Momias reales del Imperio Nuevo egipcio, parte 2: KV35


En la parte 1 de esta serie de post nos quedamos con el descubrimiento, en 1881, del escondrijo de momias DB320, que abrió dos nuevas incógnitas: por un lado, la presencia de momias de época anterior tan próximas al Valle de los Reyes hacía pensar que la teoría de que las tumbas anteriores a Amenofis III podían estar, todavía ocultas, en el mismo Valle. Por otro lado, era obvio que faltaban momias… ¿sería posible encontrarlas?




Por eso resulta extraño que, en los siguientes años, nadie volviera a dirigir su atención al Valle intentando encontrar las respuestas a esos dos misterios.

El director general del servicio de antigüedades, Gaston Maspero, decide renunciar al puesto en 1881 y retirarse a Francia.

Gaston Maspero

 

El sucesor de Maspero fue el odiado Eugène Grébaut, quien encargó a su ayudante Georges Daressy el desescombro de dos tumbas del Valle conocidas ya desde la antigüedad, pero llenas de cascotes: la que compartieron Ramsés V y VI y la de Ramsés IX. Pero en 1891, gracias a la ayuda de un viejo conocido, un tal Mohammed Abd el-Rasul, encontró Bab el-Gasus, un escondite de momias de sacerdotes en Deir el-Bahari. Volveremos brevemente a este lugar en el próximo post de la serie.

Grébaut dimite, entre alegría popular, en 1892, cuando es sustituido por un ingeniero de minas llamado Jacques de Morgan, quien, alejado del Valle, obtiene importantes éxitos en las pirámides de Dashur, donde encuentra varios enterramientos intactos de varias princesas de la dinastía XII y la de un desconocido faraón de la dinastía XIII, Hor.

Pero cuando en 1897 le surge la oportunidad de excavar en Susa, capital de Elam, de Morgan no lo duda y abandona Egipto. Será sustituido por otro personaje poco popular, pero muy afortunado: Victor Loret:

Y, bueno… por fin alguien vuelve a dirigir su atención al Valle. Y es que Loret piensa que todavía ofrece un gran potencial… ¿Mohammed Abd-el Rasul tendría algo que ver? La cuestión es que Loret no supervisaba personalmente las excavaciones, que delegó en Hassan Hosni. Y no tardó en aparecer el éxito.

En febrero de 1898, casi recién llegado a Asuan, Loret recibe un cable de Hosni: se ha descubierto una tumba. Loret ya está el día 21 trabajando para acceder a una tumba alejada del lecho del valle, en medio del acantilado, nada fácil de acceder. Aunque de dimensiones más bien modestas, Loret debió de llevarse una enorme sorpresa al descubrir que el propietario de la tumba era, nada más y nada menos, que el gran Tutmosis III, uno de los faraones más importantes del Imperio nuevo, cuya momia había aparecido en DB320; ergo, la tumba había sido saqueada  estaba prácticamente vacía, salvo un importante número de estatuillas de madera. Y el propio tesoro que supone la decoración de las paredes de la cámara funeraria, cubiertas por un extenso texto.

Primer misterio resuelto: en el Valle hay más tumbas, y más antiguas de lo que se pensaba. Quedaban, por tanto, otras más para descubrir. Y en dos años, 1898 y 1899, Loret descubre nuevas tumbas, desde la KV26 hasta la KV41. De todas estas van a destacar dos:

La primera, KV36, descubierta en 1899, es la primera de las 3 tumbas intactas descubiertas en el Valle. Su propietario era un general llamado Maiherpri, de quien se desconoce a qué faraón sirvió (por la ubicación, próxima a la tumba de Amenofis II, se piensa que fue a éste, aunque otros piensan en su padre, Tutmosis III). Aunque era obvio que alguien había entrado en la tumba, la práctica totalidad de los objetos permanecían in situ. Lo más llamativo fue la momia en sí: Maiherpri era negro. Un nubio, seguramente.

La segunda (cronológicamente hablando su descubrimiento fue anterior al de la de Maiherpri, pero la dejamos para el final porque es en la que nos vamos a detener), fue descubierta mientras Loret todavía trabajaba en la tumba de Tutmosis III, el 9 de marzo de 1898. Un ushebti (estatuilla funeraria) de Amenofis II, parecía indicar el nombre del propietario de la tumba… otro golpe de suerte para el señor Loret, quien, impaciente por entrar, no dudó en arrastrarse entre los escombros que cubrían la tumba en cuanto el acceso fue abierto, a las 7 de la tarde. Vamos antes de nada a poner un plano de la tumba para orientarnos mejor:

Loret se arrastró por los corredores descendientes y atravesó el pozo gracias a una escalera de mano, llegando así a la antecámara, con sus dos columnas. Allí seguramente se llevó el suso de su vida. Y es que, con la única iluminación de una vela, vio un cuerpo atrozmente mutilado sobre una barca que le miraba… una momia víctima de los saqueadores, obviamente, que no tuvieron piedad con el cuerpo.

Avanzó Loret hasta la cámara funeraria, donde permanecía un sarcófago de cuarcita pintada con la tapa sin cerrar… Loret se asomó y… ¡sorpresa! Bajo un collar de flores, en un ataúd de cartón (que no era el original, claro), estaba el cuerpo de, seguramente, Amenofis II. Su momia era una de las que faltaban, y parece que Loret había tenido suerte.

Como podemos ver en el plano de la tumba, en la cámara funeraria se abren 4 pequeñas cámaras laterales. Las que en el mapa vemos a la derecha (pero que siguiendo el sentido de la tumba, tendremos a la izquierda) había restos del ajuar funerario: jarras de fayenza que en su día contuvieron víveres, y estatuillas de madera. Pero las dos cámaras anexas de enfrente tenían un contenido muy distinto.

En la primera de ellas, Loret pudo ver 3 momias completamente desnudas, sin sarcófago ni vendas. A la luz de las velas identificó a una mujer anciana, un joven príncipe y un hombre con el rostro desfigurado. Pero, como no tardaría en descubrirse, pese a la cabeza afeitada, no era un hombre, sino una mujer. El error de Loret es comprensible por la pobre iluminación de una vela. Parientes del rey, supuso.

La segunda cámara contenía nueve cuerpos más, algunos en sarcófagos, otros sobre tapas de sarcófago. Más parientes del rey, pensó. Pero al acercarse a leer el cartucho de uno de los sarcófagos, leyó el nombre de Ramsés IV. Y al seguir leyendo más nombres, su sorpresa iba en aumento: ¡había encontrado un segundo escondite de momias reales!

En aquella sala de reducidas dimensiones se hallaban, apretujados y en sarcófagos que a menudo no les pertenecían, el hijo de Amenofis II, Tutmosis IV, y su nieto, Amenofis III, ambos de la dinastía XVIII, tres faraones de la dinastía XIX (Merneptah, a quien en principio Loret confundió con Akhenatón, Seti II y Siptah), otros tres de la dinastía XX (Ramsés IV, V y VI) y una mujer no identificada, que se piensa que puede ser la reina Tausert.

Las momias fueron enviadas a El Cairo, con la excepción de la del propio Amenofis II, que permaneció en la tumba incluso cuando Howard Carter instaló un sistema de iluminación eléctrica para que los turistas pudieran visitarla. Sobre las 3 momias del primer anexo y la momia de la barca (que se piensa que pudo pertenecer al faraón Setnajt), no se sabe seguro si fueron enviadas a El Cairo, pero si fue así, no tardaron en volver: las tres momias fueron devueltas al anexo, cuya entrada fue tapiada, y la momia de la barca volvió a la antecámara, a la vista de los turistas, hasta que desapareció a principios del siglo XX.

Reeves menciona en su libro otras dos momias, las de Hatseptsut-Merietre, su madre (para quien se construyó la KV42, aunque no fue enterrada en ella) y un príncipe, seguramente Webensenu, ya que se han hallado restos de su ajuar, pero no consigo confirmar esta información por otras fuentes, ni saber qué fue de esas momias.

Loret documentó bien sus hallazgos, pero ya hemos mencionado que no era un personaje muy querido. En aquella época, los que controlaban Egipto eran los ingleses, y querían quitárselo de encima. En 1899 Loret es depuesto y vuelve a Francia sin publicar nunca los informes de sus hallazgos (a saber la de información valiosa que hemos perdido…), siendo sustituido por un retornado Maspero. Dos nuevas figuras se van a apropiar del Valle a partir de entonces, el mecenas americano Theodore Davis y el arqueólogo inglés Howard Carter, que encontrarían la tumba de Tutmosis IV.

Mientras las momias reales estaban en el Museo de El Cairo, todo el mundo se olvidó de las 3 momias encerradas en el anexo de la KV35. El descubrimiento de la tumba de Tutankhamón por parte de Howard Carter añadió una pista sobre la identidad de una de las momias, la de la dama anciana: un mechón de cabello hallado en la tumba de Tutankhamón que estaba bien identificado como perteneciente a la reina Tiye (la gran esposa de Amenofis III) parecía coincidir con la larga cabellera de la momia de la dama anciana. Pero no será hasta el siglo XXI que se derribe el tabique que cerraba el acceso al anexo y se comience a estudiar estas momias, que depararán importantes sorpresas. Las investigaciones siguen, y la KV35 no se puede visitar actualmente, a diferencia de la mayoría de las tumbas más interesantes del Valle (en un intento por recuperar el turismo que Egipto ha perdido por su inestabilidad política y sus atentados terroristas). Si está cerrada, será por algo…

Hasta aquí la historia de este post. Pero nos quedan todavía 3 post más de esta serie. En el próximo hablaremos de los descubrimientos posteriores a Loret.

 

Otros post de la serie:

Parte 1: DB320

Parte 3: descubrimientos posteriores

Parte 4: Interpretación de los escondrijos



2 comentarios sobre “Momias reales del Imperio Nuevo egipcio, parte 2: KV35”

  1. Buenos días. Me llamo Jessica y lo primero de todo quería decirte que tu entrada me ha sido realmente útil. Estoy escribiendo una novela y una parte de ella trata de reproducir el descubrimiento de la tumba KV35. A pesar de que había realizado búsquedas sobre esta excavación, en ningún sitio había encontrado una descripción tan detallada sobre la misma. Quería pedirte si podrías por favor decirme qué bibliografía has utilizado. Me gustaría profundizar un poco más y poder citarla si es necesario.
    Muchas gracias

    1. Por lo general la base suele ser siempre wikipedia (consultando en distintos idiomas), pero en este caso la principal fuente de información ha sido “Todo sobre el Valle de los Reyes” de Nicholas Reeves, cogiendo información también de otra obra suya, “El antiguo Egipto: los grandes descubrimientos”, de la obra de Christian Jacq “El valle de los Reyes”, de diversos números de la Revista National Geographic y de alguna página de internet que ya no recuerdo (sobre todo para actualizar la información más reciente que no recogen ni Reeves ni Jacq). Gracias por el comentario y suerte con la novela!

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