Historias del Papado: la Pornocracia


Hace ya casi un año que publicamos una entrada sobre el Concilio cadavércio, uno de los momentos más oscuros del Papado, allá por finales del siglo IX. Pero prometimos seguir con la historia de la siguiente etapa, ya en el siglo X, que conocemos con el llamativo nombre de “Pornocracia”.




Hay mucha discusión en torno al periodo que conocemos como “Pornocracia”. Para empezar, al encontrarnos en un momento remoto de la historia, las fuentes de la época que se conservan son escasas, ya que mucha de la documentación de estos papados fue destruida. La principal fuente de información del período procede del Obispo Liutprando de Cremona, que vivió a finales del siglo X y que era claramente partidario de Formoso y del Emperador, y por tanto políticamente enemistado con los Papas del periodo. Será ya en el siglo XVI cuando el historiador católico y Cardenal Cesar Barionio acuñe el término “Pornocracia”, al continuar con la leyenda negra creada por Liutprando. La falta de objetividad de estas fuentes hace que muchos historiadores prefieran hablar del “Siglo Oscuro”, término más neutro, precisamente por la falta de objetividad de las fuentes. Pero es un nombre con mucha menos chispa, desde luego.

Antes de nada conviene aclarar el significado del término “Pornocracia”. No hace referencia a ningún tipo de prostitución o similar; más bien, se refiere al control que ciertas mujeres ejercieron en los Papas de la época, poniéndolos y quitándolos a voluntad. Estas mujeres serán Teodora y sus hijas Teodora II y, sobre todo, Marozia. Este periodo se extenderá entre 904 y 935, momento en el que, según algunos, concluye la “Pornocracia”. Pero en ese momento es Alberico II de Spoleto, hijo de Marozia, quien asuma el control del Papado, hasta el año 964, por lo que hay otros historiadores que lo incluyen en el mismo periodo, concluyendo precisamente con la fundación del Sacro Imperio Romano Germánico.

Ya comentamos que uno de los principales instigadores del Concilio Cadavércio fue Teofilacto, Conde Tusculum, enemigo acérrimo de Formoso. Teofilacto era miembro de la nobleza romana, que buscaba recuperar el esplendor de la Roma antigua creando una especie de nueva orden senatorial a la que él mismo pertenecería. Teofilacto va consiguiendo puestos de cada vez mayor autoridad en el seno de la corte romana, posición que afianza aún más casándose con Teodora, miembro de la aristocracia romana igualmente.

Pero claro, el poder político en Roma reposaba, al menos nominalmente, en el Papa, y Teofilacto no puede optar a dicho cargo. Por ello recurre a Sergio, quien probablemente era pariente suyo, que había fracasado en su intento de ascender al papado en 898, liderando la facción pro-italiana defensora de Lamberto de Spoleto, pero perderá frente a Juan IX, miembro de la facción formosiana o pro-germana, que de inmediato lo excomulga, obligando a Sergio a huir al sur de Italia.

A Juan IX le suceden dos formosianos, Benedicto IV y León V. Pero este último conserva su título de Papa por muy poco tiempo, unos 30 días durante el verano de 903. El principal problema es que León no es romano, por lo que miembros de su propio partido se alzan contra él, lo deponen y lo encarcelan, poniendo en el papado a Cristóbal (actualmente considerado Antipapa).

Pero ya en el año 902, el Emperador Luis “el Ciego” había nombrado a Teofilacto Magister militum o líder militar de Roma. En esta situación, Sergio tiene ahora el apoyo militar necesario para regresar a Roma y quitar a Cristobal del Papado para ocupar él mismo dicho puesto. El 29 de enero de 904, Sergio regresa a Roma y se convierte en el nuevo Papa:

Poco después, sus dos antecesores desaparecen. Si bien no hay certeza de que león siguiera vivo para ese momento, hay cronistas de la época que acusan a Sergio de haber hecho asesinar tanto a León como a Cristóbal.

Sergio III, que será su nombre pontificio, restaura el palacio Lateranense (el de la imagen destacada de este post), que es en ese momento la sede del gobierno de Roma (no olvidemos que la catedral de Roma no es la Basílica de San Pedro del Vaticano, sino la de San Juan de Letrán, o San Giovanni Laterano en italiano, por curioso que esto pueda parecernos a día de hoy).

Parece ser que fue Teodora, la esposa de Teofilacto, la que potenció una relación entre Sergio y su hija Marozia, relación que hace a Sergio cada vez más dependiente de Teofilacto, por lo que en realidad muchas de sus decisiones a lo largo de su papado no eran suyas realmente, sino del Conde.

Marozia se casa en 909 con Alberico I de Spoleto, quien en 906 había impedido que Sergio III coronara Emperador a Berengario de Friuli, el único rival de Luis el Ciego. Se supone que la relación entre Sergio y Marozia concluiría en se momento, pero en 910 nace Juan, quien tiempo después se convertirá en Papa, algo extraño siendo el primogénito del Duque de Spoleto, por lo que muchos sospechan que en realidad Juan era hijo de Sergio.

Sergio III muere el 14 de abril de 911. Teofilacto, que durante su papado ha ido obteniendo cada vez más privilegios, es el dueño todopoderoso de Roma, por lo que será él quien se encargue de elegir a su sucesor, Anastasio III:

Su papado fue irrelevante, pero por algún motivo se granjeó la enemistad de su protector, por lo que Teofilacto lo hace asesinar en junio de 913. Tras meses de luchas entre las distintas facciones de la nobleza romana, Teofilacto consigue que el elegido sea Landón, que durará 6 meses en el cargo. A su muerte, el nuevo Papa será Juan X, de nuevo elegido por influencia de Teofilacto:

Juan se enfrenta a un serio problema: los sarracenos, musulmanes del norte de África, están atacando el sur de Italia y ponen en peligro sus dominios. Cuenta con el apoyo de Alberico I de Spoleto, esposo de Marozia, pero necesita más fuerzas. Las consigue haciendo algo que no va a ser del agrado de Teofilacto: promete la corona a Berengario de Friuli. Gracias a su apoyo, el propio Papa se pone frente al ejército que derrotará a los musulmanes en la Batalla de Garellano, en el año 915. Berengario es coronado Emperador en diciembre de ese mismo año.

Juan demostró ser un Papa de personalidad, que se escapaba al control de la familia Tuscolana (los descendientes de Teofilacto, de entre quienes saldrá posteriormente la prestigiosa familia romana de los Colonna). Con Teofilacto en las últimas, en el año 924 será Alberico quien intente hacerse con el poder absoluto en Roma, pero será derrotado y muere asesinado en 925. Marozia, entonces, consciente de su precaria situación, decide casarse con Guido de Toscana, el hijo de Adalberto II de Toscana, quien había sido aliado de su marido.

Para colmo, en 924, el emperador Berengario muere asesinado. Es el único descendiente varón de Carlomagno que quedaba en ese momento, por lo que se abre una complicada crisis sucesoria para el título Imperial. Marozia y Guido apoyan al hermano de éste, Hugo de Arlés, mientras Juan apoya a Hugo de Provenza. Guido entonces reúne un ejército que ataca Roma y arresta al Papa, que morirá poco después, tal vez asesinado (asfixiado con una almohada según la leyenda).

Su sucesor será León VI, que alcanza el puesto por influencia de Teodora y Marozia, siendo al parecer amante de ésta última. Pero de nuevo, de poco le sirvió, ya que cayó en desgracia y fue asesinado por orden de ella en 928. Su sucesor será el irrelevante Esteban VII:

Pero cuando deja de ser útil, Marozia vuelve a sus jugadas y acaba con él, en 931, para darle el Papado a Juan XI:

Estos retratos no son contemporáneos, obviamente. Hay que tener en cuenta que, en el momento de su elección, Juan tenía 20 años y murió con 24.

¿Y quién es este Juan XI? Pues nada menos que el hijo de Marozia y, probablemente, de Sergio III. Sin vocación religiosa, mas preocupado por los asuntos carnales, todo el poder recae en… pues claro, en mamá:

Pero el reinado de Marozia está a punto de terminar. En 929 queda viuda de nuevo a la muerte de Guido de Toscana, por lo que intenta casarse con el hermanastro de éste, el Rey de Italia Hugo de Arlés. El problema es que Hugo ya está casado con Berta de Suabia, por lo que es necesario que el Papa anule dicho matrimonio. No es difícil, claro, cuando el Papa es el hijo de la novia, y el matrimonio se celebra finalmente en 932.

Pero hay alguien que no está muy contento con esta nueva boda: se trata de Alberico II de Spoleto, hijo de Marozia y su primer marido, Alberico I de Spoleto. El día de la boda organiza una revuelta popular que obliga a Hugo a huir; Marozia es encarcelada, y Juan se libra momentaneamente de correr la misma suerte al ponerse bajo el control de su hermanastro, aunque terminará en prisión igualmente, muriendo en 935.

A partir de ahora, el papel que antes habían desempeñado su madre y sus abuelos a la hora de poner y quitar (o liquidar sería una expresión más adecuada) a los sucesivos Papas lo desempeñará Alberico. Así, el siguiente Papa será León VII:

Por si no fuera suficiente con el apoyo del Papa, se le da pleno poder sobre los monasterios a Odón, segundo abad de Cluny, que será un nuevo aliado en la lucha contra su “padrastro” Hugo de Arlés por el control de Italia. Así, se pacta que Alberico se casará con la hija de éste, Alda.

Tras su muerte, en 939, será sucedido por Esteban VIII, que también se doblegará a los deseos de Alberico, al igual que harán sus sucesores, Marino II entre 942 y 946, y Agapito II. Será durante el pontificado de éste último cuando muera el gran rival de Alberico, Hugo de Arlés, lo que desencadena una nueva disputa sucesoria. Su sucesor, Lotario, es asesinado por Berengario II de Ivrea, que se hace coronar como Rey de Italia. Pero la viuda de Lotario, Adelaida de Borgoña, pide entonces ayuda al Rey alemán Otón I. Éste acude presto  a su llamada, ya que intervenir en Italia le puede abrir las puertas a la Corona Imperial que ansía, vacante desde años atrás. Pero esto choca con los planes de Alberico, por lo que éste obliga a Agapito a comunicar a Otón que no será coronado.

Alberico II muere en 954, tras obligar a Agapito a aceptar a su hijo Octaviano como Papa a su muerte. Y, cuando Agapito muere, un año después, Octaviano accede al papado bajo el nombre de Juan XII:

Otro retrato poco creíble, ya que Juan XII no llegó a la treintena.

De hecho, Octaviano tiene 18 años cuando accede al papado, siendo conocido como “el papa Fornicario”, ya que a su falta de vocación religiosa se unía su interés por “la carne”; cosas de la edad, pero también le venía de familia, claro. Por ello su papado es considerado uno de los más nefastos de la historia, aunque en él sucede algo trascendental.

Entre fornicio y fornicio, el Papa tenía que ocuparse de asuntos políticos, pero Juan carecía de la formación necesaria para afrontarlos, y ya no estaba papá para protegerlo. Berengario de Ivrea aprovecha la situación de indefensión del Papa para atacar sus territorios. ¿Y a quién puede acudir entonces el Papa por ayuda? Pues a ese que tanto ambicionaba la corona imperial: Otón I de Alemania.

En 962, os años después de que Juan envíe la solicitud de ayuda, Otón llega a Roma y es coronado Emperador el 2 de febrero. Nace así el Sacro Imperio Romano Gérmanico, que perdurará hasta su disolución por parte de Napoleón a comienzos del siglo XIX.

El Pacto que firman ambos es muy ventajoso para el Emperador, ya que él mismo tiene que aprobar el nombramiento de los futuros Papas y dispone de la máxima autoridad judicial incluso en la ciudad de Roma. Pero Juan tiene poca intención de respetar este pacto, y en cuanto Otón abandona Italia, recurre a todos los apoyos que puede encontrar (Bizancio, Hungría, los príncipes italianos) para contrarestar el poder de Otón. Éste regresa a Italia en 963 y depone al Papa, acusado de toda clase de pecados: adulterio, convertir el Palacio Lateranense en un burdel, asesinato, pactar con el diablo… difícil determinar cuántas de estas acusaciones eran reales y cuántas no lo eran (probablemente, muchas eran falsas). Como sucesor se designa al secretario del Emperador, León VIII.

Juan había huido de Roma antes de la llegada de Otón, llevándose los tesoros de la iglesia, lo que le permitió reunir un importante ejército con el que regresar a Roma cuando Otón regresó a Alemania, en 964. Tras deponer a León, Juan XII se vengó de sus adversarios, lo que provocó que Otón retornara a Roma. Pero ya era tarde: Juan había muerto. Las versiones sobre su muerte son distintas, aunque ambas igual de pecaminosas: o bien murió de un ataque de apoplegía en pleno acto sexual, o bien fue sorprendido por el marido de la mujer con la que yacía y éste le machacó la cabeza de un martillazo, el 14 de mayo de 964.

A la muerte de Juan XII termina la “pornocracia” en su más amplia acepción; la familia Tuscolana ya no tendrá la influencia que habían tenido durante más de 50 años en la elección Papal. Se abre una nueva etapa, el Sacro Imperio, aunque descendientes de Teofilacto ocuparán todavía el trono papal. Pero eso ya es salirnos del tema.



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