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Turismo en Praga: el Monumento a las víctimas del terror de Heydrich


Comenzamos con el dilema moral que nos va a plantear la visita que propongo: ¿pueden unos asesinos ser unos héroes? Vamos a contar la historia que nos vamos a encontrar en este Monumento a las víctimas del terror de Heydrich y después que cada uno saque sus conclusiones. En todo caso, la visita es una absoluta inmersión en uno de los momentos más oscuros de la historia.




Vaya por delante que en Chequia el odio a los nazis es comparable (o incluso ligeramente superior) al odio que tienen al régimen comunista. Pese a las considerables diferencias entre ambos. Eso supone que el Monumento a las víctimas del terror de Heydrich (que tiene la calificación de Monumento Nacional y por tanto pertenece al estado checo) no sólo está sumamente politizado y “patriotizado”, sino que también cuenta la parte de la historia que les interesa para sus fines. Lo que no hace sino confirmar mi idea de que la historia no puede ser calificada de “ciencia social”, ya que no puede ser contada sin el sesgo ideológico que, sí o sí, va a tener quien nos la cuenta, en este caso el actual gobierno checo a través de los paneles informativos.

Comenzamos. En una visita estándar para conocer más o menos a fondo la maravillosa ciudad de Praga, que puede durar 4 o 5 días (yo estuve 4), se visitará un reducido número de la gran cantidad de iglesias que pueblan la ciudad, me atrevería a decir que notablemente más que en ciudades cercanas como Viena. Algo lógico en una ciudad inmersa en dos importantes guerras religiosas (las guerras husitas y la guerra de los 30 años, ambas iniciadas en la ciudad de Praga con sendas defenestraciones… los checos no se andan con tonterías, desde luego) en la que la iglesia católica tenía que afianzar su hegemonía. A parte de las iglesias de conventos y monasterios (Strahov, Loreto, Santa Inés) y las dos catedrales (San Vito, en el Castillo, y la de Vysehrad), tienen interés histórico y artístico las iglesias de San Nicolás en Malá Strana (la única, a parte de los monasterios y catedrales, en la que se cobra entrada) y las de Santiago y Nuestra Señora de Týn en Staré Mesto. Muchas de las demás iglesias ni siquiera están abiertas al público. Pero la visita a la Catedral Ortodoxa de los Santos Cirilo y Metodio es imprescindible por motivos ajenos a la propia iglesia.

Encontramos la Catedral en la Avenida Resslova nº 9: si salimos de la Plaza Carlos y nos dirigimos hacia el río (y hacia la casa danzante), la tendremos a medio camino en el lado derecho de la calle, justo en el cruce con la calle Na Zderaze, en la que se encuentran las escaleras de acceso a la iglesia. Es una iglesia de estilo barroco del siglo XVIII diseñada por el arquitecto Kilian Ignaz Dietzenhofer, muy activo en Praga (diseñó por ejemplo la cercana Villa América, actual sede del Museo Dvorak). Pero no vamos a poder visitar el interior de la iglesia, ya que no es accesible: sólo podremos verlo desde una cristalera a la entrada.

Pero el interés de esta iglesia se encuentra justo debajo: volvemos a bajar las escaleras hasta el nivel de la calle y, ahí, entre los dos tramos de escaleras, tenemos el acceso al Monumento de las víctimas del terror de Heydrich.

Pongo un enlace a la página oficial del Monumento a las víctimas del terror de Heydrich (página disponible en checo e inglés). En ella se indican los horarios de visita. La entrada es gratis (aunque parece que eso es reciente, antes se pagaba. Yo no pagué, pero puede que con el tiempo vuelva a ser de pago, lo desconozco).

El Monumento a las víctimas del terror de Heydrich se compone de dos partes: una sección informativa y un lugar histórico: la cripta de la catedral. Comenzamos nuestra visita en la sala de acceso, donde se encuentra la sección informativa.

Contamos con varios paneles que nos cuentan la historia de la ocupación nazi de Checoslovaquia, la llegada de Heydrich, el atentado y las represalias. Los paneles cuentan con numerosas fotos, mapas y demás documentación visual, mientras que los textos explicativos están en checo y en inglés. En todo caso, intentaré hacer un resumen (lo más crítico que me sea posible) para comprender el sentido de este Monumento a las víctimas del terror de Heydrich.

Comenzamos en 1938. La Alemania Nazi acaba de ocupar Austria (el Anschluss del 12 de marzo), el siguiente objetivo de Hitler es controlar Checoslovaquia (ni una mención al vengativo Tratado de Versalles firmado tras la 1ª Guerra Mundial, a la fundación artificial de Checoslovaquia uniendo el reino de Bohemia bajo control austriaco con la Eslovaquia que siempre había pertenecido a Hungría, ignorando a la importante cantidad de alemanes que allí vivían). Se destaca que Checoslovaquia era el único país democrático que quedaba en Centroeuropa (ignorando Polonia, aunque es cierto que, tras la caída de Austria, países como Hungría, Croacia, Rumanía o Bulgaria eran aliados de los nazis), y por ello buscan la ayuda de los futuros aliados, Reino Unido, Francia y Rusia, consiguiendo el apoyo de estos dos últimos, frente a los británicos que se muestran muy dubitativos a la hora de enfrentarse a Hitler.

La crisis que termina con el control nazi de Checoslovaquia comienza en los Sudetes:

Como vemos en este mapa, los Sudetes son zonas, en general fronterizas, de Chequia (no de Eslovaquia) con mayoría de población alemana. Esta población de origen alemán no estaba por lo general contenta de formar parte del nuevo estado, y surgen conflictos (que de nuevo el Monumento ignora) que culminan en 1933 con la creación de un partido político, el Partido Alemán de los Sudetes, que termina por aliarse con el partido nazi y, ganando las elecciones de 1935 en la región, reclaman su anexión a Alemania (en 1938, más del 17% de la población se afilió al partido nazi, siendo el porcentaje más alto de afiliados de cualquier región bajo control alemán). Esto es lo que no nos cuentan.

Lo que sí nos cuentan es que, conseguida Austria, Hitler va a por Checoslovaquia, comenzando con los Sudetes. Buscando un acuerdo entre alemanes de los Sudetes y el gobierno checo, el Reino Unido envía a un representante, Lord Runciman, que no obtendrá resultados: por orden de Hitler, el líder del Partido Alemán de los Sudetes, Konrad Henlein, realiza una serie de demandas que el gobierno checo, encabezado por Edvard Benes, no puede aceptar. El gobierno checo se prepara para una posible invasión militar, y cuenta tanto con tropas como con defensas en sus zonas fronterizas con Alemania que les podrían permitir repeler un intento de invasión nazi, contando además con que Francia y Rusia les apoyarán.

Pero Hitler sabe jugar bien sus cartas, y no busca una invasión: tras lanzar un ultimátum, se reúne en Munich con Mussolini, Neville Chamberlain, primer ministro británico, y Édouard Daladier, jefe de gobierno francés, en una reunión que terminará con los Acuerdos de Munich del 30 de septiembre de 1938. En ellos, Reino Unido y Francia (la más hostil) terminan cediendo y aceptando la anexión de los Sudetes a Alemania, viéndolo como una revisión del Tratado de Versalles y como una forma de evitar la Guerra.

Checoslovaquia no había sido invitada a la cumbre (tampoco Rusia, por otra parte), y vio como sus aliados (en especial Francia) le daban la espalda. Sin los Sudetes, que representaban un porcentaje significativo del territorio y la población checa, perdía demás sus defensas ante un posible ataque alemán. Mientras tanto, Hungría aprovecha la situación para hacerse con una importante zona eslovaca, e incluso Polonia arrebata un pequeño territorio a Checoslovaquia. Su situación es sumamente comprometida.

El 22 de octubre, Edvard Benes abandona Checoslovaquia:

Emil Hácha le sustituye como nuevo presidente. Y va a tener que hacer frente a una situación cada vez más complicada: tras la ruptura del acuerdo alemán con Polonia, Hitler apresura sus intenciones de conquistar ambos estados. Para ello, se encarga de que tanto Eslovaquia como Rutenia (un territorio actualmente perteneciente a Ucrania) proclamen su independencia. El 15 de marzo, Hitler llama a Hácha a Berlín y le amenaza con mandar bombardear Praga. Hácha, sin salida, llega a sufrir un infarto durante la reunión, antes de claudicar y entregar el país a Hitler. Si la II Guerra Mundial no comienza en este momento es porque no se ha realizado ninguna acción militar, sino un acuerdo diplomático.

Bohemia y Moravia son declaradas un protectorado alemán, nombrando al antiguo Ministro de Exteriores alemán Konstantin von Neurath Gauleiter o Gobernador Regional:

Neurath suprime los partidos políticos y establece la censura de prensa, pero la oposición interna checa es muy fuerte. Además, en su exilio británico, Benes forma un gobierno checo en el exilio. Neurath no es un líder muy dado a la mano dura, como quería Hitler, y así pierde el control de una zona imprescindible para el futuro bélico nazi: Bohemia y Moravia son importantes centros industriales que ahora se enfocan en la producción armamentística que satisface la gran necesidad de armas alemana, ya en plena II Guerra Mundial. Atentados y huelgas desestabilizan la producción, obligando a Hitler a tomar decisiones drásticas.

Himler le sugirió enviar a Praga a Reinhard Heydrich:

Heydrich era en ese momento la tercera persona más influyente en el partido nazi, solo por detrás de Hitler y Himler, y era conocido por su dureza y crueldad (fue el ideólogo de la “Solución final” en la Conferencia de Wannsee, y el propio Hitler le llamaba “El hombre del corazón de hierro”). Himler veía además una buena forma de librarse de un peligroso rival si Heydrich era enviado a Praga, algo que Hitler aceptó. Así, el 27 de septiembre de 1941, Heydrich es nombrado Reichsprotektor de Bohemia y Moravia. Neurath sigue ocupando el puesto de Gauleiter de forma oficial, aunque carece de ningún poder, y llega a presentar su dimisión, algo que Hitler no acepta.

Heydrich, con la ayuda de su segundo, Karl Hermann Frank, lleva una política de terror en Praga: ejecuciones de cualquier sospechoso de resistencia, clasificación racial de la población para intentar germanizar a todos los checos posibles, redadas, deportaciones al Campo de Concentración de Mauthausen… Se detiene a los intelectuales checos y al primer ministro Alois Eliás, del que se descubre que tiene contactos con el gobierno en el exilio de Benes (y que será ejecutado tras el asesinato de Heydrich). Heydrich se gana el apodo de “El carnicero de Praga”, y prácticamente acaba con la resistencia, reducida a pequeños grupos de la UVOD, controlados por el gobierno en el exilio, y por los comunistas, que no se enfrentarán abiertamente a los nazis hasta la invasión soviética.

Pero Heydrich era sumamente eficaz en su cometido: liquidada la oposición y dejando sin poder al gobierno presidido por Hacha, consigue mejorar las condiciones de vida de los checos sobrevivientes, imprescindibles para la maquinaria bélica nazi. Los checos se mostraban ahora particularmente sumisos.

Esto no gustaba en Londres, ni a Churchill, temeroso de que lo mismo sucediera en otros países europeos, ni a Benes, que quería demostrar a los aliados que los checos estaban con ellos. Era necesario desestabilizar la región, y Churchill buscaba no sólo acabar con Heydrich, sino al parecer también levantar a la oposición checa como respuesta a la represión posterior al atentado. Le propone así un plan a Benes, que éste acepta: se enviarán paracaidistas checos desde Reino Unido para preparar un atentado. El plan será conocido como “Operación Antropoide”.

La operación comienza el 28 de diciembre de 1941: varios comandos de paracaidistas son enviados a tierras checas. Uno de los comandos estaba formado por dos sargentos. Uno era el moravo Jan Kubis, de 28 años:

El otro, el eslovaco Jozef Gabcik, de 29 años:

Kubis era un reemplazo para el soldado inicialmente previsto, Karel Svoboda, que sufrió una herida durante el entrenamiento, por lo que Kubis no habría recibido el suficiente entrenamiento.

Ambos, pese a un error del bombardero que los trasladó hasta el continente, consiguen llegar a Praga y ponerse en contacto con lo que queda de la resistencia. Una vez en la ciudad, comienzan a buscar la forma de realizar el atentado, descartando diversas opciones, hasta que el 22 de marzo de 1942 llegan en otro bombardeo Ivan Kolarik, Karel Curda y quien será el director de la operación, el teniente Adolf Opálka, de 27 años:

El plan es asesinar a Heydrich en la misma Praga, donde ha establecido su residencia. Recorren la ruta que realiza Heydrich entre su residencia y su lugar de trabajo, el Castillo de Praga. Heydrich realiza este recorrido en un descapotable (se siente muy seguro por el terror que inspira en los demás, pensando que nadie estará tan loco como para intentar matarle). Encuentran así una curva cerrada en la que el coche tiene que aminorar considerablemente la velocidad, facilitando el ataque.

Mientras se realizan los preparativos, llegan informes de que Heydrich ha sido llamado a Berlín el 27 de mayo; corren rumores de que Hitler quiere enviarlo a Francia para sofocar la fuerte resistencia del país. Esto obliga a acelerar los planes del atentado, que deberá realizarse la mañana del mismo 27 de mayo.

Llega el momento del ataque planeado. Tres personas forman parte del equipo encargado de realizar el ataque. Gabcik y Kubis serán los encargados de asesinar a Heydrich, mientras un tercer miembro, Josef Valcík, se sitúa a cierta distancia para avisarles, mediante un espejo, de la llegada del coche de Heydrich:

Sorprendentemente, Heydrich no llega a las 10, como acostumbraba. Los hombres esperan, y cuando ya están a punto de desistir, media hora después, reciben la señal de Valcík. El coche no tarda en llegar a la cerrada curva en la que tiene que reducir la velocidad, y entonces Gabcik, armado con un fusil, salta a la carretera dispuesto a disparar contra Heydrich, pero el fusil se le bloquea. En ese momento, Heydrich, que viaja sin escolta, comete un error fatal: en lugar de acelerar la huida, ordena a su chófer que se detenga para atrapar al atacante. Heydrich saca su pistola y se dispone a disparar contra un aterrorizado Gabcik cuando Kubis lanza una granada de mano.

Tras el estallido de la granada, en un lateral del vehículo, Heydrich ordena a su chófer, Klein, salir en persecución de Gabcik mientras él trata de seguir a Kubis, pero la explosión le ha herido gravemente y apenas puede comenzar la persecución cuando cae al suelo. Mientras, Gabcik hiere en la pierna a Klein y consigue huir.

Heydrich es trasladado a un hospital, con serias heridas en el bazo y el pulmón y varias costillas rotas. Parece que se recupera, pero el 2 de junio, poco después de ser visitado por Himler, entra en coma y muere el 4 de junio (una semana después del atentado) a consecuencia de una septicemia: la infección de las heridas pasa al torrente sanguíneo a través del bazo y se lleva a uno de los mayores criminales de guerra de la historia con solo 38 años.

Pese a que Hitler despreciara la temeridad de Heydrich por viajar en un coche sin blindar y sin escolta, de inmediato ordena una ola de represiones y asesinatos realmente escandalosa: ordena el asesinato de 10.000 ciudadanos checos, y el sanguinario Karl Hermann Frank, alemán de los Sudetes y segundo de Heydrich tiene que convencerle de desistir de semejante idea por la dependencia nazi de las fábricas de armas checas.

El Monumento a las víctimas del terror de Heydrich es bastante explícito a la hora de contar las atrocidades nazis como represalia por el asesinato de Heydrich (pero ignoran, por supuesto,la venganza checa tras el fin de la guerra, con la reclusión en campos de concentración de la población alemana de Checoslovaquia, donde muchos murieron, y su posterior expulsión del país; esa información no nos interesa. Si queremos saber algo sobre el tema, mejor nos vamos a la prisión de Terezin). De inmediato se inicia una investigación para saber quiénes han sido los atacantes. Hay sospechas de que unos paracaidistas cayeron en los pueblos de Lidize y Lezaky. Todos los hombres mayores de 16 años fueron asesinados en ambas ciudades, así como las mujeres de Lezaky. Las restantes mujeres fueron trasladadas a Ravensbrück, donde pocas sobrevivieron, y la mayoría de los niños fueron igualmente asesinados posteriormente. Como mínimo fueron asesinadas 1.300 personas en ambas localidades.

Se persiguió con saña a lo poco que quedaba de la resistencia checa, lo que incluyó a familiares de los autores del atentado (el padre y la tía de Adolf Opalka fueron asesinados, por ejemplo), y se ofreció una enorme recompensa (10.000 coronas checas) para quien revelara el paradero de los atacantes. Pero no hay resultados hasta el 16 de junio. Ese día, Karel Curda, en un intento por detener la represión contra la población civil, que estaba siendo especialmente sangrienta, y seguramente también por miedo, decide delatar a sus compañeros, y delata a la familia Moravec, que les ha prestado ayuda:

Por cierto, Curda fue muy bien recompensado por su delación: un millón de marcos. Pero terminada la II Guerra Mundial fue capturado por los checos y ejecutado por traición. Su delación, por otra parte, sirvió de poco, ya que no detuvo la ola de represión contra la población civil.

La familia Moravec es detenida el 17 de junio. La madre se suicida ingiriendo una cápsula de cianuro. El padre no sabía nada de la actividad clandestina de la familia, pero el hijo, Vlastimil, conocido como Ata, de 17 años, después de soportar las torturas de los nazis (que es mejor no imaginar), finalmente reveló el paradero de los atacantes: la Catedral Ortodoxa de San Cirilo y San Metodio. No le sirvió de nada la confesión, ya que será ejecutado junto a su padre, su novia y la familia de ésta el 24 de octubre de 1942.

Los paneles informativos nos contarán más sobre lo que sucedió después, pero creo que en este momento lo mejor es que pasemos a la segunda parte del Monumento a las víctimas del terror de Heydrich. Un pasadizo metálico que se cierra en forma de cono esconde en realidad una puerta que no se ve (hay que empujar una de las paredes del pasadizo, ni siquiera recuerdo cual, tal es la sensación de “no hay salida” que transmite). Este pasadizo nos transmite ese ambiente opresivo, oscuro, terrorífico, desesperado, que se vivió al otro lado de la pared, en la cripta de la Catedral:

En esta iglesia se habían refugiado los tres ejecutores del atentado, Josef Gabcík, Jan Kubis y Josef Valcík, el autor intelectual Adolf Opálka y otros tres miembros de la resistencia, Josef Bublík, Jan Hrubý y Jaroslav Svark, se habían refugiado en la Catedral, que contaba con una cripta (la que vemos en la foto) en la que poder esconderse. A la cripta se accedía por una escalinata, que se encuentra al fondo:

Para protegerse, ocultaron el acceso a esta escalinata, y accedían a la cripta por una pequeña abertura en el techo de la misma (que encontraremos junto a la entrada, a la izquierda):

El 18 de julio, unos 800 militares nazis rodean la iglesia. Se produce un enfrentamiento armado en interior de la propia iglesia, en el que mueren o son heridos varios soldados nazis. Pero la enorme superioridad de estos frente a los soldados allí escondidos provoca que Adolf Opalka, que está herido, y Jaroslav Svark deciden suicidarse antes de caer en manos de sus enemigos, mientras al parecer Jan Kubis, gravemente herido, fue llevado a un hospital, donde murió desangrado.

Los cuatro restantes permanecen ocultos en la cripta. Los soldados nazis no pueden acceder a la cripta por el pequeño orificio del techo sin jugarse la vida, así que se busca otra forma de acceder a ella. Mientras, se aprovecha una ventana que da al exterior para lanzar bombas de gas e incluso se llama a los bomberos para inundar la cripta:

En la parte inferior vemos el agujero que los supervivientes intentaron hacer para llegar a las alcantarillas y escapar de aquella ratonera. Todo eso bajo el fuego enemigo, cuyos impactos se pueden observar en la parte exterior de la ventana (que yo no vi):

Sobre la ventana se observa un monumento conmemorativos los caídos.

Pero los soldados nazis consiguen encontrar el acceso a las catacumbas. Sin salida, los 4 que aún resisten (Gabcík, Valcík, Bublík y Hrubý) se refugian en las catacumbas de la cripta y se suicidan entes de ser capturados.

El Obispo Gorazd, que al enterarse de que los soldados se ocultaban en su catedral había intentado que buscaran otro escondite, así como los sacerdotes de la catedral, que habían escondido a los soldados, fueron igualmente ejecutados el 4 de septiembre. El asesinato de Heydrich tampoco sirvió para detener los planes de la “solución final”, que se pusieron en marcha en 1943 y llevaron al atroz Holocausto Judío. Ni consiguió alzar a la población checa contra los nazis, como pretendían los británicos, al estar completamente liquidada la resistencia. Eso sí, privó a los nazis y a Hitler de quien era visto como su sucesor (tenía 38 años, bastantes menos que Hitler) y de un personaje realmente atroz como muy pocos en la historia. ¿Mereció la pena su asesinato? ¿Fueron sus autores unos héroes? No voy a contestar a esas preguntas por los demás.

Visitar el Monumento a las víctimas del terror de Heydrich nos supone sumergirnos en uno de los momentos más oscuros y terroríficos de la historia reciente de Europa. Nos obliga a sentir el terror que tuvieron que sentir los soldados atrapados, su desesperación al saber que no había escapatoria. No emocionarse en el lugar supone tener un corazón de piedra. Desde luego, quien piense en vacaciones sólo como ir a pasárselo bien, mejor puede ir a Punta Cana. Pero quien quiera aprender del pasado no debería perderse esta visita y reflexionar sobre nuestra historia, esperando que no vuelva a surgir un nuevo Heydrich (y con la cantidad de nazis que hay no es una posibilidad remota) y no haya que volver a montar una Operación antropoide para liquidarlo.