Turismo en Andalucía: los dólmenes de Antequera


Estábamos esperando los resultados de la reunión anual de la UNESCO que está teniendo lugar entre el 10 y el 20 de julio de 2016 en Estambul para conocer los nuevos lugares que consiguen ser declarados Patrimonio de la Humanidad. Y hoy, 15 de julio, pasadas las 3 y media de la tarde, se ha confirmado la declaración de los dólmenes de Antequera (oficialmente “Sitio de los dólmenes de Antequera) como Patrimonio de la Humanidad. Así que en parte este post está pensado para felicitar al lugar por el nombramiento.




En principio, el lugar declarado Patrimonio de la humanidad no está compuesto únicamente por los 3 dólmenes (en realidad 2 dólmenes y un Tholos), abarca también la Peña de los enamorados y el famoso Torcal de Antequera:

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Pero en este post nos vamos a centrar en los monumentos megalíticos propiamente dichos. Antes de nada, ponemos el enlace al sitio oficial de la página de la UNESCO.

Ya hemos mencionado que los dólmenes de Antequera son propiamente dos dólmenes (los de Menga y Viera) y un Tholos (el de El Romeral). Yo los visité el año pasado, en febrero. Ambos dólmenes están muy próximos uno del otro, en el mismo recinto. A la entrada de este recinto hay precisamente un centro de visitantes (si mi memoria no falla, no se pagaba entrada), y no es difícil de encontrar. El Tholos de El Romeral está más alejado y es más difícil de encontrar, y el parking no está en tan buen estado, pero aún así merece la pena hacer la visita completa.

Comenzamos por los dos dólmenes. Datados hacia finales del neolítico, corresponden al arte megalítico europeo. Pero no son simples dólmenes de dos o tres grandes piedras que sujetan una última piedra a modo de techo: en ambos casos de trata de dólmenes de corredor, que forman un largo pasillo más o menos ancho, cubiertos por túmulos.

Comenzamos por el más pequeño, el dolmen de Viera. En la siguiente foto vemos la entrada, con el túmulo que la cubre:

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Este dolmen (a diferencia del vecino de Menga, conocido desde siglos antes) fue descubierto en 1903 por los hermanos Viera, de los que años después recibió el nombre. El corredor mide 21 metros de longitud y termina en una cámara cuadrada poco mayor (tanto en anchura como en altura) que el propio corredor, orientado, por cierto, como es habitual en estas construcciones, hacia el amanecer en los equinoccios. Vemos una foto del final del corredor:

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Nos vamos ahora al vecino dolmen de Menga, que, como ya apreciamos en la foto de la entrada, es de tamaño mucho mayor (y más espectacular, por tanto):

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Ya a simple vista nos daremos cuenta de que el de Menga no está orientado en la misma dirección que el de Viera: el de Menga mira a la Peña de los enamorados. Pero no es lo único que hace único a este dolmen. Sus 27 metros de longitud no resultan sorprendentes, pero sí lo son los 6 metros de anchura y los 3 y medio de altura, dimensiones imponentes para este tipo de edificaciones. Por ello se incluye un recurso poco habitual en el arte megalítico: unos pilares intermedios que ayudan a sujetar las grandes piedras del techo (se calcula que la última de las piedras que sirven como techo pesa unas 180 toneladas):

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Para hacernos una idea de las dimensiones, pongo una foto en la que salgo yo junto a uno de esos monolitos centrales:

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Por cierto, en la foto se puede apreciar otra peculiaridad de este dolmen, la presencia de un pozo al final de la galería.

Y ahora ya nos desplazamos un poquito. Si pudiéramos ir volando, seguiríamos la línea que conecta el dolmen de Menga con la Peña de los enamorados, y en esa línea nos encontraríamos con el tercero de los dólmenes de Antequera. Aunque, como ya hemos mencionado, no es propiamente un dolmen, sino un Tholos.

Cubierto también por un túmulo, éste es su aspecto exterior:

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Fue descubierto en 1904, de nuevo por los hermanos Viera, y es particularmente diferente a los dólmenes anteriores. En este caso, el corredor, de forma trapezoidal, aunque cubierto por grandes piedras, tiene los juros cubiertos por lajas de mucho menor tamaño:

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No hemos mencionado todavía que este corredor también tiene una orientación única, mirando al torcal, y también al sol del mediodía en el solsticio de invierno.

El corredor termina en dos cámaras (la primera mayor que la segunda) también muy particulares, ya que se trata de Tholos, es decir, de una especie de falsas cúpulas formadas por acumulación de lajas de piedra que van cerrando el diámetro según sube la altura…

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Aquí vemos esos muros del tholos… pero al final la cúpula se cierra con una gran piedra:

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La calidad de las fotos no es muy buena, lo sé, así que quien quiera hacerse una mejor idea de lo que hemos contado, ya sabe lo que tiene que hacer: ir a verlos in situ.

Me sorprendió bastante cuando visité los dólmenes de Antequera la poca cantidad de turistas que había, tanto el los propios dólmenes como en la ciudad en sí; ya sé que no era temporada turística, pero eso en Sevilla o en Ronda daba igual, estaban llenas de turistas; Antequera no; apenas un puñado, en su mayoría británicos. En España no se sabe aprovechar el rico patrimonio histórico y cultural que tenemos. Espero que este nombramiento como Patrimonio de la Humanidad le sirva a los dólmenes de Antequera (y a toda la ciudad con ellos) para ponerse en el lugar que le corresponde, una visita imprescindible en medio de esa artísticamente riquísima tierra que es Andalucía, mucho más que sol y playa.



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