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Crónica: WDR Sinfonieorchester Colonia en Quincena Musical (31-08 y 01-09-2018)


En la Quincena Musical donostiarra hemos recibido ya en varias ocasiones a la WDR Sinfonieorchester Colonia y a su director, Jukka-Pekka Saraste. Y, en todas las ocasiones anteriores, los resultados no habían sido satisfactorios para mi gusto, ya que el finlandés tiende a abusar de unos tempos rápidos en exceso, perdiéndose la línea melódica de las obras que interpreta, hasta llegar a estropearlas del todo. No eran por tanto las expectativas muy altas para estos dos conciertos.




Pero lo peor era en este caso el repertorio escogido, que si cabe me alejaba más de los conciertos, con obras en general que me atraen poco o nada. Aunque esto representaba una ventaja para Saraste, ya que al menos iba a resultar difícil que me enfadara por los resultados, en obras que conozco poco.

El programa del primer concierto lo abría el 1º concierto para piano de Brahms, obra compleja pero, en mi opinión, bastante por debajo del segundo concierto (y del genial concierto para violín). Aquí los tempos fueron más bien rápidos, pero al menos no vertiginosos, siempre más llamativos en el Adagio central que en los movimientos más rápidos. No sé cuánto influyó en los tempos el pianista Igor Levit, que se enfrentaba a una partitura compleja pero no demasiado lucida. Su lectura fue sin duda correcta, pero un tanto falta de magia (magia que sí lució en la propina, desconozco cuál, en la que escuchamos a un pianista sensible y delicado, que quizá no encontraba en el concierto de Brahms un buen vehículo de lucimiento), y Saraste y la WDR Sinfonieorchester Colonia no ayudaron a alcanzar esa magia que se espera de una obra que, si bien no es genial, sí que tiene un notable nivel de calidad.

La segunda parte del concierto la ocupaba la no muy extensa “Consagración de la Primavera” de Igor Stravinsky. No soy yo nada fan del ruso, y mucho menos de esta obra, que me deja siempre absolutamente frío (estamos hablando siempre de criterios absolutamente personales y, por tanto subjetivos; no digo que la obra sea mala, obra de un mal compositor, sólo digo que no me llega). Y ese fue el resultado final: frialdad. Ruido, quizá en exceso, y una lectura superficial de la obra, la misma impresión que me transmite siempre el director finlandés.

Y llegamos ya al segundo concierto que ofrecía la WDR Sinfonieorchester Colonia, en este caso con una única obra: el Requiem de Berlioz. Y se repite el problema anterior: Hector Berlioz es, probablemente, de entre todos los grandes compositores románticos, con el que menos empatizo. Su obra me aburre, y este Requiem, o Gran Misa de Muertos, no es la excepción. Encuentro la obra un absoluto sinsentido, en la que la música no me transmite lo que canta el coro (a diferencia de los Requiems de Mozart o Verdi, por ejemplo), con algunos momentos melódicos de notable belleza, pero sin sentido dramático, y otros de gran aparatosidad (6 timbaleros, 4 platillos…), mucho ruido y, al final, pocas nueces. Además, los tempos apresurados de Saraste rompieron con el dramatismo implícito en la introducción.

La orquesta se distribuyó de forma extraña tanto en el escenario (con las tubas debajo de los umbrales de las puertas) como en el propio auditorio, desde el que tocaban trompetas y trombones, lo que produjo una cierta confusión y algunos momentos más bien borrosos. También el tenor, Maximilian Schmitt, cantó desde algún lugar del auditorio que fui incapaz de localizar. Bueno, para paliar el soporífero hastío que estaba sufriendo, era un entretenimiento intentar encontrarlo, pero si me despistan así en una obra que me gusta, me puedo cabrear mucho. Sinceramente, no encuentro el sentido a estos jueguecitos.

Y, para colmo, tampoco ha sido la vez que mejor he visto al Orfeón Donostiarra, con unas entradas que me parecieron titubeantes y con unos tenores que sonaban pálidos en exceso (puede ser que la obra lo requiera, lo desconozco, sólo comento lo que oí). Destacaba el Orfeón en los fortes, pero no tanto en los pasajes en piano, que siempre han sido una de sus grandes virtudes. Hay que mencionar además que la WDR Sinfonieorchester Colonia tapó en varias ocasiones al coro cuando cantaba en forte, y mira que eso es difícil, porque el Orfeón en los fortes es atronador, como ya sabemos quienes les hemos escuchado en otras ocasiones. No es esto, por tanto, demérito del Orfeón, sino un problema de una orquesta en exceso desatada.

No voy a decir por tanto que haya sido un final decepcionante, ya que me lo esperaba, pero si un final triste, lejos de otros magníficos conciertos finales que hemos disfrutado en años anteriores. Sólo nos queda esperar que el año que viene sea más (no he podido ir a muchos conciertos este año, por desgracia) y, sobre todo, mejor.