Las catacumbas de Nápoles y Rione Sanità

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Nápoles, una de las ciudades más grandes y ricas de otros tiempos, sigue siendo un foco de atracción turística obvio, dada su riqueza monumental y artística. Bueno, por lo menos en lo que respecta al centro histórico de Nápoles, que más o menos podríamos situar en un triángulo entre la estación de tren de Piazza Garibaldi, la piazza del plebiscito (y extendiéndose por el litoral hasta el castel del’ovo) y el museo arqueológico. Pero todo cambia en cuanto nos dirigimos hacia el norte y ascendemos por la colina del Capodimonte; cuando nos adentramos en el barrio conocido como Rione Sanità, para entendernos. Y no es que le falten atractivos a esta zona, ya que aquí encontramos las catacumbas de Nápoles, que no son pocas, precisamente. ¿Cuál es, pues, el problema? Dejad que os cuente una pequeña historia.




Cuando vas de viaje y programas las visitas del día, corres el riesgo de liarte con los horarios y días de apertura y cierre de los museos y monumentos. Y eso me pasó a mí el primer día que llegué a Nápoles: una de las cosas que tenía prevista visitar ese día estaba cerrada y tuve que cambiar el plan. Así que mi primer contacto con Nápoles no fue con su casco histórico, sino con este Rione Sanità que tuve que atravesar para poder visitar el Cimitero delle Fontanelle (que aparecía recomendado en las guías de viajes y por la información que daban en la propia oficina de turismo). No tenía yo el mejor día, me había pillado un buen trancazo y es más que probable que tuviera fiebre. Así que fue difícil llegar desde el metro hasta el cimitero, atravesando callejones empinados y bajando escaleras… y seguíamos andando, hasta el punto de parecer que nos estábamos saliendo de la ciudad, cuando por fin lo encontramos. El entorno recordaba más a un pueblo de la Castilla profunda que a una ciudad de casi un millón de habitantes… Lo peor vino a la vuelta; teníamos que llegar al museo arqueológico, y de nuevo un laberinto de calles nos lo puso complicado. Y en uno de esos momentos, alguien se bajo de una moto y de un tirón le robó a mi padre una cadena de oro que llevaba al cuello (terminantemente prohibido llevar oro en Nápoles, aviso). No es, desde luego, el mejor primer contacto que puedes tener con Nápoles. Y la cuestión es que al llegar al casco histórico, te das cuenta de que estás en otro mundo, de que lo que has visto de camino no tiene nada que ver con el Nápoles que recorren los turistas, sucio, necesitado de reformas, cierto, pero mucho más animado, con sus comercios de todo tipo y con una sensación de “relativa seguridad” que contrastaba enormemente con lo que acabábamos de ver. ¿Estábamos de verdad en la misma ciudad?

No tardé en descubrir que ese Rione Sanità era un suburbio de Nápoles. Creado a finales del siglo XVI como lugar de retiro de la nobleza y la burguesía de la ciudad (vamos, como la zona rica), actualmente es un barrio pobre. Pero pobre de verdad, con altas tasas de desempleo o empleo precario, y por tanto con mayor tasa de delincuencia y de crimen organizado (no voy a mencionar la palabra mágica, que seguro que todos la estáis pensando). Factores que desde luego ayudan poco a atraer al turismo que tanto ayudaría a la recuperación económica y urbanística del barrio. Porque por falta de atractivo no será, desde luego.

De hecho, en el barrio hay numerosos palacios históricos, aunque destaca más por su patrimonio subterráneo. Y es que antes de ser un barrio residencial, había sido un lugar de enterramiento desde épocas remotas. Tan remotas como el siglo IV a.C., como es el caso de las catacumbas griegas (que no pude visitar). Aunque lo cierto es que de las catacumbas de Nápoles vamos a destacar siempre dos: las de San Gennaro y las de San Gaudioso, a parte del Cimitero delle Fontanelle que ya hemos mencionado, y que en realidad es un osario. Así que vamos a comenzar hablando del más antiguo de estos cementerios subterráneos, las catacumbas de San Gennaro.[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”626″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]El origen de estas catacumbas se sitúa en el siglo II, con un enterramiento de una familia romana (su origen no es cristiano, por tanto), que fue ampliándose en lo que actualmente es el piso inferior de las catacumbas. Las catacumbas fueron ampliándose, pero el factor determinante de su ampliación fue el entierro, en el siglo III, de San Agripino, quien fue el sexto obispo de Nápoles y primer patrón de la ciudad (aunque, curiosamente, no fue mártir). Por ello se construyó una basílica sobre la tumba del obispo.

Veamos una imagen de ese piso inferior:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”628″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Justo a la entrada de este nivel nos encontramos con una pila bautismal del año 762, construida por el obispo napolitano Pedro II en la época en la que éste se exilió de la ciudad y se refugió en las catacumbas huyendo del en ese momento imperante partido filobizantino:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”629″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Dejo aquí otras dos imágenes de este nivel inferior, la cátedra y un arcosolio decorado con pinturas murales:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_single_image image=”630″ img_size=”full”][vc_empty_space][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_single_image image=”631″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Pero lo que la convirtió en la más importante de las catacumbas de Nápoles fue el traslado, por orden del obispo Juan I, de los restos de San Gennaro, un nombre que nos vamos a hartar de escuchar en Nápoles. ¿Pero quién fue este San Gennaro?

Para empezar, Gennaro (Jenaro en español) no era napolitano; era obispo de Benevento, otra importante ciudad de la Campania. Lo que sucedió fue que, en el año 305, acudió a visitar a los fieles de Pozzuoli (ciudad vecina a Nápoles). En ese momento la persecución anticristiana de Diocleciano estaba en su máxima extensión, y el gobernador Dragonzio había detenido a Sossio, diácono de Miseno (localidad próxima a Pozzuoli). Gennaro, que era amigo de Sossio, acude ante el gobernador para solicitar su libertad, pero sólo consigue que él  sus acompañantes sean también detenidos. Como ocurre con la mayoría de los mártires de la época, hay mucha leyenda sobre su martirio: se cuenta que tanto él como sus acompañantes fueron condenados a ser devorados por los leones en el circo, pero que estos no les hicieron nada. Ante esto, fueron decapitados. La tradición cuenta que una mujer llamada Eusebia recogió, tras la ejecución, la sangre del obispo en dos ampollas.

El cuerpo de San Gennaro estaba sepultado en el Agro Marciano, pero, como ya hemos mencionado, fueron trasladados a las catacumbas que ahora recibirán su nombre, dada la gran popularidad de la que goza el santo en Nápoles. Y allí fueron sepultados sus restos, en una cripta. Si no era esta de la foto, era una similar (mi memoria no llega a más. Deduzco que es esta porque por algo haría la foto…):[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”633″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Con el traslado de los restos del santo, las catacumbas se convierten en un lugar de entierro muy popular. Se excava un nivel superior que en seguida se llena de nichos y arcosolios en las paredes, hasta el punto de que cuando éstas se llenan, se excavan tumbas en el propio suelo de las catacumbas, como se puede apreciar medianamente en esta foto (no hay mucha iluminación en las catacumbas, no esperéis milagros con las fotos):[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”635″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Como puede verse, las catacumbas de Nápoles se diferencian de las de Roma en la mayor anchura de sus pasillos, entre otra cosa.

Las catacumbas, en las que recibirán sepultura obispos e incluso algunos duques napolitanos (hasta fechas tan tardías como el siglo X), se llenan de decoración, bien en forma de frescos o incluso en forma de mosaicos, desgraciadamente no siempre bien conservados. Dejo dos ejemplos:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_single_image image=”636″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_single_image image=”637″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Pero, aunque todavía continúen usándose por algunos años, estas catacumbas reciben su golpe de gracia en el año 831, cuando el príncipe longobardo Sico I de Benevento asalta Nápoles y se lleva los restos de San Gennaro a su ciudad originaria. Bueno, todos los restos no, en Nápoles permanecen tanto la cabeza como las dos ampollas con la sangre del santo, por lo que su culto permanece intacto en la ciudad. En los siglos siguientes las catacumbas sufren saqueos y destrucciones, aunque su visita se incluye en el Grand Tour en el siglo XVIII, hasta llegar a las restauraciones a partir del siglo XX, de las que hablaremos a continuación. Por cierto, con la añadidura de ese nivel superior, la entrada a las catacumbas pasa de estar cerca del actual puente della Sanità (junto al cual se encuentran también las catacumbas de San Gaudioso) a estar bastante más arriba de la colina de Capodimonte, junto a la Basilica dell’Incoronata Madre del buon consiglio.

Por cierto, los restos de San Gennaro tuvieron a partir de entonces una historia bastante agitada también. Y es que, tras el traslado por parte de Sico I a la Catedral de Benevento, permanecieron allí hasta el año 1.154, cuando, en vista de la poca seguridad que ofrece la ciudad, el rey de Sicilia Roberto I el Malo decide trasladar los restos del santo a la Abadía de Montevergine, en la provincia de Avellino. El problema es que en esta abadía ya hay gran devoción por San Guillermo y por un icono bizantino, por lo que San Gennaro recibe muy poca atención; menos, desde luego, de la que recibiría en Nápoles, donde Carlos de Anjou hace construir en 1303 el busto-relicario que contendrá la cabeza del santo, y su hijo Roberto hará lo propio con las ampollas de sangre. Así, cuando consigan encontrarse de nuevo los restos del santo, la familia Carafa, el cardenal Oliviero y su hermano el arzobispo de Nápoles Alessandro conseguirán que los restos del santo vuelvan a Nápoles en 1.497, para lo que construyen una cripta renacentista bajo el altar de la catedral napolitana. La Capilla del tesoro será posterior.

Pasamos ahora a la otra más destacable de las catacumbas de Nápoles, las Catacumbas de San Gaudioso.

El acceso a estas catacumbas sí que vamos a realizarlo junto al puente della Sanità, precisamente a través de la Basílica di Santa Maria della Sanità, que está pegadita al puente. Se trata de una iglesia barroca, que comenzó a construirse en 1602 por el arquitecto Giuseppe Nuvolo. A parte de la riqueza artística de la iglesia (incluyendo cuadros del gran Luca Giordano), lo más llamativo es el altar mayor:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”643″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Y es que el altar mayor está sobreelevado sobre una basílica paleocristiana (que conserva incluso decoración mural, aunque en no muy buen estado), ya que afortunadamente el arquitecto, raro en la época, quiso conservar la edificación preexistente, de forma que se han conservado hasta nuestros días. Basílica que, por cierto, daba entrada a las catacumbas.

El origen de estas habría que situarlo en torno al siglo IV o V, y toma su nombre del Obispo Gaudioso de Abitine (cerca de Cartago), quien fue desterrado por los vándalos y llegó a la costa de Nápoles, donde vivió el resto de sus días adquiriendo fama de santidad. Sepultado en estas catacumbas, es el santo que les da nombre.

Encontramos restos de pinturas murales y de mosaicos de esta época. De estos últimos pongo dos ejemplos:

[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_single_image image=”644″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_single_image image=”645″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Las catacumbas caen en el olvido hasta que, como ya mencionamos, en el siglo XVI Rione Sanità se urbaniza y pasa a ser lugar de residencia de los ricos de Nápoles. Ricos que ahora querrán enterrarse en las catacumbas, que sufren así serias alteraciones. Pero no estamos hablando de entierros al uso, usaban una técnica un tanto extraña:

Existían unos personajes conocidos como schiattamuorto, cuya función era extraer los fluídos del cádaves (por la falta de higiene de la labor, por lo general se trataba de presos). Primero golpeaban y agujereaban el cuerpo usando dos lápidas presentes en la basílica paleocristiana que ejercían, digámoslo así, la función de colador, y a continuación dejaban el cuerpo en unos nichos en la pared conocidos como scolatoi, bajo los cuales se depositaba un cántaro que debía recoger los fluídos. Esto son los scolatoi:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”646″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Una vez terminado el proceso, los huesos se depositaban en los nichos correspondientes, pero el craneo se incrustaba en la pared, donde el artista Giovanni Balducci pintaba al fresco el resto del cuerpo, a menudo con la vestimenta correspondiente al oficio del difunto. El resultado es este:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”647″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Además, seguimos encontrándonos con frescos en los muros, algunos de gran interés:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”648″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Esta forma de sepultura estaba en todo caso destinada a las clases más altas. El propio Balducci renunció al salario que le correspondía para poder ser sepultado en este lugar. Pero pronto se abandonó este tipo de prácticas funerarias, aunque las catacumbas continuaron usándose, especialmente durante la epidemia de peste de 1656. De las grandes dimensiones que alcanzó la necrópolis conocemos hoy sólo una pequeña parte.

Con la llegada a Nápoles de Napoelón y el nombramiento de Joaquín Murat como Rey de Nápoles, se decide vaciar las catacumbas de cuerpos, ya que ahora están en una zona urbanizada, y se trasladan los restos al Cimitero delle Fontanelle, que mencionamos al principio:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”649″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Excavado en la roca, este cementerio ya se había usado como sepultura de muchas de las víctimas de la epidemia de peste de 1656 (en la que murieron unas 300.000 personas), y será también lugar de sepultura de las víctimas de la epidemia de cólera de 1836. Pero esto no es un cementerio; es un osario:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”650″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Se calcula que se pueden ver los restos de unas 40.000 personas, pero que hay muchas más por debajo.

Este artículo tiene el propósito, por supuesto, de potenciar la visita de estos lugares de los que he hablado (dejo aquí un enlace a la página de las catacumbas, que incluye horarios de visita, rutas y demás), pero también el de destacar la labor de la cooperativa social que se ha hecho cargo de estos lugares. Desde un bed and breakfast junto a las catacumbas de San Gaudioso hasta la ocupación del Cimitero delle Fontanelle para conseguir su apertura al público, pasando por labores de restauración y excavación (estas sujetas a los permisos que dé el Vaticano), visitas guiadas (en italiano e inglés) o realización de souvenirs artesanales, esta cooperativa busca potenciar el turismo en Rione Sanità y dar a los jóvenes de la zona una salida laboral frente al desempleo o al crimen. Me pareció una iniciativa muy interesante y necesaria, porque atractivo turístico no le falta a la zona, pero los turistas la ignoran.

Así que cuando vayáis a Nápoles de vacaciones (cosa que os recomiendo), id a ver las catacumbas de Nápoles. A parte del arte y la historia, estaréis contribuyendo a la regeneración de un barrio que lo necesita.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]



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