¿Hay esperanza para el cine actual?


Hace ya años que leí (en la Fotogramas) que Jack Nicholson había dicho que Hollywood estaba lleno de gente que no conoce a Billy Wilder. No soy yo precisamente fan de Nicholson, pero sí de Wilder, y desde luego alguien que trabaje en el cine y no sepa quién es tiene un serio problema… me recuerda a esa escena de “La pareja del año” en la que están hablando Stanley Tucci y Seth Green sobre el nombre en clave que usa el personaje de Catherine Zeta-Jones para alojarse en los hoteles. Cómo hace años que no veo la peli, el diálogo va más o menos como lo recuerdo:

-Holly Golightly.

-Ni idea.

-Sí, de Desayuno con diamantes. De Hepburn.

-Ah, Katherine.

-Oye, no le digas a nadie que trabajas en el mundo del cine.

Pues eso. La ignorancia sobre el gran mundo del cine pasado parece que afecta demasiado a un Hollywood dormido en los laureles que corre el riesgo de perder toda su esencia. Películas cada vez más repetitivas (ya comenté algo sobre la sobredosis de super-héroes que nos espera en los próximos años en el post sobre Spider-Man), escenas de acción vacías para atraer al público poco exigente que sólo busca en el cine una evasión y no un acto cultural y artístico, un contador de grandes historias; directores ineptos, guiones nefastos y actores y actrices faltos de todo talento, salvo quizá belleza. Vamos, lo mismo que le hace Justin Bieber a la música, para entendernos.




En los últimos años (básicamente en lo que llevamos de milenio), las sagas adolescentes han dado millones a Hollywood… primero Harry Potter,luego la saga Crepúsculo… hasta que llegaron las sagas de lo que llaman “futuro distrópico”… vamos, lo contrario a utópico, esas que nos pintan un futuro negro y difícil. Empiezan con “Los juegos del hambre”, que acaba de terminar (¡por fin! Ya tenía ganas de ver el final). Y lo cierto es que, pese a que no sé qué le ven a Jennifer Lawrence, la saga me ha gustado, y hasta he descubierto cosas interesantes (parece que Josh Hutcherson no es mal actor… de Jena Malone no digo nada, porque ya sabíamos que es una gran actriz. Y algo me dice que Sam Claflin puede tener una carrera interesante si sabe elegir bien sus papeles… y de verdad espero que lo haga). El éxito de la saga llevó a otras adaptaciones, como ese “El corredor del laberinto” que he de reconocer como guilty pleasure (los libros son literariamente más que mediocres, y las pelis tampoco tienen gran cosa, aunque mejoren sustancialmente el argumento de los libros, porque cualquier parecido entre ellos es mera coincidencia… por lo demás, sólo destaca el trabajo de Thomas Brodie-Sangster, que tiene una gran ventaja: es inglés). Y así apareció también la saga “Divergente”. Y aquí confieso que no me atraían nada, y pasé de ver la primera. Pero con “Insurgente”, la segunda, me tocó ir al cine a verla con los amigos… y ahí fue donde me asusté.

Y me asusté porque nos venden a sus protagonistas, Shailene Woodley  (debería recordarla de “Los descendientes, pero no, tendré que volver a verla) y Theo James, como auténticas estrellas. Pues si eso son estrellas, retiro lo de que soy cinéfilo. Falta absoluta de recursos interpretativos, inexpresividad, falta de carisma… ya sabemos que en estas sagas siempre meten a algún actor de prestigio para elevar la calidad interpretativa (empezaron con Donald Sutherland en Los juegos del hambre para lego ir sumando a otros grandes intérpretes, como Philip Seymour Hoffman o Julianne Moore; Patricia Clarkson lo hace en El corredor del Laberinto, y en estos “Divergente” le cae el puesto a Kate Winslet), pero es que en este caso hay por ahí un par de secundarios que los eclipsan del todo: Miles Teller y Ansel Elgort. Vaya por delante que no he visto Whiplash para juzgar debidamente a Teller (unos amigos me comentaban que es bastante buen actor… supongo que será de esos que necesitan elegir bien un papel en el que lucirse). Y es que la cuestión es que los eclipsan sin hacer gran cosa: no se marcan grandes interpretaciones, pero de alguna forma parecen conectar mejor con sus papeles. Vamos, que no esto hablando de unos robaescenas de categoría, como si fueran los nuevos Donald Meek o Thelma Ritter… vamos, que si la Woodley compartiera escena con Thelma Ritter, nadie se fijaría en ella (debería dar gracias a que la gran Thelma nos abandonó hace 46 años…). Y es que nuestras estrellas actuales brillan menos que una luna nueva comparadas con los soles de hace unos años. La llevamos clara…

La cuestión es que en medio de ese pesimismo cinematográfico, hace unos meses vi una peli que me devolvió un poco la esperanza. Se titulaba “Las ventajas de ser un marginado”:

Youtube dice que es la mejor escena de la peli; no voy a discutirlo.

No deja de ser una comedia adolescente, de esas que llaman “de iniciación”, pero con mucha más enjundia de la habitual en este tipo de cine, por lo general bastante mediocre. Pero a parte de que el argumento me gustara, lo mejor fue ver a los intérpretes. Sobre Emma Watson no tengo nada que decir; es inglesa, y ahora mismo si me preguntaran cuáles son mis actores/actrices favoritos, por cada americano en la lista aparecerían 5 británicos/irlandeses; es lo que hay, desde hace mucho que los ingleses destacan por encima de los americanos, aunque ahora los australianos (australianas sobre todo) estén pegando también muy fuerte. Pero ellos sí que son americanos. Ezra Miller fue todo un descubrimiento, borda su papel. Pero Logan Lerman fue por fin una confirmación: y es que desde su primer Percy Jackson (no le recuerdo en El tren de las 3:10, lo siento) algo me decía que ese chaval no era mal actor, que lo que necesitaba era encontrar un buen papel… y lo hizo en Corazones de acero (Fury en su título original), y lo vuelve a hacer aquí, en un papel delicado, lleno de matices, que nos descubre a una verdadera estrella. Y no os imagináis cuánto me alegro, porque es un tío que me cae genial, y puede regalarnos grandes momentos cinematográficos en el futuro. Yo ya estoy ansioso de verlos.

Y es que no todo va a ser negro: en los últimos años hemos visto algunos reboots de viejas sagas que seguramente hayan mejorado los originales: los nuevos X-Men son un buen ejemplo de ello, y también, por supuesto, la nueva Star Trek. Y las bases de ambas son similares: buenas historias, bien desarrolladas, con buenos guiones, y un buen reparto de actores. Sí, es cierto que Michael Fassbander no le llega ni a la suela de los zapatos al carismático Magneto del gran Ian McKellen, pero es que McKellen aparece, aunque sea brevemente, en el último X-Men (a la espera de la 3ª entrega, que se estrena en medio año), y James McAvoy es uno de los mejores actores de su generación… y sobre Star Trek, aunque los intérpretes no sean insuperables, son más que solventes (Chris Pine es otro de esos que necesitan un buen papel para demostrarnos todo su talento) y nos hacen pasar un muy buen rato. Esperemos que J. J. Abrams consiga resultados similares con las nuevas “Star wars”. Pronto hablaremos de eso.

Y es que hacer buen cine no es tan difícil… llevamos 100 años haciéndolo, no es cuestión ahora de echarlo todo a perder ignorando las claves del éxito pasado. Porque el buen cine sigue siendo ahora lo mismo que era en los años 30, 50 o 70: dirección, guión, historia e interpretaciones. Los efectos secundarios son accesorios, no la base. Espero que alguien me haga caso…

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