algo más: el hogar. Tras sufrir los horrores de la guerra, Scarlett tiene que huir de una Atlanta a punto de caer en manos Yankis y sólo desea volver a su hogar. Y cuando lo hace, se encuentra con una situación desoladora: pobreza, miseria, muerte, incluyendo la de su madre… no, el regreso al hogar no es lo que ella esperaba. Y además está ansiosa por poder comer. Por eso escuchamos esa melodía llena de tensión al comienzo de la escena. Entonces pronuncia el juramento de que nunca volverá a pasar hambre, y escuchamos ese tema de Tara: no importa la situación que se haya encontrado, Scarlett vuelve a estar en su hogar, y eso es lo que le da esa emotividad al tema, que tiene un notable carácter nostálgico, no es un tema alegre precisamente. Además, el tema es interpretado por los metales, mientras las cuerdas tocan el acompañamiento: estos metales le dan un componente heroico: el esfuerzo que ha costado volver a Tara ha sido titánico, pero ha merecido la pena, porque por fin volvemos a casa.

Por cierto, Selznik quería que Steiner usara música clásica en la partitura, pero Steiner pensaba que los americanos estaban familiarizados con muchos temas de música popular, pero no tenían la cultura clásica necesaria para entender las citas de compositores clásicos. Por eso, en las partituras de Steiner vamos a encontrar numerosas citas de canciones populares o de marchas militares, pero muy pocas referencias a obras clásicas.

En 1939, Max Steiner recibe dos nominaciones al Oscar, por “Lo que el viento se llevó” y por “Amarga victoria”. Pero, incomprensiblemente, ese año se irá de vacío.

Aquí se hace necesario explicar el estilo compositivo de Steiner. Él contaba con un dispositivo que le permitía ver la película montada y cronometrar exactamente en qué momento transcurría cierta escena clave. Mientras, iba desarrollando los leitmotivs que iban a aparecer en la partitura, y, una vez compuestos, los adaptaba al tiempo que le daba el cronómetro para que encajaran a la perfección con el momento que él buscaba. Los resultados están a la vista.

En los siguientes 4 años va atrabajar en exclusiva para la Warner. Su primera partitura remarcable será la de “La carta” en 1940, película de William Wyler de nuevo protagonizada por Bette Davis y ambientada en el sudeste asiático. Como cualquier gran compositor clásico, Steiner recurre a temas orientales que contribuyan a la ambientación de la película, mientras los temas más íntimos van a tener ese carácter opresivo tan característico de las partituras de Steiner:

Por esta partitura recibirá una nueva nominación al Oscar, nominación que repetirá en 1941 por “El sargento York”, dirigida por Howard Hawks y protagonizada por Gary Cooper, en la que pasa de los temas de carácter más intimista de la primera mitad de la película a los temas militares de la segunda mitad:

Hay que destacar, en todo caso, que con un ritmo de trabajo tan frenético, Steiner por lo general sólo compone los temas, pero no los orquesta; esta labor cae a menudo en manos de Hugo Friedhofer, hasta que éste comience a destacar como compositor y sea sustituido por Murray Cutter.

En 1942 compone algunas de las mejores bandas sonoras de su carrera. Vuelve a trabajar con Errol Flynn y Olivia de Havilland, dirigidos por Raoul Walsh, en la mítica “Murieron con las botas puestas”, para la que compone uno de los temas de amor más bellos que salieron nunca de su pluma, además de temas de marcado carácter militar:

También compone la partitura de otra película mítica, “Casablanca”, dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Humphrey BogartIngrid Bergman y Claude Rains:

Aquí escuchamos un tema que nos recuerda demasiado al que ya hemos escuchado en “La patrulla perdida”. Además, Steiner usa como leitmotivs dos canciones existentes (nada novedoso, compositores como Wagner o Meyerbeer también lo habían hecho un siglo antes): por una parte, el himno francés, la marsellesa, que sirve como leitmotiv de libertad, de la resistencia anti-nazi, y por otro ese “As time goes by” de Herman Hupfeld, que sirve como tema de amor. Steiner quiso utilizar una canción suya, pero como la película ya había sido rodada, había que volver a rodar algunas escenas, y como Ingrid Bergman se había cortado el pelo para rodar “Por quién doblan las campanas” y no se encontró ninguna peluca que se asemejara a su cabello, no pudo incluirse la canción que Steiner quería componer. Por esta partitura, Steiner será nominado al Oscar (aunque Casablanca no entra en los Oscars de 1942, sino en los de 1943).

Y su otra gran partitura de ese año es “La extraña pasajera”, de nuevo con Bette Davis, Claude Rains y Paul Henreid (el Victor Lazslo de Casablanca), en una partitura de estilo melodramático en la que destaca la belleza de la melodía principal, lo que nos enlaza con la tradición melódica francesa, ya que las influencias musicales de Steiner, en especial las del romanticismo europeo, son numerosísimas:

Nueva nominación al Oscar, que en esta ocasión consigue llevarse a casa. Y, a diferencia de lo que sucedía en 1935, ahora sí que el Oscar se entrega al compositor.

En 1943 sigue trabajando en películas que en su momento fueron grandes éxitos, como “Alarma en el Rhin”, que le valió el Oscar a mejor actor a Paul Lukas, pero que hoy está completamente olvidada. Más destacables son sus trabajos de 1944. Una de ellas es “Las aventuras de Mark Twain”, protagonizada por Fredric March y Alexis Smith, con una sonoridad plenamente americana que le valdrá una nueva nominación al Oscar:

Ese año colabora también con el director Frank Capra (con quien había trabajado el año anterior en un documental) en la negrísima comedia “Arsénico por compasión”, protagonizada por Cary Grant, en la que combina melodías románticas, cómicas, de intriga y otras simplemente grotescas, según lo requiera la cambiante situación de tan alocada película:

También en 1944, la Warner trata de repetir el éxito de “Casablanca” con la casi olvidada “Pasaje a Marsella”, de nuevo con Michael Curtiz, Humphrey Bogart, Claude Rains, Peter Lorre o Sidney Greenstreet. Lógicamente, la partitura se le encarga a Max Steiner, que aquí, a diferencia de “Casablanca”, recurre mucho más a temas compuestos por él mismo, destacando la belleza melódica del tema de amor:

Y ese año vuelve a trabajar para Selznik por primera vez desde “Lo que el viento se llevó”, en esta ocasión para un drama ambientado en la II Guerra Mundial, en las esposas y familias que se quedan sin el padre, que está combatiendo en el frente. La película, protagonizada por Claudette Colbert, Jennifer Jones y Joseph Cotten, requiere de un tema principal tranquilo, amable, como la protagonista, pero al mismo tiempo capaz de transmitir esa nostalgia por el marido ausente, mientras Steiner compone otros temas de distinto carácter, destacando la grotesca melodía asociada al perro, interpretada por el fagot, y otros temas de carácter militar que nos recuerden la situación bélica que estamos viviendo, o cita la canción de cuna de Brahms:

Esta película le valdrá a Max Steiner su tercer y último Oscar. Trabajar con Selznik parece que le traía buena suerte.

En los siguientes años, sus mayores éxitos llegarán con adaptaciones musicales, como en “Rapsodia en azul”, de 1945, biopic de George Gershwin, o en 1946 con “Noche y día”, biopic de Cole Porter protagonizado por Cary Grant, ambos valedores de una nominación al Oscar. Pero quizá su partitura más reseñable de esos años sea la del clásico de cine negro “El sueño eterno”, de Howard Hawks, con Humphrey Bogart y Lauren Bacall, en cuyo tema principal va a predominar el aspecto más romántico de la película:

En 1947, es nominado por partida doble al Oscar, una por el musical “My wild irish rose” y la otra por “Vivir con papá”, comedia de Michael Curtiz protagonizada por William Powell, Irene Dunne y Elizabeth Taylor, de ritmo desenfadado y sonoridad de nuevo ya plenamente americana:

En 1948 destacan sus trabajos en dos películas protagonizadas por Humphrey Bogart, y ambas dirigidas por John Huston. La primera será la opresiva “Cayo Largo”, con Lauren Bacall, Edward G. Robinson y Lionel Barrymore, en la que consigue transmitir a la perfección ese ambiente de permanente tensión que requiere el film:

La otra será el drama “El tesoro de Sierra Madre”, en una partitura con la sonoridad mexicana que requiere la ubicación del film y que muestra también un carácter opresivo, como la atmósfera que viven esos ambiciosos buscadores de oro capaces de cualquier cosa con tal de conseguir el ansiado premio:

También trabaja de nuevo para Errol Flynn, en “El burlador de Castilla”, en la que consigue reproducir la música tradicional española, además de trabajar en un género, el de capa y espada, que tradicionalmente se había asociado a Korngold (“El capitán Blood”, “Robin de los bosques”, “El halcón de mar, todas ellas protagonizadas por Errol Flynn):

Pero su mejor trabajo ese año, y el único por el que consigue estar nominado al Oscar, será su trabajo en “Belinda”, la historia de una joven sorda interpretada por Jane Wyman que es violada. El tema principal, de nuevo de una exquisita belleza, nos transmite la inocencia de esta joven que, en el fondo, es una niña:

En 1949 recibe una nueva nominación al Oscar por “Más allá del bosque”, drama de King Vidor con Bette Davis y Joseph Cotten, y en 1950 es nominado por otra magnífica partitura, la de “El halcón y la flecha”, film de capa y espada protagonizado por Burt Lancaster y ambientado en el norte de Italia. Steiner recurre a ritmos típicos italianos, como la tarantella, para conseguir la mejor ambientación posible, aunque podamos encontrar similitudes incluso con la sinfonía italiana de Mendelssohn:

En 1951 compone la partitura del western de Raoul Walsh “Tambores lejanos”, protagonizado por Gary Cooper, y en la que de nuevo destaca su capacidad de ambientación gracias a la música, por el uso de percusiones que puedan evocarnos a los indios norteamericanos:

En 1951 pone música a la bélica “La flota silenciosa”, protagonizada por John Wayne, en una partitura llena de tensión:

En 1952 es nominado al Oscar por “El mensaje de Fátima”, y repite nominación en 1954 por la magistral partitura de “El motín del Caine”, magistral drama militar protagonizado por Humphrey Bogart y José Ferrer, para el que compone una de sus mejores marchas militares:

Ese mismo año se estrena en el género histórico, hasta ese momento propiedad de Alfred Newman y Miklós Rózsa, en “El talismán”, historia ambientada en las cruzadas con Rex Harrison y Virginia Mayo de protagonistas:

Y repite género, de forma más afortunada, en “Helena de Troya”, con un memorable tema principal que nos recuerda a sus grandes partituras del pasado:

Y ese año vuelve a estar nominado al Oscar por el drama bélico “Más allá de las lágrimas”, de nuevo dirigido por Raoul Walsh:

Pero su mejor partitura de la década está por llegar. Max Steiner no era el compositor preferido de John Ford, que prefería los estilos de Alfred Newman o Victor Young, en general menos ambiciosos, y con menor presencia en el metraje, que las partituras de Steiner, pero se vio obligado a contar de nuevo con él para uno de sus mejores westerns, “Centauros del desierto”, protagonizado por John Wayne y Jeffrey Hunter. Escuchando la magistral partitura que compone Steiner, sólo queda recordar que los grandes genios también se equivocan, y Ford no iba a ser la excepción:

Pero la película, incomprensiblemente, no recibe ninguna nominación al Oscar, y ni siquiera Steiner se libra de esta maldición que parecen tener los westerns de John Ford.

En 1959 trabaja en otro western, “El árbol del ahorcado”, dirigido por Delmer Daves y protagonizado por Gary Cooper. El ritmo de trabajo de Steiner se ha reducido considerablemente, y aquí no es difícil escuchar por momentos el mismo tema que sonaba en “Centauros del desierto”:

Y, pese a todo, Steiner alcanza ese año uno de los mayores éxitos (al menos comercialmente hablando) con el tema principal de “En una isla tranquila del sur”, también dirigida por Delmer Daves, protagonizada con la joven pareja de moda, Sandra Dee y Troy Donahue; esto permite a Steiner ser conocido por una nueva generación que en esos momentos se encontraba en la adolescencia:

Buscando repetir el éxito, Delmer Daves vuelve a contar con él en “Parrish”, drama protagonizado por Claudette Colbert, Karl Malden y, cómo no, Troy Donahue, el guaperas del momento. En un momento en el que la forma de entender las bandas sonoras está cambiando (influencias del jazz y de músicas populares la época, los cambios de concepto de Bernard Herrmann o Jerry Goldsmith), el estilo de Steiner también ha cambiado. Poco queda de aquel brillante compositor de estilo tardorromántico de creatividad incansable. Sus nuevas partituras, conservando aún en parte la brillantez melódica de su periodo de esplendor, han perdido mucha de la brillantez que tenían apenas una década antes:

Delmer Daves será uno de los directores que siga contando con él en los siguientes años, como prueba su colaboración en “Más allá del amor”, de nuevo con Troy Donahue, acompañado ahora por Angie Dickinson:

El otro será Raoul Walsh, que contará con él para el western “Una trompeta lejana”, protagonizado de nuevo por Troy Donahue (y pensar que hoy día nadie se acuerda de este actor…), en una partitura que recuerda peligrosamente a la marcha militar de “La carga de la brigada ligera):

Su último trabajo será para una película de la Disney, “Those Calloways”, de 1965. El tema grotesco para describir a los gansos para los que la familia Calloway quiere construir una reserva es de nuevo un recurso ya utilizado por Steiner, aunque la partitura no carece e interés:

En 1963, Max Steiner escribe una autobiografía que, por desgracia, no se publicó, y en la que parece ser que contaba detalles desconocidos de su infancia. De hecho, se desconoce de la fecha de divorcio de su primera esposa, con la que se casó en 1912. Steiner se casaría otras tres veces, pero sólo tendría un hijo, Ron, con su tercera esposa, la arpista Louise Klos. Su hijo murió en 1962, justo antes de comenzar a escribir sus memorias.

Retirado en sus últimos años, Max Steiner moría de un infarto el 28 de diciembre de 1971 en Beverly Hills a los 83 años, siendo enterrado en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery de Glendale.

Max Steiner se ganó con su incansable labor un importante lugar en la historia de la música cinematográfica, que revolucionó y que dominó durante dos décadas en las que nos regaló muchas de las partituras más memorables del Hollywood clásico. Aún a día de hoy sigue siendo un referente de todos los compositores sinfonistas de Hollywood, de los que fue el primer gran exponente.