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Centenario del estreno de Gianni Schicchi (14-12-2018)

“Gianni Schicchi” es la más popular de las tres óperas que forman Il Trittico de Puccini, y es además la única comedia que compuso. Es por ello que representa el cielo, pese a estar extraído su argumento, con libreto de Giovacchino Forzano,  de una historia que narra Dante en la parte correspondiente al Infierno de su Divina Comedia. La absoluta genialidad de la obra es un buen indicativo del talento teatral de Puccini incluso en un campo tan ajeno a su obra como es la comedia. 

Como siempre, antes de pasar a comentar la obra dejamos un enlace al libreto. 

Nos encontramos en Florencia, ciudad Güelfa por excelencia, el 1 de septiembre de 1299 (el libreto es muy explícito con la fecha), en la rica mansión del mercader Buoso Donati. El libreto no señala sobre este personaje que existió realmente que en ese momento es viudo y no tiene hijos, y su riqueza proviene de su oficio y de ser uno de los líderes güelfos de la ciudad. 

Nos encontramos el el dormitorio del mercader, que justo acaba de morir. Sus numerosos familiares (primos, sobrinos…) lloran su pérdida, interrumpidos por los jugueteos del niño Gherardino, hijo de Gherardo, uno de los sobrinos de Buoso. Finalmente, por orden de Zita, la gruñona prima del difunto, sacan al niño de la habitación. Al poco, comienzan a escucharse unos murmullos; Zita, harta de escuchar esos cuchicheos, insiste en que digan en voz alta lo que se están contando los unos a los otros: en Signa, ciudad cercana, se comenta que Buoso ha dejado toda su herencia a un convento de monjes. Escuchamos la introducción con Ewa Podles como Zita:

Todos acuden en busca del consejo de Simone, primo de Buoso, el mayor de todos los parientes y antiguo alcalde de Fucecchio. Éste sugiere que, si el testamento no está en manos de un notario, sino en la casa, igual se puede hacer algo, así que todos se ponen a buscarlo. Rinuccio, el más joven, lo encuentra y pide, a cambio que le den el permiso de casarse con su amada Lauretta, la hija de Gianni Schicchi. Escuchamos la escena con Carlo del Monte como Rinuccio y Paolo Montarsolo como Simone:

Ante la insistencia de todos, su tía, Zita, le concede el permiso para casarse. Rinuccio, satisfecho, manda a Gherardino a buscar a Gianni y a Lauretta. Escuchamos de nuevo a Carlo del Monte:

Zita y Simone comienzan a leer el testamento. Todos desean ser los herederos de la casa, de la mula y del molino de Signa, los bienes más preciados que tiene Buoso. Pero a medida que van leyendo, la alegría desaparece de sus rostros. Escuchamos la escena con Ana Maria Canali como Zita y Paolo Montarsolo como Simone:

Todos están enfadados al comprobar que Buoso ha dejado toda su herencia a un convento. Comentan como los fariles engordarán mientras ellos no tendrán nada que comer. Zita comenta que nunca habrían pensado que, a la muerte de Buoso, sería llorado de verdad, ya que todas las muestras de lástima por su muerte, que eran falsas, han desaparecido. Escuchamos la escena con Ewa Podles como Zita, Roberto Alagna como Rinuccio y Ebrico Fissore como Simone:

Entonces empiezan a susurrar si no hay forma de cambiar el testamento. Simone da a entender que es imposible, pero Rinuccio sugiere buscar la ayuda de Gianni Schicchi. Zita, enfadada, le quita la idea de casarse con ella, pero Gherardino anuncia que ya llega Gianni con su hija. Todos se enfadan y Gherardino se lleva una paliza por haberlo traído. La familia se niega a que un Donati se case con una familia recién llegada del campo, la gente nueva. Pero Rinuccio afea sus prejuicios, ya que Gianni es un personaje muy astuto. Escuchamos la escena con Roberto Alagna:

Rinuccio pasa entonces a a elogiar a la ciudad de Florencia, que crece gracias a toda la gente que viene del campo, desde Arnolfo o Giotto hasta los Medici o Gianni Schicchi, y recrimina la actitud de rechazo a la gente nueva que muestra su familia. Escuchamos así el aria “Firenze è come un albero fiorito” cantada por Giuseppe di Stefano:

Llega en ese momento Gianni Schicchi acompañado por su hija Lauretta, que corre a abrazar a su amado. Gianni se sorprende del apagado aspecto de la familia, y piensa que Buoso se ha recuperado, pero cuando se da cuenta de que Buoso ha muerto, les expresa con ironía sus condolencias, pero les dice que les queda la herencia. Zita no tarda un segundo en decirle que la herencia es para los frailes. Ellos están desheredados, así que no habrá consentimiento para que su hija se case con Rinuccio. Escuchamos la escena con Tito Gobbi, Victoria de los Ángeles, Carlo del Monte y Ana Maria Canali:

Schicchi le recrimina su tacañería a Zita, y comienza una pelea entre ellos, ante la desesperación de la pareja de amantes, que ven como sus esperanzas de casarse desaparecen. El resto de familiares insta a que se dejen de peleas de enamorados y piensen en el testamento, y entonces Rinuccio toma la iniciativa y le pide ayuda a Gianni, pero este se niega. Escuchamos la escena con los mismos intérpretes de antes:

La única persona que puede hacer entrar a razón a Gianni es su hija Lauretta: o se casa con Rinuccio, o se suicidará arrojándose al Arno. Escuchamos la famosísima aria “O mio babbino caro” cantada por una espectacular Victoria de los Ángeles (si cabe alguna duda, así es como tiene que cantarse este aria):

Ante ese argumento, a Gianni no le queda otra opción que intentar ayudar a los Donati. Pide el testamento, lo lee, busca alguna opción, pero no consigue encontrar nada, para desesperación de su hija y Rinuccio. De golpe, parece tener una idea, pero le pide a Lauretta que salga a la terraza, deteniendo a Rinuccio, que pretende seguirla. Seguimos escuchando al mismo reparto de antes:

Una vez su hija se va, pregunta si nadie más sabe de la muerte de Buoso. Ante la respuesta afirmativa, pide que no se difunda la noticia, que retiren el cuerpo y rehagan la cama. Pero en ese momento se oye llamar a la puerta. Es el doctor, que no debe entrar bajo ningún concepto en la habitación: 

Para evitar que el doctor entre, todos los familiares le dicen que Buoso está mejor, y que quiere descansar. Pero ante su insistencia, Gianni finge la voz de Buoso y le dice que está bien pero que necesita descansar, y convence así al doctor de que se vaya, orgulloso de que otro paciente suyo no se haya muerto. Los familiares se sorprenden de lo lograda que está la imitación de la voz que Gianni ha hecho de Buoso, pero siguen sin entender cuál es su plan:

Hay que avisar al notario de que Buoso, al haber empeorado, quiere hacer un nuevo testamento. Gianni fingirá ser Buoso, ya que tienen la misma enorme nariz, y en la cama será difícil que se den cuenta del cambio. Y así podrá modificar el testamento. Toda la familia se emociona ante el plan, y Zita manda a Rinuccio a buscar al notario. Todo va muy bien hasta que Simone saca el tema de la división de la herencia. Escuchamos al magnífico Tito Gobbi cantar el aria “Si corre dal notaio”:

No hay problema en el reparto del dinero en contando, a partes iguales entre todos, ni de los bienes de los pueblos de los alrededores. La cosa cambia con los bienes más preciados: la casa, la mula y el molino de Signa. El amor entre parientes no tarda en desaparecer cuando todos se pelean por conseguir ser los herederos, y Gianni se burla de ellos:

El sonido de una campada fúnebre los detiene. Mientras, Lauretta vuelve a entrar en la habitación y Gianni se deshace de ella. Todos piensan que se ha descubierto la muerte de Buoso, pero Gherardo trae la noticia de que ha muerto otra persona. Entonces, Simone decide que sea Gianni el que elija quién se quedará con esos bienes más preciados:

No hay tiempo que perder. Gianni empieza vestirse con las ropas de Buoso, mientras los familiares intentan sobornarlo para que les nombre herederos a ellos. Las mujeres le acuestan y le halagan para conseguir su favor:

Pero Gianni les advierte del riesgo que corren: si son descubiertos, la pena es que les corten la mano y el exilio (de ahí que se deshaga de su hija para que no sepa nada). Gianni canta una canción de despedida a Florencia como si fuera un exiliado Gibelino para recordarles a todos que se estén bien calladitos: 

Llaman a la puerta. Gianni se mete en la cama y todos acogen al notario y los testigos. Gianni imita perfectamente la voz de Buoso, y con la habitación a oscuras no hay forma de verle. Tras pedir que los parientes se queden presentes mientras dicta el testamento, Gianni cede pocas monedas a los monjes, y cuando el notario le dice si no es poco, él contesta que así no pensarán que es dinero robado. Luego reparte los bienes tal como los parientes han estipulado, hasta que llegan a la mula, la casa y el molino de Signa, que lega a Gianni Schicchi, para desesperación de unos parientes cada vez más incapaces de contener su furia. Gianni vuelve a cantar la canción de despedida de Florencia para recordarles que es mejor que sigan fingiendo. La escena está llena de una finísima ironía que la convierte en una comedia absolutamente genial. Terminado el testamento, Gianni le hace a Zita dar de su bolsillo una buena propina al notario y a los testigos, y Gianni los despide. Escuchamos la escena con leo Nucci como Gianni:

Nada más desaparecen el notario y los testigos, los familiares se abalanzan sobre Gianni, pero este se defiende a palos, y ellos aprovechan para robar todos los objetos que pueden de una casa que ya es propiedad de Gianni. Volvemos a escuchar a Tito Gobbi:

Mientras, Rinuccio ha estado ausente de la escena, ya que ha salido a la terraza a encontrarse con su amada Lauretta. Ese será su hogar y podrán vivir felices. Gianni ha conseguido echar a los familiares y recuperar algunos de los objetos que se llevaban, y mira complacido a la pareja. Escuchamos a Carlo del Monte, Victoria de los Ángeles y Tito Gobbi:

Gianni entonces se gira hacia el público y, hablando, comenta que esa es la mejor forma en la que podían terminar los dineros de Buoso: en manos de esta pareja. Su castigo será el infierno, pero si el público se ha divertido, les pide que aplaudan como atenuante a su castigo. Escuchamos el recitado final con Tito Gobbi:

Y así termina la magistral única comedia de Puccini, una maravillosa obra llena de ironía y comicidad. Y concluimos, como siempre, con un Reparto Ideal:

Gianni Schicchi: Tito Gobbi. 

Rinuccio: Roberto Alagna. 

Lauretta: Victoria de los Ángeles. 

Simone: Paolo Montarsolo. 

Zita: Ewa Podles. 

Dirección de Orquesta: Bruno Bartoletti. 

Centenario del estreno de Suor Angelica (14-12-2018)

“Suor Angelica” es la segunda de las tres óperas que componen Il Trittico, y en este caso representa el purgatorio, ya que, si bien su argumento es plenamente dramático, deja una puerta abierta al final a la redención y a la esperanza. 

La historia es una invención original del libretista, el joven Giovacchino Forzano, que fue quien consiguió llevar adelante el proyecto de Puccini de componer un tríptico de tres óperas breves. Si bien su ausencia de argumento durante la primera mitad de la ópera y la ausencia de voces masculinas dificultaron su éxito, era la favorita de Puccini, que tenía una hermana monja, Iginia, a la que solía visitar y en cuyo convento interpretó la ópera al piano, por lo que es más que factible que se inspirara en sus visitas al convento para determinados aspectos musicales. 

Como siempre, antes de comenta la acción de la ópera, dejamos un enlace del libreto. 

Nos encontramos en un monasterio, en las cercanías de Siena, a finales del siglo XVII. Cae la tarde en un día de primavera, y desde el claustro se escuchan los cantos de alabanzas de las monjas, mientras las flautas reproducen el canto de los pájaros que revolotean por los cipreses (la atención de Puccini a estos detalles, en apariencia insignificantes, es asombrosa; escuchamos también, por ejemplo, el repicar de las campanas). Escuchamos la introducción con Victoria de los Ángeles interpretando a la protagonista Suor Angelica:

Las monjas salen de la iglesia, y la celadora recrimina a dos de ellas no haber llegado a la misa, mientras Suor Angelica estaba en penitencia y por eso estaba exenta. La celadora y la maestra de novicias castigan como corresponde las faltas cometidas por diversas monjas. Para el resto, es el momento de descansar después del trabajo, alegrándose por ser ese uno de los tres días en los que, al salir de la iglesia, los rayos del sol brillan en la fuente del claustro y doran el agua; el resto de los días, al salir de la iglesia, o el sol está demasiado alto, o ya se ha ocultado. Escuchamos la escena en la versión dirigida por Lamberto Gardelli:

Una de las monjas, Suor Genovieffa, sugiere llevarle algo de ese agua dorada a la fallecida Suor Bianca Rosa, y todas las monjas creen que las hermanas fallecidas lo desean. Suor Angelica cuenta que los deseos pertenecen a los vivos, ya que la virgen satisface los deseos de los muertos antes de que éstos sean expresados. La Celadora comenta que ellas no pueden tener deseos en vida, y Suor Genovieffa comenta si ninguna de las monjas tiene un deseo. Todas responden negativamente, y ella dice que sí, que tiene uno: volver a acariciar un cordero, ya que antes de ser monja era pastora. Escuchamos la escena con Renata Tebaldi como Suor Angelica:

Suor Dolcina dice que ella también tiene un deseo, pero antes de poder contarlo las demás ya saben cuál es, ya que es golosa, y la condenan por su gula. Cuando le preguntan a Suor Angelica si tiene algún deseo, ella contesta que no, pero todas saben que no es verdad, ya que desea tener noticias de su familia: saben que viene de una familia noble, y que está en el convento como castigo. Llega entonces la Hermana enfermera pidiendo ayuda a Suor Angelica, ya que Suor Chiara ha sido picada por unas avispas, y ella sabe de plantas y flores y le prepara un remedio para la inflamación. Escuchamos la escena, de nuevo con Renata Tebaldi:

Llegan dos hermanas mendicantes con un burro cargado de las limosnas que les han dado, bastante abundantes. Le dan a Suor Dolcina una rama de grosellas, que ella reparte entre el resto de monjas. Escuchamos la escena dirigida por Antonio Pappano:

Una de las hermanas mendicantes pregunta quién ha ido esa tarde al locutorio, ya que fuera hay una berlina de rica apariencia, lo que despierta el ansia de Suor Angelica, que insiste en saber cómo es la berlina que ha llegado. Suena la campana que anuncia la visita; todas las monjas desean que la visita sea para ellas, pero Suor Genovieffa les hace un gesto para que se den cuenta del dolor de Suor Angelica, y deseen que la visita sea para ella. Escuchamos la escena con Cristina Gallardo-Domâs como Suor Angelica:

Hasta ahora, la ópera ha sido casi una descripción de la vida en el convento, no hay acción, no hay argumento. La cosa va a cambiar de inmediato. Llega la Abadesa del monasterio y llama a Suor Angelica. Las demás monjas se van, mientras, ansiosa, Suor Angelica pregunta quién ha venido, ya que lleva 7 años esperando saber algo de su familia. Tras recriminarle ese ansia, la Abadesa le cuenta que ha venido su tía la princesa, y que hable sólo lo que requiera la obediencia o la necesidad. Suor Angelica se dirige al locutorio. Una monja abre la puerta, junto a la abadesa, y ambas se inclinan al paso de una mujer de edad, apoyada en un bastón, vestida de negro, que luce su gran autoridad. Suor Angelica se controla al ver que todavía la abadesa no se ha ido, mientras su tía luce una expresión distante. Escuchamos la escena con Victoria de los Ángeles:

La tía, siempre distante, comenta como, a la muerte de ambos padres de Suor Angelica, le cedieron a ella dividir los bienes familiares cuando correspondiera. Le ofrece un pergamino para que lo firme. Suor Angelica le pide que se deje llevar por el ambiente de piedad del monasterio, pero la tía le recuerda que es un lugar de castigo. Y se dispone a contarle la razón de la división de la herencia. Escuchamos el dúo con Victoria de los Ángeles y Fedora Barbieri:

Su hermana Ana Viola se va a casar. Suor Angelica se alegra por su hermana pequeña, pero al preguntar con quién se casa, recibe de nuevo la dura respuesta de su tía: con alguien que puede ignorar la mancha con la que ella ensució el nombre familiar. Suor Angelica ya no se resiste y se enfrenta a su tía, pero ésta de nuevo consigue imponerse. Seguimos escuchando a Victoria de los Ángeles y Fedora Barbieri: 

La tía muestra el carácter punitivo de su sentimiento religioso, al contarle que, cada día, en el oratorio familiar, siente hablar con su madre, siendo doloroso hablar con quienes se han ido, y al volver sólo tiene un pensamiento para Suor Angelica: que expíe su pecado. A fin de cuentas, el motivo de su visita es que Suor Angelica firme su renuncia a la herencia familiar que le correspondería para dársela a su hermana. Escuchamos el monólogo “Nel silenzio di quel raccoglimento” cantado por Fedora Barbieri: 

Suor Angelica acepta renunciar, ya que le ha ofrecido todo a la Vírgen. Pero hay algo que no puede olvidar: su hijo. Si, ese pecado que le ha llevado al confinamiento en el monasterio: fue madre soltera, y con ello deshonró a la familia. Sólo quiere saber qué es de ese niño, cómo está. Su tía deja asomar levemente un atisbo de humanidad, al mirar con angustia a su sobrina y callar. Suor Angelica se impone y le obliga a hablar. Escuchamos a Victoria de los Ángeles de nuevo:

La tía cuenta que, dos años atrás, el niño sufrió una grave enfermedad, y que se hizo todo lo posible por salvarlo. Suor Angelica pregunta si murió, la tía no responde, agacha la cabeza: la respuesta es obvia. La monja grita de dolor y cae al suelo. La tía se levanta para socorrerla pensando que se ha desmayado, pero al oírla llorar se contiene. Mientras, en el exterior ha caído la noche, así que una monja entra con una lámpara. La tía pide que venga la abadesa con una pluma y tinta. La joven firma el pergamino de su renuncia y se niega a despedirse de su tía, que sale del monasterio. Escuchamos el final del dúo, de nuevo con Victoria de los Ángeles y Fedora Barbieri:

A solas, Suor Angelica llora por la pérdida de su hijo y por no haber podido estar a su lado. Ahora, siendo un ángel celeste, él podrá verla, pero ella ansía el momento de poder reunirse con él, de morir. Escuchamos la conmovedora aria “Senza mamma, o bimbo” cantada por Mirella Freni: 

En ese momento llegan las monjas del cementerio, contentas porque se haya cumplido el deseo de Suor Angelica (pero sin saber qué ha pasado). Ella, extasiada, cuenta que la Vírgen ha extendido su gracia y que es feliz porque ya ve su meta. Se escucha entonces la señal de retirada y cada monja se dirige a su celda, cantando sus alabanzas. Escuchamos a Victoria de los Ángeles cantar esta escena:

En ese momento escuchamos un bellísimo intermezzo sinfónico que retoma el tema del aria “Senza mama”. Sale Suor Angelica, recoge unas flores y agua y prepara una infusión: ella siempre conoce una receta, y en este caso prepara un veneno con el que suicidarse. Se despide a solas de sus compañeras monjas, del oratorio, del monasterio, pero su hijo la ha llamado y la espera. Como extasiada, toma el veneno. Entonces vuelve a la realidad y se da cuenta que ha cometido un pecado mortal al quitarse la vida y que está eternamente condenada. Reza a la Virgen para no morir maldita, y le pide una señal; y así, mientras se escucha un coro de alabanzas, la puerta del oratorio se abre, y dentro una multitud de ángeles abren paso a la Vírgen, que lleva aun niño rubio que acerca a su madre: es el hijo de Suor Angelica.  La monja muere por efecto del veneno, sabiendo que ha sido perdonada (de ahí que la ópera ejemplifique el purgatorio: una redención final tras un pecado mortal). Escuchamos todo el final, desde el intermezzo, magistralmente dirigido por Bruno Bartoletti, con Mirella Freni cantando el papel de Suor Angelica:

Una vez concluida la ópera, terminamos, como siempre, con un Reparto ideal:

Suor Angelica: Victoria de los Ángeles o Mirella Freni. 

Tía Princesa: Fedora Barbieri. 

Dirección de Orquesta: Bruno Bartoletti. 



125 años del estreno de Pagliacci (21-05-2017)


A veces se suele hablar de “compositores de una ópera”, no porque sólo hayan compuesto una (caso de Beethoven y su Fidelio, por ejemplo), sino porque sólo una de las óperas que compusieron se mantiene en el repertorio. Tal podría ser el caso de Amilcare Ponchielli, Francesco Cilea o incluso Pietro Mascagni (algo que no deja de ser injusto, porque si fueron capaces de componer una obra maestra, seguro que en el resto de su obra hay cosas que merezcan la pena), y, sobre todo, es el caso de Ruggero Leoncavallo, gracias a esa joya que es Pagliacci.




Leoncavallo tenía 33 años en 1890, cuando se estrenó con gran éxito “Cavalleria rusticana” de Pietro Mascagni. Leoncavallo tenía la mala suerte de ser de origen humilde, pese a haber estudiado en conservatorio, y tras dar bandazos en ideas para componer una ópera (de entre las que destaca la idea de una trilogía ambientada en el renacimiento, de clara inspiración wagneriana), buscaba tener un éxito como compositor, así que la nueva estética del verismo que impuso la obra de Mascagni le pareció una oportunidad que no podía perder: una obra breve, en un acto y de una hora de duración aproximadamente, ambientada en época contemporánea y en ambientes rurales, con tramas a menudo de carácter violento. Y Leoncavallo tenía una idea.

Como admirador de Wagner, Leoncavallo escribía sus propios libretos, y en este caso, según él mismo decía, se inspiró en unos sucesos que él mismo presenció de niño, cuando su padre ejercía como juez en Montalto Uffugo, en Calabria: su tutor habría sido asesinado, delante de sus propios ojos, a la salida de un teatro, por un rival que estaba enamorado de la misma mujer. Su propio padre fue el encargado de instruir el juicio contra el asesino. Leoncavallo añadía además que había habido otro asesinato al mismo tiempo, ya que un payaso había asesinado a su esposa presa de los celos al encontrar una carta escrita por el tutor. Según él, de aquí surgió el argumento para Pagliacci.

Después del estreno, en cambio, el escritor francés Catulle Mendès le acusó de plagiar una de sus obras, “La femme de Tabarin” (que al parecer Leoncavallo podría haber visto durante su estancia en París), con cuyo argumento comparte demasiados elementos comunes. Leoncavallo consiguió defenderse alegando los sucesos vistos en su infancia y consigue que Mendès retire la demanda, aunque parece que la obra de este autor sí influyó en el argumento de la ópera.

Pagliacci se estrena finalmente el 21 de mayo de 1892 en el Teatro dal Verme de Milán, dirigida por Arturo Toscanini y con un reparto de lujo encabezado por el barítono Victor Maurel. La ópera fue inmediatamente un gran éxito, siendo además una de las muy pocas óperas que se ajustan realmente a la estética del verismo, siendo el resto de la creación de Leoncavallo en su mayoría de carácter mucho más romántico (salvo la hoy prácticamente desconocida “I Zingari”).

Vamos ya a repasar el argumento de la ópera, y antes de nada dejamos un enlace del libreto.

Hay que mencionar que, pese a seguir la estética de la “Cavalleria rusticana” de Mascagni (junto a la que se suele representar generalmente, en programa doble, al tratarse de dos óperas de duración breve), Pagliacci consta de dos actos, además de un prólogo, que canta el que será luego el personaje de Tonio/Taddeo, el papel que cantó Victor Maurel en el estreno. Este prólogo, con introducción orquestal, nos presenta al personaje vestido con su traje de Taddeo (personaje de la commedia dell’arte) que nos cuenta el objetivo del compositor de reflejar en su ópera un pedazo de vida, algo real y creíble, para lo que se remonta a sus recuerdos de infancia, y lo remata con un alegato a favor del propio artista, que es a fin de cuentas un hombre igual que cualquiera del público. Escuchamos ese magnífico prólogo cantado por Giuseppe Taddei:

Comenzamos el primer acto de Pagliacci. Estamos en Montalto Uffugo el 15 de agosto (mezz’agosto) hacia 1865. La calma en el pueblo, en pleno mediodía (insoportable el calor que tiene que hacer en la calle a esas horas) se rompe con el sonido de unas trompas que anuncian la llegada de una compañía itinerante de cómicos. El pueblo jalea a los cómicos que llegan en un carromato:

Canio, el jefe de la compañía, pide la palabra para presentar el espectáculo que tendrá lugar a las 11 de la noche e invitar a todos los presentes al espectáculo. Mientras, un miembro de la compañía con un cierto retraso mental, Tonio, quiere ayudar a Nedda, la mujer de Canio, a bajar del carromato, pero Canio en ese momento lo empuja y es él quien ayuda a Nedda a bajar, mientras Tonio jura vengarse. Los habitantes del pueblo les invitan a beber algo; Canio y Beppe aceptan, mientras Tonio afirma que irá más tarde. Alguien sugiere que se quiere quedar a solas con Nedda para ligar, pero Canio avisa: una cosa es lo que pase en el escenario, donde le ponen los cuernos, y otra la vida real, donde si alguien osa quitarle a su mujer, más le vale prepararse. La gente del pueblo se asusta al ver a Canio tan enfadado, pero él pide perdón y afirma adorar a su esposa. La escena es interrumpido por la llamada a la iglesia, y Canio les recuerda su cita a las 11. Escuchamos la escena con Plácido Domingo como Canio:

Los campesinos se alejan de la escena, en dirección a la iglesia, cantando un magnifico coro:

Mientras, Canio y Beppe se han ido con algunos campesinos a beber algo en la taberna.

Nedda se queda sola, asustada por la violencia que ha visto en sus esposo, ya que tiene algo que esconder. Ella es mucho más joven que Canio, y tiene ansia de vivir. Se fija en los pájaros, en su libertad, en como afrontan cualquier peligro para ir a otro país. Algo que ya nos muestra las intenciones de la joven. Escuchamos el aria de Nedda “Stridono lassù” cantada por Victoria de los Ángeles:

Aparece entonces por sorpresa Tonio. Nedda lo manda a la taberna, pero él se quiere quedar, porque, pese a ser consciente de su deformidad y fealdad, está enamorado de Nedda. Ella se burla de él, ya que ese es el papel que tiene que hacer en la comedia que representan. Tonio pasa entonces de sus declaraciones románticas a otras más violentas. Nedda amenaza con llamar a Canio, pero Tonio la agarra e intenta besarla. Ella entonces coge la fusta con la que azuzan al asno que tira de la carreta y le golpea. Tonio se aleja jurando venganza. Escuchamos la escena con Victoria de los Ángeles y Leonard Warren:

Nada más irse Tonio aparece Silvio, el amante de Nedda. Ella le acusa de imprudente, pero él le dice que no hay peligro, porque Canio está en la taberna. Ella le dice que Tonio anda por ahí y que ha tenido problemas con él. Él le dice si pretende vivir toda su vida en medio de esa angustia, si va a dejarlo en cuanto pase la fiesta, y entonces le pide que huya con él, pero ella se niega. En ese momento, desde un rincón, Tonio les descubre. Silvio piensa que si Nedda se niega a huir con él es porque ya no le ama, y eso le hace a ella decidirse a huir con él. Ambos se besan. Escuchamos el dúo con Joan Carlyle y Rolando Panerai:

No son conscientes de lo que pasa: Tonio ha ido a avisar a Canio, que se acerca silenciosamente, y escucha cómo Nedda pretende huir con su amante esa noche. Entonces Canio grita, y Silvio sale huyendo; Canio no puede alcanzarlo ni reconocerlo. Tonio se burla de Nedda, y Canio vuelve pidiendo a Nedda que le diga el nombre de su amante. Necesita saberlo antes de matarla. Ella se niega a decírselo, y Canio se prepara para matarla, pero llega Beppe justo a tiempo para detenerlo. Intenta calmarlo, ya que la gente vuelve de la iglesia y van a ver la escena, pero no lo consigue. Tonio es más eficaz: le dice que el amante estará esa noche en la representación. Beppe le pide a Canio que vaya a vestirse para la representación. Escuchamos la escena con Carlo Bergonzi como Canio:

Canio se queda solo, lamentando la desgracia de tener que representar algo que acaba de sucederle, mientras la gente se ríe de él. Mientras se viste y se enharina la cara para hacer el papel de Pagliaccio (Payaso), trata de controlar sus sentimientos, que tiene que transformar en muecas cómicas, pero cae presa de la desesperación. Escuchamos el aria “Vesti la giuba”, una de las más famosas de la historia de la ópera, cantada por Giuseppe di Stefano:

Termina así el primer acto de Pagliacci. A continuación nos encontramos con un intermezzo orquestal, similar al de “Cavalleria rusticana”, en el que se retoma un tema escuchado en el prólogo. Lo escuchamos dirigido por Herbert von Karajan:

La belleza melódica de este intermezzo nos ayuda a romper la enorme tensión dramática que acumulábamos en los últimos minutos del primer acto. Y el segundo acto empieza como empezaba el primero, con un coro de la gente del pueblo, que se dirigen a ver el espectáculo. Tonio va invitando a la gente, Nedda cobra y Beppe acomoda a la gente que va agolpándose. Nedda y Silvio se ven un momento, y ella le pide que tenga cuidado, ya que Canio no le ha reconocido:

Comienza la representación de la comedia dell’arte, en la que Canio hace de Pagliaccio, Nedda de Colombina, Beppe de Arlequín y Tonio de Taddeo. Colombina está sola en casa, porque su marido Pagliaccio llegará tarde, y Taddeo no llega a tiempo. Se escucha entonces la serenata de Arlecchino, que está enamorado de ella. Escuchamos la serenata de Beppe/Arlecchino cantada por Piero di Palma:

Colombina va a dar la señal a Arlecchino de que puede subir, pero en ese momento llega Taddeo y le declara su amor. Entra Arlecchino y Taddeo se va viendo que ella ama a otro. Ambos cenan y Arlecchino le da un narcótico para que Pagliaccio se quede dormido y puedan huir juntos. Canio escucha las mismas palabras que le dijo Nedda a su amante, y se preocupa por la actuación. Disimula como puede. Ve que había otro hombre, y ella le hace creer que era Taddeo, que estaba escondido. Él insiste en saber el nombre; ya no está siguiéndola comedia. Nedda intenta recuperar la escena llamándole Pagliaccio, pero él estalla y dice que no es Pagliaccio, sino el idiota que la acogió cuando era una huérfana. Cae desesperado en una silla mientras el público se conmueve por lo real de la escena (no saben bien lo real que es). Una vez recuperado, Canio afirma que esperaba alguna muestra de agradecimiento por todo lo que había hecho por ella, pero ella es una viciosa, una puta a la que despreciar. Nedda entonces se le enfrenta: si no es digna de él, que le deje marcharse. Él lo ve como una forma de huir con su amante, y estalla furioso pidiendo saber el nombre del amante. Ella intenta seguir la comedia diciendo que es Arlecchino, pero ya es tarde: Canio está furioso, exigiendo el nombre del amante, y ella se niega a decirlo, aunque le suponga morir. Beppe intenta calmarlo, pero Tonio se muestra satisfecho al ver cómo se cumple su venganza, y le da un puñal a Canio. Éste apuñala a Nedda esperando que muriendo diga el nombre del amante, lo que ella, efectivamente, hace. Silvio salta al escenario a socorrer a su amada, pero sólo consigue correr su misma suerte y es apuñalado por Canio, que termina diciendo “La comedia ha terminado”. Escuchamos la escena final (en el vídeo aparece primero el Vesti la giuba) con Franco Corelli como Canio, Mafalda Micheluzzi como Nedda y Tito Gobbi como Tonio:

Termina así Pagliacci, una de las óperas más famosas del repertorio y también una de mis favoritas desde que me inicié en el mundo de la ópera.

Terminamos, como siempre, con un Reparto Ideal:

Canio: Franco Corelli.

Nedda: Victoria de los Ángeles.

Tonio: Giuseppe Taddei o Tito Gobbi.

Silvio: Rolando Panerai.

Beppe: Piero di Palma.

Director de Orquesta: Herbert von Karajan.



175 años del nacimiento de Jules Massenet (12-05-2017)




Durante el siglo XIX, París pasó a ocupar el lugar de Viena como capital musical de Europa (o al menos a disputarle el papel), aunque mantenían sus diferencias: mientras en Viena la música instrumental y sinfónica tenía una gran importancia, en París la mayoría de los compositores se dedican a la ópera, dando lugar a algunos de los títulos más representativos del género. Pero la mayoría de los compositores francés (o adoptados) iban muriendo o retirándose hacia mediados de la segunda mitad del siglo, momento en el que una figura emerge por encima del resto de compositores para ser el operista por excelencia de finales de siglo en Francia: Jules Massenet, que nació un día como hoy hace 175 años.




Jules-Émile-Frédéric Massenet nació el 12 de mayo de 1842 en Montaud, actualmente parte de Saint-Étienne, cerca de Lyon:

Su padre, Alexis Massenet, era un industrial del acero, que se casará en dos ocasiones, siendo su segunda esposa Adélaïde Royer de Marancour, aficionada a la música. Jules será el cuarto y último hijo de este segundo matrimonio (en total era el menor de 12 hermanos). Será su madre la que le dé sus primeras lecciones de piano. Pero en 1948, cuando Jules tiene 6 años, la familia se muda a París.

En la capital francesa Jules Massenet estudia en el conservatorio de París piano, órgano, contrapunto y composición, siendo en este último campo su profesor el compositor Ambroise Thomas. Ya desde edad temprana comienza a componer alguna opereta que no ha llegado a nuestros días. En 1962 se presenta al Gran premio de Roma con la cantata Louise de Mézières, pero será al año siguiente cuando se alce con el premio gracias a la cantata “David Rizzio”. Eso le supone un viaje a Italia, siendo admitido en la Villa Medici, donde compone su primera suite para orquesta, en la que ya luce su talento como orquestador y,sobre todo, su gran vena melódica, de herencia francesa pero que él elevará a niveles nunca vistos. Escuchamos el nocturno de esta Suite:

También compone algunas piezas para piano, como este “Souvenir de la campagne de Rome”:

En Roma conoce a Franz Liszt, de quien se hace amigo, hasta el punto de que Liszt le confía la enseñanza de piano de algunos de sus alumnos (lo que nos permite hacernos una idea del talento como pianista de Jules Massenet). Entre estos alumnos que le confía se encuentra Louise-Constance “Ninon” de Gressy, de quien se enamora. Tardarán en casarse hasta que Massenet mejore su situación económica, y que todavía es un estudiante. Finalmente se casan en 1866 y tiene una única hija, Juliette, en 1868.

En 1867 le tenemos ya de vuelta en París, donde intenta estrenar sus primeras óperas (perdidas todas ellas, además de dejar algunas inconclusas). Compone además una Misa de Requiem, también perdida,  y en 1868 conoce a Georges Hartman, quien será su editor. No consigue ningún éxito pese a la protección de su maestro y mentor, Ambroise Thomas, y su carrera se ve interrumpida al enrolarse en la Guardia Nacional durante la guerra Franco-Prusiana de 1870-1871. Tras sobrevivir al sitio de París, huye de a ciudad durante el difícil periodo de la Comuna, trasladándose a Bayona, antes de regresar a la capital en 1872.

Terminada la guerra, su carrera como compositor despega gracias al estreno de la Suite sinfónica Pompeia (compuesta años antes en Italia), la ópera Don Cesar de Bazan, estrenada en 1872, y el oratorio o drama sacro “Marie-Magdeleine” en 1873, de la que escuchamos el aria “O mes soeurs” cantada por Régine Crespin:

Al igual que Gounod, Jules Massenet es un ferviente católico, y sus creencias son evidentes en buena parte de su obra.

Por estas fechas compone también la más famosa de sus canciones, “Élégie”, sobre texto de Louis Gallet, para piano, voz y solo de chelo. La escuchamos cantada por el contratenor Philippe Jaroussky y con Gautier Capuçon al chelo:

Es una época en la que Massenet ha compuesto numerosas canciones, como por ejemplo este “Rêvons, c’est l’heure” sobre texto de Paul Verlaine (texto musicado en innumerables ocasiones, siendo la más destacable la que haría Reynaldo Hahn):

Compone también nuevas suites orquestales, pero sigue esperando conseguir un éxito en la ópera, algo que por fin sucederá en 1877 con el estreno de Le Roi de Lahore, grand’opera en 5 actos en la que luce ya buena parte de su potencial, como las innovaciones orquestales, con la inclusión de un vals para saxo en el extenso ballet:

Luce Jules Massenet también aquí su vena melódica, en especial en el aria no de ninguno de los protagonistas, sino en la del villano, algo inusitado. Escuchamos este aria, “Promesse de mon avenir” en su versión italiana cantada por el gran Mattia Battistini:

Ya un año antes, en 1876, le habían concedido la Légion d’Honor francesa, siendo en 1878 nombrado profesor de composición en el conservatorio de París, donde tendrá entre sus alumnos a muchas de las figuras más relevantes de la siguiente generación de músicos franceses: Reynaldo Hahn, Gustave Charpentier, Alfred Bruneau, Florent Schmitt, Gabriel Pierné, Ernest Chausson o el rumano Georges Enesco. Su ritmo de trabajo es frenético, ya que al parecer comienza a componer a las 4 de la mañana, a parte de su labor como profesor.

En 1880 estrena otro drama sacro, “La vierge”, de la que escuchamos el éxtasis de la virgen cantado por Montserrat Caballé:

Su siguiente ópera sera “Hérodiade”, de ambientación bíblica, aunque basada en la obra de Gustave Flaubert, se estrena en Bruselas en 1881. Escuchamos el aria de Hérodiade “Venge-mou d’une supreme offense” cantada por Marilyn Horne:

Y escuchamos también el aria de Jean (Juan el Bautista) “Ne pouvant réprimer” cantada por Roberto Alagna, en la que podemos apreciar un canto más recitado de lo habitual en Massenet:

Su definitivo gran éxito llega en 1884 con la ópera “Manon”, obra de repertorio en la actualidad, que cuenta con innumerables momentos de gran belleza melódica, como este “Adieu, notre petite table” que canta una insuperable Victoria de los Ángeles:

Y el aria del tenor “Ah, fuyez, douce image”, que escuchamos cantada por Giuseppe di Stefano:

De “Manon” pasa a otra ópera en la que también adapta un clásico de la literatura, pero en esta ocasión traspasa fronteras, de la Francia Rococó a la España medieval de “Le Cid”, ópera que alcanza un gran éxito que no se ha mantenido en el tiempo, pese a varios pasajes famosos que todavía hoy forman parte de los recitales de grandes cantantes, como el aria de Chimène “Pleurez, mes yeux”, que escuchamos cantada por Maria Callas:

Y es que, como es habitual en Jules Massenet, los personajes femeninos tienen una gran importancia en la historia aún cuando no sean las protagonistas, como en este caso. Eso no quiere decir que el personaje de Rodrigue se quede atrás, ya que Massenet le regala un aria que han cantado casi todos los tenores líricos y spinto posteriores, “Ô souverain, ô juge, ô père”, que escuchamos cantada por Franco Corelli:

En 1885 estrena una obra religiosa, el motete para coro Ave Maria Stella:

En 1889 Jules Massenet estrena una ambiciosa ópera, “Esclarmonde”, obra con reminiscencias wagnerianas, con un uso importante del leitmotiv, una orquestación muy cuidadosa y rica y una ambientación exótica, en la que compone un papel protagonista para soprano (para la soprano norteamericana Sybil Sanderson, musa de Massenet, a quien había conocido en 1887 y de la que se rumoreaba en París que era su amante, aunque no parece que esos rumores fuesen ciertos, si bien es cierto que fue una especie de amor platónico para él) de una dificultad tal que ha impedido la popularidad de la obra, ya que incluye un Sol5 que casi ninguna soprano es capaz de cantar:

Ya puestos, vamos a escuchar el bellísimo dúo de amor del segundo acto, en el que Esclarmonde, princesa bizantina, se presenta ante el caballero Roland envuelta en niebla y al que seduce sin que él pueda ver su rostro (el mito de Eros y Psique del revés… Massenet es en el fondo un extraño feminista), dúo que escuchamos cantado por Joan Sutherland y Jaume Aragall:

Tras otra ópera, “La mage”, en 1892 por fin es capaz de estrenar (en Viena, eso sí; el estreno en París tendrá lugar un año después) una obra en la que llevaba años trabajando, la adaptación de la obra de Goethe Werther, de nuevo con notables influencias wagnerianas, una orquestación muy cuidada y por momentos densa y un papel protagonista para tenor lírico de grandes dificultades vocales y expresivas, que llegan a su climax en la bellísima aria “Pourquoi me reveiller” que escuchamos interpretada por uno de sus más míticos intérpretes, Georges Thill:

Pero, de nuevo, pese a que el protagonista es masculino, Massenet da un gran realce al personaje femenino, Charlotte, mezzo-soprano,  al que le da 3 monólogos de diferentes dimensiones (frente a los 4 de él), los tres al comienzo del 3º acto, destacando el primero de ellos, el aria de las cartas, que escuchamos cantada por Christa Ludwig:

Werther tardará en imponerse en el repertorio como lo había hecho Manon, aunque hoy seguramente sea la más popular de las óperas de Jules Massenet.

También en 1892 Massenet estrena su primer ballet, bastante breve, “Le carillon”, que escuchamos dirigido por Richard Bonynge:

La siguiente ópera de Massenet se estrenará en 1894, “Thais”, drama ambientado en un Egipto proto-cristiano, basado en la obra de Anatole France, que cuenta con la que quizá sea la pieza instrumental más famosa del compositor, la meditación para violín y orquesta que escuchamos interpretada por Itzhak Perlman:

Por supuesto, de esta ópera destaca el papel protagonista, el de la sacerdotisa de Venus y cortesana Thais que se convierte al cristianismo. Estrenado por Sybil Sanderson, escuchamos su aria “Dis-moi que je suis belle” cantada por Renée Fleming:

Pero destaca también el personaje del barítono Athanael, el eremita que consigue convertir al cristianismo a Thais para luego sucumbir a sus encantos. Escuchamos un bello monólogo del final del 1º cuadro del 3º acto, cantado (en italiano) por Ettore Bastianini:

Thais fue también una ópera de éxito tardío, ya que tardaría unos 10 años en imponerse. Hoy día goza de una razonable popularidad, y es en mi opinión, junto con Esclarmonde y Werther, una de las obras maestras del compositor.

Las siguientes óperas, “Le portrait du Manon” y “La navarreise” no gozaron de gran popularidad. Por estas fechas también compone algo de música orquestal, como la Fantasía para chelo y orquesta, de 1897:

Tras “Sapho” (de nuevo protagonista femenina), Jules Massenet compone “Cendrillon”, basada en el cuento de Perrault. Una ópera deliciosa que tuvo un éxito inmediato y en laque destaca el aria de la Cenicienta protagonista, “Enfin, je suis ici”, que escuchamos cantada por Federica von Stade:

En 1900 estrena la música de escena para la “Fedra” de Racine, en la que aprovecha una obertura que había compuesto previamente, en 1874:

Ese mismo año estrena el oratorio “La terre promise”, y al año siguiente la ópera “Griséldis”. En 1902, harto de que se le acuse siempre de ser un compositor de mujeres, compone “Le jongleur de Notre-Dame”, basado en la obra de Anatole France, que sólo cuenta con voces masculinas (aunque la soprano Mary Garden interpretó, para horror de Massenet, el papel protagonista de Jean, escrito para tenor). La ópera es bastante fallida, ausente en general esa belleza melódica tan característica del compositor. Escuchamos a Léopold Simoneau cantar el papel protagonista:

Jules Massenet era un pianista virtuoso, y finalmente en 1903 compone un concierto para piano y orquesta, del que escuchamos los movimientos 2 y 3 con Aldo Ciccolini:

En 1905 estrena la ópera “Chérubin”, basada en la obra de Beaumarchais, estrenado por Mary Garden. Escuchamos el aria del protagonista cantada por Joyce DiDonato:

Jules Massenet continúa componiendo óperas y ballets, pero la única ópera reseñable ya será el “Don Quichotte”, estrenado en Montecarlo en 1910 por Fiódor Chaliapin, al que escuchamos cantar la muerte de Don Quichotte:

En 1912 estrena en vida su última ópera, “Roma”, siendo estrenadas de forma póstuma “Panurge” en 1913, “Cléopâtre” en 1914 y “Amadis” en 1922. Enfrascado en su trabajo de compositor hasta el último momento muere en París el 12 de agosto de 1912, con 70 años, a consecuencia de un cáncer, siendo enterrado en Égreville, al sureste de París (ciudad en la que era propietario del castillo local):

Influyente en una nueva generación de compositores franceses, pero también italianos (esa vena melódica tan suya se percibe claramente en la obra de Puccini, por ejemplo), Jules Massenet nos dejó alguna obra maestra, óperas olvidables, pero también un buen número de óperas hoy día bastante olvidadas que se merecerían un lugar mucho más destacado en el repertorio actual. Y aunque sólo fuera por su maravilloso “Werther”, será un compositor al que recordemos siempre.



160 años del estreno de Simon Boccanegra (12-03-2017)


En 1856, Giuseppe Verdi se encontraba trabajando en varios proyectos: la adaptación de “El Rey Lear” de Shakespeare y las revisiones de dos de sus óperas anteriores, “Stiffelio” (que dará lugar a “Aroldo”) y “La battaglia di Legnano”, cuando el Teatro de La Fenice le propone escribir una nueva ópera para ellos, oferta que Verdi rechaza. Pero pocos meses después el libretista Francesco Maria Piave le recuerda la propuesta y le ofrece un libreto, el de “Simon Boccanegra”.




El libreto de “Simon Boccanegra” se basa en la obra teatral del dramaturgo español Antonio García Gutierrez, autor del que Verdi ya había adaptado “Il Trovatore”. Esta obra teatral se inspiraba a su vez en el Dogo genovés, el primero en ostentar tal título en 1339 (los anteriores gobernadores eran designados como tribunos del pueblo, y no eran cargos vitalicios). Perteneciente al partido plebeyo, se tuvo que enfrentar a las principales familias patricias (o güelfas) de Génova, los Spinola, los Doria, los Grimaldi y los Fieschi (todas ellas aparecerán mencionadas en la ópera), que consiguieron echarle de la ciudad en 1347, aunque regresó en 1357, muriendo en 1362, al parecer envenenado. Gutierrez une su figura a la de su hermano Egidio, que era un pirata.

Convencido de este nuevo proyecto, Verdi abandona los demás (sólo la revisión de Stiffelio saldrá adelante) y compone la ópera que se estrenará en La Fenice de Venecia el 12 de marzo de 1857, siendo más bien un fracaso por una trama en exceso enrevesada, un argumento considerado demasiado triste y una abundancia de declamato, frente a una ausencia de grandes pasajes melódicos.

Años después, el editor de Verdi, Giulio Ricordi, insistirá en que el maestro revise esta obra para poder mejorarla. Verdi lo rechaza numerosas veces, pero en 1879 le presenta al libretista Arrigo Boito, que tiene un esquema para una nueva ópera, “Otello”. Verdi, que llevaba varios años retirado, termina interesándose por el proyecto, pero antes de trabajar en él deciden revisar el libreto de “Simon Boccanegra” para ver la química entre ambos, que resultará ser magnífica.

La revisión suprime la obertura, convierte los 4 actos previos en 3 actos y un prólogo y, entre otros muchos cambios, incorpora la escena del consejo del final del primer acto (lo mejor de la ópera), incluyendo las citas de las cartas de Francesco Petrarca para los Dogos de Génova y Venecia.

La revisión se estrena el 24 de marzo de 1881 en La Scala de Milán, con Victor Maurel como Boccanegra y Francesco Tamagno como Gabriele Adorno. El estreno es un éxito, aunque poco después la ópera caerá del repertorio, siendo recuperada en Alemania primero y en Nueva York después en los años 30, siendo actualmente una ópera afianzada en el repertorio, pero siempre empleándose la revisión de 1881.

Se trata de una ópera oscura, en la que la trama amorosa ocupa un lugar secundario frente a las intrigas políticas y las relaciones paterno-filiales, tan habituales en la obra de Verdi.

Pasamos ya a repasar la ópera, pero antes, como siempre, dejo un enlace al libreto.

El prólogo se sitúa en el momento en el que Boccanegra alcanza el título ducal, en 1339. Estamos en una plaza genovesa, frente al palacio de los Fieschi. El orfebre Paolo Albiani y Pietro, líder del partido popular genovés, discuten sobre a quién entregar el mando de la ciudad. Pietro propone al usurero Lorenzin, pero Paolo le sugiere que mejor opción es el pirata que ha devuelto el esplendor a Génova, y Pietro acepta apoyarlo a cambio de una buena recompensa. Paolo odia al partido patricio (estamos en pleno enfrentamiento entre los güelfos patricios y los gibelinos plebeyos en todo el norte de Italia), y convence a Simon Boccanegra, el pirata al que ha hecho venir de Savona, para que acepte el título de Dogo, ya que así podrá conseguir la mano de su amada María, la hija de Fiesco. Mientras, Pietro consigue el apoyo del pueblo. Escuchamos esta introducción con Piero Cappuccilli como Boccanegra, José Van Dam como Paolo y Giovanni Foiani como Pietro:

Todos se van, y entonces sale de su palacio Jacopo Fiesco, líder patricio, que abandona su palacio al haber muerto su hija, a la que mantenía retenida. Fiesco lamenta la muerte de su hija y pide que interceda ante dios por él en el aria “Il lacerato spirito”, que escuchamos en la voz de Nicolai Ghiaurov:

Aparece entonces Simon, y Fiesco se le enfrenta. Simon busca la paz con el padre de su amada, pero Fiesco se muestra inflexible en su enemistad: la única forma de perdonarlo será que le entregue a la hija que ha tenido con Maria, pero Simon no puede hacerlo: la tenía oculta pero al volver un día en su busca se encuentra con que la mujer que la busca ha muerto y que la niña ha desaparecido. Al no poder Simon satisfacer la demanda de Fiesco, la paz en imposible y Fiesco abandona a Simon. Escuchamos el dúo con Piero Cappuccilli como Boccanegra y Nicolai Ghiaurov como Fiesco:

Simon entra entonces para encontrarse con su amada, pero lo que encuentra es su cuerpo muerto. Fiesco se siente satisfecho por la venganza, pero entonces llegan voces de que Simon ha sido nombrado Dogo, lo que enfurece a Fiesco.

Terminado el prólogo, pasamos al primer acto, que se abre con un pequeño prólogo orquestal al que sucede de inmediato el aria de la soprano, Amelia Grimaldi. Han pasado 25 años desde el prólogo, y estamos en el palacio de los Grimaldi, que mira al mar. Amelia, al ver el mar, recuerda una triste noche de su infancia. Escuchamos el prólogo dirigido por Claudio Abbado y el aria “Come in quest’ora bruna” cantada por Mirella Freni:

Escucha entonces la voz de su amado, Gabriele Adorno, que viene a verla. Ella se muestra preocupada por su actividad política junto a Lorenzin y a Andrea, quien la ha criado como si fuera su padre. Gabriele intenta calmarla, pero Amelia se asusta al ver a un hombre, ya que todos los días aparece. Gabriele piensa que puede ser un rival, y entonces llega el aviso de que el Dogo va a visitar ese palacio, para conseguir la mano de Amelia para su favorito. La única solución es que se casen de inmediato, por lo que Gabriele parte en busca de Andrea. Escuchamos este dúo con Carlo Bergonzi y Antonietta Stella:

Aparece entonces Andrea, y Gabriele le pide la mano de Amelia. Andrea entonces le cuenta que ella tiene un secreto por el que quizá él no la ame: no es de noble familia. La hija de los Grimaldi murió en un convento, y ese mismo día llegó al convento una huérfana, a la que se hizo pasar por Amelia para que el Dogo no se apropiara de los bienes de la familia. Gabriele acepta su mano igualmente, y Andrea bendice la unión. Escuchamos este dúo con José Carreras como Gabriele Adorno y Nicolai Ghiaurov como Andrea Grimaldi:

Ambos parten, y llega el Dogo, Simon Boccanegra, para conseguir la mano de Amelia para su hombre de confianza, Paolo. Habla con Amelia; sus hermanos están en el exilio por negarse a reconocer al Dogo, pero él les perdona. Él le habla entonces de por qué esconde su belleza, sugiriendo el tema del amor, y ella le dice que Paolo busca la riqueza de los Grimaldi, pero entonces le confiesa que ella no es una Grimaldi: es una huérfana acogida por una mujer en Pisa, mujer a la que perdió, y que le había entregado el retrato de su madre. Simon empieza a darse cuenta de lo que pasa: les visitaba un marinero, la mujer se llamaba Giovanna, y el retrato que le enseña Simon es el mismo que tenía ella: Amelia Grimaldi es en realidad la desaparecida Maria Boccanegra, la hija de Simon. Él se lo dice y ambos se abrazan como padre e hija. Escuchamos el dúo con Piero Cappuccilli y Mirella Freni:

Boccanegra se encuentra entonces con Paolo y le niega la mano de la supuesta Amelia antes de irse. Paolo, ofendido por saber que Simon le debe el trono, planea raptarla con la ayuda de Pietro y esconderla en casa de Lorenzin, que tendrá que acceder ya que Paolo conoce sus planes y piensa ayudarle.

Cambiamos de escena, llegamos al mejor momento de la ópera, la escena del consejo. Estamos en la sala del consejo del Palacio Ducal de Génova, donde Simon está sentado en el trono, rodeado por doce consejeros patricios y otros doce plebeyos, entre los que se encuentran Paolo y Pietro. Simón trata de asuntos políticos, como la relación con los Tártaros, que les permiten navegar por el mar negro (hablamos de los Tártaros de Crimea, y Génova tenía colonias en Crimea). Más difícil será conseguir que sus consejeros acepten el mensaje que les envía Francesco Petrarca para que firmen la paz con la rival Venecia, ya que ambos son italianos, cosa que los consejeros no comparten. Pero entonces se escucha un clamor; el pueblo se ha levantado contra Simon liderado por Gabriele Adorno y un Güelfo (no se menciona, pero es Andrea), y llegan a pedir la muerte de Dogo. Mientras, Pietro le pide a Paolo que huya antes de que se sepa la verdad. Simon ordena que se abran las puertas, y el pueblo pasa a alabar a Simon y entrega a Gabriele: ha matado a Lorenzin porque había raptado a Amelia, pero el problema es que un hombre poderoso está detrás del crimen, y Gabriele sospecha de Simon, ya que Lorenzin murió antes de poder decir quién era ese hombre poderoso. Gabriele va a matar a Simon, pero entonces, para sorpresa de todos, aparece Amelia que lo detiene (y pide a Simon que lo salve). El Dogo interroga entonces a Amelia para saber qué ha pasado: fue raptada en la playa por tres hombres y llevada a casa de Lorenzin, de donde pudo huir amenazándole con contarle sus planes al Dogo. Pero sabe que hay alguien detrás, y sin decir su nombre mira a Paolo. Patricios y plebeyos, al no saber de quién se trata, comienzan a enfrentarse. Escuchamos esta escena con Giuseppe Taddei como Simon, Gianfraco Cecchele como Gabriele, Renato Cesari como Paolo y Antonietta Stella como Amelia:

Simon entonces, con su autoridad, increpa a todos por sus venganzas fratricidas, y clama por la paz, al igual que Amelia, mientras Gabriele se calma a ver a Amelia a salvo y Paolo busca vengarse. Escuchamos este estupendo concertante con Piero Cappuccilli cantando esa bellísima que es “Y voy gritando paz, y voy gritando amor”:

Simon detiene por una noche a Adorno hasta que se esclarezca lo sucedido. Entonces llama a Paolo, ya que él sospecha que es quien está detrás de todo, y le obliga a maldecir al villano que ha estado detrás del secuestro. Paolo se ve obligado a maldecirse a sí mismo, lo que le hace entrar en pánico. Escuchamos el final del primer acto con Leo Nucci interpretando a Simon Boccanegra:

Comenzamos el segundo acto de Simon Boccanegra. Estamos en las estancias del Dogo en el Palacio Ducal. Paolo le ordena a Pietro que traiga de la cárcel a Gabriele y a Andrea. Mientras, atemorizado por haberse maldecido a sí mismo, prepara su venganza: vierte un veneno en la copa de Simon, pero trama también un complot contra él. Llegan los prisioneros, y Paolo le ofrece a Andrea, que ya ha sido identificado como Jacopo Fiesco, asesinar a Simon, cosa que el anciano rechaza, lo que le supone volver a la cárcel. Escuchamos esta escena con Ángel Ódena como Paolo:

Paolo hace que Gabriele se quede, convenciéndolo de que Simon ama a Amelia, y además le tiende una trampa dejándole atrapado en las estancias del Dux. Desesperado ante la idea de que Simon le quite a Amelia, igual que acabó con su padre, desea acabar con él, pero al mismo tiempo desea que Amelia permanezca pura. Escuchamos el aria de Gabriele “Sento avvampar nell’anima”, que escuchamos cantada por Carlo Bergonzi:

En ese momento llega Amelia, que confiesa que ama a Simon pero de una forma que él no puede imaginar, pero no quiere revelarle todavía el secreto, lo que le desespera más a Gabriele, que está convencido para matar a Simon. Escuchamos este dúo con Zinka Milanov y Richard Tucker:

Como llega Simon, Amelia esconde a Gabriele en el balcón. El Dogo se da cuenta de que a su hija le pasa algo; está enamorada, pero al confesar que su enamorado es Adorno Simon estalla en furia, ya que es su enemigo, que conspira junto con los güelfos, y no puede perdonarlo. Aunque si se arrepiente le perdonará, nueva muestra de su piedad. Pide que le deje sólo, y lamenta su suerte, mientras bebe de la copa de su habitación. Escuchamos esta escena con Piero Cappuccilli y Mirella Freni:

Cuando Simon se duerme, entra Adorno con la intención de matarlo, pero entonces se interpone Amelia. Simon despierta, y preso de la furia le dice que ya se ha vengado por la muerte de su padre al haberle robado a su hija. Adorno, al escuchar que Amelia es la hija de Simon, se arrepiente de sus celos. Amelia solicita la piedad de su padre, que duda si debe salvarle. Se escucha entonces la revuelta de los güelfos, pero Adorno se niega a luchar contra Simon, que le envía como emisario e paz. Si esto no sirve, luchará a su lado, y Amelia será su premio. Escuchamos el final del segundo acto con Piero Cappuccilli, Jaume Aragall y Ann Tomowa-Sintow:

Comenzamos el tercer acto de Simon Boccanegra. Estamos en el palacio ducal. Se escuchan gritos de alabanza al Dogo. Fiesco es liberado de la prisión, pero lamenta la derrota de los güelfos. Entonces se encuentra con Paolo, que es conducido al patíbulo por haber conspirado contra Simon, pero le dice que ha envenenado al Dogo, lo que merece el desprecio de Fiesco. Paolo se horroriza al oír las campanas de boda de Adorno con aquella a la que quiso raptar, lo que hace que Fiesco se entere de quién fue el culpable. Una vez sólo, lamenta que Simon acabe así, ya que no es la venganza que él tenía planeada. Llega Simon, agonizante, y entonces se le aparece Fiesco, al que por fin reconoce Simon, deseoso de venganza, pero Simon le dice que llegaron a un acuerdo de paz: si le daba a su hija, harían las paces. Pues ahora ha encontrado a su hija en Amelia Grimaldi, y Fiesco llora por descubrirlo tan tarde. Entonces le cuenta a Simon que ha sido envenenado, pero éste le dice que no le diga nada a Amelia, porque quiere bendecirla una última vez. Escuchamos este dúo con Piero Cappuccilli y Nicolai Ghiaurov:

Llegan Anelia y Adorno, sorprendidos de ver a Fiesco junto a Simon; éste les cuenta que Fiesco es el abuelo de Amelia, lo que alegra a la joven. Pero la alegría no puede durar: Simon está muriendo. Bendice a la pareja y da sus últimas instrucciones: Adorno debe de ser su sucesor, y Fiesco el encargado de que se cumpla su palabra. Simon muere, y Fiesco anuncia al pueblo que Adorno es el nuevo Dogo. Cuando estos reclaman a Boccanegra, él les dice que ha muerto y que rueguen por él, terminando así la ópera. Escuchamos el final con Piero Cappuccilli, Jaume Aragall, Anna Tomowa-Sintow y Paul Plishka:

Terminamos como siempre con un Reparto ideal:

Simon Boccanegra: Piero Cappuccilli.

Amelia Grimaldi/Maria Boccanegra: Mirella Freni o Victoria de los Ángeles.

Gabriele Adorno: Carlo Bergonzi.

Jacopo Fiesco/Andrea Grimaldi: Nicolai Ghiaurov.

Paolo Albiani: José Van Dam o Leonard Warren.

Director de Orquesta: Claudio Abbado.



125 años del estreno del Werther de Massenet (16-02-2017)


Desde su publicación en 1774, la novela “Las desventuras del joven Werther” se convirtió en un gran éxito, el primero en la carrera de su autor, Johann Wolfgang von Goethe. Ello llevó a que algunos compositores quisieran llevar la obra al teatro y transformarla en una obra, cosa que hará por ejemplo Rodolphe Kreutzer en 1792. Y hubo más intentos, pero ninguno de ellos se asentó en el repertorio de los teatros de ópera.




Y es que la novela de Goethe es especialmente difícil de trasladar a la escena teatral, ya que es una novel epistolar: toda ella está contada a través de cartas que se escriben los personajes, en especial el propio Werther, un joven que, desesperadamente enamorado de una chica que se casa con otro, termina suicidándose. El argumento es sumamente atractivo, pero el trabajo de adaptarlo al escenario con un resultado aceptable resultaba un reto casi insalvable.

Pero allí está Jules Massenet, uno de los más grandes compositores de ópera francesa. Siempre se le había acusado de dar un gran protagonismo en sus óperas a los personajes femeninos, y Werther sería una buena opción para acallar esos argumentos. Massenet ya comienza a trabajar la idea desde 1880, pero será en 1885 cuando comience la composición de la obra.

Los libretistas, Édouard Blau y Paul Milliet, se enfrentan al duro trabajo de trasladar los numerosos episodios que cuentan las cartas a unos pocos, apenas 2 (a parte de los dos últimos actos, basados en el tercero de los libros que forman la novela, y que cuenta Guillermo, el amigo de Werther a quien éste dirige muchas de sus cartas, que reconstruye la historia del último día de vida del joven). Para ello aumentan el protagonismo del personaje femenino, Charlotte, y hasta cierto punto negativizan el de Albert, el marido de ella. El trabajo fue realmente magistral, ya que en estas dos escenas (los dos primeros actos) ya conseguimos entrar en la psique de Werther que tan bien plasman las cartas de la novela.

Massenet termina de componer la ópera en 1887, pero, al presentársela a Léon Carvalho, director de la Opera-Comique de París, éste la rechaza, ya que el argumento es demasiado oscuro, demasiado triste (demasiado poco francés quizá… en su opinión, porque la ópera rezuma melodismo francés en cada compás de la partitura). Para colmo, un incendio en una sala de la Opera-Comique detiene las representaciones en este teatro, y Massenet empieza a trabajar en otros proyectos, en especial Esclarmonde (ópera no muy conocida pero realmente magistral, en mi opinión la mejor de Massenet tras la propia Werther).

Pero la ópera no podía quedar en el baúl de los recuerdos. El exitoso estreno en Viena de una ópera anterior de Massenet, Manon, con gran éxito, lleva a la Ópera de Viena a proponerle a Massenet la realización de una nueva ópera. Pero para qué componer una nueva ópera si tiene una inédita… y así, el 16 de febrero de 1892 se estrena en el Hofoper de Viena Werther, traducida al alemán. A finales de año, se estrena la versión francesa en Ginebra, y el éxito de esta nueva ópera lleva a Carvalho a cambiar de opinión y estrenarla en su teatro parisino el 16 de enero de 1893.

Pese a todo, Werther no termina de cuajar en Francia, donde estará siempre por detrás de Manon hasta los años 50. En cambio, Werther será un gran éxito en otros muchos teatros fuera de Francia, y terminará por convertirse en la más popular de las óperas de Massenet, por delante de la propia Manon. Lógico, ya que es una obra maestra, como veremos en seguida.

El personaje de Werther está escrito para tenor, pero en 1902 el propio Massenet escribe una adaptación para barítono, inicialmente prevista para Victor Maurel pero finalmente dedicada a Mattia Battistini.

He de confesar que, tras La Boheme de Puccini, esta es mi ópera favorita, con multitud de momentos emotivos y musicalmente espléndidos. Así que vamos a conocerla más a fondo.

Antes de nada, dejamos como siempre un enlace del libreto.

La ópera comienza con un preludio en el que se diferencian dos temas: el primero, dramático, frente a uno mucho más tranquilo, el que luego cantará Werther en su primera intervención, la invocación a la naturaleza, para presentarnos el carácter soñador del joven. Escuchamos el preludio dirigido por Colin Davis:

Comenzamos el primer acto. Estamos en la ciudad de Wetzlar, en el Hesse, más o menos cerca de Frankfurt, hacia el año 1780. La acción de la ópera transcurre en ese año, comenzando en el primer acto en el mes de julio. Nos encontramos en la entrada de la casa de Le Bailli, el magistrado de la ciudad. Risas de niños que juegan. Son los 6 hijos pequeños de Bailli, que intenta que ensayen un villancico, aunque sólo consigue convencerles de que se formalicen al decirles si quieren que su hermana Charlotte les escuche así. Entran entonces dos amigos del magistrado, Schmidt y Johann, sorprendidos de ver a su amigo ensayando un villancico en pleno julio. De la conversación que sigue nos vamos enterando de cosas. Aparece Sophie, la segunda hija de Bailli, siendo Charlotte la primera. Sabemos que el magistrado es viudo, que las dos hermanas mayores cuidan de la familia y que esa noche hay un baile para el que se están preparando. También nos enteramos que Albert, el prometido de Charlotte, está a punto de volver de su viaje de negocios. Y hablan también de un personaje recién llegado, el joven Werther, un diplomático muy estimado por el príncipe pero no tanto por los dos amigos, que lo consideran un pésimo cocinero y un peor bebedor. Finalmente, todos se retiran, dejando el porche vacío. Vemos esta primera escena de la ópera:

Con el porche vacío, un niño guía a un joven hasta el lugar: es Werther. Tras despedir a su guía, se pasea por el jardín de la casa, elogiando el entorno natural en el que se encuentra (primera de las 4 arias de Werther, “O nature, pleine de grâce”). Werther escucha entonces a los niños cantar, y vemos su carácter melancólico cuando compara la alegre vida de los niños con la amarga de los adultos como él. Entonces Werther se sienta en la fuente del porche cuando salen los niños y Le Bailli con Charlotte, que espera a los amigos que le han de llevar al baile, que se han retrasado. Mientras da de merendar a sus hermanos. Le Bailli ve entonces a Werther y le da la bienvenida, mientras Charlotte se disculpa por tener que ejercer de madre de sus hermanos. Llegan el resto de los amigos, Brühlmann y Käthchen para ir a la fiesta, y Charlotte hace que uno de sus hermanitos abrace a su “primo”, mientras Werther se sorprende de ser ya considerado primo. Charlotte deja a Sophie a cargo de sus hermanos. Escuchamos esta escena (y el aria) con Roberto Alagna como Werther:

Werther ve a Charlotte besar a sus hermanos y se conmueve ante lo que ve, ya que sueña con pasar su vida en un ambiente así. Y después Werther y Charlotte van a la fiesta. Escuchamos ese “O spectacle idéal” cantado por el gran Georges Thill:

Sophie entonces le recuerda a su padre que ha quedado con sus amigos en la taberna; él no quiere dejarle sola con los niños, pero ella insiste y él finalmente se va. En ese momento aparece Albert por sorpresa, y habla con Sophie de su futura boda. Sophie entra en casa dejando sólo a Albert, que pensando que Charlotte le ama, espera ver su reacción al verle. Escuchamos el aria “Quelle prière” cantada por Joan Martín-Royo:

Una vez Albert entra en casa tenemos un intermedio orquestal, el claro de luna, que aunque ya hemos escuchado en el vídeo anterior, volveremos a oir en el próximo, esta vez en la insuperable versión dirigida porGeorges Prêtre. Mientras la luna ilumina el jardín, aparecen Werther y Charlotte del brazo. Ella dice que es el momento de despedirse, que es hora de dormir, pero Werther está embrujado por Charlotte, no le importa qué hora sea, sólo desea estar junto a ella y contemplarla. Ella le dice que él no sabe nada de ella, pero él ya ha reconocido la gran persona que es al ver cómo trata a sus hermanos. Ella recuerda a su desaparecida madre, a quien le gustaría volver a ver para saber si está cumpliendo con lo que le prometió antes de morir, y menciona cuánto la echan todos de menos, en especial los niños que no entienden por qué se ha ido. Escuchamos este dúo con Nicolai Gedda y Victoria de los Ángeles:

Werther ya está casi delirante de amor hacia Charlotte, fascinado por Charlotte, y le confiesa su amor y admiración. Ella aturdida, quiere entrar en casa, pero en ese momento se escucha a su padre avisarla de que Albert ha vuelto. Ella se había olvidado de él, el hombre con el que le juró a su madre antes de morir que se casaría. Werther acepta que ella tiene que casarse con él, pero asume que eso significa su muerte, y termina el primer acto con su desesperado grito de “Otro es su esposo”, grito que volveremos a escuchar más adelante. Escuchamos ese final del primer acto de Werther con Georges Thill y Ninon Vallin:

Comenzamos el segundo acto de Werther. Estamos en la plaza del pueblo, ante la iglesia. Han pasado 3 meses, estamos en septiembre. Es domingo, y el pastor celebra sus bodas de oro. Schmidt y Johann, en vez de estar en misa, están bebiendo en la taberna. Se retiran al interior cuando llegan Albert y Charlotte, que llevan ya 3 meses casados. Albert se muestra feliz junto a ella, aunque nota que su comportamiento ha cambiado, ya no es la jovencita que era. Ambos entran en la iglesia. Escuchamos el breve dúo de la nueva pareja cantado por Thomas Allen y Federica von Stade:

Pero alguien ha contemplado a la pareja: es Werther, que no soporta ver cómo otro es el esposo de Charlotte. Así Werther aparece en el segundo acto repitiendo las últimas palabras del primero. Con dolor cuenta lo que él esperaba, tener a Charlotte junto a él. Tenemos así la segunda aria de Werther, “J’aurais sur ma poitrine”, que le escuchamos a Alfredo Kraus:

Werther se desploma sobre un banco, mientras Schmidt y Johann tratan de consolar a Brühlmann, al que su novia Käthchen ha dejado. Los tres se van en dirección al baile cuando Albert sale de la iglesia, ve a Werther y se dirige hacia él. Le dice que está preocupado, porque sabe que Werther, al conocer a Charlotte cuando todavía estaba soltera, pudo haberse hecho ilusiones que ahora no son posibles, pero Werther le tranquiliza (le miente) diciéndole que esos sueños están ya olvidados. Aparece entonces Sophie, que alegremente le dice a Werther que quiere bailar el primer baile con él. Albert le sugiere que la felicidad podría encontrarla cerca, refiriéndose a Sophie. Escuchamos esta parte con Roberto Alagna y Manuel Lanza (en las funciones bilbainas que vi en vivo… dos veces de hecho):

Escuchamos ya de tirón el resto del acto. Werther se queda sólo, atormentado por tener que mentir, o de lo contrario sufrir la vergüenza. Piensa en huir, pero es incapaz de alejarse de Charlotte. Precisamente Charlotte sale de la iglesia en ese momento, reconfortada por la oración. Werther la llama, y recuerda el día en la que la conoció. Charlotte le recuerda que Albert la ama y es su esposo, a lo que Werther contesta que quién no va a amarla. Charlotte le dice si no habrá otra mujer a la que pueda amar, pero viendo que Werther le sigue amando, le pide que se vaya, lo que hace enloquecer a Werther. La ausencia puede hacer olvidar, pero Werther afirma no ser capaz de olvidarla. Charlotte entonces le dice que no tiene por qué olvidar, que piense en Charlotte, en su bienestar; Werther quiere su felicidad, claro, pero la idea de no volver a verla le resulta imposible. Ella entonces le dice que podrá volver a verla en navidad y se va. Y llegamos al punto culminante de la ópera desde el punto de vista dramático: Werther sabe que quizá no sea capaz de aguantar hasta la navidad, que quizá su destino sea quitarse de en medio. ¿Sería eso un pecado? Evocando la parábola del hijo pródigo, piensa, por el contrario, que dios lo acogerá en su seno, y preso de la desesperación, le pide a dios que lo llame, en un impactante si natural agudo; es la tercera aria de Werther, “Lorsque l’enfant”. Aparece Sophie en ese momento buscando a Werther para el baile que le ha prometido, pero él huye diciendo que no volverá nunca. Sophie se echa a llorar, y al verla así Charlotte le pregunta que qué le pasa; ella le cuenta que Werther se ha ido para siempre, lo que consterna a Charlotte y le hace ver a un suspicaz Albert que Werther ama a Charlotte. Escuchamos el dúo y el aria con Piotr Beczala y Elina Garanca:

El tercer acto de Werther comienza con un preludio orquestal que, a diferencia del anterior, no tiene ningún tema que aplaque la tensión, aquí todo es dramatismo. El preludio no termina, enlaza directamente con el comienzo del acto. Escuchamos la parte orquestal dirigida por Georges Prêtre:

Es nochebuena, por la tarde. Estamos en el salón de la casa de Albert. Charlotte está sola, releyendo las cartas que Werther le sigue enviando; le echa de menos. Lee cartas en las que Werther le habla de su tristeza, de lo solo que se siente, o de cómo escucha los gritos los niños y recuerda a los instantes que pasó junto a sus hermanos, que seguro que le han olvidado (en la novela queda claro que Werther no sólo tiene una relación especial con Charlotte, también con el resto de la familia, incluso con Albert, por lo que alejarse de ellos le supone quedarse absolutamente solo). Charlotte espera el momento en el que Werther regrese, pero entonces recuerda la última carta que le ha enviado, en la que le dice que, si no vuelve por navidad, tendrá que llorarle. Escuchamos esta maravillosa aria de las cartas de Charlotte cantada por Teresa Berganza:

Por cierto, si la perfección no existe, esto se acerca bastante… voz cálida y aterciopelada, técnica impecable, estilo perfecto, dicción francesa correcta y encima una interpretación contenida pero emotiva. Magnífica Berganza, sin duda.

En ese momento llega su hermana Sophie, que le dice que su padre está enfadado porque ya no les visita. Entonces se da cuenta de que Charlotte está triste; Sophie siempre está risueña, pero se da cuenta de que algo pasa, de que Charlotte está así de triste desde que Werther se fue; Sophie no entiende por qué les ha dejado así, pero el hecho de que le hable de Werther emociona más a Charlotte, que empieza a llorar, y le dice a Sophie que las lágrimas son la forma de desahogarse cuando ya no quedan fuerzas para aguantar más (aria “Va! laisse couler mes larmes”, bellísima). Sophie le dice que todo se arreglará si va a visitarles, y que su padre ha ensayado unos villancicos con los niños; ella recuerda que es navidad y la última carta de Werther. Pero Sophie insiste en que vaya a visitarlos, y Charlotte termina aceptando. Sophie se va, pero Charlotte la llama para abrazarla. Se encuentra emocionalmente agotada y, una vez sola, le pide ayuda a dios. Pero en ese momento aparece Werther por la puerta. Vemos esta escena de nuevo con la gran Teresa Berganza:

Werther dice que ha vuelto el día fijado, aunque hasta el último momento estaba dudando. Charlotte le dice que por qué no ha ido antes, que toso le echan de menos, su padre, los niños… Werther le pregunta si ella también, y ella cambia de tema diciendo que nada ha cambiado en la casa (menos los corazones, según Werther). Se fijan en los libros o en el clavecín, pero Werther se fija también en las armas con las que Werther ve la forma de librarse de sus sufrimientos. Charlotte le recuerda entonces el poema de Ossian que Werther tiene que terminar de traducir. Escuchamos esta escena con Nicolai Gedda y Victoria de los Ángeles:

Werther traduce los versos del poema en la que será su aria más conocida (la 4ª que tiene en la ópera), “Pourquoi me reveiller”, que escuchamos a Alfredo Kraus:

Vamos a escuchar dos versiones más de este aria. La primera, en su traducción italiana, cantada por Carlo Bergonzi. Atención a cómo colorea cada sílaba del texto para darle la expresividad adecuada:

Y ahora la versión para barítono. Como por desgracia no encuentro en Youtube la grabación de Mattia Battistini, tendremos que escuchar la de Thomas Hampson:

Charlotte le detiene; se da cuenta de que el sufrimiento que describe el poema es el del propio Werther. Pero él insiste en que se dejen de mentir y fingir, que los dos se aman. Charlotte intenta contenerse, pero acaba besándose con Werther. En ese momento ella reacciona, sale huyendo y le dice a Werther que no volverá a verla. Werther, desesperado, se da cuenta de que ha llegado su final. Escuchamos esta escena con Roberto Alagna y Elena Zhidkova:

Werther sale corriendo, y al momento llega Albert, mosqueado porque sabe que Werther ha vuelto (la ópera negativiza a Albert y hace que Charlotte sea mejor), y llama a Charlotte, que está turbada. Llega un mensajero de Werther que le pide prestadas las pistolas a Albert para un largo viaje. Albert le ordena violentamente a Charlotte que se las entregue. Al momento Charlotte sale corriendo, presintiendo lo que Werther va a hacer (en la novela se va tranquilamente a la cama).

Noche de tormenta. Tenemos un intermedio entre los actos tres y cuatro, que escuchamos de nuevo dirigido por Georges Prêtre:

Llega Charlotte a casa de Werther, que está oscura. Ve rastros de sangre y encuentra su cuerpo tirado en el suelo; se ha pegado un tiro. Pero todavía está vivo, y él le pide perdón. Ella le dice que la culpa es de ella, pero el le dice que lo ha hecho todo bien, ya que así permanece inocente. Y cuando ella va a salir a buscar ayuda, él la detiene; mejor que estén los dos solos: así Werther puede confesarle su amor, y ahora ella también confiesa que le ama, y le devuelve el beso que le dio. Se escucha a los niños cantar un villancico, lo que para Werther es una señal de su redención, pero cae de nuevo al suelo y en sus últimos instantes le da instrucciones a Charlotte sobre dónde quiere que le entierre. Y mientras se escuchan en la calle las risas de la fiesta de nochebuena, Werther muere y Charlotte se desmaya sobre su cuerpo. Escuchamos el dúo final con Roberto Alagna y Elena Zhidkova:

Y así termina esta maravillosa ópera.

Y concluímos como siempre con un Reparto Ideal:

Werther: Georges Thill, Nicolai Gedda o Roberto Alagna. Venga, vale, acepto a Alfredo Kraus, pero sólo en grabaciones en vivo, y lo más tempranas posibles. En italiano, Carlo Bergonzi.

Charlotte: Preferiblemente una mezzo, la mejor es Teresa Berganza. Si tiene que ser soprano, Victoria de los Ángeles.

Albert: Thomas Hampson.

Sophie: Patricia Petibon.

Director de Orquesta: Georges Prêtre o Antonio Pappano.



In Memoriam: Nicolai Gedda (08-01-2017)


Cuando cualquiera se introduce en el mundo de a ópera, hay siempre algún cantante que influye desde el comienzo en su pasión por el género y en su forma de ver la ópera. En mi caso hay unos cuantos cantantes que han marcado mi vida como operófilo, siendo uno de los más importantes el gran Nicolai Gedda. Hace unos días nos enteramos de que había muerto hace más de un mes, el 8 de enero, así que vamos a dedicarle un post para recordar a un artista al que nunca debemos olvidar.




El nombre de nacimiento de Nicolai Gedda era Harry Gustaf Nikolai Gädda (cambiaría años después el apellido por Gedda). Nació el 11 de julio de 1925 en Estocolmo, en el seno de una familia pobre, de madre sueca y padre de origen ruso. Fue por ello adoptado por su tía Olga Gädda y el marido de ésta, Michael Ustinov (pariente del actor Peter Ustinov). El pequeño Nicolai era bilingüe desde su niñez, hablando el sueco y el ruso. En 1929 se trasladan a Leipzig, donde añade un nuevo idioma, el alemán.

Su padre adoptivo había cantado como bajo en el coro de cosacos del Don, y canta en el coro de la iglesia ortodoxa de Leipzig. Por influencia de sus padres adoptivos, Nicolai Gedda estudia música y canta en un cuarteto de niños.

En 1934, con la llegada de Adolph Hitler al poder, la familia abandona Alemania y regresa a Estocolmo. Gedda canta en el coro de la iglesia, pero un accidente vocal le hace abandonar la carrera de canto, y comienza a trabajar en un banco. Mientras, en la escuela aprendió inglés, francés y latín, además de estudiar italiano por su cuenta. Desde joven Nicolai Gedda era políglota.

Un día le dice a un cliente que está buscando un profesor de canto, y éste le aconseja que busque a Carl Martin Öhman, antiguo Heldentenor que ya había descubierto al otro gran tenor sueco de la historia, Jussi Björling, y que más tarde descubriría al gran bajo finés Martti Talvela. Öhman se entusiasma al escucharle y lo toma como aprendiz (no tenía mal ojo este hombre, desde luego).

En abril de 1952 debuta en la Ópera de Estocolmo cantando en sueco el papel protagonista de “Le postillon de Lonjumeau” de Adolphe Adam. Su éxito fue inmediato, y no tardó en grabar el aria “Mes amis”, la más famosa de la ópera, en sueco, con un Re sobreagudo que ya nos muestra su increíble habilidad en el registro sobreagudo:

Con una voz maleable y un dominio de tantos idiomas, su repertorio fue inmenso,tanto en ópera como en lied y repertorio de concierto. Tanto la temprana grabación del Dimitri en un Boris Godunov protagonizado por Boris Christoff, como el ser descubierto por Herbert von Karajan, lanzaron desde el comienzo su carrera discográfica, una de las más abundantes en un cantante de ópera. Publica sus memorias en 1977 con la ayuda de la escritora Aino Sellermark, con la que finalmente se casará en 1997.

Repasar el repertorio de Nicolai Gedda es realmente arduo, pero vamos a hacer lo que podamos. Hay que destacar que, al tener un repertorio tan amplio, interpretó óperas poco conocidas, como por ejemplo “Le devin du village” de Jean-Jacques Rousseau:

Llegó a cantar incluso alguna ópera barroca, como “Platée” de Rameau, de la que se conserva grabación, además de óperas de Christoph Willibald Gluck, como “Orfeo ed Euridice”, de la que escuchamos el famoso “J’ai perdu mon Euridice”:

Cantó también la “Iphigénie en Tauride”, de la que escuchamos el aria “Unis dès la plus tendre enfance”:

Y por último la ópera “Alceste”, de la que escuchamos “Bannis le crainte et les alarmes”:

Nicolai Gedda fue un destacado intérprete de óperas de Mozart, como por ejemplo el Belmonte de “Die Entführung aus dem Serail”, de la que escuchamos el aria “Ich baue ganz”, tan a menudo cortada por aquella época por su dificultad, con unas coloraturas complicadas que Gedda solventa sin aparente dificultad:

Le escuchamos también cantar el aria “Fuor dal mar” de la ópera Idomeneo, otra prueba de fuego para las agilidades vocales:

No dejamos las coloraturas, ya que ahora le escuchamos la no menos peliaguda “Il mio tesoro intanto” de “Don Giovanni”:

En un estilo mucho más delicado, le escuchamos ahora cantar “Un’aura amorosa” de “Così fan tutte”:

Cantó también el Tito de “La clemenza di Tito”, del que escuchamos el aria “Se all’Impero”:

Y le vemos ahora interpretar al Tamino de “Die Zauberflöte“:

No fue el repertorio italiano el mejor de Nicolai Gedda, pero aún así dejó algunas grabaciones interesantes y otras referenciales. Comenzamos por sus interpretaciones rossinianas. Además de grabar “Il turco in Italia” junto a Maria Callas en una grabación tan cortada que le quitan su aria, le tenemos cantando el Almaviva de “Il barbiere di Siviglia“, de la que llegó incluso a cantar la habitualmente cortada aria “Cessa di più resistere”, aunque totalmente fuera de estilo. Le escuchamos cantando el aria “Ecco ridente in cielo”:

Referencial fue su grabación del “Guillaume Tell” (en el francés original, en una época en la que lo habitual era cantarla en su traducción italiana), en la que nos regala muchos grandes momentos en los que lucir sus espectaculares agudos, destacando sin duda en su gran aria “Asile héréditaire” y la posterior caballetta, en la que luce un espectacular do de pecho final que mantiene durante unos 10 segundos:

Y, pese a todo, estos no son los agudos más espectaculares de Nicolai Gedda, que se lucirá todavía más en obras de Vincenzo Bellini. Le escuchamos primero cantar el aria de la por aquel entonces poco habitual “I Capuleti ed i Montecchi”:

Es cierto que a día de hoy no suena tan adecuado estilísticamente, pero para aquella época no se puede pedir mucho más.

Sin duda mejor de estilo nos lo encontramos en ese “Ah, perchè non posso odiarti” de “La sonnambula”, junto a Joan Sutherland:

Pero esto no es nada comparado con lo que hacía en “I Puritani”. Escuchamos primero el dúo “Vieni fra queste braccia”, en vivo, junto a Joan Sutherland:

Os prometo que no he escuchado unos re sobreagudos tan flipantes como los suyos.

Y ahora escuchamos su “Credeasi misera” en su grabación en estudio junto a Beverly Sills:

El re bemol ya es flipante, pero, gracias a su dominio del canto en mixto, Nicolai Gedda es de los pocos que se lanzan al fa sobreagudo. Que sene bonito o no es discutible; que lo suyo es uno vozarrón como los hay pocos es indiscutible.

Pasamos a las óperas de Gaetano Donizetti. En sus numerosos recitales, Gedda grabó el aria de “La favorita”:

Vamos a verle ahora cantar la famosa “Una furtiva lagrima” de “L’elissir d’amore”:

Le escuchamos ahora cantar junto a Mirella Freni el dúo “Tornami a dir che m’ami” de “Don Pasquale”:

Y por último le escuchamos junto a una de sus parejas discográficas habituales, Beverly Sills, en el dúo de “Lucia di Lammermoor”:

Pasamos a Giuseppe Verdi, compositor al que Nicolai Gedda se suele asociar por dos papeles; el primero sería el Duca di Mantova en “Rigoletto”, del que escuchamos el dúo “È il sol dell’anima” junto a la soprano Reri Grist:

Y el otro es el Alfredo de “La Traviata”, del que vamos a escuchar el dúo “Un dì felice” junto a Anna Moffo:

Pero Nicolai Gedda, por sorprendente que pueda parecer, cantó algunos otros roles verdianos. El más obvio es el Riccardo de “Un ballo in maschera”, del que escuchamos el aria “Ma se m’è forza perderti”:

Magnífico uso de medias voces, por cierto.

Soprende mucho más escuchar a dos voces tan líricas como la suya y la del barítono Hermann Prey en papeles tan pesados como los de “La forza del destino”, pero aquí les tenemos cantando el dúo “Solenne in quest’ora” (en alemán) y saliendo bien parados en el intento:

También cantó la no muy frecuente “I vespri siziliani”, de la que escuchamos el aria “Giorno di pianto”:

Y ya el remate: ¿Nicolai Gedda cantando el Radames de Aida? Pues sí, y lo tenemos precisamente cantando el dúo final de la ópera; no es su voz la de Radames, desde luego, pero cumple:

Le escuchamos ahora en la grabación que hizo del aria de “La Gioconda” de Amilcare Ponchielli, “Cielo e mar”, en una grabación muy temprana (1953), por lo que su voz, muy lírica, no tiene todavía la fuerza necesaria para el personaje, aunque alcanza momentos de gran belleza, gracias a una depurada técnica en el ataque de los agudos que le permite el bello pianísimo final:

Le escuchamos ahora en repertorio verista, cantando el “Amor ti vieta” de la “Fedora” de Umberto Giordano:

Con 75 años, la voz se ha agrandado, aunque tiembla mucho más que años atrás, pero por lo menos ahora da el pego en papeles más spinto.

Y le escuchamos también cantar el mucho más lírico lamento di Federico “È la solita storia del pastore” de “L’Arlesiana” de Francesco Cilea:

Nicolai Gedda cantó y grabó arias de algunas óperas de Puccini, como el famoso “Nessun dorma” de “Turandot”, y lo más alucinante es que suena con el metal necesario para el papel; podría parecer un simple capricho, pero el resultado es realmente notable:

Le escuchamos también el aria “E lucevan le stelle” de “Tosca” con 61 años de nada… :

Y le tenemos también cantando el “Donna non vidi mai” de “Manon Lescaut”:

Pero Nicolai Gedda será recordado por dos óperas de Puccini. La primera, “La Boheme“, de la que escuchamos el aria “Che gelida manina”, en una versión llena de entusiasmo y con unos magníficos ataques al agudo:

Y el otro papel pucciniano es el Pinkerton de “Madama Butterfly”, que grabó junto a Maria Callas, junto a quien le escuchamos en el largo dúo final del primer acto:

Pasamos ya al repertorio francés, en el que Nicolai Gedda fue uno de los más importantes tenores posteriores a la II Guerra Mundial. Y empezamos escuchándole en “La dame blanche” de François-Adrien Boïeldieu, en el aria “Viens, gentille dame”, en una versión espectacular por el dominio de las medias voces:

Nicolai Gedda ha sido uno de los últimos tenores en interesarse por la en otra época famosa ópera “Fra Diavolo” de Daniel Auber, grabando una integral  de la que escuchamos el aria “J’ai revu nos amis”:

Y grabará además una magnífica versión, estilísticamente muy superior a la posterior de Alfredo Kraus, de la bellísima aria de “Masaniello”, también de Auber, “Du pauvre seul ami fidèle”, con un uso casi mágico de las medias voces:

Como ya le hemos escuchado cantar “Le postillon de Longjumeau” de Adam, pasamos a Giacomo Meyerbeer, compositor del que Nicolai Gedda ha sido quizá el mejor intérprete de la discografía. Echándose en falta una grabación suya de “Robert le diable”, pasamos a su espectacular Raoul de Nangis de “Les huguenots“, del que escuchamos el fantástico dúo “Tu làs dit” junto a Enriqueta Tarrés, en el que pasa de unas espectaculares medias voces a un potente Re bemol sobreagudo perfecto de afinación y emisión:

Contrasta con el Jean de Leyden de “Le prophète”, de carácter mucho más heroico en el aria “Roi du ciel”, en la que luce potencia y flexibilidad vocal al mismo tiempo:

Y terminamos escuchando su versión del aria de Vasco da Gama “O paradis” de “L’Africaine”, aunque desconozco si llegó a cantar esta ópera completa (cosa que sí hizo con las dos anteriores):

Hector Berlioz fue otro compositor al que Nicolai Gedda le prestó mucha atención. Le escuchamos primero catar el aria “Seul pour lutter” de “Benvenuto Cellini”:

Le escuchamos ahora el aria “Nature immense” de “La damnation de Faust”:

Y terminamos escuchando el dúo “Nuit d’ivresse” de “Les Troyens” junto a Shirley Verrett:

Pasamos a Georges Bizet, para poder escuchar su insuperable versión del aria de Nadir “Je crois entendre encore” de “Les pêcheurs de perles” y comprobar qué es eso del canto en “mixto”: es una técnica de canto intermedia entre el registro de pecho y el falsete, en el que se pasa la resonancia a la cabeza, consiguiendo un sonido más agudo que el registro de pecho pero sin una pérdida de color tan acusada como en el falsete. Este tipo de registro se usa para alcanzar notas sobreagudas (como el fa de I Puritani que ya escuchamos), pero es fundamental en la ópera francesa para poder cantar notas agudas en pianísimo, algo que sería imposible en el registro de pecho. Y así, mientras que tenores como Kraus o Albelo lanzan el Do final de pecho, casi como un cañonazo, completamente fuera de estilo, y otros como Alagna o Villazón dan el agudo en un horrible falsete, Gedda nos demuestra cómo hay que cantar esta maravillosa aria:

Al enfrentarse al papel de Don José en “Carmen”, la visión de Gedda es mucho más lírica, menos verista de lo habitual. Puede que en los momentos más dramáticos su voz se quede algo corta de potencia, pero su versión del aria de la flor es de una delicadeza sublime, apianando en los agudos y con un final mágico, usando de nuevo el mixto:

Para comprobar qué tal se maneja en los momentos más dramáticos vamos a escucharle en el dúo final, en vivo, junto a la Carmen de Fiorenza Cossotto (y dirigidos por su amigo Georges Prêtre, que murió 4 días antes que Gedda):

Yo diría que supera la prueba con creces…

Le escuchamos ahora en otra de esas arias en las que el canto a media voz es fundamental, “Ele ne croyait pas” de la “Mignon” de Ambroise Thomas:

Y de nuevo dominando el pianisimo en mixto en la bellísima “Vainement, ma bien aimée” de la ópera “Le Roy d’Ys” de Édouard Lalo:

Charles Gounod fue otro compositor fundamental en la carrera de Nicolai Gedda, en especial por su “Faust”, ópera que Gedda cantó en innumerables ocasiones. Le escuchamos cantar el aria “Salut, demeure chaste et pure”, donde, en este caso, pasa del estilismo para soltar un do de pecho como un cañonazo. Ortodoxo no es, pero el resultado no deja de ser magnífico:

Para compensarlo, le tenemos cantando el aria “Ah, leve-toi, soleil” del “Romeo et Juliette” terminada en un bellísimo pianísimo:

Y le escuchamos también cantar el aria “Anges du paradis” de la ópera “Mireille”, dando otra lección de estilo de canto francés:

Nicolai Gedda también cantó la magnífica ópera “Lakmé” de Léo Delibes, de la que escuchamos el dúo del primer acto junto a Mariella Devia:

Nicolai Gedda fue un destacado intérprete del Hoffmann de “Les contes d’Hoffmann” de Jacques Offembach, de la que escuchamos el dúo “C’est une chanson d’amour” junto a Victoria de los Ángeles:

Y del mismo Offembach le escuchamos cantar en alemán el aria “Au mont Ida” de la opereta “La belle Helene”:

Llegamos a Jules Massenet, otro compositor fundamental en el repertorio de Nicolai Gedda, en parte por el Des Grieux de “Manon”, en la que volvía a lucir sus magníficos pianísimos en el aria “En fermant les yeux”:

Y por otra por “Werther”, uno de sus mejores papeles; escuchamos una sorprendente versión de la famosa aria “Pourquoi me reveiller” en la que apiana en el primer estribillo:

Gedda también cantó el Nicias de “Thais” o el príncipe de “Cendrillon”.

Le escuchamos ahora en otra ópera casi desconocida, “Parmavati” de Albert Roussel, junto a Marilyn Horne:

Terminamos el repaso a sus intervenciones de ópera francesa con el “Pélleas et Mélisande” de Claude Debussy, acompañado de Anna Moffo:

Pasamos al repertorio alemán, en el que a menudo Nicolai Gedda es también un intérprete referencial. Y comenzamos con una rareza, una grabación del aria de Florestan del “Fidelio” de Beethoven, un rol que se antoja en exceso pesado para Gedda, pero en el que de nuevo sorprende por su flexibilidad:

Nicolai Gedda fue también un destacado intérprete de obras de Weber, cantando incluso las casi olvidadas “Euryanthe” o “Abu Hasan”. Pero le escuchamos en la mucho más famosa “Der Freischütz”, en el aria Durch die Wälder”:

Y Nicolai Gedda fe un destacado intérprete de complicadísimo papel de Huon de “Oberon”, un papel heroico de coloratura, como demuestra en el aria “Von Jugend auf in dem Kampfgefild”:

Nicolai Gedda también cantó la hoy prácticamente olvidada “Martha” de Friedrich von Flotow, de la que escuchamos el dúo “Letzte Rose” junto a Anneliese Rothenberger, una de sus parejas discográficas habituales:

Y le escuchamos ahora de nuevo junto a Anneliese Rothenberger en la ópera “Undine” de Albert Lortzing:

Nicolai Gedda cantó unas cuantas de estas óperas alemanas románticas hoy día olvidadas; otra fue “Der Barbier von Bagdag” de Peter Cornelius, de la que escuchamos el aria “Von deinen Fenster”:

Y nos dejó una versión referencial de la bellísima “Magische Töne” de “Die Königin von Saba” de Karl Goldmark, con un magnífico Do final en mixto:

No fue Nicolai Gedda un cantante interesado en Wagner, decía que sus óperas no terminaban nunca. pero aún así, por suerte, llegó a cantar “Lohengrin”. Comprobamos los resultados en las grabaciones de sus dos monólogos, empezando por este magnífico “In fernem Land”:

Y seguimos con un bellísimo “Mein lieber Schwan”:

Nicolai Gedda también grabó la infrecuente “Palestrina” de Hans Pfitzner, de la que escuchamos “Wie schön ist’s” junto a Dietrich Fischer-Dieskau:

Interpretó un breve papel en la grabación de “Das Wunder der Heliane” de Korngold en sus últimos años. Y fue un destacado intérprete de música de Richard Strauss, aunque cantara pocas de sus óperas, destacando el tenor italiano de “Der Rosenkavalier” con el aria “Di rigori armato il seno”:

Y también grabó la ópera “Capriccio”:

En el campo de la opereta austriaca dejó numerosas grabaciones, como la de “Die Fledermaus” de Johann Strauss junto a Elisabeth Schwarzkopf:

O, también de Johann Strauss, “Eine Nacht in Venedig”, junto a Anneliese Rothenberger:

Destacó también en las operetas de Franz Léhar, en especial con su magnífica versión de “Dein ist mein ganzes herz” de “Das Land des Lächelns”:

Le escuchamos ahora junto a Anneliese Rothenberger en el vals “Lippen schweige” de “Die lustige Witwe”:

Le escuchamos ahora en la opereta “Giudita”:

Y le escuchamos ahora las czardas de “Gräfin Mariza” de Emmerich Kálmán:

En el ámbito de la ópera eslava, Nicolai Gedda cantó el “Dalibor” de Bedrich Smetana, además de esta curiosa versión en inglés de “La novia vendida”, junto a Giorgio Tozzi:

En el repertorio ruso, Nicolai Gedda destacó interpretando el papel de Sobinin en “Una vida por el zar” de Mikhail Glinka:

Le escuchamos ahora en su primera grabación de ópera, el Dimitri del “Boris Godunov” de Modest Mussorgsky, en el dúo de “amor” junto a Eugenia Zareska en una versión magnífica, en especial en la parte final:

Le escuchamos ahora la canción india de “Sadko” de Nikolai Rimski-Korsakov:

Nicolai Gedda fue un magnífico Lensky del “Eugen Onegin” de Piotr Ilich Tchaikovsky, apenas superado por uno o dos tenores. Escuchamos la maravillosa romanza “Kuda vi udalilis”:

Destaca también la integral que grabó de “Iolanta” del mismo compositor, dirigida por Mstislav Rostropovich, con el que también grabó óperas “Guerra y Paz” de Prokofiev o “Lady Macbeth of Mtsensk” de Dmitri Shostakovich junto a Galina Vishnevskaya:

En 1958 graba la ópera americana “Vanessa” de Samuel Barber, compuesta expresamente para él. Escuchamos el quinteto de esta ópera:

Y Leonard Bernstein contó con él para la grabación de su ópera-musical “Candide”, de la que escuchamos el “What’s the use” junto a Christa Ludwig:

El repertorio de Nicolai Gedda no termina en la ópera, cantó también oratorios y obras religiosas, lied e incluso canciones populares. No tenemos ya espacio para un análisis exhaustivo, por lo que nos centraremos en un pequeño puñado de piezas que merece la pena recordar. Y comenzamos con “Messiah” de Georg Friedrich Händel, del que escuchamos “Ev’ry valley”:

Le escuchamos ahora en el “Ingemisco” del Requiem de Verdi, en una magnífica versión por el uso de medias voces:

Y escuchamos también sus incursiones en la canción napolitana con esta versión del “Non ti scordar di me” de Ernesto de Curtis:

No puedo evitar poner también esta hilarante versión del dúo bufo de los gatos de Rossini, junto a Federica von Stade, cantada casi toda en falsete:

Le escuchamos ahora cantar un lied de Franz Schubert, del que fue un gran intérprete, como demuestra en este “Du bist die Ruh”:

Y ahora un lied de Richard Strauss, “Ständchen”:

Y seguimos con la “Vocalise” de Sergei Rachmaninov:

Vamos ahora con el más célebre lied de Edvard Grieg, “Jeg elsker dig”, que Nicolai Gedda canta en el noruego original:

Vamos con la chanson francesa, comenzando con la “Chanson triste” de Henri Duparc:

Seguimos con el “Air grave” de Francis Poulenc:

Y seguimos con esta preciosa versión de “L’heure exquise” de Reynaldo Hahn:

Pasamos a Edward Elgar y su cantata “The dream of Gerontius”, de la que escuchamos “I went to sleep”:

Le escuchamos ahora en una canción tradicional irlandesa, “Down by the Salley gardens”:

Y terminamos con el “Granada” de Agustín Lara, con una pronunciación española muy superior a la de no pocos cantantes italianos, por ejemplo:

En total hemos escuchado a Nicolai Gedda cantar en 9 idiomas: italiano, francés, alemán, ruso, inglés, sueco, noruego, latín y español. Difícil superar ese récord.

Retirado desde el año 2003, nunca había sido una persona que se preocupara por la fama (pese a su impresionante discografía, quizá la más abundante en el mundo de la ópera) por lo que pasó bastante desapercibido, pese a recibir algunos honores, como la Legión de honor francesa en 2010. Quizá por ello la noticia de su muerte se hizo pública un mes después (ya habían circulado en 2015 falsos rumores de su muerte). El 8 de enero un infarto terminaba con su vida a los 91 años en su casa de Tolochenaz, en el cantón suizo de Vaud.

Con Nicolai Gedda se nos va un cantante polifacético, de espectacular voz y técnica impecable que le permitía adaptarse a casi cualquier estilo. Un artista que merece ser recordado por su enorme contribución al mundo de la música.



In Memoriam: Georges Prêtre (04-01-2017)


Su rostro se nos hizo familiar sobre todo a partir de aquel Concierto de Año Nuevo que dirigió en 2008 (y que volvería a dirigir en 2010), batiendo el récord de se el director con más edad en dirigir el concierto (batiendo en la segunda ocasión su propio récord); dejaba la imagen de un abuelo risueño y amable, con una vitalidad que ya quisiéramos quienes tenemos un tercio de su edad. Pero hace pocos días nos dejaba, a los 92, el Director de Orquesta Georges Prêtre.




Georges Prêtre nació el 14 de agosto de 1924 en la localidad de Waziers, al norte de Francia. Descubierta su pasión por la música hacia los 7 años, estudia piano en el conservatorio de Douai, ciudad próxima a su localidad natal, para trasladarse con posterioridad a París, en cuyo conservatorio estudiará trompeta, además de armonía con Maurice Duruflé. También Olivier Messiaen estará entre sus profesores. Descubierta tardía mente su pasión por la dirección de orquesta, será el insigne director francés André Cluytens quien le enseñe en este campo.

Casado brevemente en 1947 con la mezzo-soprano Suzanne Lefort, de quien se divorcia en 1949, se casa por segunda vez con Gina Marny en 1950, con quien tiene dos hijos, Isabelle y Jean-Reynald (la muerte de éste en 2012 afectará seriamente al ya anciano director).

Si bien su carrera comienza en Francia, debutando en Marsella en 1946, buena parte de su carrera va a transcurrir fuera de su país, en Londres, Viena, Milán… convirtiéndose en un prestigioso director de ópera y música sinfónica, destacando por supuesto la música francesa, gracias a su estilo preciso, elegante y ligero. De hecho, será uno de los directores preferidos del compositor Francis Poulenc o de la soprano Maria Callas en la última etapa de su carrera.

De hecho, comenzamos con un recital en el que dirigió a la diva greco-americana en 1962 en Hamburgo. Las cámaras no le enfocan a él, pendientes siempre de la crepuscular diva, que canta aquí, perfectamente acompañada por Prêtre, el aria “Pleurez, mes yeux” de la ópera “Le Cid” de Jules Massenet:

Jules Massenet fue precisamente uno de los compositores operísticos en los que más destacó Georges Prêtre. De hecho, su grabación en estudio de “Werther” en 1969 con Nicolai Gedda y Victoria de los Ángeles es una de las mejores grabaciones de esta ópera, en especial con ese bellísimo dúo del segundo acto, precedido de ese intermezzo orquestal “claro de luna” que bajo la batuta de Prêtre suena más mágico que nunca:

Acompaña también al gran Nicolai Gedda en este aria de “Manon”, “Ah, fuyez, douce image”:

Y le escuchamos también acompañar a Régine Crespin en el aria “Il est doux, il est bon” de “Hérodiade”:

Llegó a dirigir óperas menos conocidas de Massenet, como por ejemplo “Don Quichotte”.

De Charles Gounod le vemos dirigiendo la obertura de “Mireille” en el recital de la Callas en Hamburgo de 1962 que ya mencionamos antes:

Y le tenemos aquí dirigiendo el final de “Faust” junto a Alfredo Kraus, Mirella Freni y Nicolai Ghiaurov:

Pasando a Georges Bizet, ya hemos mencionado que Georges Prêtre fue uno de los directores favoritos de Maria Callas, a quien dirigió en su grabación en estudio de “Carmen” junto a Nicolai Gedda (Callas nunca cantó esta ópera en directo), de la que escuchamos la canción gitana “Les tringles des sistres tintaient” con el breve preludio orquestal previo, que nos permite observar mejor la labor de Prêtre al frente de la orquesta:

Georges Prêtre dirigió también la maravillosa pero menos conocida “Les pêcheurs des perles”, de la que escuchamos aquí el dúo de amor del segundo acto con Alain Vanzo e Ileana Cotrubas:

Y dirigió la todavía menos habitual (una rareza realmente) “La jolie fille de Perth”, de la que escuchamos aquí el aria “Vive l’hiver” cantada por June Anderson:

Georges Prêtre fue asiduo en los estudios de grabación para registrar en estudio óperas poco frecuentes, como la ya mencionada “La jolie fille de Perth”, o como la “Louise” de Gustave Charpentier que grabó con Plácido Domingo e Ileana Cotrubas, a la que escuchamos aquí en la página más famosa de la ópera, la deliciosa aria “Depuis le jour”:

Y si hablamos de óperas infrecuentes, le tenemos dirigiendo en 1983 la “Mignon” de Ambroise Thomas, de la que escuchamos el aria “Connais tu le pays” en la voz de Lucia Valentini Terrani:

Camille Saint-Saëns fue también un director que Georges Prêtre frecuentó mucho (hablaremos más adelante de sus grabaciones de la obra sinfónica de este compositor), siendo frecuente en su repertorio la ópera “Samson et Dalila”, de la que escuchamos a continuación la Bacanal:

 Vamos ahora con Jacques Offembach, del que Georges Prêtre dirigió la ópera “Les contes d’Hoffmann”, de la que escuchamos aquí el trío del tercer acto:

Hector Berlioz fue otro compositor fundamental en la carrera de Georges Prêtre, que dirigió algunas de sus óperas, como “Les Troyens”, de la que escuchamos a Régine Crespin cantar el aria “Chers Tyriens”:

También dirigió “La damnation de Faust” completa, aunque lo que vamos a escuchar es la famosa marcha húngara en un concierto en Viena, para apreciar su estilo fluido y su sonoridad más bien liviana:

Georges Prêtre fue un gran intérprete de la música francesa de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, lo que incluye la música de Claude Debussy, del que vamos a escuchar ahora un fragmento de su “Pelléas et Mélisande”:

Georges Prêtre dirigió también la inacabada ópera de Debussy “La chute de la maison Usher”, basada en la obra de Edgar Allan Poe. Escuchamos la obra completa:

Pero, por encima de todo, Georges Prêtre fue un destacado intérprete de la obra de Francis Poulenc, de quien de hecho estrenará en 1959 la ópera “La voix humaine” con la soprano Denise Duval, con la que escuchamos aquí el comienzo de la ópera:

Dejando el repertorio operístico francés para trasladarnos al italiano, comenzamos con Gioacchino Rossini, de quien dirigió la ópera “Moïse et Pharaon”, de la que escuchamos aquí la plegaria que canta Samuel Ramey:

Georges Prêtre dirigió a Maria Callas en muchas de sus últimas funciones, como la “Norma” de Vincenzo Bellini de 1965, de la que escuchamos el dúo “Oh rimembranza” junto a Giulietta Simionato:

De Gaetano Donizetti Georges Prêtre grabó una casi mítica versión de “Lucia di Lammermoor” con Carlo Bergonzi y Anna Moffo, a quien escuchamos en la escena de locura:

De Giuseppe Verdi tenemos esa “La Traviata” con Montserrat Caballé y Carlo Bergonzi, de la que escuchamos el famoso brindis:

Y tenemos también un “Macbeth” en vivo de 1984 del que escuchamos el aria del protagonista, “Pietà, rispeto, amore” cantada por Renato Bruson. El acompañamiento orquestal es impecable:

Y ya de paso vamos a verle dirigir el famoso coro “Va pensiero” de Nabucco en un concierto en Venecia:

Magnífica versión, con un ritmo curiosamente lento para lo que cabría esperar de Prêtre, que suele ser más ligero pero sin perder nunca un ápice del melodismo de las obras que dirigía. Podemos comprobarlo en este Intermezzo de “Cavalleria rusticana” de Pietro Mascagni:

No es especialmente lento (y más si lo comparamos con lo que hizo Maazel en Valencia, por ejemplo), pero su sutil juego de dinámicas, los colores orquestales, le aportan a su interpretación una enorme belleza:

El resultado es simplemente mágico.

De Giacomo Puccini dirigió óperas como “La Boheme” o “Turandot”, pero si por algo es recordado es por la “Tosca” junto a Maria Callas y Carlo Bergonzi de 1965. Ella está vocalmente acabada, pero dramáticamente está mejor que nunca, y el acompañamiento orquestal de Prêtre contribuye al su trabajo, como comprobamos en el “Vissi d’arte”:

Y ya de paso escuchamos el “E luceban le stelle” que canta Bergonzi, que merece la pena:

De Richard Wagner no fue un intérprete frecuente, pero tenemos en concierto algunas de sus piezas orquestales, como estos fragmentos de “Götterdämmerung”. Atención a la exquisita delicadeza del final (minuto 18:20 más o menos):

Y dirigió a Régine Crespin en arias de Wagner y los Wesendonck-Lieder, del que escuchamos mi favorito, el 4º, “Schmerzen”:

También fue un destacado intérprete de óperas de Richard Strauss, del que escuchamos el trío final de “Der Rosenkavalier”:

Y por encima de todo fue un destacado intérprete de la última ópera de Strauss, “Capriccio”, que dirigió en varias ocasiones, escuchando en este caso el Flamand de Gregory Kunde:

Y le tenemos también dirigiendo los 4 últimos lieder con Margaret Price:

Pasamos ahora al trabajo sinfónico de Georges Prêtre. En su repertorio figuraban algunos de los grandes nombres del sinfonismo germano, así como compositores italianos, rusos o escandinavos. Escuchamos primero su Beethoven, más ligero y quizá menos dramático de lo habitual, como podemos apreciar en esta magnífica versión de su 7ª sinfonía:

Y escuchamos ahora una gran versión de la 9ª sinfonía:

Johannes Brahms fue otro compositor frecuente en sus conciertos. Lo comprobamos con esta 1ª sinfonía, de tempos moderados y gran lirismo:

Magnífica es igualmente su versión del “Eine Deutsches Requiem”, con esta versión junto a Soile Isokoski y Albert Dohmen:

Y sus versiones de las danzas húngaras son realmente fantásticas, con sus juegos de matices, sus rubatos y pausas, sus cambios de tempo y dinámica… extrayendo todo el jugo a estas piezas en apariencia sencillas pero que en manos de un gran director, como es el caso, brillan especialmente:

Anton Bruckner, aunque a priori parezca un compositor alejado de la sonoridad de Prêtre, fue también frecuente en su repertorio. Como prueba escuchamos esta 8ª sinfonía:

También dirigió algunas obras de Mahler, siendo sus interpretaciones de nuevo más ligeras y menos dramáticas de lo habitual (aunque con una precisión milimétrica a la hora de controlar las sonoridades y los colores orquestales, siempre de gran riqueza en sus interpretaciones, lo que se percibe más si cabe en un compositor con las dotes de orquestador que tenía Mahler). Quizá por eso las obras que dirigía no eran las más dramáticas del compositor. Escuchamos primero su 1ª sinfonía:

Y vamos ahora con la 5ª, con un bellísimo adiagietto de gran lirismo y un 5º movimiento impecable en los momentos más complicados de la obra:

No sólo fue un gran defensor de la obra operística de Richard Strauss, también lo fue de su obra sinfónica, de la que grabó buena parte. Destacamos por supuesto su versión de la Sinfonía Alpina:

Pero también grabó algunos de sus poemas sinfónicos, como “Así habló Zaratustra”, “Till Eulenspiegel” o esta “Una vida de héroe”:

Tenemos también grabación de una obra de Jean Sibelius, en concreto una magnífica versión de la 5ª sinfonía, sutil y al mismo tiempo dramática:

Georges Prêtre dirigió también obras sinfónicas italianas, como los Pinos de Roma de Ottorino Respighi, de los que escuchamos la 4º y última parte en una interpretación brillante y enérgica:

 Del repertorio ruso le vamos a escuchar dirigir el 3º concierto para piano de Rachmaninov con el pianista Alexis Weissenberg:

Y le escuchamos también “El pájaro de fuego” de Igor Stravinsky:

Pero sin en algo destacó Georges Prêtre como director sinfónico fue en el repertorio francés, del que fue un gran divulgador. Y ahí por supuesto entra la música de Hector Berlioz, del que escuchamos la Sinfonía fantástica:

Y también tenemos a Prêtre dirigiendo el poco frecuente Te Deum, obra de enormes magnitudes sinfónico-corales:

De Georges Bizet tenemos también su versión de las dos suites de “L’arlésienne”, de las que escuchamos el famoso intermezzo de la segunda suite:

De Camille Saint-Saëns, uno de los más infravalorados compositores franceses, Georges Prêtre dirigió varias obras, como este Carnaval de los animales:

La 1ª sinfonía de Saint-Saëns es una obra poco conocida, ligera, sutil, perfecta para el estilo de Prêtre, que nos deja así una versión simplemente referencial:

Y de la mucho más conocida 3ª sinfonía tenemos una gran versión en la que dirige a quien fuera su profesor, Maurice Duruflé, al órgano:

Pasamos a Gabriel Fauré, de quien Georges Prêtre dirigió su bellísimo Requiem:

Vamos a verle ahora dirigir una de las obras más populares de la música francesa, el Bolero de Maurice Ravel, tan sutil Prêtre en el gesto como lo es Ravel con la orquestación:

Otro compositor frecuente en su repertorio fue Claude Debussy, de quien escuchamos su “Prélude à l’apres-midi d’un faune”:

La música impresionista se adapta perfectamente al estilo de Prêtre, como podemos comprobar en otra obra de Debussy, los Nocturnos:

Y ya hemos mencionado que Georges Prêtre fue el director favorito de Francis Poulenc, del que dirigió numerosas obras. Vamos a escuchar aquí su Stabat Mater:

Y también el Concierto para órgano, en el que el organista es de nuevo Duruflé:

Pero para muchos, entre los que me encuentro, Georges Prêtre se hizo una cara conocida gracias a los dos Conciertos de Año Nuevo que dirigió en Viena, en 2008 y 2010. Escuchamos la obertura de “Die Fledermaus” de 2010:

No podía faltar su versión del “Danubio azul”, de nuevo de 2010:

Fueron dos conciertos memorables, gracias al exquisito dominio del rubato que demostró, y que tan bien se aprecia al comienzo del tema principal de este Danubio azul. Y fueron dos conciertos en los que se ganó al público con una energía sorprendente y una simpatía que lo convertían en un personaje entrañable. Imagen que destaca más si cabe en la seguida Marcha Radetzky:

En activo hasta fechas recientes, Georges Prêtre nos dejaba el pasado 4 de enero a los 92 años. Con una carrera en la que se adentró en terrenos poco conocidos, Prêtre es un director al que hacemos bien en recordar, porque la música, y en particular el repertorio francés, le deben mucho.



José Serrano, 75 años sin el maestro de la zarzuela (08-03-2016)


No siempre es fácil identificar las zarzuelas con sus respectivos compositores, salvo los casos más destacados (la tabernera de Sorozabal, la Luisa Fernanda de Moreno Torroba, la Verbena de Bretón…). El compositor del que nos toca hablar hoy, José Serrano, que murió en una fecha como esta de hace 75 años, pese a ser un autor prolífico, no es fácilmente identificable con muchas de sus zarzuelas más famosas… bueno, para mí siempre será el compositor de la genial “La canción del olvido”… pero hay mucho más.




José Serrano nace en Sueca, Valencia, el 14 de octubre de 1873. Su padre le enseña música como si fuera un juego, pero el niño muestra gran interés y talento, y termina yendo a estudiar música, primero a Valencia y después a Madrid. En la capital es difícil conseguir trabajo componiendo zarzuela, y pasa años difíciles, hasta que un Fernández Caballero, con problemas de ceguera, le toma como ayudante para la composición de una de sus obras más conocidas, “Gigantes y cabezudos”. Gracias a esto consigue abrirse hueco y los hermanos Álvarez Quintero le proporcionan su primer libreto, “El motete”, que se estrena en 1900. De ellos es también el libreto de su primera obra maestra, “La reina mora”, que se estrena el 11 de diciembre de 1903. En ella, Serrano combina su excelente vena melódica con el ambiente andaluz de la trama, como podemos escuchar en esta “Canción del pajarero” que canta la gran Pilar Lorengar:

De esta zarzuela escuchamos también el dúo “¡Ay, gitana!”, cantado por Manuel Ausensi y Ana María Iriarte:

Y terminamos con esta zarzuela con las Coplas que nos va a cantar otra ilustre, Teresa Berganza:

En 1905 estrena otro de sus grandes éxitos, “Moros y Cristianos”, dedicada a la fiesta del mismo nombre tan típica de muchas localidades levantinas, la zona de origen de José Serrano. Escuchamos la orquestal “Marcha mora”, de magnífica ambientación melódica:

José Serrano es ya un compositor de gran prestigio (de los mejores, seguramente sólo superado por Amadeu Vives) cuando, en 1909, compone el “Himno a la exposición” con motivo de la exposición regional valenciana, que en 1925 se convertirá en el Himno de la comunidad:

El año siguiente, 1910, José Serrano estrena otra zarzuela que sigue en nuestra memoria gracias sobre todo a su jota “Te quiero, morena”: El trust de los tenores”, una página que ha atraído a muchos tenores, incluso ajenos al mundo de la zarzuela. Y para escucharla, nada mejor que un aragonés, el gran Miguel Fleta:

José Serrano sigue trabajando a bien ritmo hasta que, el 17 de noviembre de 1916, estrena la que posiblemente sea su obra maestra, “La canción del olvido”, que cuenta con no pocas páginas memorables. Y empezamos con la canción de Leonello, “Junto al puente de la peña”, que escuchamos en la voz de Vicente Sardinero:

La protagonista, Rosina, ha escuchado escondida esa canción de Leonello, y decide seducirlo, para lo que, escondida, canta una canción que enamora a Leonello; es el “Marinela, Marinela”, la canción del olvido que da título a la zarzuela, y que escuchamos aquí en voz de Ainhoa Arteta, en ese magnífico recital de zarzuela que dio en 1996:

Y terminamos con la página más popular, el “Soldado de Nápoles” para tenor y coro:

Su ritmo de trabajo se reduce notablemente a partir de esos años, y el siguiente título que vamos a destacar nos lleva ya a 1927, con “Los de Aragón”, con su célebre jota que escuchamos en voz de Alfredo Kraus:

El 6 de abril de 1929 estrena una de sus últimas obras, “Los claveles”, de la que escuchamos la romanza de Rosa “¿Qué te importa que no venga?”, en voz de Victoria de los Ángeles:

Y escuchamos también el coro de obreras, “Dice que se va”:

Y así llegamos a su última zarzuela, la famosa “La dolorosa”, de la que destaca la famosa romanza de Rafael “La roca fría del calvario”, en la que se perciben unos acentos veristas de gran impacto dramático. Y ya puestos, vamos a escuchar la mejor versión imaginable, porque a ver quién la ha cantado mejor que el joven Alfredo Kraus en 1959:

A partir de ahí, José Serrano se retira a su localidad natal, Sueca, en concreto a El Perelló, cerca de la Albufera valenciana, donde se dedica a la pesca, hasta que, en 1940, un cáncer de esófago le obliga a ir a Madrid, donde morirá al año siguiente, el 8 de marzo de 1941.

Es por ello hoy una buena fecha para recordar a una gran figura de la zarzuela, un grandísimo compositor que nos dejó obras memorables y que seguramente merecería ser más conocido de lo que es. A ver si conseguimos que José Serrano termine siendo una figura tan conocida como Bretón, Vives o Moreno Torroba, porque en mi opinión bien lo merece.



Gianandrea Gavazzeni 20 años después de su muerte (05-02-2016)


Un día como hoy pero hace 20 años, en 1996, nos dejaba en su ciudad natal, Bergamo, uno de los directores operísticos italianos más importantes de todo el siglo XX, Gianandrea Gavazzeni. Una figura controvertida, cierto, pero recordada hoy día por su gran labor recuperadora de no pocos títulos infrecuentes en su época.




Nacido en Bergamo el 25 de julio de 1909, estudia composición en Milán con Ildebrando Pizzetti, además de ser asiduo a las funciones que en aquella época dirigía Arturo Toscanini en La Scala. En principio se dedica a la composición, llegando incluso a componer una ópera, pero cada vez se centra más en su labor como director de orquesta hasta abandonar definitivamente la composición en 1949. Ya por esas fechas había dirigido en la Scala, donde será un director asiduo en incluso ostentará el cargo de Director artístico entre 1966 y 1968.

Aunque asociado siempre a la ópera, también dirigió repertorio sinfónico romántico, y como muestra este Tontentanz de Franz Liszt de 1962 con Arturo Benedetti Michelangeli al piano:

No era Gianandrea Gavazzeni alguien precisamente muy “ortodoxo” en lo de seguir la partitura escrupulosamente, algo que para él iba en contra de los valores estéticos de la música (y no seré yo quien le lleve la contraria en este aspecto…)

Pasando a su faceta de director operístico, destaca dirigiendo las obras de su maestro Pizzetti, como ese “Assassinio nella Cattedrale” del que escuchamos un fragmento del estreno, en 1958:

Del mismo Pizzetti estrena en 1961 “Il calzare d’argento”, del que pongo la grabación completa (hora y media), aunque os aconsejo ir directamente al aria del tenor (un Giuseppe di Stefano cantando a lo bestia, como era él… pero a mí me gusta), más o menos por el minuto 26:

Destacó, por supuesto, como director de óperas veristas, como Pietro Mascagni, con esta Iris que protagonizaba  un perfecto Giuseppe di Stefano, como muestra su aria “Apri la tua finestra”:

Famosa es también su grabación en estudio (pese a lo poco que le gustaban los estudios de grabación) de “L’amico Fritz“, que protagonizaban unos jóvenes Luciano Pavarotti y Mirella Freni. El Intermezzo es buena muestra de su labor:

También grabó en estudio una Cavalleria rusticana con Pavarotti, además de dirigirla en vivo en numerosas ocasiones, como esta de Milán de 1963 en la que escuchamos el dúo que cantan Giulietta Simionato y Franco Corelli:

Y de otro compositor verista, Umberto Giordano, tenemos una grabación en estudio de “Andrea Chenier” protagonizada nada menos que por Mario del Monaco y Renata Tebaldi, de la que vamos a escuchar el último acto:

En la Scala de Milán dirigía a menudo títulos hoy infrecuentes, como esa “Francesca da Rimini” de Riccardo Zandonai que protagonizaron Magda Olivero y Mario del Monaco:

En 1964 dirige también el “Mefistofele” de Arrigo Boito, con ese regalo para los oídos que es el Fausto de Carlo Bergonzi, al que escuchamos el epílogo desde el “Giunto sul passo estremo” que frasea a placer, junto al Mefistofele de Nicolai Ghiaurov:

Como director habitual de la Scala, Gianandrea Gavazzeni protagonizó notables veladas, como la de 1989 con esa “Adriana Lecouvreur” de Mirella Freni que está disponible en DVD y de la que aquí vemos la segunda aria de la protagonista:

De su labor como director pucciniano podemos recordad, por ejemplo, esa Tosca de 1959 con Giuseppe di Stefano, Renata Tebaldi y Ettore Bastianini, de la que escuchamos el comienzo del 2º acto:

O el Turandot de 1964 con Franco Corelli y Birgit Nilsson. O ese Trittico de 1983, disponible en DVD, y del que aquí escuchamos el dúo de “Suor Angelica” con Rosalind Plowright y Dunja Vejzovich:

En estudio gravó una “Madama Butterfly” en 1954 con Victoria de los Ángeles y Giuseppe di Stefano. El dúo del final del primer acto suena con ellos más bello que nunca:

En 1957 graba en estudio “La Gioconda” de Ponchielli con Mario del Monaco y Anita Cerquetti. Escuchamos el ballet de esta grabación:

Por supuesto que Gianandrea Gavazzeni dirigió numerosas óperas de Verdi, pero lo más destacable es su incorporación de títulos poco habituales como ese “I Masnadieri” de 1972, del que escuchamos el aria del protagonista del primer acto, cantada por el tenor Gianni Raimondi:

O ese “Gerusaleme” de 1963 que protagonizaba Leyla Gencer, soprano con la que colaboró a menudo:

O ese “I vespri siziliani de 1970” en el que Leyla Gencer borda su bolero (pese al pésimo sonido):

Tuvo también incursiones en ópera francesa, como ese Esclarmonde de Jules Massenet en el que dirigió a su última esposa, Denia Mazzola, en 1993 (interesantísima ópera a recuperar), o ese “Les Huguenots” de Giacomo Meyerbeer (en italiano) de 1962, con un reparto estelar en el que escuchamos aquí en su dúo a Franco Corelli y Giulietta Simionato:

Pero si por algo destacó Gianandrea Gavazzeni fue por recuperar títulos en su época infrecuentes del belcanto italiano.

Comenzamos con Gioacchino Rossini, con ese “Il Turco in Italia” que repuso en 1954 con Maria Callas, del que escuchamos la obertura:

Aunque nada mejor que verlo en acción, en este ensayo de la obertura de “L’Italiana in Algeri”:

De Vincenzo Bellini fue un asiduo intérprete de “Norma”, como esta de 1977 protagonizada por Montserrat Caballé:

Pero si hay dos bergamascos famosos, esos son Gianandrea Gavazzeni y Gaetano Donizetti, así que es lógico esperar que Gavazzeni le prestara gran atención a su paisano.

Quizá su grabación más memorable sea ese “L’elissir d’amore” con Carlo Bergonzi y Renata Scotto, disponible también en DVD. Veamos el dúo cómico de Nemorino y Belcore, con Bergonzi y Giuseppe Taddei:

Pero si en algo destaca Gavazzeni es en recuperar óperas desconocidas de su paisano, como esa “Anna Bolena” de 1957 protagonizada nada más y nada menos que por Maria Callas, gracias a quienes descubrimos una caballetta final tan espectacular como este “Coppia iniqua” que cierra la ópera:

O ese “Belisario” de 1969 protagonizado por Leyla Gencer:

O la “Maria di Rohan”, de 1974, en este caso protagonizada por Renata Scotto:

O, por terminar, ese “Poliuto” de 1993 que protagonizó su esposa, Denia Mazzola:

Y es que 84 años dedicados a estudiar la música dan para mucho…

De hecho, personalmente, en este repaso a la trayectoria de Gianandrea Gavazzeni, me ha sorprendido ver que él era el director de no pocas grabaciones y funciones que ya conocía pero que desconocía que las dirigía él… fue un maestro en el podio, y esta es simplemente una discreta forma de recordarle como la gran figura que siempre fue.



La Boheme 120 años después de su estreno (01-02-2016)


Giuseppe Verdi llevaba ya medio siglo dominando el mundo de la ópera italiana, pero superados ya los 80 años, nadie esperaba que fuera a componer ninguna ópera más después de aquel magistral “Falstaff” de 1893. Se imponía buscarle un sustituto, ver quién de todos aquellos jóvenes de la llamada Giovane Scuola sería quien ocuparía el puesto del anciano maestro. Y quizá los asistentes a aquel estreno de “La Boheme” de uno de esos compositores, Giacomo Puccini, el 1 de febrero de 1896 en el Teatro Regio de Turín no se esperaban que aquella velada fuera decisiva a este respecto. Y más cuando la ópera que se estrenó no triunfó, por lo menos de crítica, pese a contar con la dirección nada menos que de Arturo Toscanini.




Pero en pocos meses la ópera se había estrenado ya en los principales teatros de Italia (en marzo se estrenará ya en la Scala milanesa nada menos) y el éxito sería ya imparable. Puccini pasaría a ser la máxima figura operística italiana durante los próximos 20 años y “La Boheme” una de las óperas favoritas del público (mi favorita, de hecho).

El genial libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica (autores también de los libretos de los éxitos posteriores del compositor, Tosca y Madama Butterfly) adaptaron de forma casi milagrosa esa colección de episodios inconexos que forman las Scènes de la vie de bohème de Henry Murger. También otro compositor del momento, Ruggero Leoncavallo (el de Pagliacci) estaba trabajando en una ópera sobre el mismo tema, pero su adaptación es totalmente distinta.

Lo primero, enlace al texto y traducción.

Comenzamos a repasar el argumento de “La Boheme”. Primer acto. Estamos en una pobre buhardilla del barrio latino de París que comparten 4 amigos bohemios: el pintor Marcello, el poeta Rodolfo, el filósofo Colline y el músico Schaunard. Estamos en plena nochebuena y hace un frío que te mueres. Rodolfo y Marcello están trabajando, pero se congelan, así que Rodolfo decide quemar la obra teatral que está escribiendo, lo que supone un ligero alivio para ambos y para Colline, que acaba de llegar… pero dura poco. Lo justo para que aparezca Schaunard con leña, provisiones y dinero que ha conseguido ganar cumpliendo el encargo de un lord inglés: conseguir que su loro se muera.

Todos se disponen a comer hasta que Schaunard les echa la bronca: en nochebuena hay que cenar fuera de casa. Y cuando se van a ir… ¡llega el propietario de la casa, Benoît, reclamando el alquiler. Entre los 4 consiguen engañarle y librarse de pagar. Ahora sí, campo libre para irse… pero Rodolfo tiene que quedarse para terminar un artículo. Los demás deciden esperarlo en la calle. Escuchamos toda la escena introductoria con Jaume Aragall como Rodolfo y Giorgio Zancanaro como Marcello:

Pero entonces aparece la vecina pidiendo luz, pero al momento se desmalla y Rodolfo tiene que hacerse cargo de ella (y aprovecha para comprobar que está de buen ver la niña…). La chica, tras recuperarse, se va a ir, pero se da cuenta que ha perdido las llaves, su luz se apaga (o la apaga ella a posta, quién sabe), y en ese momento la de Rodolfo también se apaga (aquí ni quién sabe ni porras, el apagón es claramente intencionado), y hala, a buscar la llave a oscuras… Rodolfo es un artista y no tarda en encontrarla, pero miente y dice que no… y lo que encentra es otra cosa:

Lo que encuentra Rodolfo es la helada mano de la chica, y le dedica esa maravillosa aria que es el “Che gelida manina”, rematada por un Do de pecho que habría que cantar más o menos así:

Tengo predilección por la versión de Nicolai Gedda, la verdad.

Otras veces se baja el aria medio tono, como hace aquí Pavarotti, junto a la Freni, su amiga de infancia. Parece que ella esté sufriendo a la espera de que Pavarotti resuelva bien el agudo… y su cara de alivio al lograrlo es todo un poema:

Es un aria preciosa y uno de los pasajes más célebres de “La Boheme”. Aquí Rodolfo se presenta como un poeta soñador. Pero necesitamos la respuesta, sabemos quién es él, pero ¿ella?

Descubrimos que la vecinita se llama Mimì y que es una costurera sin un duro. Poco importa, Rodolfo ya está coladito por ella (y ella por él). No hace falta que sean millonarios para quererse…

Puccini le regala al personaje unas melodías de una belleza indescriptible. Así que vamos a poner otra versión imprescindible más, con la gran soprano catalana Victoria de los Ángeles:

Venga, ¡si no se os pone la carne de gallina con ese “El primer beso de abril es mío” es que no tenéis corazón!

Los amigos de Rodolfo se impacientan en la calle, y Mimì decide acompañarlos. Y así, con este bellísimo dúo de amor “O soave fanciulla” terminamos el primer acto, cantado por Jussi Björling y Renata Tebaldi:

Comienza el segundo acto de “La Boheme”. Estamos en el barrio latino de París, donde los 4 amigos y Mimì hacen sus compras entre la multitud, antes de ir a cenar al Café Momus. Pero allí aparece alguien: Musetta, una antigua amante de Marcello que prefería buscarse a un amante con más dinero… y ahí va, acompañada por el rico Alcindoro. Pero al ver a su viejo amor algo dentro de ella se mueve y… comienza a cantar un pícaro vals que pone de los nervios al ricachón. De nuevo, uno de los momentos más famosos de “La Boheme”, el vals de Musetta “Quando me n’vo”. Musetta consigue librarse del viejo para arrojarse en brazos de Marcello, y encima de regalito le dejan la cena de los 5, a quienes ya no les queda dinero para pagar. Escuchamos el 2 acto completo con Carlo Bergonzi como Rodolfo, Renata Tebaldi como Mimì, Ettore Bastianini como Marcello, Gianna D’Angelo como Musetta, Cesare Siepi como Colline, Renato Cesari como Schaunard y Fernando Corena como Alcindoro:

Hasta aquí La bohème ha sido una comedia costumbrista, pero ya en el tercer acto comienza el drama, un drama que nos dejará destrozados al final…

Tercer acto de “La Boheme”: estamos en pleno invierno. Rodolfo y Mimì se han ido a vivir por su cuenta, igual que Marcello y Musetta. Pero entre Rodolfo y Mimì hay problemas, y Mimì va a buscar a Marcello para pedirle ayuda: los celos de Rodolfo hacen imposible la relación. De hecho, Rodolfo acaba de huir de casa y está en el bar donde trabaja Marcello. Éste le dice a Mimì, que está evidentemente cada vez más enferma, que se vaya a casa y que él hablará con Rodolfo. Pero Mimì se esconde para oír la conversación. Escuchamos el dúo con Mirella Freni y Rolando Panerai:

Cuando Rodolfo sale, afirma que quiere separarse de Mimì, porque hay un vizconde con el que Mimì le pone celoso, pero al final Marcello consigue sacarle la verdad: Rodolfo se tortura porque Mimì está cada vez más enferma, y siendo pobre como es, siente que, al hacerla vivir con él en esas míseras condiciones, la está matando. Mimì estalla en sollozos y ambos se dan cuenta de que estaba escuchando la conversación:

Pero entonces se oye desde el interior la risa de Musetta, y el que se pone celoso es Marcello.

Mimì se despide de Rodolfo dándole instrucciones de lo que debe hacer con sus cosas. Y aquí Puccini vuelve a regalarle una bellísima aria, “Donde lieta uscì”, al que la voz de Tebaldi le hace merecida justicia:

Y el acto termina con el cuarteto “Dunque è prorio finita”, en el que Rodolfo y Mimì deciden permanecer juntos hasta primavera, cuando el sol les haga compañía, mientras Marcello y Musetta se pelean. Escuchamos el cuarteto final del tercer acto con Carlo Bergonzi, Renata Tebaldi, Ettore Bastianini y Gianna D’Angelo:

Atención sobre todo a la magia que consigue el enorme Carlo Bergonzi en ese “Ch’io, da vero poeta, rimavo con carezze!”, con ese pianísimo en “carezze”…

Y nos vamos al cuarto y último acto de “La Boheme”. Estamos en la misma buhardilla del primer acto: los cuatro amigos vuelven e vivir juntos. Rodolfo y Marcello intentan trabajar, pero pensar en sus respectivas amadas se lo impide. Escuchamos el dúo con Luciano Pavarotti y Rolando Panerai:

Tras el dúo aparecen Colline y Schaunard, pero esta vez, a diferencia del primer acto, no les sonríe la suerte, y apenas tienen un arenque para comer. Aún así, nada les quita el humor y se montan sus juegos y sus películas, hasta…

Hasta que aparece Musetta en la puerta avisando que Mimì viene detrás, muy enferma. Días atrás oyó que Mimì había abandonado al vizconde y que se estaba muriendo, y salió a buscarla por las calles; acaba de encontrarla, y ella sólo piensa en volver a ver a Rodolfo, quien desespera al oír la noticia. Ella está congelada, pero en la casa no hay nada que puedan darle, así que Marcello se va a buscar a un médico y Musetta va a empeñar unos pendientes para comprar el manguito que pide Mimì para calentar sus manos.

Colline tiene un bonito momento solista en el que se despide de su vieja zamarra, que también va a empeñar para conseguir algún dinero. Escuchamos su breve aria cantada por Giorgio Tozzi:

Entonces aconseja a Schaunard que les deje solos a Rodolfo y Mimì.

Y entonces Mimì, que fingía dormir, se yergue para poder hablar con Rodolfo en uno de los dúos de amor más bellos que se han escrito nunca, ese maravilloso “Sono andati”:

Este dúo, y en concreto esta versión con Tebaldi y Bergonzi, es una de las cosas más bellas que he escuchado nunca, y me resulta simplemente imposible no emocionarme cada vez que lo oigo. Desde aquella vez, a punto de cumplir 15 años, que teníamos que interpretar en playback un trozo de una ópera en clase de música y yo elegí “La Boheme” (cuando apenas sabía lo que era una ópera) y la profesora me prestó esta grabación, este dúo permanece esculpido en mis tímpanos.

La tos de Mimì hace volver a Schaunar, y no tardan en llegar Marcello y Musetta con el manguito, pero ya de poco sirve. Sin que Rodolfo se dé cuenta, Mimì muere. Con la llegada de Colline, que pregunta cómo está, Rodolfo se da cuenta del nerviosismo de sus amigos y se da cuenta de lo que ha ocurrido. Y así termina esta “La Boheme”, con Rodolfo gritando el nombre de su amada muerta. Y escuchamos el final con Roberto Alagna y Angela Gheorghiu:

Espero que tuvierais kleenex a mano…

Y espero que os haya gustado La bohème. Ya os digo que a mí me encanta, por algo es mi ópera favorita…

Bueno, a partir de ahora, cuando hablemos del aniversario del estreno de alguna ópera, quiero terminar diciendo quienes son en mi opinión los intérpretes referenciales en los principales papeles, así que allá vamos con un Reparto Ideal:

Rodolfo: Carlo Bergonzi. O Luciano Pavarotti (en vivo, no en el estudio con Karajan). Björling, Di Stefano, Gianni Raimondi o Alagna también tienen su atractivo.

Mimì: Renata Tebaldi, Mirella Freni o Victoria de los Ángeles.

Marcello: Rolando Panerai.

Musetta: Gianna D’Angelo o Anna Moffo.

Colline: Giorgio Tozzi.

Schaunard: Renato Cesari.

Benoît-Alcindoro: Italo Tajo.

Dirección de orquesta: por esta vez, y sin que sirva de precedente… “¡francamente, querid@s, me importa un bledo!”



Centenario de Elisabeth Schwarzkopf (09-12-2015)


No es fácil llevar el control de los numerosos aniversarios (de nacimientos o de muertes) que se suceden constantemente. De hecho, hoy me habría despistado de este de no ser por mis amigos de Platea Magazine que me lo han recordado. Y es que un 9 de diciembre de 1915 nacía en Jarotschin, Prusia por aquellas fechas (hoy día pertenece a Polonia) una de las grandes sopranos del siglo XX, la gran Elisabeth Schwarzkopf. Estrella en Europa (no tanto en Estados Unidos, donde su pasado Nazi pesaba demasiado), su matrimonio con el productor discográfico Sir Walter Legge recondujo su carrera hacia el repertorio en el que brillaría con luz propia, fundamentalmente Mozart y Richard Strauss.




Así que en vez de repasar su biografía, simplemente voy a poner algunas de las piezas en las que en mi opinión más brilló, o por lo menos las que a mí más me gustan.

Primero de todo, Mozart. Cantó muchos papeles suyos, pero al final la recordamos sobre todo en 3: la condesa de Le nozze di Figaro, la Donna Elvira de Don Giovanni y la Fiordiligi de Così fan tutte… vamos, las heroínas de la trilogía dapontiana.

Comenzamos con este “Mi tradi quell’alma ingrata” del “Don Giovanni“:

No soy yo muy fan del Don Giovanni, pero confieso que este aria me encanta.

Pero su papel mozartino que más me gusta es el de Condesa en “Le Nozze di Figaro”. Es a la única soprano a la que consigo aguantar el “Porgi amor” (que se me suele hacer bastante pesado), pero es que lo que hace con esa preciosidad que es el “Dove sono” ya no tiene palabras que puedan describirlo. Su buen gusto, su elegancia y su fraseo sutil y siempre acertado producen esa magia que siempre esperamos de una ópera:

Destaca también su Fiordiligi en el “Così fan tutte”, de la que escuchamos el aria “Come scoglio”:

Le escuchamos por último cantar el aria “Ach, Ich fühl’s” de “Die Zauberflöte“:

No fue la ópera italiana un repertorio en el que destacara, excepto en la Alice del “Falstaff” verdiano, que grabó en el mítico registro que dirigió Herbert von Karajan, un director con el que trabajó a menudo. Como muestra, a falta de aria (que el personaje no tiene), este fragmento, donde la acompañan nada menos que Anna Moffo, Nan Merriman y la genial Fedora Barbieri:

Del repertorio verista escuchamos una temprana “Madama Butterfly”, en concreto el aria “Un bel di vedremo”:

Y esa Liù de “Turandot” que grabó junto a Maria Callas, de la que escuchamos el “Signore, ascolta”:

Tampoco fue una destacada intérprete wagneriana (era una soprano lírica, muy lejos de las sopranos dramáticas que suelen requerir la mayoría de los personajes de Wagner), pero no puedo resistirme a poner esta grabación del “Dich, teure Halle” del “Tannhäuser”, un aria que me encanta. No es de lo mejor que hizo,a la vista está, pero bueno, da igual, siempre merece la pena escucharla:

Tampoco se puede dejar pasar su versión del Lied de Marietta de esa ópera casi desconocida por aquellas fechas, la maravillosa “Die tote Stadt” de Erich Wolfgang Korngold. Aunque no cantara la ópera completa, esta grabación es un regalo para los oídos:

Aunque no frecuentara el repertorio francés, no pudo resistirse a grabar ese aria que tanto gusta a las grandes sopranos líricas, que es el “Depuis le jour” de “Louise” de Gustave Charpentier. La ópera apenas es conocida, pero este aria bien se merece que tantas grandes sopranos la hayan cantado:

Ya hemos mencionado que, junto con Mozart, fue con Richard Strauss con quien más triunfó Elisabeth Schwarzkopf. Hay que recordar su grabación de Capriccio, pero si destacó en un papel por encima de cualquier otro fue en su Mariscala de “Der Rosenkavalier”. En este final del 1º acto (en versión fílmica, por suerte) vuelve a haber auténtica magia:

¡Ay, qué forma de decir esas últimas frases! Y acompañada por esas bellísimas melodías de Strauss… ¡como para no disfrutar!

Pero es que además, personalmente, le debo a la Schwarzkopf haber descubierto esas joyas que son los 4 últimos lieder de Strauss. No voy a poner los 4, me quedo con mi favorito, el 3º, “Beim Schlagengehen”, “al irse a dormir” o algo similar:

Y ya puestos, otro bellísimo Lied de Strauss, “Morgen”, una de las canciones más bellas nunca escritas:

Y es que Schwarzkopf cantó música de concierto (los Requiems de Verdi y Brahms, o esa 9ª de Beethoven referencial que dirigió Furtwängler) y dio una gran atención al lied. Por ejemplo, de Schubert, de quien vamos a ver el “An die Musik”:

Frecuentó a los principales autores de Lied, aunque por su vocalidad apenas cantara los de Mahler… aún así, nos dejó algún regalito, como este maravilloso “Ich bin der Welt” de los “Ruckert-Lieder” mahlerianos:

Famosa es también la grabación que, junto con Victoria de los Ángeles, realizo del divertidísimo “Duo buffo di due gatti” de Gioacchino Rossini:

Incluso hizo su incursión en la chanson francesa con este “Si mes vers avaient des ailes” de Reynaldo Hahn, acompañada al piano de ese experto en Lied que fue Gerald Moore:

En su carrera también ocupó un lugar destacado la opereta vienesa, de Johann Strauss Jr. o de Franz Léhar, que grabó en numerosas ocasiones, a menudo acompañada de otro grande del género, el tenor sueco Nicolai Gedda (que coincide con ella, por ejemplo, en las dos grabaciones de La viuda alegre que realizó).

Empezamos con las Czardas que canta la protagonista del Die Fledermaus de Johann Strauss Jr.:

Pero si en alguna opereta brilló con luz propia fue con esa Hanna de “Die lustige Witwe” (La viuda alegre), como en esta canción de Vilja, que, aunque incompleta, podemos ver a continuación:

No deja de ser sorprendente esa habilidad para apianar los agudos, para que suenen siempre delicados.

Retirada de la ópera en 1971 y del Lied en 1979, dedicó los siguientes años a la docencia, siendo maestra de destacados intérpretes del mimo repertorio que ella cantó.

Nos dejó el 3 de agosto de 2006 mientras dormía en el Voralberg austriaco a los 90 años. Pero su enorme legado permanece. Pocos cantantes hay que hayan tenido su talento, su finura, su elegancia, su sutileza… Fue y sigue siendo un modelo referencial en la forma de cantar ciertos repertorios, y por ello nunca podremos olvidarla.