Las tarjetas turísticas: pros y contras


Creo que lo primero de todo es aclarar a qué me refiero con tarjetas turísticas. Estas tarjetas turísticas son las que suelen tener la mayoría de las ciudades europeas pensadas para facilitar las cosas a los turistas. Por lo general, suelen llevar el nombre de la ciudad seguida del termino “card” (Madrid card, Lisboa card, Firenze card, Vienna card) o del término “pass” (London pass, Paris pass, Roma pass). Para hacernos una idea de la variedad de nombres y de la cantidad de ciudades que tienen algún tipo de estas tarjetas turísticas, en este enlace podemos ver las ciudades de Francia que las tienen y los respectivos nombres en cada una de ellas. Así nos podemos hacer una idea de la popularidad de estas tarjetas.




La pregunta, por tanto, es obvia: ¿merecen la pena? Vamos a intentar analizar algunos factores que determinarán si nos merece la pena comprar estas tarjetas turísticas o no.

La primera cuestión a analizar es qué pretendemos hacer en nuestro viaje. Por ejemplo, en el enlace de las tarjetas turísticas que he puesto antes aparece la French Riviera Pass, para Niza y la costa azul. Pero claro, si mi objetivo yendo allí es no salir de la playa en todo el día, pues no sé yo si merece la pena… o si mi objetivo cuando visito tal o cual ciudad es callejear, pero sin entrar en museos ni monumentos. Las tarjetas turísticas tienen como principal atractivo las entradas gratuitas (o por lo menos con descuento) en este tipo de sitios, pero si no tengo intención de visitarlos, pues es poco probable que me interese comprar una.

Pero ese no es el caso, yo voy a Roma, o a parís, o a donde os de la gana, con la intención de entrar en museos, iglesias, yacimientos arqueológicos o lo que sea que haya. ¿Qué factores tenemos que tener en cuenta en este caso?

El primero, no olvidemos que entrar en ciertos sitios es ya de por sí gratuito. Por ejemplo, en Londres, la mayor parte de los museos (British Museum, Tate Britain, National Gallery, Museo de Historia Natural… incluso el privado Sir John Soane’s museu, cuya visita os recomiendo encarecidamente) son gratuitos (aunque siempre agradecen alguna contribución). En Roma podemos visitar decenas de iglesias sin pagar un céntimo (salvo si queremos visitar el museo de tal o cual iglesia, sobre todo de las basílicas papales, o en ocasiones visitar ciertas partes de una iglesia, como la cripta adriana de la iglesia de Santa Maria in Cosmedin, la de la Bocca della verità), y por lo general las iglesias, con excepción de las catedrales, suelen ser gratuitas. La entrada a la catedral de Toledo es gratuita los domingos por la tarde (aunque este tipo de cosas conviene siempre confirmarlas antes de ir). Por lo tanto, tendremos que ver qué entradas (o descuentos) ofrecen las tarjetas turísticas y ver si vamos a visitar esos sitios.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que, en muchos sitios, hay ciertos colectivos que tienen entradas con descuento o incluso gratuitas, como niños, menores de edad, estudiantes, discapacitados, jubilados, profesores… aunque esto varía mucho de un sitio a otro. Así que, de nuevo, si entramos en alguno de estos colectivos, convendría informarnos antes de ir para ver si comprar la tarjeta nos sale rentable o no.

¿Qué suelen incluir entonces estas tarjetas turísticas? Pues de nuevo hay que informarse antes de ir para saberlo, porque suelen variar mucho. Algunas, por ejemplo, incluyen el uso libre de transporte público, lo que podría hacerlas atractivas incluso a algunos de los colectivos anteriores, si los descuentos que tienen en las entradas no son muy altos (eso sí, seguid soñando para que incluyan un paseo en góndola gratis en Venecia…). En otros casos, por el contrario, el transporte no está incluido, y tendremos que coger alguno de los abonos normales si vamos a usar bastante el transporte público (lo que suele ser aconsejable en casi todas las grandes ciudades aunque hayamos ido en coche, porque nos evitaremos perdernos, atascos y andar buscando sitio y pagando).

Por lo general, las tarjetas turísticas suelen incluir entradas gratuitas a cierto número de monumentos, siempre de tipo público (que forman parte del patrimonio nacional, para entendernos); los museos privados no suelen estar incluidos en las tarjetas turísticas, o a lo sumo, ofrecen una entrada a precio reducido o un descuento; por ejemplo, los museos de iglesias y catedrales no siempre están incluidos (la Roma Pass no incluye entrada a los Museos Vaticanos, por ejemplo… pero es que claro, los museos vaticanos no están en Roma, sino en un estado independiente… y ahí no hay tarjetas con descuentos ni tonterías; a pagar religiosamente, valga la redundancia). Y es que la mayoría de tarjetas, al margen de las entradas gratuitas que puedan ofrecer, suelen también incluir descuentos en otras entradas. Y ahí la Roma Pass es especialita… con validez para tres días, incluye entrada gratuita para las dos primeras que cojas en esos tres días (siempre teniendo en cuenta que, por ejemplo, Coliseo y Foro Romano, al ser entradas conjuntas, cuentan como una; también cuenta como una las 4 sedes del Museo Nacional de Arte Romano), mientras que en todas las demás que veas en esos tres días te cobran la entrada reducida.

A menudo, se incluyen entradas gratuitas de lugares que no están en la misma ciudad, sino en los alrededores (Versalles y otros palacios en la Paris Pass, Castillo de Windsor en la London Pass, Monasterios de Batalha, Alcobaça y Convento de Tomar con la Lisboa Card… por no hablar de tarjetas regionales, como la de Campania o la de Salzburgo), lo que también es de agradecer.

Hay tarjetas que, por el contrario, sólo ofrecen entradas con descuento (como la Vienna Card, por ejemplo), pero también suelen ofrecer descuentos en restaurantes, pastelerías, tiendas… y generalmente también se incluyen descuentos en autobuses y trenes turísticos, tours guiados por la ciudad o incluso excursiones por el entorno. De nuevo, dependerá de que queramos aprovechar alguna de estas cosas o no para ver si nos compensa la adquisición de la tarjeta o no.

A tener en cuenta es también la duración de la tarjeta: las hay desde 24 horas (que comienzan a contarse desde la primera cancelación para la que la usemos, no para un día natural) hasta incluso las que tienen duración de un año (en este caso sí que es un año natural… es el caso de la Campania Card, por ejemplo… si la coges un 2 de enero te vale para todo ese año… pero si vas un 29 de diciembre, como que igual mejor no cogerla, que se te acaba en 3 días). A veces hay que hacer malabares para encajar la cantidad de días que vas a estar, e incluso aprovechar el día que se acaba la validez de la tarjeta para visitar algo que no esté incluido.

Y por último, muy importante: algunas de estas tarjetas turísticas incluyen Fast Pass, esto es, no tener que hacer cola en taquilla para coger las entradas. Ver las enormes colas que hay para entrar en el Coliseo o en la Abadía de Westminster, y olvidarte de ella y entrar directamente (o esperando a lo sumo medio minuto de cola por las 4 personas que tienes delante que también tienen la tarjeta) es lo más cerca que vas a estar de colarte “legalmente”. Y, aunque no he estado, he leído que la de Siena merece la pena aunque sólo fuera por esos Fast Pass, sobre todo si vas en temporada alta. Eso sí, las tarjetas turísticas no suelen, por lo general, incluir la entrada a las exposiciones temporales de los museos (sólo he podido entrar en la que había en el Musée d’Orsay cuando estuve en París… me quedé con Pena de no poder ver la que había en el Museo del Prado, pero claro, al no pasar por taquilla con el Fast Pass, no tienes siquiera opción de comprarla aparte; si quieres verla, a hacer cola).

Lo cierto es que, en mi caso, casi siempre he cogido las tarjetas turísticas correspondientes (Roma, Florencia, Campania, París, Londres, Viena, Madrid, Granada, Lisboa…), salvo en dos casos: Sevilla (en la propia oficina de turismo no me la recomendaron) y Toledo (idem; está más pensada para hacer una excursión de un día desde Madrid, ya que incluye el viaje en AVE, pero yo fui para 3 días).

Por eso, hay que analizar todos estos factores, y, sobre todo, informarse antes: las guías de viaje por lo general suelen hablar de ellas, y en Internet encontraréis toda la información que queráis sobre la tarjeta concreta que necesitéis. Puede suponer un importante ahorro económico y de tiempo si merece la pena cogerla.



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