In Memoriam: Ueli Steck, la máquina suiza (30-04-2017)


Descubrí quién era Ueli Steck hace cosa de dos años, viendo un documental sobre la cara norte del Eiger. El documental repasaba la historia de esta mítica cara norte de los Alpes, esa que tanto esfuerzo había costado conquistar, y que por el camino se había llevado por delante a algunos de los mejores alpinistas de los años 30 (como los míticos Andreas Hinterstoisser y Toni Kurz. Y después de repasar esa historia te sacaban a un joven suizo que escalaba aquella terrible cara prácticamente a la carrera.




Con semejantes aptitudes, era obvio que daría el salto al Himalaya, donde podía realizar proezas casi impensables para cualquier otro alpinista. Desgraciadamente, hace pocos días, intentando realizar otra de esas proezas que nadie había siquiera intentado, como era la travesía Everest-Lhotse, sufrió una caída de mil metros en el Nuptse que nos dejó sin uno de los alpinistas más interesantes del momento.

Ueli Steck había nacido el 4 de octubre de 1976 en la localidad de Langnau im Emmental, al norte del cantón suizo de Berna, relativamente alejado de la zona más montañosa de dicho cantón. De hecho, sus inicios en el deporte fueron en el Hockey sobre hielo. Pero pronto descubrirá el alpinismo y la escalada, y abandonará el hockey por este nuevo hobie.

El punto inicial de su carrera probablemente se produjo en 1995, cuando, con 18 años, escaló por primera vez la Nordwand, la cara norte del Eiger:

Una cara norte, siempre en penumbra, de roca vertical, con salientes rocosos que hacen muy complicada una vuelta atrás, con constantes desprendimientos de roca, hielo y nieve, con una forma cóncava que atrae las tormentas hacia su pared… una montaña mortal. Y la montaña a la que se asocia la figura de Ueli Steck. Pongo antes de nada el documental del que hablaba al principio, para que podamos entender el desafío que supone esta montaña:

Y ahora vemos cómo subía Ulei Steck por esta pared:

Ueli Steck era un corredor de altura, especializado en realizar rutas a gran velocidad. Sin cuerdas fijas, sin nada que le proteja: un paso en falso, una pérdida de equilibrio, y le espera el abismo y la muerte. Pero su enorme habilidad, que le hizo ganarse el apodo de “La máquina suiza”, le permitía proezas increíbles. En 2001 abre, junto a Stepahn Siegrist, una nueva ruta en la pared, “The young spider”, que repetirá en solitario en 2006 en la primera ascensión invernal de la ruta. De nuevo junto a Siegrist abre en 2003 una nueva ruta, “Paciencia”. Para entonces ya ha debutado en el Himalaya (en el año 2001) y su prestigio le permite abandonar su profesión de carpintero para dedicarse profesionalmente al alpinismo.

Sus récords en el Eiger pasan por la ascensión, de nuevo junto a Siegrist, por la travesía Eiger-Mönch-Jungfrau en 2004, en tan solo 25 horas. Y, ya en solitario, récords de velocidad en los que se supera a sí mismo en el Eiger, siempre por la ruta Heckmair: 3 horas y 54 minutos en 2007, 2 horas y 47 minutos en 2009 y 2 horas y 22 minutos en 2015.

Otros records de velocidad en los Alpes, siempre por las caras norte, los conseguirá en las Grandes Jorasses en 2008 (2 horas y 22 minutos) o en el Cervino en 2009 (1 hora y 56 minutos). Destaca también en 2014 su ascensión de las tres caras norte de las Tres cimas de Lavaredo en invierno en un único día. Es además en varios casos el primero en realizar peligrosas rutas en libre (sin cuerda fija o anclajes) en montañas como el Petit Dru. En 2015 realiza otra importante proeza: escalar los 82 cuatromiles de los Alpes en 62 días.

Realiza también escaladas en otros lugares, como la famosa pared “Capitán” en Yosemite, pero la parte más interesante de su carrera se produce en el Himalaya. Allí se había estrenado en 2001, en el Pumori, montaña de 7.161 próxima al Everest, en la que abre una nueva ruta por la pared oeste junto a Ueli Bühler:

En 2005 realiza importantes ascensiones en el valle de Khumbu, escalando pro primera vez en solitario y por nuevas rutas dos montañas, el Cholatse, de 6.640 metros, por la pared norte, y el vecino Taboche, de 6.543 metros, por la pared oeste:

El Cholatse es la de la derecha y el taboche la de la izquierda.

En 2007 realiza su primer intento de escalada a un ochomil, en solitario: la cara sur del temible Annapurna. Pero, golpeado por una avalancha, sufre una caída de 300, de la que sale sin consecuencias graves. Vuelve a intentar la montaña en 2008, esta vez acompañado de Simon Anthamatten, pero las malas condiciones climáticas vuelven a dejarle sin el premio de la cima. Ese mismo año participa en el fallido intento de rescate de Iñaki Ochoa de Olza, aquejado de edema pulmonar mientras intentaba escalar el Annapurna, que habría sido su 13º ochomil.

Justo antes, para aclimatar, Ueli Steck y Simon Anthamatten habían escalado por primera vez la cara norte del Tengkangpoche, de 6.487 metros:

Esta escalada les valió el premio Piolet d’Or de 2009.

En 2009 escala por fin sus dos primeros ochomil: el Gasherbrun II, en el Karakorum, y el Makalu, ambos por la vía normal.

En 2011 lleva a cabo el Project Himalaya, cuyo objetivo es escalar 3 ochomiles en la misma temporada. Como aclimatación escala de nuevo la pared norte del Cholatse, además del Lobuche. Y es que Ueli Steck no era partidario de la aclimatación pasando noches en campos de altura, sino que prefería subir y bajar constantemente, por lo que a menudo escalaba montañas de menor tamaño (aunque de enorme dificultad) como preparación para esos ochomiles. Escala el primer ochomil, el Shisha Pangma, por la pared sur-oeste, en solitario en apenas 10 horas y media:

De inmediato parte para su segundo ochomil, el Cho Oyu, siendo el tercero previsto el Everest, que subiría por la ruta normal. Pero a 150 metros de la cima se tiene que retirar por riesgo de congelamiento. Había conseguido escalar dos ochomiles, con lo que sumaba ya 4 en su haber.

Se quitará la espinita del Everest en 2012, llegando a la cima por la ruta normal. Pero su otro gran triunfo en el Himalaya fue en 2013, cuando por fin logra escalar la cara sur del Annapurna, ascendiendo en solitario:

Esta ascensión le supone su segundo Piolet d’Or, aunque, al igual que en el caso del Shisha Pangma, fue puesta en duda por la ausencia de fotografías de cima y ciertas otras dudas sobre la ascensión. En todo caso, considerada ascensión oficial, sumaba 6 ochomiles.

El proyecto que tenía en 2017 era realizar algo inédito hasta la fecha: la travesía Everest-Lhotse. La ruta en sí tenía telita:

Parte del campamento base normal y atraviesa la cascada de hielo hasta el campo 2. Ahí cambia la cara de la montaña, dirigiéndose a la cara noroeste para ascender a la cima con el corredor Hornbein hasta la cima. Desde ahí descendería por la ruta normal hasta el collado sur, a 7.900 metros, para subir al Lhotse por la vía Urubko y descenderlo por la vía normal, volviendo así al campo dos. Mucho, quizá demasiado tiempo, por encima de los 7.900 metros.

Com siempre, aclimataba subiendo y bajando, y así aprovechó para intentar escalar el Nuptse, de 7.861 metros, que pese a verse imponente por su cara sur, no es propiamente una montaña, al tener una prominencia de sólo 319 desde el collado que lo une al Lhotse (para ser considerada una montaña independiente tendría que superar la prominencia de 500 metros):

Era un intento de ascensión en un día desde el campo 2 del Everest. 4 sherpas y dos alpinistas que se encontraban descansando en dicho campo le vieron caer desde 7.200 metros de altura, al comienzo de un difícil tramo de escalada en roca. Partieron en su busca y hallaron su cuerpo cerca del propio campo dos, lo que supone una caída de unos mil metros. Para cuando llegaron ya había muerto. Probablemente había resbalado, y la ausencia de medidas de seguridad impidió evitar la caída. Su cuerpo fue evacuado y posteriormente incinerado en un monasterio nepalí.

Al enterarse de la noticia, Reinhold Messner sugirió que Ueli Steck no había contado todos sus planes, y que aquello parecía un intento de realizar la travesía de toda la herradura del Everest: eso supondría ascender al Nuptse, atravesar la arista cimera hasta el collado con el Lhotse, al que tendría que ascender por una nueva ruta, hasta ahora no siquiera intentada, por un terreno abrupto casi imposible, para continuar con el proyecto previsto pero en orden contrario. Algo prácticamente impensable. Incluso para la máquina suiza suea excesivo, aunque nunca se sabe… Por desgracia, nunca podremos ya saber cuáles eran los planes reales de Ueli.

Ueli Steck tenía 40 años en el momento de su fatal caída en el Nuptse. De haber sobrevivido y conseguido realizar la inédita travesía Everest-Lhotse, habría escalado 7 ochomiles. Sería interesante saber qué habría hecho para poder ascender en ese estilo rápido que le caracterizaba moles del tamaño del K2, Nanga Parbat, Dhaulagiri o Kanchenjunga. Pero nos quedamos sin saberlo. Su pérdida es quizá la más dolorosa para el himalayismo actual, ya que su forma de escalar, forjada en los Alpes, en montañas de mucha menor altura, había demostrado ser exitosa incluso en los ochomiles. Ya sólo nos queda hacer historia-ficción, o esperar a que otro alpinista de su excepcional talento pueda realizar proezas tan increíbles como las que él realizó.



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