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Comparativa de versiones: Vainement, ma bien aimée

Con el aria “Vainement, ma bien aimée” comenzamos una nueva sección en este blog, la comparativa de versiones. El objetivo de esta sección es escuchar a diferentes cantantes (en este caso, tenores) interpretar la misma aria (o romanza o monólogo de ópera, zarzuela, opereta o musical, o incluso otro tipo de canciones y estilos), analizando los aspectos vocales, técnicos, estilísticos e interpretativos para determinar cuáles son las versiones más interesantes.

En este caso, como hemos mencionado ya, vamos a analizar el aria “Vainement, ma bien aimée”, que escuchamos al comienzo del tercer acto de la ópera “Le Roi d’Ys” de Édouard Lalo. Se trata de una alborada, género muy popular a finales del siglo XIX. En principio, la alborada sería el equivalente matinal de la serenata, pero al final adquiere como característica principal el tema de la separación de los amantes al alba. Es cierto que, en este caso, esta separación tiene un carácter más metafórico que real, ya que quien la canta, el caballero Mylio, está a punto de casarse con la princesa Rozenn (y hay que decir que la historia de amor terminará bien, cosa poco habitual en la ópera). 

No es “Le Roi d’Ys” una ópera habitual en los teatros hoy día, y tampoco cuenta con muchas grabaciones discográficas integrales, pero “Vainement, ma bien aimée” es un aria famosísima que ha sido interpretada por un gran número de grandes tenores, algunos bastante ajenos al repertorio francés. Escucharemos un buen número de versiones, pero antes dejamos el texto del aria y su traducción: 

Puisqu’on ne peut fléchir

ces jalouses gardiennes,

Ah! laissez-­moi

Conter mes peines

Et mon émoi.

Vainement, ma bien­aimée!

On croit me désespérer;

Près de ta porte fermée

Je veux encore demeurer.

Les soleils pourront s’étendre.

Les nuits remplacer les jours.

Sans t’accuser et sans me plaindre

Là, je resterai toujours.

Je le sais, ton âme est douce,

Et l’heure bientôt viendra

Où la main qui me repousse

Vers la mienne se tendra.

Ne sois pas trop tardive

A te laisser attendrir,

Si Rozenn bientôt n’arrive,

Je vais, hélas! mourir.

Dado que no puedo doblegar

A estas celosas guardianas,

¡Ah!, dejadme al menos

Contar mis penas

Y mi emoción. 

¡En vano, amada mía!

Aún creyendo desesperar;

Junto a tu puerta cerrada

Quiero permanecer todavía.

Los soles podrán ocultarse

 

Las noches reemplazar a los días

Sin acusarte y sin compadecerme

Aquí permaneceré por siempre.

Yo lo sé, tu alma es dulce,

Y pronto llegará la hora

En la que la mano que me rechaza

Hacia la mía se tenderá. 

No te retrases mucho

En dejarte enternecer,

Si Rozenn no aparece pronto,

Quiero, ¡ay!, morir.

El aria comienza con un breve recitativo. A continuación tenemos una estructura en dos estrofas que se repiten, con diferente letra, en un esquema A – B – A -B. La primera estrofa es más rítmica, mientras la segunda es más melódica y requiere de un considerable dominio del canto en mixto para poder cantar como es debido los maravillosos pianísimos que hacen célebre este aria (esos La3 que la partitura indica claramente que deben ser interpretados en pianisimo).

Hay que añadir, en todo caso, que, además de la parte del tenor, en determinados momentos canta también un coro femenino, algo que se omite en las grabaciones de estudio pero que sí escucharemos en las que provienen de grabaciones integrales de la ópera.

Vamos ya a escuchar la primera versión de “Vainement, ma bien aimée”, en este caso por un tenor no muy conocido, pero uno de los principales tenores franceses de los años 50, Henri Legay:

La grabación de de 1957, por lo que Legay debía rondar los 37 años (estamos antes una grabación integral de la ópera, así que escuchamos esos coros femeninos que mencionábamos antes). Luce su magnífico estilo de canto francés, destacando en los momentos en los que la partitura especifica “dolce”, con ese canto casi poético. Se queda quizá un poquito escaso en las estrofas A (minuto 0’48 y 2’01), en las que la partitura demanda un MF con crescendo posterior, mientras que a su canto le falta un poco esa potencia, esa plena voz que demanda el pasaje. Pero su canto en mixto es de manual, y su elegancia en el fraseo es tal que estos pequeños detalles palidecen ante una interpretación de manual.

Nota final: 9. 

Vamos con una segunda versión de “Vainement, ma bien aimée”, en este caso cantada por Roberto Alagna:

Yo soy muy fan de Alagna, pero siempre me ha mosqueado que, siendo el repertorio francés el que mejores resultados le ha dado, controle tan mal el canto en mixto. En esta grabación Alagna tiene 47 años; forma parte de un recopilatorio de arias de ópera francesa. Y sorprende el erróneo enfoque que le da: en una época en la que su repertorio estaba formado cada vez más por papeles de tenor spinto, aquí falsea su voz para sonar casi a tenore di grazia, más que al tenor lírico que demanda el papel. Así, apiana frases que tienen que ser cantadas en forte, usando falsetes realmente feos (ese “Pres de ta PORte”), incluyendo el la en pianísimo. En la repetición, por el contrario, canta a voz plena, consiguiendo un resultado sin duda mucho más interesante, si bien en La no está apianado como sería de esperar. En todo caso, si hubiera cantado todo el aria igual que esta última parte, el resultado sería mucho mejor. 

Nota final: 6. 

Vamos ahora con un histórico, Miguel Fleta:

Recitativo muy lento, en el que Fleta canta bastante ad libitum, frente a una primera estrofa muy rápida. La orquesta suena en exceso potente. Por lo demás, poco se puede achacar al canto de Fleta: respeta las indicaciones de Forte o Piano y luce aquí sus míticos filados, si bien es cierto que se echa en falta más legato en esos saltos de octava que nos llevan al La en pianísimo. 

Nota final: 9. 

Vamos ahora a escuchar a Giuseppe di Stefano:

Aunque, hasta donde sé, Pippo no cantó nunca la ópera completa, sí incluyó a lo largo de su carrera el “Vainement, ma bien aimée” en recitales. He escogido aquí una interpretación muy temprana, en la que Di Stefano tiene 28 años, cuando la voz todavía está fresca y esa mala costumbre de abrir los agudos todavía no es tan notoria. La voz es perfecta para el papel, suena a tenor lírico pleno, matiza, canta con gusto y se marca unos pianísimos en mixto de quitar el hipo (mejor el segundo, ese “je VAIS”, ya que en el primero la voz tiembla un poco). 

Nota final: 9. 

Vamos ahora a escuchar a Nicolai Gedda:

Venga, vamos a decirlo claramente: es casi imposible superar esto. Voz de tenor lírico, dominio absoluto del estilo francés, fraseo expresivo, técnica impecable, siguiendo las indicaciones agógicas al pie de la letra y con unos agudos en mixto que cortan el aliento. Magistral.

Nota final: 10. 

Vamos ahora a escuchar el “Vainement, ma bien aimée” de Juan Diego Flórez:

Aunque a sus 40 años Flórez estaba ya incluyendo en su repertorio roles de tenor lírico, los resultados no engañan: su voz sigue sonando demasiado liviana para esos roles líricos. Le falta cuerpo, grosor, potencia, y el fraseo es demasiado blando. Además, si bien su registro agudo le permite apianar considerablemente notas agudas, al rehuir el mixto no consigue los resultados deseados. 

Nota final: 6. 

Vamos ahora con André d’Arkor:

Estamos ante historia pura del canto. Esta grabación de 1932 nos permite escuchar a uno de los grandes tenores históricos franceses (quizá el más reseñable tras Georges Thill), con un dominio estilístico impecable, además de dicción, fraseo, técnica… quizá, al igual que me pasa con Fleta, echo en falta un poquito más de legato en los saltos de octava, ya que parece que ataca los pianísimos directamente. Detalle menor ante tanta perfección, tan solo afeada por la calidad del sonido. 

Nota final: 10. 

Vamos ahora con Alain Vanzo

No estamos ante una grabación del aria “Vainement, ma bien aimée”, sino ante una de las pocas grabaciones integrales de la ópera “Le Roi d’Ys” (realizada cuando el tenor contaba 45 años). Y Alain Vanzo es uno de los últimos exponentes del canto tenoril francés. Sigue la misma línea que D’Arkor, Legay, Simoneau o Gedda, pero en su impecable versión sólo falla un detalle: incomprensiblemente, tras un primer agudo en pianísimo (impecablemente unido a la nota anterior en este caso), el segundo no lo apiana. Una lástima, ya que le impide coronarse como el rey de este aria.

Nota final: 9. 

Vamos ahora a escuchar a Carlo Bergonzi:

El acompañamiento de piano ya nos indica que estamos ante un recital en vivo. Bergonzi no fue asiduo al repertorio francés y, cuando lo cantaba, casi siempre lo hacía traducido al italiano. Es pues este “Vainement, ma bien aimée” una especie de capricho que se permite el tenor a sus 60 años. La pronunciación, por supuesto, mejor la ignoramos. Y sorprende que se equivoque en el enfoque: el recitativo, claramente indicado para cantarse a plena voz, lo canta en piano, luciendo algunas notas en mixto (“et mon emoi”), canta el aria impecablemente pero luego, en los agudos en pianísimo, no va al mixto, los canta a plena voz, aunque intentando siempre controlar el volumen. Luego la remata con un La agudo final no escrito, ahora sí, cantado en mixto (la voz le tiembla un poco, vale… pero tiene 60 años en ese momento, bastantes más que la mayoría de tenores a los que hemos escuchado). Digamos que resulta un tanto agridulce, ya que es evidente que el resultado podría haber sido mejor.

Nota final: 7. 

Vamos ahora con William Matteuzzi:

Al igual que en el caso de Flórez, Matteuzzi es un tenor contraltino, pero a diferencia del peruano, Matteuzzi sí consigue colar como tenor lírico, por momentos escuchamos esa anchura de voz que requiere el papel. Además, el rey del sobreagudo en mixto no iba a tener problemas a la hora de cantar esos pianísimos en mixto, que le salen perfectamente. Sigue faltando un poco más de cuerpo en la voz, pero en general el resultado es notable.

Nota final: 8. 

Vamos ahora con Marcelo Álvarez:

Con 42 años, Marcelo Álvarez contaba todavía con una interesante voz de tenor lírico. En principio suena adecuada para el papel de Mylio, pero, a parte de no cantar en pianísimo el primer La, hay algunas notas no del todo bien emitidas, en especial ese segundo La que, en este caso, si apiana, pero de forma un tanto heterodoxa.

Nota final: 7.

Regresamos a los cantantes históricos, en este caso Beniamino Gigli:

Dicción francesa un tanto discutible, un fraseo por momentos demasiado blando y un portamento demasiado feo en el “Je vais” (2’56) afean un poco una interpretación delicada, sutil, y con unos mixtos a tener muy en cuenta. 

Nota final: 9. 

Vamos ahora con otro mítico tenor del repertorio francés, el canadiense Léopold Simoneau:

Simoneau tiene todo lo necesario para bordar el “Vainement, ma bien aimée”: voz de tenor lírico de gran belleza, fraseo y pronunciación perfectos, técnica, estilo, sigue al pie de la letra las indicaciones de la partitura y sus pianísimos en mixto son magia pura. A mí al menos me resulta imposible ponerle cualquier pega.

Nota final: 10. 

Vamos ahora con una versión más reciente, la de Jonas Kaufmann

Siento que tengo que pedir perdón por haceros escuchar esto. Pero es lo que hay. Con 48 años, Kaufmann, metido de lleno en repertorio de tenor dramático (con una técnica discutible) no está en condiciones de cantar un papel tan lírico como el de Mylio. La voz es fea, leñosa, recuerda mucho a Vickers pero sin su carisma. Horrible su emisión en “et mon emoi” (0’28). Luego comienza el “Vainement, ma bien aimée” falseando la voz para intentar que su voz suene más liviana, pero al final suena más falso que otra cosa. Sólo el pianísimo en mixto del “Je vais” (porque el otro se lo come) podrían mejorar levemente los resultados.

Nota final: 4. (Y no sé si me paso de generoso). 

Llega ahora el turno de otro tenor histórico, el corso César Vezzani

Vezzani fue considerado más un tenor spinto francés que un lírico, como la mayoría de cantantes a los que hemos escuchado hasta ahora. Y eso se nota en este “Vainement, ma bien aimée”, en el que la voz suena más robusta de lo que habíamos escuchado hasta ahora… pero no intenta disimularlo, la canta con su voz, y el resultado es más que notable. El problema es que no hay uso del mixto en esos agudos que no suenan en pianísimo. 

Nota final: 8. 

Y vamos ahora con la última versión que vamos a escuchar del “Vainement, ma bien aimée”, en este caso cantada por Alfredo Kraus

Kraus era asiduo al repertorio francés, pero solía evitar el uso del mixto. Es por eso que una interpretación en general notable se queda un poco coja por esos agudos cantados de pecho; es cierto que la voz de Kraus es aguda y puede apianarlos, pero no son esos pianísimos etéreos que nos esperamos.

Nota final: 8. 

Hemos escuchado en total 16 versiones diferentes del “Vainement, ma bien aimée”. No hay, por desgracia, en Youtube, ningún vídeo de Sébastien Guèze, el tenor que más ha cantado en los últimos años el papel de Mylio, y del que hay una grabación completa de la ópera (disponible en Spotify). 

Aunque en general las valoraciones han sido bastante altas (bastantes 8 y 9), ha habido 3 dieces: André D’Arkor, Léopold Simoneau y Nicolai Gedda. Si nos queremos quedar con una única versión, descartamos la de D’Arkor por la mala calidad de sonido. Nos quedan Gedda y Simoneau. Yo soy especialmente fan de Gedda, pero en esta ocasión, y sin que sirva de precedente, por un pelo voy a dar como campeón de esta comparativa a Léopold Simoneau.

Centenario del estreno de La Rondine (27-03-2017)


Es una de las óperas más desconocidas de Giacomo Puccini, a menudo menospreciada por su calidad supuestamente inferior, pero a mí me resulta una ópera enormemente emotiva. Hoy, con motivo del centenario de su estreno, repasamos la historia de “La Rondine”.




Giacomo Puccini había estrenado su última ópera, “La fanciulla del West” en 1910, y se hallaba en busca del argumento de sus siguiente ópera, barajando numerosas opciones. Pero en 1913 viaja a Viena para estrenar en esta ciudad su nueva ópera, y allí recibe una oferta de trabajo: el Karl-Theather le ofrece componer una opereta vienesa. Puccini en principio no se muestra del todo satisfecho, pero sus peleas con su editor, Giulio Riccordi le llevarán a aceptar el contrato, con una condición: Puccini no quiere componer una obra que combine pasajes musicales y diálogos hablados, sino una obra completamente cantada, siguiendo la estética de “Der Rosenkavalier” de Richard Strauss.

Giuseppe Adami traduce al italiano el libreto original alemán de Alfred Maria Willner y Heinz Reichert, un argumento con momentos de comedia, con una pareja protagonista y otra secundaria de carácter más cómico, pero con un final que, sin ser dramático como los de las grandes óperas anteriores de Puccini, no resulta un final feliz.

Giacomo Puccini termina de componer “La Rondine” en 1915, mal momento para estrenar una ópera, con Europa inmersa en la I Guerra Mundial. Para colmo, Italia entra en 1915 en la Guerra, pero no en el bando Austriaco, con quien se suponía que tenía una alianza, sino en el rival. En tal situación, era imposible que Puccini estrenara la ópera en Viena. Además, Riccordi rechaza hacerse cargo de la ópera. Será su editor rival, Lorenzo Sonzogno, quien se haga cargo de la ópera y consiga poder estrenarla en un país neutral, eligiendo Montecarlo. Será en el Gran Teatro del principado monegasco donde se estrene finalmente la ópera el 27 de marzo de 1917, con un reparto de lujo encabezado por Gilda Dalla Rizza y Tito Schipa, alcanzando un notable éxito que, por desgracia, no perdurará.

De hecho, Puccini realizará alteraciones a la partitura, como la incorporación de un aria para el tenor en el primer acto (usando una canción que había compuesto anteriormente cambiándole la lera) o incluso un cambio en el final, mucho más dramático. Quizá Puccini se daba cuenta de que, tras dos magníficos actos, llenos de melodías bellísimas, de ritmos de danza y sonoridades más modernas (La Rondine es una ópera tan innovadora como cualquier otra de la producción pucciniana), el tercer acto se quedaba quizá un poco pobre dramáticamente hablando. Y la culpa es sin duda de un libreto que nos ha dejado grandes frases en los dos primeros actos pero que aquí parece difuminarse sin encontrar la salida. Y, pese a todo, pese a ser el final original más bien flojito, es muy difícil no emocionarse con él.

Comenzamos ya a repasar el argumento de la ópera, dejando antes un enlace del libreto.

Comenzamos el primer acto de La Rondine. Estamos en París, a comienzos del siglo XX, esa época feliz y próspera en la que nadie se imaginaba que iba a estallar una terrible guerra poco después (¿morirá nuestro protagonista combatiendo en el frente? Imaginémonos una continuación a esta ópera…). Estamos en un salón en casa de Magda, la amante del rico Rambaldo. Allí están un grupo de amigos, entre ellos el poeta Prunier, que habla de una nueva moda en el mundo elegante de París: el amor sentimental. La criada Lisette se burla de este comentario, afirmando que eso no existe, que todo son encuentros fugaces. Magda echa a su criada para poder escuchar lo que cuenta Prunier: un amor basado en miradas, besos, suspiros… y nada más, que se extiende como un microbio entre todas las mujeres parisinas, incluyendo Doretta, el personaje que le ha inspirado su nueva canción. Magda le obliga a cantarla, y cuando Rambaldo pregunta por el argumento y Prunier le contesta que es el amor, Rambaldo lo considera un tema aburrido, al contrario que Magda. Prunier cuenta que el rey quiso besar a Doretta y le prometió riquezas a cambio de hacerla suya, pero ella le rechaza, porque el oro no le puede dar la felicidad. Prunier se calla, ya que no ha conseguido encontrar el final de la historia, pero Magda se atreve a rematarla: un joven besa a Doretta, revelándole una felicidad que las riquezas nunca podrían darle. Escuchamos este famosísimo pasaje “Chi il bel sogno di Doretta” con Angela Gheorghiu:

Este pasaje es tan famosos que ha sido grabado por numerosas sopranos que nunca han cantado el papel completo; he puesto la versión de Gheorghiu para poder escuchar la parte del tenor también, pero ahora vamos a escuchar una versión mejor cantada, que le saque mucho más partido a esos agudos en pianísimo; escuchamos la versión de Montserrat Caballé:

Todos se emocionan al escuchar a Magda, incluso el poco romántico Rambaldo, que rechaza verse afectado por el amor; él lo compra con un collar de perlas que regala a Magda. Pero Prunier se da cuenta de que ella duda, que no se encuentra contenta.

Llega Lisette para avisar a Rambaldo de que una persona a la que espera lleva ya una hora esperando su respuesta: es el hijo de un amigo de infancia. Rambaldo sale a buscarlo, mientras Prunier le pregunta a Magda como puede soportar a Lisette, que no para de hablar: Magda afirma que le da luz a su vida, algo que sorprende a todas, ya que envidian la vida de Magda, ya que Rambaldo es generoso y le da todo lo que pueda pedir. Magda rechaza que puedan pensar que el dinero le da la felicidad, y recuerda cuando, años antes, cuando era jovencita, se escapó de casa de su tía y fue a Bullier, donde conoció a un chico con el que bailó, que le invitó a una cerveza, que escribió su nombre junto al de ella en el mármol… con el que descubrió el amor, a fin de cuentas. Añora la felicidad que sintió en aquel momento. Escuchamos esa bellísima aria que es “Ore dolci e divine” cantada deliciosamente por Ainhoa Arteta:

Venga, lo confieso, es uno de los pasajes que más me emocionan de esta ópera.

Le preguntan a Prunier si la historia le interesa, pero él responde que su protagonista tiene que ser refinada, elegante y perversa, digna de él. Para saber si una mujer reúne esas condiciones hay que leer la palma de su mano. Lee la de Magda, y ve como el destino la lleva, como si fuera una golondrina (Rondine en italiano, de ahí el título de la ópera) lejos, tal vez hacia el amor, pero que el destino tiene una doble cara: puede ser un final feliz o no.

Mientras ha llegado el joven al que esperaba Rambaldo, Ruggero, que por primera vez visita París. En este momento Puccini incluye en una versión alternativa (poco utilizada posteriormente) un aria, “Parigi”, en la que Ruggero describe sus impresiones sobre la ciudad que le fascina. Escuchamos el aria cantada por Roberto Alagna:

Rambaldo pide consejo sobre dónde enviar a Ruggero en su primera noche en París. Prunier le responde que a la cama, pero Lisette en seguida replica que la primera noche en París es como ver el mar por primera vez, y discuten sobre el lugar más adecuado para enviarlo, sugiriendo Lisette finalmente Bullier, donde florece el amor. Magda se estremece al escuchar el nombre de lugar. Tras enviar a Ruggero a Bullier, todos dejan sola a Magda, incluida Lisette, que tiene su noche libre. Magda recuerda lo que le dijo Prunier al leerle la mano, y decide rememorar su vieja historia yendo a Bullier. En ese momento aparece Lisette junto a Purnier: ¡se aman, flípalo! Prunier todo el rato insistiendo en que no la aguanta, y vaya si la aguanta… ambos van a ir de fiesta, y Lisette “toma prestada” ropa de Magda. Justo cuando se van reaparece Magda, vestida de una manera mucho más sencilla de la que acostumbra, y se prepara para ir a Bullier sabiendo que, con ese aspecto, nadie la reconocerá. Escuchamos la escena final del primer acto con Kiri Te Kanawa como Magda, Mariana Nicolesco como Lisette y David Rendall como Prunier:

Comenzamos el segundo acto de La Rondine, en el que nos vamos a encontrar más ritmos bailables propios de la opereta. Y es que estamos en Bullier, donde todos están de fiesta. Unos beben, hay parejas que discuten y otras que ligan. Un grupo de busconas ve llegar a un jovencito guapete y tímido, Ruggero, e intentan embaucarle, pero él las ignora. Mientras, un grupo de jóvenes estudiantes ve llegar a una desconocida (Magda), y la atienden de forma algo empalagosa; quieren su compañía, y ella les rehuye como puede, para lo que tiene que buscarse la excusa de que ha quedado con alguien. Ellos insisten en acompañarla, y ella no encuentra mejor solución que saludar a Ruggero, que no sabe quién es ella. Escuchamos esta introducción dirigida por Lorin Maazel y con Kiri Te Kanawa como Magda:

Magda le cuenta la verdad a Ruggero: era una excusa para librarse de los moscardones, y en cuanto desaparezcan, ella le deja. Pero Ruggero le pide que se quede, ya que la ve diferente a las demás, le recuerda a las tímidas y modestas jóvenes de su ciudad Montauban, que sólo llevan una flor en en el pelo, como la que se ha puesto ella. Y tras la sugerencia de Magda, ambos van a bailar. Magda siente estar viviendo una nueva aventura como la de su juventud. SE unen a la multitud que baila. Escuchamos la escena con Anna Moffo y Daniele Barioni:

Como el vídeo se corta justo cuando comienza el vals instrumental, dejo otra versión del final del dúo y el vals posterior:

Llegan Prunier y Lisette. Prunier intenta enseñarle a ella a comportarse, pero ella se enfada porque se siente regañada cada vez que hace algo.

Magda y Ruggero dejan de bailar. Ella tiene sed y él pide dos cervezas. Ella le pide que pague al camarero 20 escudos y le deje las vueltas, recordando lo que hizo el joven en aquella escapada anterior que ella tanto añora. Tras un brindis, él le pregunta su nombre; ella escribe sobre el mármol un nombre falso, Paulette, mientras el se presenta con su verdadero nombre. Insiste en saber cuál es su misterio, ya que no sabe nada de ella; ella le dice que la acepte como es y él siente que es la persona que estaba esperando, y se besan. Pues sí, es verdad que en Bullier florece el amor, y a qué velocidad… escuchamos el dúo de nuevo con Anna Moffo y Daniele Barioni:

Aparecen entonces Prunier y Lisette, que cree reconocer a su señora y a Ruggero. Prunier, dándose cuenta de lo que sucede, le dice que ella no es Magda, o algo así, y como a Lisette le falta un hervorcillo se arma un lío. Van a saludar a Ruggero para ver si el consejo que le dio Lisette de ir a Bullier ha servido de algo, a lo que Ruggero responde afirmativamente y les presenta a “Paulette”. Magda y Lisette se chinchan por la ropa que llevan, mientras Magda aprovecha también para meterse con Prunier por estar con su “odiada” Lisette. Ruggero propone entonces un brindis, mientras Magda ve cómo su sueño se está haciendo realidad. Y llegamos a otro de los mejores momentos de La Rondine, el brindis “Bebo al tuo fresco sorriso”. Pero seguimos porque vamos a escuchar ya todo lo que queda hasta el final del acto seguido. Lega Rambaldo, y Lisette se lleva a Ruggero mientras Prunier intenta entretenerlo, pero Magda decide quedarse para abandonar a su amante, diciéndole “Tú no sabes lo que es tener ser de amor y encontrar el amor, tener ganas de vivir y encontrar la vida” (eso es una frase y lo demás son tonterías). Rambaldo le desea que no se arrepienta antes de irse. Rambaldo se va, y Ruggero vuelve en busca de “Paulette”: ya amanece y todos se han ido. Magda entonces le abraza: ve su sueño cumplido y tiene miedo de perderlo. Y ambos salen declarándose su amor. Escuchamos toda esta escena final desde el brindis con Roberto Alagna, Angela Gheorghiu y Samuel Ramey como Rambaldo:

No me resisto en todo caso a poner el final cantado por Anna Moffo, en una interpretación sumamente emotiva:

Comenzamos el tercer acto de La Rondine. Y nos hemos trasladado a la Costa azul, donde ahora viven Ruggero y Magda en una casa frente al mar. Magda está preocupada por si Ruggero se aburre de esa soledad, pero él se siente feliz de ver como el amor de Magda crece cada día. Ella entonces recuerda cómo se conocieron. Escuchamos el comienzo del tercer acto con Daniele Barioni y Anna Moffo:

Entre abrazos y caricias, Ruggero le confiesa un secreto: he escrito a su padre pidiéndole dinero, ya que están llenos de deudas, pero la respuesta no llega. Ha escrito además para conseguir el consentimiento de sus padres para que se casen, algo que sorprende y deja desconcertada a Magda. Escuchamos la segunda parte del dúo con los mismos intérpretes:

Ruggero desea que Magda vaya con él a su casa, a la protección de su madre, donde espera que con el tiempo puedan incluso tener un hijo. Escuchamos el aria “Dimmi che vuoi” delicadamente cantada por Beniamino Gigli:

Ruggero se va, y Magda se siente atormentada por no haberle revelado su pasado. Entra en casa justo en el momento en el que aparecen Prunier y Lisette. Ella está enfadada con él, porque él la quiso convertir en cantante pero ha fracasado, la silbaron, y ahora teme a todo el mundo, y vuelven a pelearse. Buscan encontrarse con Magda; Prunier le cuenta que nadie en París se cree su amor, mientras Lisette, tras el fracaso la noche anterior en la vecina Niza, se ofrece a volver a ser la doncella de Magda, cosa que ella acepta. Prunier insiste en que regrese a París, ya que alguien que sabe de su mala situación económica (Rambaldo, aunque no mencione el nombre) le ofrece volver con él. Prunier se va fingiendo desprecio a Lisette, pero en secreto quedan para esa noche.

Lisette se prepara para volver a su oficio de sirvienta, y Ruggero regresa con una carta. Vamos a ver primero el final alternativo, un final horrible. La carta que lleva Ruggero le cuenta el pasado de Magda, y él la rechaza (una prostituta, por muy de lujo que sea, no tiene derecho a la redención, por lo visto). Ante la lamentable actitud de semejante cab####, que no cede ante sus súplicas de perdón, La  Magda se mete en el mar y se suicida al perder de esta forma su sueño de amor. Escuchamos ese final alternativo con Marcus Haddock y Ainhoa Arteta:

La versión original tiene un final triste, pero ni mucho menos tan trágico. Ruggero regresa todo ilusionado con una carta de su madre; Magda la lee: si Ruggero cree que es una buena mujer, le da su bendición y le pide que le dé un beso de su parte. Ruggero va a dárselo, pero ella lo rechaza: siente que le ha engañado al no contarle su pasado. Puede ser su amante, pero no la esposa que su madre espera. Ruggero suplica arrodillado que ella no le deje, pero con mucho dolor ella siente que no puede arruinarle la vida y tiene que dejarlo, abandonar su sueño de amor (y su redención por tanto) y regresar con Rambaldo: la golondrina ha cruzado el mar, pero el final no es un final feliz. Escuchamos el final con Roberto Alagna y Angela Gheorghiu:

Este video va bien para poder ver el final, pero si sólo queremos escucharlo, hay que recurrir siempre a Anna Moffo. Ese “Ah” final es de esos que te dejan un nudo en la garganta:

Ya dije que el tercer acto era el más flojo de los 3, e incluso el dúo final, no carente de buenos momentos, se queda dramáticamente un poco corto. Pero no emocionarse es prácticamente imposible.

Terminamos como siempre con un reparto ideal (teniendo en cuenta que no hay mucha discografía de esta ópera):

Magda: Anna Moffo (obviamente).

Ruggero: Roberto Alagna.

Prunier: Piero di Palma o William Matteuzzi.

Lisette: Inva Mula.

Rambaldo: Leo Nucci.

Director de Orquesta: Antonio Pappano.



200 años del estreno del Otello de Rossini (04-12-2016)




Hace más o menos medio año hablábamos en este post de las adaptaciones operísticas de obras teatrales de William Shakespeare. Pues bien, hace 200 años se estrenaba la que seguramente fuera la primera gran adaptación shakespeariana a la ópera, la que abriría el camino a otros grandes compositores para utilizar sus obras de teatro; hablamos del Otello de Rossini.




Y hablamos del Otello de Rossini (incorporando siempre ese “de Rossini” tras el título) para diferenciarlo de la adaptación que Giuseppe Verdi hará de la misma obra 81 años después, y que de hecho desplazará al Otello de Rossini. Tenemos por tanto el Otello de Rossini y el de Verdi, dos obras completamente diferentes.

Y es que el libreto del Otello de Rossini (cuyo título completo es “Otello, ossia Il moro di Venezia) lo escribió Francesco Berio di Salsa tomando como base el Otello de Carlo Cosenza, que se basa a su vez en la obra de Shakespeare. Nos encontramos así con una obra que transcurre completamente en Venecia (el de Verdi transcurre completamente en Chipre por que se suprime el I acto de la obra de Shakespeare, que transcurre en Venecia), y el personaje de Iago pierde mucho peso; aunque siga siendo el vilano de la ópera, el papel de antagonista se lo arrebata un Rodrigo que, en el papel de despechado enamorado de Desdemona, gana un peso que no tiene por ningún lado en el original de Shakespeare.

El Otello de Rossini se estrenó en Nápoles, en el Teatro del Fondo (actualmente Teatro Mercadante) el 4 de diciembre de 1816, con un reparto de auténtico lujo: el baritenor Andrea Nozzari interpretaba a Otello, el contraltino Giovanni David era Rodrigo y la soprano Isabella Colbran, futura primera esposa de Rossini, cantaba la parte de Desdemona. Rossini compuso varias óperas para la pareja artística de tenores que formaban Nozzari y David, con dos voces y estilos totalmente distintos, pero ésta es quizá de todas ellas la mejor. Pese a todo, la ópera no gustó demasiado en el estreno; se consideraba que el final era demasiado dramático para los gustos de la época. Por ello Rossini compuso un final alternativo, un lieto fine realmente aberrante en el que Otello descubre a tiempo el engaño de Iago y así Desdemona se salva.

Poco más de un mes después, el Otello de Rossini se interpretaba en el prestigioso Teatro San Carlo de Nápoles con idénticos protagonistas y con el famoso tenor español Manuel García (quien cantó el Almaviva del estreno de “Il barbiere di Siviglia”) como Iago, aunque posteriormente cantará también el papel protagonista. La ópera gozó de considerable popularidad en el siglo XIX (lógico dada su calidad en inspiración melódica), hasta que fue sustituido por el Otello de Verdi. Será a partir de mediados del siglo XX cuando la ópera recupere una cierta popularidad, creciendo en los últimos años gracias a los grandes intérpretes rossinianos que han surgido en las últimas generaciones.

Como curiosidad, hay que destacar que de sus 9 personajes, nada menos que 6 son tenores (incluyendo a Iago, que como villano, por lógica debería haber sido un bajo, pero al que ese cambio de carácter le hace también cambiar de cuerda; siendo en todo caso el 3º tenor más importante de la ópera, por detrás de Otello y Rodrigo, ha significado que la mayoría de los intérpretes modernos de este papel no estén a la altura). No es el récord (creo que eso empata con  Armida, también de Rossini), pero es significativo en todo caso.

Antes de comenzar el repaso a la ópera, dejamos como siempre un enlace con el libreto y su traducción al español.

El Otello de Rossini comienza con una obertura bastante vivaz, que no nos prepara desde luego para el drama que vamos a escuchar, y que escuchamos a continuación dirigida por Riccardo Chailly:

Nos encontramos en Venecia, aunque el libreto sitúa la acción años después de la obra de Shakespeare, en el siglo XVIII. Si algo tienen en común el Otello de Rossini y el de Verdi es que ambos comienzan con un coro (al margen de la obertura, que Verdi suprime), pero de enfoque totalmente distinto: si en Verdi el pueblo aguarda el resultado del combate entre venecianos y turcos, en Rossini el pueblo espera para poder celebrar la victoria de Otello. Comenzamos así con el coro “Viva Otello”. Llega Otello entregando las armas turcas que les arrebató en Chipre, y el Dux (Doge en italiano) de Venecia le pregunta qué recompensa quiere. Como Otello es africano y se siente como un extranjero, solicita ser considerado como un veneciano más, algo que el envidioso Iago ve como una muestra de excesiva soberbia. El Dux le concede su petición, pidiendo a Otello que olvide sus orígenes humildes. Mientras tanto Rodrigo se lamenta porque sabe que esta concesión le supone perder a su amada Desdemona, pero Iago le dice que no desespere (ya está tramando algo). Otello se alegra en su cavatina “Ah, si, pero voi gia sento”, pero sabe que su alegría no será completa hasta tener a Desdemona, lo que enfurece a un Rodrigo que es casi incapaz de reprimir su furia. Escuchamos la escena y el aria en la voz de Chris Merritt:

Otello se va junto al Dux, los senadores y el pueblo. Bueno, se queda un senador, Elmiro, el padre de Desdemona. Rodrigo le pregunta por Desdemona, que sufre por causa desconocida, pero Elmiro tiene que irse a las celebraciones. Rodrigo teme que, impresionado por el éxito de Otello, acceda a entregarle a su hija, con lo que él la perdería para siempre. Iago, quien odia a Otello, escuchaba la conversación, y le pide a Rodrigo que refrene su odio, que lo mejor es fingir, pero que él tiene un plan para acabar con él, enseñándole un papel del que desconocemos el contenido, lo que consigue calmar a Rodrigo. Escuchamos así el dúo “No, non temer” con Javier Camarena como Rodrigo y Edgardo Rocha como Iago:

Cambiamos de localización. Estamos ahora en una habitación del palacio de Elmiro. La doncella Emilia trata de calmar a la doliente Desdemona diciéndole que su amado Otello ya ha vuelto victorioso, pero Desdemona tiene miedo. Sabe que su padre se opone a la relación, y teme además que Otello piense que no le es fiel, ya que le escribió una carta de amor, acompañada de unos cabellos suyos, a Otello, pero ésta fue interceptada por Elmiro, que pensaba que estaba destinada a Rodrigo. Si Otello descubriese esa carta, se pondría en duda la fidelidad de Desdemona. Emilia trata de convencerla de que el amor le hace ponerse en la peor situación. Escuchamos así el dúo “Vorrei che il tuo pensiero” con Mariella Devia como Desdemona y Marina Comparato como Emilia:

Desdemona ve llegar a Iago, a quien considera un malvado, y huye. Eso ofende aún más a Iago, con esa envidia que siente por Otello. Llega Rodrigo, así como Elmiro, que le ofrece la mano de su hija para así estar unidos por lazo de sangre contra Otello, al que ambos también odian. Iago es el encargado de organizar el enlace. Llega Desdemona, y su padre le obliga a obedecer ante el regalo que le ofrece. Un coro entona un cántico nupcial y Desdemona se da cuenta de que su padre quiere que se case con Rodrigo. La reacción de Desdemona les hace darse cuenta a ambos que ella no está por la labor, así que Elmiro no duda en hacer valer su autoridad paterna para obligarla, mientras Desdemona desespera. Escuchamos esta primera parte del final del I acto con Elizabeth Futral como Desdemona, William Matteuzzi como Rodrigo e Ildebrando D’Arcangelo como Elmiro:

Llega Otello, que se pone furioso al ver a su amada junto a su enemigo y dice ante todos que ella le juró su amor. Rodrigo se enfrenta a él mientras Elmiro, al saber que es verdad, maldice a su hija. Todos cantan a la incertidumbre que se ha creado en un bellísimo canon y entonces Elmiro se lleva a su hija mientras Otello y Rodrigo juran enfrentarse. Escuchamos el final del I acto del Otello de Rossini con José Carreras como Otello, Federica von Stade como Desdemona, Samuel Ramey como Elmiro y Salvatore Fisichella como Rodrigo:

Comenzamos el II acto del Otello de Rossini. En el jardín de la casa de Elmiro, Desdemona trata de zafarse del insistente Rodrigo, diciéndole que está casada con Otello. Ante esto, en su brillante aria “Che ascolto?”, Rodrigo le pregunta a Desdemona si no le importa el dolor que le está haciendo pasar y promete castigar a Otello. Escuchamos este aria en la voz de William Matteuzzi:

Desdemona, desesperada, le confiesa a Emilia que buscará la opción de estar con su amado Otello, a lo que Emilia le advierte de que como su padre le descubra está perdida. Ambas salen y en ese momento llega Otello, desesperado porque ella le había jurado su amor. Entra Iago, que con la excusa de calmarle le azuza más para saciar su sed de venganza. Le habla de una posible traición de Desdemona, y finalmente le entrega la carta de amor que le había escrito (pero de la que el no sabe que existe) para hacerle ver que su mejor venganza sería despreciarla. Otello cree que la carta está dirigida a su rival Rodrigo, y Iago se alegra del éxito de su venganza. Otello planea matar a Desdemona. Escuchamos este dúo en las voces de Bruce Ford como Otello y Juan José Lopera como Iago:

Sale Iago y Entra Rodrigo. Otello y él se juran enemistad y se preparan para batirse en duelo (dúo “Ah, vieni, nel tuo sangue”), cuando llega Desdemona y les detiene. Ambos la consideran culpable (cada uno piensa que está enamorada del otro), por lo que cuando ella le suplica a Otello, él la desprecia como infiel, aumentando su sufrimiento. Escuchamos la escena con unos insuperables Gregory Kunde como Otello y Juan Diego Flórez como Rodrigo (insuperable ese dúo) y Olga Peretyatko como Desdemona:

Llega Emilia, que se da cuenta del mal estado de Desdemona, que se encuentra confusa y desesperada por haber perdido a su amor.Para complicar las cosas, aparece Elmiro y desprecia a su hija, quien ve como todos se alejan de ella y no tiene a quien recurrir. Termina así el II acto del Otello de Rossini con el aria de Desdemona “Che smanie, ohimè”, que le escuchamos a Jessica Pratt:

Comenzamos el III y último acto del Otello de Rossini. Estamos en la alcoba de Desdemona, quien está acompañada por Emilia. No consigue consolar a Desdemona, que se siente rechazada por todos. Se escucha entonces la canción de un gondolero:

La triste canción afecta aún más el ánimo de Desdemona, que recuerda a su amiga Isaura, robada de África y que murió. Entonces coge su arpa y canta la “Canción del sauce” de Isaura. Es interrumpida por el viento que azota las ventanas y que le asusta, como un presagio fatal. Concluye su canción, despide a Emilia y hace sus oraciones pidiéndole ayuda al cielo para recuperar a su amad. Escuchamos esta bellísima canción en la voz de Federica von Stade:

Desdemona se va a la cama. Entonces entra Otello por una puerta secreta, llevando una daga que deja claras sus intenciones. Ha sido Iago quien le ha salvado del duelo contra Rodrigo y le ha conducido a la alcoba de Desdemona. Al ver el rostro de su amada su ánimo vacila, pero entonces escucha como ella,en sueños, llama a su amado (lo que no dice es quién es ese amado, claro), y cuando un rayo la despierta, la acusa de infidelidad. Ella trata en vano de defender su inocencia, pero Otello menciona que Iago ha matado a Rodrigo; ella entonces le pregunta cómo ha podido confiar en alguien tan malvado, pero eso sólo aumenta los celos de Otello, haciéndole creer que dice eso por defender a Rodrigo, y mientras arrecia la tormenta, apuñala a Desdemona. Escuchamos la escena en las voces de Bruce Ford y Mariella Devia:

En ese momento llega Lucio, un soldado de Otello, para avisarle que Iago ha muerto a manos de Rodrigo y que se ha desvelado su sucio plan. Llegan el Dux, Elmiro y Rodrigo; el Dux ha arreglado todo para que Otello sea perdonado, y Elmiro ahora le concede la mano de su hija. Otello, machacado por los remordimientos, decide unirse a ella y se apuñala mientras muestra a los demás que ha matado a Desdemona. Escuchamos el final del Otello de Rossini (desde el final del dúo con Desdemona que escuchamos antes) con Gregory Kunde como Otello:

Ignoraremos esa aberración del final feliz. No estropeemos la obra, por favor.

Y concluimos, como siempre, con el Reparto Ideal:

Otello: Gregory Kunde (of course).

Desdemona: Federica von Stade (es una debilidad personal).

Rodrigo: William Matteuzzi o Juan Diego Flórez.

Iago: Edgardo Rocha.

Elmiro: Samuel Ramey.

Dirección de Orquesta: Alberto Zedda.



100 años sin Francesco Paolo Tosti (02-12-2016)


Es sobradamente conocido el género musical alemán denominado “Lied”, que viene a ser musicar un poema, preferiblemente de un gran poeta, claro. Pero este tipo de música se ha compuesto también en otros lugares no germano-parlantes, a menudo con otras denominaciones, como la chanson francesa. En Italia, este género es generalmente conocido como “aria de salón”, y es en cierto modo el antecedente de los cantantes melódicos modernos. Este género fue cultivado por grandes compositores como Bellini (cómo olvidar ese bellísimo “Vaga luna”), Rossini, Donizetti o Verdi, pero quien lo llevó hasta sus últimas consecuencias, quien dedicó su vida a componer este tipo de piezas “menores” (frente a las dimensiones mucho mayores de una ópera) fue Francesco Paolo Tosti, de quien hoy se cumplen 100 años de su muerte.




Francesco Paolo Tosti nació el 9 de abril de 1846 en la localidad de Ortona, actualmente perteneciente a la provincia de Chieti, en la región de Abruzos, región a la que siempre estuvo muy vinculado. Nació en el Palazzo Corvo, que a día de hoy alberga un Museo Musical y el archivo Francesco Paolo Tosti, que alberga partituras del propio Tosti y otros compositores de la región de Abruzos:

Francesco era el 5º hijo (y último) de Giuseppe, un comerciante de la localidad. Desde pequeño comenzó su formación musical en su pueblo, y a los 11 años se matriculó en el conservatorio de San Pietro a Magella de Nápoles, donde estudia violín y composición, siendo su profesor en esta última materia el célebre compositor operístico Saverio Mercadante, quien, impresionado por su talento, le consigue un puesto de profesor asistente mientras todavía es estudiante, lo que mejora su precaria situación económica. Se gradúa en 1866, pero su mala salud le obliga a volver a Ortona, donde permanece en cama varios meses. En ese período compone alguna canción, pero no consigue que se las publiquen.

Una vez recuperado, se traslada a Ancona, donde organiza espectáculos para los trabajadores de la línea de ferrocarril que llevaba a Roma, pero su situación económica seguía siendo tan precaria que sobrevivió varios meses a base de pan y naranjas.

Finalmente, Francesco Paolo Tosti se traslada a Roma, donde su suerte por fin cambia: conoce al compositor Giovanni Sgambati, que consigue que dé un recital (Tosti tiene voz de tenor) al que acude Margarita de Saboya, futura reina de Italia, quien, sorprendida por su talento, lo nombra profesor de canto de la familia real, y poco después le nombra conservador del archivo musical de la corte.

Por esas fechas conoce y entabla amistad con dos paisanos suyos, el pintor Francesco Paolo Michetti y el gran poeta Gabriele D’Annunzio, de quien tomará muchos de los textos de sus canciones.

De esta época son algunas de sus primeras canciones (siempre para voz y piano, aunque luego hayan sido orquestadas o arregladas para otros instrumentos), como el ciclo “Ai bagni di Lucca”, de 1874, del que escuchamos el aria “Saprò morir”:

Y escuchamos otra aria compuesta en 1874, “Non m’ama più”, en la voz del gran barítono Mattia Battistini:

En 1975 se traslada a Londres, donde gracias a sus amistades consigue entrar en seguida en las altas esferas, entre las que sus recitales en salones son tan apreciados como las numerosas canciones que compone, en italiano, pero también en inglés y francés. En 1880 es nombrado maestro de canto de la Reina Victoria, y mantendrá el puesto durante el reinado de su hijo Eduardo VII. En 1894 es nombrado profesor de la Royal Accademy of Music, y en 1906 obtiene la nacionalidad británica, siendo nombrado Barón dos años después. Pese a todo, sigue pasando temporadas en Italia.

Escuchamos ahora algunas de sus canciones y arias de salón más relevantes, cronológicamente en la medida de lo posible. Los textos de muchas de ellas los podéis encontrar en este enlace.

Comenzamos con una canción de 878, “Vorrei morire”, con texto de Leonardo Maria Cognetti, en la voz de Luigi Alva:

De ese mismo año es este “Ricordati di me”, con texto de Giuseppe della Valle, que escuchamos a Ernesto Palacio:

De 1979 son los “Canti popolari abruzzesi”, 15 breves dúos y trios  con texto de Raffaelo Petrosemolo:

De ese mismo años son también las “Pagine d’album”, 5 canciones con texto de Olindo Guerrini,  a las que pertenece este “Donna, vorrei morire” que escuchamos a Tito Gobbi:

De 1880 es una de las arias de salón más famosas de Francesco Paolo Tosti… pero curiosamente conocemos más la traducción italiana que el original inglés, “Goodbye”, con texto de George John Whyte-Melville y que escuchamos al tenor John McCormack:

Venga, vamos a escuchar ahora la versión italiana, “Addio”, en la voz de Enrico Caruso:

De 1880 es también esta “Preghiera” con texto de Giuseppe Giusti, que le escuchamos a Plácido Domingo:

Y de 1880 es también la primera canción con texto de Gabriele D’Annunzio que vamos a escuchar, “Visione”, cantada por José Carreras:

De 1881 es este “Senza di te”, con texto de Ferdinando Fontana:

Las arias de salón de Francesco Paolo Tosti requieren a un intérprete con muchos recursos expresivos, que sepa jugar con el fraseo y el color de la voz, por lo que son canciones perfectas para intérpretes tan sutiles como el gran Carlo Bergonzi, que nos dejó versiones referenciales de algunas de ellas. Así que le vamos a ver cantar “Aprile”, de 1882, con texto de Rocco Emanuele Pagliara:

También en 1882, Francesco Paolo Tosti compone una de sus canciones más famosas, “Ideale”, con texto de Carmelo Errico. Vamos a escuchar esa referencial versión de la canción que nos dejó Luciano Pavarotti en uno de sus días más expresivos:

¡Simplemente flipante!

De 1883 es “Notte bianca”, de nuevo con texto de Gabriele D’Annunzio, que le escuchamos al barítono Renato Bruson:

Escuchamos ahora una bellísima canción en francés, “Ninon”, de 1884, con texto de Alfred de Musset, que escuchamos cantar al mítico tenor francés Georges Thill:

De 1885 es la bellísima “Non t’amo più” (llevamos el tema del desamor a niveles nunca vistos… en realidad es un zasca en toda regla), de nuevo con texto de Carmelo Errico, que escuchamos en la versión del bajo Cesare Siepi, una de las mejores que he escuchado nunca de este aria:

Francesco Paolo Tosti compone también algunas canciones en dialecto napolitano, por lo que podríamos incluirlas en el reciente género de la canción napolitana. Uno de los casos más evidentes es en este “Marechiare” de 1886, con texto de Salvatore di Giacomo, que le escuchamos a Giuseppe di Stefano:

De 1886 es también “Sogno”, con texto de Olindo Guerrini, que le escuchamos a la soprano Renata Tebaldi (las arias de salón pueden ser interpretadas por hombres o mujeres indiferentemente):

De 1887 es “Malìa”, con texto de Rocco Emanuele Pagliara, que escuchamos a Tito Schipa, que con su sutil fraseo consigue hacer honor al título de la canción: el resultado es pura magia:

De 1887 es también una de mis arias de salón favoritas de Francesco Paolo Tosti, “Segreto”, con texto de Olindo Guerrini. Historias de amores inconfesos que borda mi admirado Carlo Bergonzi:

De 1888 es “L’ultimo bacio”, con texto de Emilio Praga, que le escuchamos a José Carreras:

de 1888 tenemos también “Ridonami la calma”, con texto de Corrado Ricci, que le escuchamos al barítono Joan Pons:

Y también de 1888 tenemos la famosa “La serenata”, con texto de Giovanni Alfredo Cesareo, y que escuchamos a Beniamino Gigli:

De 1890 es “Vorrei”, con texto de Gabriele D’Annunzio, que le escuchamos a Alfredo Kraus:

De 1891 tenemos el dúo “Venetian song”, con texto de Benjamin Charles Stephenson, que escuchamos a José Carreras y Barbara Frittoli:

Francesco Paolo Tosti no pudo sustraerse al embrujo de la poesía francesa; si ya hemos escuchado una canción con texto de Musset, ahora vamos a escuchar una con texto nada menos que de Paul Verlaine, “Rêve” (sobre un texto que también musicarán compositores como Claude Debussy, Gabriel Fauré o Reynaldo Hahn), compuesta en 1893:

De 1894 es este “Lamento d’amore” que le escuchamos a Joan Pons:

Y de 1896 es este “Because of yoy” que le escuchamos a José Carreras:

De 1897 es este “Ancora!” que le escuchamos a Mattia Battistini:

Y escuchamos de nuevo a Mattia Battistini cantando “Amour, amour”, de 1899:

Cambiamos de siglo, y todavía Francesco Paolo Tosti tiene muchas más canciones que regalarnos. Comenzamos con “La mia canzone”, con texto de Francesco Cimmino, de 1901, que le escuchamos a Giacomo Lauri-Volpi:

De 1902 es la “Chanson de l’adieu”, con texto de Edmond Haraucourt, una canción muy triste que escuchamos a Magda Olivero:

Seguimos con canciones francesas, ahora “Pour un baiser”, con texto de George Doncieux, de 1904, que le escuchamos a José Carreras y Barbara Frittoli:

En 1905 tenemos otra de las canciones más famosas de Francesco Paolo Tosti, “L’ultima canzone”, con texto de Francesco Cimmino, que le escuchamos a Ezio Pinza:

De 1907 son las “Quattro canzoni d’Amaranta”, con textos de Gabriele D’Annunzio, de las que escuchamos la segunda, la más conocida (y una de mis favoritas de Tosti), “L’alba separa dalla luce l’ombra”, que escuchamos en esta fantástica versión de Carlo Bergonzi:

De 1907 es también una nueva napolitana, con texto de nuevo de Gabriele D’Annunzio, “A vucchela”, que le escuchamos a Franco Corelli:

De 1908 es la bellísima “Tristezza”, con texto de Riccardo Mazzola, que escuchamos en esta gran versión de Alfredo Kraus:

De 1909 tenemos otra chanson francesa, “Pour un baiser”, con texto de George Doncieux, que le escuchamos a Enrico Caruso:

De 1910 tenemos “Il pescatore canta”, con texto de Riccardo Mazzola, que escuchamos en voz de Carlo Bergonzi:

Y de 1911 tenemos “Luna d’estate”, con texto de Riccardo Mazzola, que le escuchamos a Rosa Ponselle:

De 1912 tenemos la “Ninna nanna”, con texto de Gabriele D’Annunzio, que le escuchamos a William Matteuzzi:

De 1912 es también “Tormento”, que le escuchamos a Alfredo Kraus:

No he conseguido descubrir la fecha en la que Francesco Paolo Tosti compuso esta preciosa canción, “Io voglio amarti”, con texto de Carmelo Errico, que escuchamos también a Alfredo Kraus:

Aunque publicadas en 1919, el ciclo de 8 canciones llamado “Consolazione”, también con textos de Gabriele D’Annunzio” fue compuesto con anterioridad, y vamos a escuchar el ciclo completo en dos vídeos:

A la muerte de Eduardo VII, en 1910, Francesco Paolo Tosti decide volver definitivamente a Italia, donde es admirad por los grandes cantantes de ópera que habían incorporado sus arias de salón y canciones a su repertorio. Aquí le tenemos, por ejemplo, en 1914, en medio del barítono Pasquale Amato y el tenor Enrico Caruso:

Finalmente, el 2 de diciembre de 1916 moría Francesco Paolo Tosti en el Hotel Excelsior de Roma, a los 70 años.

Es difícil imaginar que habría sido de la música italiana y francesa sin la figura de Francesco Paolo Tosti. Y es que ya en su obra vemos características que nos llevan directamente a Domenico Modugno, Lucio Dalla o Jimmy Fontana por un lado, y a Edith Piaf, Jacques Brel o Charles Aznavour por otro lado. Con Tosti se difumina esa impuesta barrera entre música clásica y popular, dejando un legado que todavía perdura en nuevas generaciones de cantantes en teoría “populares” que, seguramente sin saberlo, siguen los pasos que Tosti inició.



Il barbiere di Siviglia cumple 200 años (20-02-2016)


Gioacchino Rossini se había comprometido a componer dos obras para el carnaval de Roma de 1816. Nada raro en un músico tan prolífico y que componía sus óperas a gran velocidad. Con la colaboración del libretista Cesare Sterbini ya había compuesto la primera, Torvaldo e Dorliska, y ahora tiene que buscar el tema de la segunda ópera que tiene que componer. Y entonces Sterbini le sugiere algo un tanto arriesgado: adaptar las primera parte de la trilogía sobre Fígaro de Beaumarchais. Arriesgado por una parte por el escándalo que la obra de Beaumarchais supuso en su estreno (escándalo que el libreto de Sterbini evita suprimiendo cualquier atisbo de crítica político-social, algo que en la segunda parte,” Las bodas de Fígaro”, que ya había adaptado Mozart, resultaba mucho más difícil. Aquí predomina mucho más la comedia). Por otro lado, ya existe una ópera de Giovanni Paisiello sobre el mismo tema, y tanto el compositor como sus seguidores no se van a tomar muy bien que Rossini adapte la misma obra. Pero Rossini accede, y en sólo 3 semanas compone la música de la que será su ópera más célebre, “Il barbiere di Siviglia”.




El estreno, el 20 de febrero de 1816 en el Teatro Argentina de Roma fue un fracaso pese a la participación del célebre tenor sevillano Manuel García; Paisiello bien que se encargó de ello. Rossini tuvo que salir huyendo. Pero con la segunda función todo cambió, la ópera fue un absoluto éxito y lo ha seguido siendo desde entonces.

Nos encontramos ante una ópera bufa (una de las mejores del género, sin duda), con diálogos hablados y escenas cantadas. Vamos a intentar repasar el argumento de la ópera y alguno de los momentos más memorables.

Empezamos con la obertura, seguramente el pasaje más célebre de la ópera, que como es habitual en la época, no tiene melodías en común con la ópera, sirve sólo como introducción musical, no dramática. Vamos a escucharla dirigida por un todavía joven Claudio Abbado:

Antes de seguir dejo aquí el enlace al texto original y traducido al español.

Comienza la ópera. Vemos en escena a Fiorello, un criado del Conde de Almaviva, que, de madrugada, se encuentra en una plaza sevillana ante la casa del Doctor Bartolo. Reúne a un grupo de músicos, ya que el Conde está enamorado de una chica que vive en esa casa (aunque él no sabe quién es), y quiere cantarle una serenata. Así se presenta el Conde y, cuando todo está preparado, comienza a cantar esa magnífica cavatina “Ecco, ridente in cielo”, que escuchamos en una gran interpretación de Juan Diego Flórez:

Una prueba de fuego para un tenor ligero que tiene que enfrentarse a complicadas coloraturas, pero que cuando se hacen bien queda maravillosa…

El Conde paga a los músicos, quienes escandalosamente le agradecen la paga, lo que desespera al Conde, que no quiere que Bartolo se entere de lo que sucede. Se queda a solas con Fiorello, cuando escuchan a alguien acercarse. Es el barbero Fígaro (de ahí viene el título de Il barbiere di Siviglia), que se introduce con este “Largo al Factotum” que nos canta Hermann Prey, quien también fue un gran intérprete del Figaro mozartino:

Fígaro es un antiguo criado del Conde, que ahora vive en Sevilla trabajando como barbero y “factotum”, es decir, que lo hace todo… un chapuzas lo llamaríamos ahora. El Conde le cuenta que está enamorado de la hija del médico que vive en esa casa, y Fígaro, que hace varias labores en ella, le cuenta que ella no es la hija del doctor, sino su pupila, pero que este quiere casarse con ella para conseguir su dote.

La joven se asoma a la ventana con una carta para darle al chico que suele ir a verla (el Conde), pero es sorprendida por el doctor. Ella disimula diciendo que el papel es el aria de una nueva ópera, y la deja caer. Bartolo sale para recoger el papel, pero el Conde se le adelanta sin que el doctor lo vea, y pensando que se la ha llevado el viento, vuelve a entrar en casa con la sospecha de haber sido engañado. Poco después vuelve a salir de casa y comenta que tiene que apresurar la boda, incluso para ese mismo día. El Conde se entera además de que tiene un cómplice, un tal Don Basilio, un metomentodo sin un duro que ahora es profesor de música de la chica.

El Conde lee la carta: Rosina le pide que, de alguna forma ingeniosa, le diga su nombre y sus intenciones. Fígaro le sugiere que lo haga con una canción, pero el Conde no quiere revelar su título, así que se hace pasar por el pobre Lindoro, que quiere casarse con ella. Escuchemos ese “Se il mio nome sapero voi bramate” en la voz del mítico Tito Schipa:

La chica va a contestarle, pero alguien entra en su habitación y ella tiene que retirarse. El Conde desespera, y quiere que Fígaro le ayude a entrar cuanto antes en la casa, a cambio de un buen pago, y la mente de Fígaro se despierta ante el metal, “All’idea di quel metallo”, dúo que escuchamos cantado por Leo Nucci y Raúl Giménez:

Aprovechando que ese mismo día llega un nuevo regimiento a la ciudad, Fígaro le sugiere disfrazarse de soldado para poder entrar en la casa. Y para conseguir que el Doctor se fíe de él, pues mejor que finja que está borracho. Fijan además un punto de encuentro, que es la tienda de Fígaro.

Reaparece Fiorello, enfadado porque después de estar esperando a su amo, éste se va sin él. Así termina este primer cuadro.

El segundo cuadro del 1º acto transcurre ya dentro de la casa.

Se nos presenta la chica, que se llama Rosina, con el aria “Una voce poco fa”, que escuchamos en la voz de Cecilia Bartoli:

Es un aria de presentación del personaje. Vemos sus deseos de casarse con ese Lindoro, y también que tras esa niña buena hay una mujer con carácter y lo suficientemente pícara como para salirse con la suya.

Rosina ha visto a Fígaro hablar con su amor, y espera conseguir su ayuda. Fígaro entra, pero antes de que puedan hablar entra el Doctor y Fígaro desaparece. Rosina juega a despertar celos en el Doctor, que desconfía del barbero, pero sus criados, Berta y Ambrogio, son incapaces de decirle si Figaro ha hablado con Rosina, una por estar todo el rato estornudando y el otro porque se pasa el día sopa.

Llega Don Basilio. quien le avisa de que el amado de Rosina, el Conde de Almaviva, anda por la ciudad, por lo que es necesario hacer algo. Basilio le sugiere esparcir un rumor, una calumnia… y nos describe cómo funciona eso de la calumnia, de un susurro se va extendiendo hasta ser una explosión. Paolo Montarsolo nos lo describe muy bien en este “La calunnia è un venticello”:

Pero a Bartolo no le convence, eso necesita tiempo, y él tiene prisa, así que se retira con Basilio a su habitación para escribir el contrato de matrimonio.

Figaro lo ha escuchado todo, y habla con Rosina de los planes de Bartolo, a los que ella se opone. Le pregunta por el joven que estaba con él, y Figaro dice que es su primo, y que está enamorado de ella. Así tenemos el dúo “Dunque io son”, que escuchamos a Cecilia Bartoli y a ese gran cómico que es el canadiense Gino Quilico:

Figaro le dice a Rosina que el joven necesita una prueba de amor, una nota que ella le escriba… pero ella ya la ha escrito (y Figaro se da cuenta del personaje que es la niña…).

Figaro se va y vuelve Bartolo, que está ya muy escamado… y se da cuenta de que Rosina ha escrito algo, así que la amenaza con encerrarla en su habitación, porque a un doctor como él no se le engaña tan fácil… escuchemos este “A un dottor della mia sorte” en la voz de ese genio del canto sillabatto (ese a toda velocidad) que es Enzo Dara:

Y llegamos a la escena final del primer acto de “Il barbiere di Siviglia”.

Entra el Conde disfrazado de soldado borracho, que desespera al Doctor (incluyendo burlas con su nombre… de Bartolo a Barbaro) y encima se insinúa a Rosina (aunque consigue hacerle saber quién es en realidad), por lo que se crea un alboroto que hace que llegue la policía. Bartolo apenas logra contenerse, y finalmente estalla, por lo que todos los que están en la casa (Bartolo, Figaro, el Conde disfrazado, Rosina, Basilio y los dos criados) son detenidos. Vemos esta larga escena con Luigi Alva, Teresa Berganza, Enzo Dara, Hermann Prey y Paolo Montarsolo, en dos vídeos (y pese a todo no está el finale completo):

Comienza el segundo acto de Il barbiere di Siviglia.

Don Bartolo esta en su casa, pensando que detrás de todo lo que ha pasado está el Conde, que ha enviado a algún siervo suyo disfrazado de soldado.

En ese momento llaman a la puerta, y entra otra vez el Conde con un nuevo disfraz. Escuchamos el dúo “Pace e gioia” de nuevo con Luigi Alva y Enzo Dara:

Después de desesperar a Bartolo con tanto saludo y tanto “Pace e gioia”, el Conde afirma ser un alumno de Don Basilio, que está enfermo, por lo que viene él para sustituirle. Para ganarse la confianza de Bartolo, le dice que está alojado en el mismo hostal que el Conde y que ha llegado a sus manos la carta que le escribió Rosina (dirigida a Lindoro), y que él puede usar una calumnia, que el Conde tiene otras amantes.

Entra Rosina para su lección de música, y de inmediato reconoce al falso sustituto. Y canta este “Contro un cor” que aquí borda la gran Teresa Berganza:

Llega Figaro a afeitar a Bartolo. El problema surge cuando aparece Don Basilio, y entre el Conde, Rosina y Figaro tienen que convencerle de que está enfermo y que se vaya. Es un quinteto realmente divertidísimo:

El problema es que mientras el Conde habla con Rosina, Bartolo le descubre y lo echa. Manda a Ambrogio a buscar a Basilio, y se queda cuidando la casa por desconfiar de Berta.

En ese momento Berta tiene una pequeña aria que no aporta nada a la acción. Y es que en el siglo XIX no se iba sólo a la ópera a escuchar música, y estas arias sin relevancia servían para que los asistentes pudieran desde ir a saludar al amigo hasta ir a comprar unos dulces. Aún así este “Il vecchiotto cerca moglie” no carece de interés, y más si la canta una grande como Fedora Barbieri:

Llega Basilio, que sospecha que el disfrazado es en realidad el Conde. Bartolo lo manda a buscar al notario, pero Basilio dice que este está ocupado para casar a la sobrina de Figaro. Pero Bartolo sabe que Figaro no tiene sobrina y sospecha más. Basilio parte a buscar al notario y Bartolo le dice a Rosina que Figaro y el falso profesor lo que quieren es liarla con el Conde, y como ella desconoce que Lindoro es en realidad el Conde, se siente muy decepcionada. Bartolo se va a buscar a la policía al saber que pronto llegarán Figaro y Lindoro y temiendo que estén armados. En ese momento estalla una tempestad, para la que Rossini compone un intermedio sinfónico:

En medio de una tormenta, Fígaro y el Conde suben por una escalera (que Bartolo retirará) al balcón de Rosina, pero ésta está reacia; el Conde se ve obligado a revelar su verdadera identidad, lo que sorprende a la joven. Figaro les apremia para huir por la escalera del balcón.

Pero no hay escalera por la que huir…

En ese momento llega Basilio (a quien Bartolo le ha dado una llave de la casa) con el notario. El Conde trata de sobornarlo con un anillo, y ante el rechazo del viejo, saca una pistola, y Basilio acepta el anillo para firmar como testigo (junto con Figaro) de la boda de Rosina y el Conde.

Cuando llega Bartolo ya es demasiado tarde, ya están casados. Y entonces el Conde canta un aria que antes, cando no se cantaba Rossini como es debido, se solía cortar por su dificultad, pero que ahora se ha vuelto muy famosa, el “Cessa di più resistere”. Como es habitual en Rossini, que solía reutilizar fragmentos de óperas anteriores, aquí toma prestada el aria final de La Cenerentola, pero cambiándola para tenor. Se la escuchamos a William Matteuzzi, que hace lo que le da la gana con la voz:

La ópera termina con un terceto entre Fígaro, Rosina y el Conde, con coro, que sirve como felicitación de boda:

Termino este repaso a “Il barbiere di Siviglia” con mi Reparto Ideal:

Figaro: Hermann Prey o Leo Nucci.

Conde de Almaviva: Juan Diego Flórez. Aunque no le haré ascos a William Matteuzzi o a Rockwell Blake.

Rosina: Teresa Berganza. O Cecilia Bartoli. Pero que sea siempre mezzo-soprano, no me gustan las Rosinas sopranos.

Don Bartolo: Enzo Dara.

Don Basilio: Paolo Montarsolo.

Berta: Fedora Barbieri.

Director de orquesta: Riccardo Chailly o Claudio Abbado.

Crónicas:

ABAO-OLBE 2016