In Memoriam: Sean Connery (31-10-2020)

Desde Bond hasta La liga de los hombres extraordinarios, pasando por El hombre que pudo reinar, Los inmortales o Indiana Jones, varias generaciones nos hemos criado viendo y admirando en el cine a Sean Connery. Tras su reciente desaparición sirva este post para recordarlo. 

Thomas Sean Connery nació en Edimburgo el 25 de agosto de 1930. Hijo de familia trabajadora, desde joven él mismo desempeñó diferentes oficios para ganarse la vida. Fue además un gran aficionado al fútbol y al culturismo, y fue en un concurso de culturismo en 1953 cuando un contrincante le sugirió presentarse a las pruebas para el musical “South Pacific”. Connery fue aceptado e interpretó diversos roles secundarios durante algunos años tanto en Edimburgo como de gira por Inglaterra. Aficionado finalmente al teatro, interpreta varias obras sobre las tablas, antes de dar el salto al cine en 1957 con “No road back”. Ese mismo año interpreta otros papeles menores en cine, hasta que llega su gran oportunidad en 1958 al protagonizar “Brumas de inquietud”, drama en el que es emparejado con Lana Turner:

En 1959 protagoniza “Darby O’Gill y el rey de los duendes”, producción de la Disney:

Tras varios papeles en televisión, el salto definitivo a la fama de Sean Connery llega por fin en 1962, cuando es seleccionado para interpretar al espía James Bond, creado por I(an Fleming, en la primera entrega de la saga, “Agente 007 contra el Dr, No”, dirigida por Terence Young y que protagoniza junto a Ursula Andress:

Ese mismo año se casa con la actriz Diane Cilento, de la que se divorciará en 1973. En 1963 nace su único hijo, el también actor Jason Connery. 

También en 1962 forma parte del extenso reparto de la cinta bélica “El día más largo”, en la que participa en el desembarco de Normandía:

En 1963 vuelve a ser Bond en “Desde Rusia con amor”, y en 1964 en “Goldfinger”:

También en 1964 trabaja a las órdenes de Alfred Hitchcock en “Marnie la ladrona”, acompañando a Tippi Hedren:

También en 1964 repite en el género de la intriga con “La mujer de paja”, en este caso junto a Gina Lollobrigida y Ralph Richardson:

Tras repetir como Bond en 1965 en “Operación trueno”, en 1966 pasa el género de la comedia con “Un loco maravilloso”, que protagoniza junto a Joanne Woodward, en un papel con un punto en común con Bond: su problema con las mujeres:

En 1967 interpreta a Bond por séptima vez en “Solo se vive dos veces”, tras la que se retira del papel, cediéndoselo a George Lazemby, queriendo con ello evitar encasillarse:

Tras interpretar en 1969 a Roald Amundssen en “La tienda roja”, en 1970 protagoniza el drama social ambientado en las minas de Pensylvannia “Odio en las entrañas”, dirigido por Martin Ritt y coprotagonizado por Richard Harris:

El fracaso del nuevo Bond George Lazemby lleva a que la productora vuelva a querer a Sean Connery como protagonista. Pese a su reticencia, la enrome oferta económica que le ofrecen le anima a volver, por sexta vez, a interpretar al famoso espía en “Diamantes para la eternidad”, en 1971: 

En 1973 protagoniza “La ofensa”, drama policiaco dirigido por Sidney Lumet en el que comparte protagonismo con Trevor Howard:

Sidney Lumet vuelve a contar con él en 1974 para interpretar un pequeño papel en “Asesinato en el Orient Express”, como uno de los pasajeros investigados por Hercules Poirot, interpretado por Albert Finney:

Ese mismo año protagoniza la historia de ciencia ficción de John Boorman “Zardoz”, junto a Charlotte Ramplig, en la que es recordado por su curioso “vestuario”:

En 1975 se casa por segunda y última vez, con la pintora Micheline Roquebrune. Ese mismo año protagoniza dos de sus mejores películas. La primera, “El viento y el león”, en la que interpreta a un bandido bereber que secuestra a la británica Candice Bergen, estableciéndose entre ambos una curiosa relación:

La otra es “El hombre que pudo reinar”, adaptación de la novela de Rudyard Kipling en un proyecto largamente acariciado por John Huston, que escogió finalmente a Sean Connery y a su viejo amigo Michael Caine  para interpretar a dos aventureros británicos que se adentran en Asia Central; ambos actores tendrán aquí dos de las mejores interpretaciones de sus respectivas carreras. :

Pero en 1976 Sean Connery nos regalará otra interpretación magistral junto a una no menos brillante Audrey Hepburn en la crepuscular “Robin y Marian”, triste historia sobre la madurez de Robin Hood, acompañada por una de las mejores partituras nunca escritas para el cine escrita por John Barry:

En 1977 regresa al cine bélico, encabezando el extenso reparto de “Un puente muy lejano” de Richard Attenborough:

En 1978 cambia de género, en este caso la comedia de época “El primer gran asalto al tren” de Michael Crichton, que protagoniza junto a Donald Sutherland:

Tras probar suerte en 1979 en el género de moda, las catástrofes, con “Meteoro”, en 1981 se pone a las órdenes de Terry Gilliam para interpretar al Rey Agamenon en la comedia de aventuras “Los héroes del tiempo”:

Ese mismo año regresa a la ciencia-ficción al protagonizar “Atmósfera cero”:

En 1982 trabaja a las órdenes de dos grandes directores cinematográficos. En la sátira periodística “Objetivo mortal” lo hace a las órdenes de Richard Brooks:

La otra es el drama ambientado en el mundo del alpinismo “Cinco días, un verano”, dirigido por Fred Zinnemann:

En 1983 Sean Connery, después de haber prometido años atrás que no volvería a interpretar al personaje, regresa a la saga Bond (a sus 52 años nada menos) con “Nunca digas nunca jamás”, que surge de un problema con los derechos de autor de la novela en la que se basa, ajena por tanto a la saga oficial que protagonizaba en esos momentos Roger Moore:

A continuación, Sean Connery se retira del cine, descontento con los grandes estudios cinematográficos… afortunadamente, es algo temporal, 2 años solamente. Afortunadamente, en 1985 se une a una producción europea: “El nombre de la rosa”, adaptación de la famosa novela de Umberto Eco que dirige Jean-Jacques Annaud. A día de hoy resulta imposible imaginar a otro actor que pudiera interpretar mejor a Guillermo de Baskerville, el monje detective que, acompañado de su fiel aprendiz Adso, interpretado por un debutante Christian Slater, debe investigar unas misteriosas muertes en un siniestro monasterio. Su voz, su forma de hablar, la absoluta credibilidad que desprende en todo momento, pero en especial en las escenas en las que su muestra entusiasmado, lo convierten en el intérprete ideal del papel:

El papel le vale ganar el BAFTA a mejor actor en su primera nominación no sólo al BAFTA sino a cualquiera de los grandes premios del cine de habla inglesa. Los Oscars todavía se le resisten y no consigue ser nominado. 

Ese mismo año alcanzará un gran éxito con la fantasía histórica “Los inmortales”, que protagoniza junto a Christopher Lambert y que se convertirá en otra de sus películas más recordadas:

En 1987 Sean Connery interpreta otro de sus mejores papeles, el duro Malone, uno de “Los intocables de Eliot Ness” que acompañan al protagonista, interpretado por Kevin Costner, en su intento por detener a Al Capone, en la película de que dirige Brian de Palma:

Por este papel consigue ser nominado como mejor secundario al BAFTA y gana el premio en la misma categoría en su primera nominación al Globo de Oro y gana también el Oscar en su única nominación:

Tras regresar al Thriller en 1988 con “Más fuerte que el odio”, en 1989 protagoniza la comedia “Negocios de familia”, interpretando a un viejo criminal que lleva por el mal camino a su nieto, Matthew Broderick, para desesperación del padre de éste, Dustin Hoffmann:

Pero ese mismo año tendrá un papel muchísimo más memorable, ya que Steven Spielberg lo elige para interpretar al profesor Henry Jones Sr, padre del protagonista de “Indiana Jones y la última cruzada” junto a Harrison Ford. Sean Connery tiene aquí otro de sus mejores papeles, y en concreto esta escena es de lo mejor que hizo nunca, en mi opinión:

¿Se puede decir mejor ese “Indiana, let it go”? Su forma de decirlo deja claro que es el único momento de la película en la que le llama Indiana en vez de su habitual Junior, es el único momento en el que se toma en serio a su hijo y lo trata como a un adulto, que es precisamente lo que hace que sus palabras surtan efecto. Sólo un verdaderamente gran actor podía entender que una frase que podría pasar desapercibida tenga tanta importancia. Su trabajo aquí le vale una nueva nominación tanto al BAFTA como al Globo de Oro. Los Oscars de nuevo vuelven a ignorarle. 

Estos últimos papeles han vuelto a convertir a Sean Connery en uno de los actores más populares y respetados del momento, lo que le permite protagonizar proyectos importantes, e incluso a sus 60 años se convierte en un galán romántico. En 1990 protagoniza la película de espías “La casa Rusia”, adaptación de la novela de John le Carré que lo empareja con Michelle Pfeiffer:

Más prestigio (jncluso una nominación al BAFTA; la cuarta y última) le otorga en todo caso “La caza del octubre rojo” de John McTiernan, que rueda el mismo año, en la que interpreta al capitán de un submarino soviético que se interna en el Atlántico, por lo que los americanos, encabezados por Alec Baldwin, deben descubrir qué intenciones tiene:

En 1991 rueda la secuela de “Los inmortales” y hace un destacado cameo como el Rey Ricardo Corazón de León en “Robin Hodd, príncipe de los ladrones”. En 1992, John McTiernan vuelve a contar con él para interpretar al investigador médico instalado en el Amazonas que tiene que hacer frente a la destrucción de la selva que pone en peligro sus investigaciones en busca de un nuevo fármaco en “Los últimos días del edén”:

Una pel´ciual de acción junto a Wesley Snipes en 1993 y el fracaso de “Un buen hombre en África” en 1994 parecen poner fin a esta buena etapa de su carrera. La cosa parece mejorar con el drama judicial “Causa justa” de 1995:

También en 1995 le trae popularidad, aunque no demasiado éxito, su Rey Arturo en “El primer caballero”, fantasía medieval en la que acompaña al Lancelot de Richard Gere y la Ginebra de Julia Ormond:

Curiosamente, mejor le va en 1996 al pasarse al género de la acción (a sus 66 años nada menos) con “La Roca” de Michael Bay, en la que acompaña a Nicolas Cage y Ed Harris:

También en 1996 aprovecha una de sus mayores virtudes (su maravillosa voz) para dar voz al dragón protagonista de “Dragonheart”, fantasía medieval protagonizada por Dennis Quaid:

Pero comete un error monumental en su siguiente película, “Los vengadores”, película de ciencia-ficción de 1998 en la que interpreta al villano de turno al que se enfrentan Ralph Fiennes y Uma Thurman y que es un absoluto fracaso (porque más mala no podría ser):

Recupera popularidad haciendo casi de galán romántico (a punto de cumplir 70 años) con el thriller de robos “La trampa”, que lo empareja con una Catherine Zeta-Jones que casi saltó a la fama con esta película:

Todavía le quedaba a Sean Connery un último gran papel que regalarnos, el del excéntrico escritor Forrester en “Descubriendo a Forrester”, película de 2000 dirigida por Gus Van Sant que, incomprensiblemente, no le valió ninguna nominación a los grandes premios:

Todavía Sean Connery trabaja en una última película; tras rechazar ser Gandalf en la trilogía de El señor de los aniños (anda que no molaría ver lo que habrís podido hacer con el papel), acepta en 2003 protagonizar la adaptación del comic “La liga de los hombres extraordinarios”, en la que interpreta al doctor Alan Quatermain:

Desgraciadamente, la película es un fracaso que lleva a Sean Connery a retirarse definitivamente de la interpretación, rechazando incluso aparecer en la cuarta entrega de Indiana Jones (su aparición habría dado más atractivo a la odiada película, eso seguro). Se centró en escribir su autobiografía, publicada en 2008, antes de retirarse de la vida pública en 2010. Retirado en su casa de las Bahamas desde 2003, tras sufrir demencia en sus últimos meses, murió finalmente el 31 de octubre de 2020 de un infarto. 

Su desaparición ha sido un golpe para varias generaciones de cinéfilos, ya que su extensa carrera, manteniendo hasta el último momento el estatus de protagonista, y su buen número de papeles memorables lo convirtieron en un actor muy querido por el público. Y es que, además de su versatilidad interpretando todo tipo de papeles y géneros, tenía un talento interpretativo especial que lo convirtió en uno de los grandes actores de la segunda mitad del siglo XX. 

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