Turismo en Aragón: el monasterio de San Juan de la Peña


Los estudios de historia del actual estado español en la educación española se circunscriben a menudo exclusivamente al Reino de Castilla, ignorándose la riquísima historia que encontramos en otros territorios que se incorporaron al estado (lo que yo denomino “colonización castellana de la península”). Es decir, al final, si queremos conocer el origen de otros territorios, tenemos que estudiar por nuestra cuenta. Y ya sabemos que una de las mejores formas de aprender historia es viajar y conocer los lugares en los que acontecieron importantes acontecimientos históricos. Pues bien, el tema que hoy nos ocupa, el Monasterio de San Juan de la Peña, es historia viva del surgimiento del Reino de Aragón.




Los musulmanes, pese a invadir la península ibérica y llegar incluso hasta el seno de Francia (donde fueron detenidos y derrotados por los francos dirigidos por Carlos Martel en la Batalla de Poitiers el 10 de octubre del año 732), nunca llegaron a controlar completamente los territorios al norte de las sierras pre-pirenaicas (al cual que sucedía con los territorios al norte de la cordillera cantábrica, núcleo original del Reino de Asturias). De ahí surgirán el siglo siguiente territorios independientes controlados por líderes locales. Carlomagno aprovechará a estos pequeños estados para conformar la marca hispánica, territorios bisagra que protegían al imperio carolingio de los ataques andalusíes, y así surgen los territorios del futuro Reino de Navarra o los condados catalanes. En el año 828, el señor local Aznar Galíndez I conseguirá el título de Conde de Aragón, formando parte de esa marca hispánica.

Este condado no estaba libre de ataques musulmanes, por lo que, al igual que sucedía en territorios asturianos, los monjes y eremitas cristianos buscaban como lugar de retiro valles remotos y alejados de las principales vías de comunicación. No es de extrañar, por tanto, que en fechas tan tempranas como el siglo IX, o incluso anteriores, el abrigo rocoso bajo el que se encuentra el Monasterio de San Juan de la Peña fuera ocupado por monjes.

Existe una leyenda, que nos habla sobre la fundación del monasterio: cuenta que, en el siglo VIII,  un joven noble llamado Voto se encontraba cazando cuando vio un ciervo y salió a caballo en su persecución. El ciervo calló por un barranco, y aquí las versiones difieren: una cuenta que, cuando el caballo iba a despeñarse igualmente, una oración de Voto a San Juan le hizo detenerse milagrosamente y, en agradecimiento, fundó un cenobio. la otra cuenta que el caballo sí se despeñó, pero cayó lentamente, por lo que Voto sobrevivió y encontró al fondo del barrando una ermita dedicada a San Juan Bautista, en la que se encontraba el cuerpo de Juan de Atarés, un ermitaño del siglo VII. En todo caso, Voto y su hermano Felix (canonizados posteriormente) se establecerían en ese lugar como eremitas, dando origen a un monasterio dedicado a San Juan Bautista (que por su peculiar ubicación acabaría siendo conocido como San Juan de la Peña).

Estos orígenes son sin duda legendarios, pero lo que sabemos con certeza es que la iglesia baja del actual monasterio fue consagrada en el año 920. La importancia que adquiere este monasterio se comprueba en el hecho de que es elegido como lugar de enterramiento por parte de algunos de los condes de Aragón.

Pese a todo, el siglo X verá una pérdida de importancia del monasterio. En el año 970 desaparece el condado de Aragón: el conde Galindo II Aznárez muere en el año 922 sin descendencia masculina que le sobreviva (se desconoce qué le sucedió a su hijo Mirón Galíndez, pero al no heredar el condado se deduce que habría muerto antes que su padre). La heredera es por tanto su hija Andregoto Galíndez, que en 938 se casa con García Sánchez, el Rey de Navarra. El hijo de ambos, Sancho Garcés II, será su sucesor, pero ya únicamente como Rey de Navarra: el condado de Aragón desaparece como entidad independiente, quedando bajo control navarro. Pese al decaer de importancia del monasterio, el rey será sepultado finalmente aquí.

El monasterio recobra su importancia bajo el reinado de Sancho Garcés III (también conocido como Sancho el mayor), cuando se introduce en el monasterio la orden benedictina (y su regla Ora et labora) y se realizan obras de ampliación de las dependencias monacales. De esta época datan la ampliación de la iglesia inferior y la contigua sala de los concilios.

El rey Sancho de Navarra divide sus dominios entre sus tres hijos: el mayor, García Sánchez III, será Rey de los territorios navarros (Reino de Nájera-Pamplona), al menor, Gonzalo, le hace Conde del Sobrarbe y la Ribagorza, y al mediano, Ramiro, le deja los anteriores territorios del condado de Aragón (que en gran medida se componía de la parte cristiana de l valle del río Aragón, que da nombre al territorio, y de la parte superior del valle del río Gállego), pero ahora como Rey. Nace así el Reino de Aragón, que no tardará en incorporar los territorios del vecino condado del Sobrarbe y la Ribagorza tras la muerte sin herederos de Gonzalo.

En el año 1071, durante el reinado del hijo de Ramiro I de Aragón, Sancho Ramírez, el monasterio recibe otro importante empujón, ya que es ampliado con un nuevo nivel por encima del anterior, que incluye una nueva iglesia y numerosas dependencias nuevas, entre ellas el claustro. Es además en ese momento en el que en el monasterio se adopta por primera vez el rito litúrgico romano frente al hispano imperante hasta entonces. Parece que es aquí el primer lugar en el que se adopta ese rito romano.

La importancia del monasterio queda demostrada por su conversión en panteón real de los 3 primeros monarcas aragoneses, Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I con sus respectivas familias.

Pero la conquista de territorios bajo control de los musulmanes avanza hacia el sur, hacia Huesca o Barbastro, entre otras ciudades, con lo que el centro político del nuevo Reino se traslada de Jaca hacia el sur. Los nuevos monarcas elegirán otros lugares de enterramiento (primero Huesca y, posteriormente, con la unión de los condados catalanes, los monasterios de Poblet y Santes Creus, en la provincia de Tarragona), y el monasterio de San Juan de la Peña va perdiendo importancia. Finalmente, un incendio en el año 1675 destruye buena parte de las dependencias monásticas, por lo que los monjes que todavía residían en el monasterio se trasladan a una nueva edificación, unos cuantos metros de altura más arriba, en la pradera de San Indalecio. Este nuevo monasterio barroco es destruido durante la Guerra de Independencia española, quedando en ruinas.

Bien, comenzamos nuestra visita al monasterio. San Juan de la Peña se encuentra en el término municipal de Santa Cruz de la Serós, municipio de menos de 200 habitantes que se encuentra a unos 15 km de Jaca. Estamos en plena cuna del románico, ya que además del monasterio, en el centro del pueblo encontramos la iglesia de Santa María de la Serós y la ermita de San Caprasio. Lo más probable es que para llegar al monasterio  vayamos por la nacional 240 y cojamos el desvío hacia Santa Cruz de la Serós a medio camino entre Jaca y Puente la Reina, la carretera autonómica 1603 (la otra opción para llegar al monasterio pasa por la autonómica 1205, que podemos coger bien en Jaca o bien en el embalse de la Peña, si venimos de Huesca, Riglos o el Castillo de Loarre, y al llegar a Bernués cojamos la autonómica 1603; e este caso llegaremos directamente a la pradera de San Indalecio sin pasar por el monasterio viejo ni por el pueblo de Santa Cruz de la Serós). Desde el centro del pueblo nos quedan todavía 7 km de subida por una carretera de curvas hasta pasar junto al monasterio viejo. Aquí hay un parking para autobuses, pero los coches no pueden aparcar aquí; hay que continuar subiendo otro km más hasta llegar a la pradera de San Indalecio, donde se encuentra el parking junto al monasterio alto o nuevo. Es aquí donde cogeremos las entradas para visitar el monasterio (hay una taquilla junto al monasterio viejo para quienes vayan en autobús en alguna excursión organizada o para quienes tengan las piernas suficientes para subir andando; no olvidemos que el monasterio es un desvío imprescindible en el Camino de Santiago que entra en la península por Canfranc y pasa por Jaca).

Las visitas al monasterio constan de tres partes diferentes: el monasterio viejo, el Centro de Interpretación de San Juan de la Peña y el Centro de Interpretación Reino de Aragón. Dejo un enlace a la página oficial del monasterio con los horarios y tarifas de cada opción.

Hemos dejado el coche en la pradera de San Indalecio (donde hay un merendero, baños públicos, zona de juegos infantiles y la posibilidad de realizar algunas rutas a pie para poder disfrutar de las excelentes vistas de los Pirineos que tenemos justo enfrente) y nos dirigimos al Monasterio Nuevo (el edificio es una reconstrucción):

(Agradecer antes de nada a Manu la magnífica panorámica que nos sacó a Jon, el organizador de la excursión, y a mí).

Estamos ante el monasterio nuevo. A la izquierda, aunque no se ve, está la entrada a la taquilla, la tienda, la cafetería-restaurante, los baños y demás servicios. Ahí cogeremos las entradas para lo que vayamos a ver.

De frente tenemos la puerta de la iglesia. En ella está el Centro de Interpretación del Reino de Aragón, que no tuve ocasión de visitar, pero que consta fundamentalmente de audiovisuales que cuentan la historia del Reino y la importancia que en él tuvo San Juan de la Peña.

Y a la derecha tenemos la entrada al Centro de Interpretación del Monasterio Nuevo. Ya hemos dicho que el monasterio fue destruido durante la Guerra de Independencia, por lo que lo que de él quedan son excavaciones arqueológicas. Además de paneles informativos sobre el monasterio y la vida en él, pasamos por un suelo de metacrilato sobre los restos de la zona de habitación del monasterio, en la que hay reproducciones de la habitación del abad y las de los monjes, y en un edificio anexo podemos ver el edificio de servicios, con sus caballerizas, horno de pan, carpintería o la consulta del médico. Un buen acercamiento a cómo era la vida en un monasterio del siglo XVII y XVIII.

Pero vamos a lo que nos importa, al monasterio viejo. Podemos bajar andando (15 minutos más o menos por el monte, con bastante pendiente) o coger los microbuses que unen ambos monasterios (el precio está incluido en la entrada). Se coge delante del monasterio alto y te deja a las puertas del monasterio viejo.

Una vez allí podemos hacer una visita guiada (incluida con la entrada) o visitarla por libre. Yo he hecho ambas; esta última vez lo visité por libre. Error; ya mencionaré más adelante por qué. De una forma u otra entramos por la puerta del monasterio:

Entramos al monasterio. Y aprovecho el plano de wikipedia para poder orientarnos mejor:

Tenemos ante nosotros una escalera que sube al nivel alto y otra, con bastantes menos peldaños, que nos lleva al núcleo original del monasterio. Para seguir un orden cronológico vamos a descender (la b del plano) y vamos a ir hasta el fondo, al número 10.

Estamos en la iglesia pre-románica, la iglesia original del monasterio. Consta de dos naves con un ábside cada una, excavado en la roca. Vemos una foto de la nave derecha:

Y otra foto de la nave izquierda:

Vemos en ambas fotos que la iglesia no está en el mismo nivel, sino que los ábsides y una pequeña parte de las naves está a un nivel superior y que unas escaleras nos conducen al resto de las naves a un nivel inferior. La parte superior es la iglesia del año 920, mientras que el resto corresponde a la ampliación que llevó a cabo Sancho Garcés III de Pamplona en el siglo XI. Es de estilo mozárabe, lo que se hace evidente por los arcos de herradura que unen ambas naves. Los ábsides fueron decorados con frescos ya en época románica, en el siglo XII, con escenas de la vida de San Cosme y San Damián de los que por desgracia se conservan pocos restos que hacen irreconocibles las escenas:

A los pies de las escaleras nos encontramos con 5 sepulcros de abades del monasterio.

Esta es para mí la estancia más interesante del monasterio, ya que es uno de los poquísimos restos que nos quedan del pre-románico peninsular, y en especial del navarro y aragonés.

Vamos a la estancia contigua, de considerables mayores proporciones (la 11 en el plano), la llamada Sala de los concilios, ya que se pensó erróneamente que aquí se celebró un concilio en el siglo XI. Estamos en una estancia románica, realizada también durante la ampliación de Sancho Garcés III, que servía de dormitorio para los monjes:

Justo adosada a la pared que da a la iglesia, al fondo, bajo la roca, encontramos una fuente por la que se filtra agua de la parte superior del monasterio, y que a buen seguro fue de gran utilidad para los monjes (y no lo digo por el falso mito de su uso para la tortura del (gota a gota”):

Por desgracia, esto es todo lo que se conserva del monasterio original y de su ampliación en el siglo XI. No nos queda más que subir al nivel superior (la a del plano), construido a partir del año 1071 por orden de Sancho Ramírez de Aragón. Una vez subimos las escaleras llegamos a un patio conocido como el Panteón de los Nobles, desde el que se accede a la iglesia superior:

En la foto vemos como la roca cubre una parte del techo de la iglesia.

La denominación de “Panteón de los nobles” se debe a la doble hilera de sepulcros de la nobleza que encontramos en la pared derecha:

Como vemos, los sepulcros tiene forma semicircular, rodeados por una cenefa de ajedrezado jaqués, tan típico del románico oscense (y que se extendió de aquí a otros lugares del Camino de Santiago). Cada sepulcro cuenta con un relieve circular en el centro (aunque no todos se conservan), algunos sencillos (crismones o representaciones de algún animal), otros mucho más complejos y con carácter alegórico:

Frente a estos, en la pared que da a la iglesia, tenemos el sepulcro de Pedro Pablo Abarca de Bolea, X Conde de Aranda, destacado miembro de la corte de Carlos III y Carlos IV, ya en pleno siglo XVIII. Este Conde quiso ser enterrado en el lugar donde reposaban algunos de sus antepasados, y como veremos más adelante, tuvo un importante papel en la remodelación de una de las estancias del monasterio:

Antes de dirigirnos a la iglesia podemos visitar unas pequeñas estancias que se abren al patio y que forman un pequeño museo con objetos del monasterio (especialmente capiteles y otros elementos arquitectónicos) y con paneles informativos). Y, sobre todo, visitamos la estancia señalada en el plano con un 1, el horno de pan, estancia de poca altura, tapada por la roca bajo la que se encuentra edificado el monasterio. Aquí podemos ver todavía la boca del horno:

Pero lo más destacable de esta sala no es la función que tenía, ni la arquitectura del lugar, sino las tres lápidas que se encuentran en el suelo, en el centro:

Si la memoria no me falla, estas son las lápidas funerarias de los primeros reyes de aragón. Y su ubicación original está justo al lado, ya que en el extremo de la sala se abre un hueco entre la roca y el muro en el que se ubica el Panteón de los Reyes:

Este es el lugar en el que fueron enterrados los Condes de Aragón, algún Rey de Navarra y los 3 primeros reyes de Aragón con sus esposas, en huecos antropomorfos excavados en la roca. Los cuerpos actualmente no se encuentran ya aquí (creo recordar que fueron trasladados a Zaragoza; aprovecho para pedir su devolución al lugar en el que les corresponde estar), pero es este lugar el que le da su importancia al monasterio de San Juan de la Peña.

Volvemos al Panteón de los Nobles y de ahí accedemos ya a la iglesia superior. La construcción de esta nueva iglesia hizo que la iglesia mozárabe del nivel inferior ahora adquiriera las funciones de cripta. Nos encontramos en una iglesia románica, con arcos fajones de medio punto que sostienen una bóveda de cañon. Una iglesia de nave única con tres ábsides, de nuevo excavados en la roca, siendo el central algo más grande que los laterales:

Observamos un románico austero, sin mucha decoración, pero de una gran belleza en su aparente simplicidad.

Antes de comentar más sobre los ábsides nos vamos a fijar en la puerta que se abre a la izquierda. Aquí se encontraba la sacristía de la iglesia, adosada a las tumbas del panteón real. Este panteón sufrió daños durante el incendio de 1675, así que, por instigación del Conde de Aranda, fue renovado en estilo neoclásico por orden de Carlos III en 1770. Desde la puerta la vista sería la siguiente:

En la pared derecha se encuentran los sepulcros de los reyes, con sus respectivos nombres inscritos en planchas de cobre.

Recientemente el panteón fue abierto al público, pero sólo en las visitas guiadas. Es decir, que al hacer la visita por libre me quedé sin poder entrar. Lección aprendida por las malas.

Volvemos a la iglesia. Y nos centramos en el ábside central, el altar mayor:

Una leyenda cuenta que el Santo Grial fue traído a España desde Roma por San Lorenzo, originario de Huesca. La leyenda sigue diciendo que, con el avance musulmán, unos monjes lo llevaron al monasterio de San Pedro de Siresa, en el Valle de Hecho, al norte del río Aragón, hasta que, alejado el peligro árabe, pasó por otros monasterios hasta llegar a la catedral de Jaca. En el año 1071 el obispo de Jaca envió el cáliz a San Juan de la Peña, convirtiéndolo así en una atractiva nueva etapa del Camino de Santiago. Y allí estaría hasta 1399, cuando el Rey de Aragón Martín el Humano lo trasladó a Zaragoza, y de ahí fue enviado a Valencia en 1424, reposando actualmente en la catedral de dicha ciudad. No vamos a entrar en terrenos míticos sobre la autenticidad o no de este grial, pero por motivos históricos se conserva aquí una copia de ese cáliz que tantos años pasó en el monasterio.

Vamos ahora a ver la otra vista de la iglesia, desde el ábside:

Vemos aquí la bóveda de cañón, y también un acceso, ahora inservible, desde una parte del monasterio que actualmente no se conserva, destruida en el incendio de 1675. No olvidemos que lo que hoy se visita es sólo una parte del monasterio original, mientras el resto se encontraría sobre la carretera actual.

Pasamos ahora al claustro, y lo haremos por una puerta mozárabe:

Al parecer esta puerta era originaria de la iglesia inferior y sería trasladada posteriormente aquí. Es decir, tendría un origen muy anterior al resto de la iglesia.

Y pasamos ya a hablar de la joya de San Juan de la peña, su claustro:

Lo llamativo de este claustro es la ausencia de cubierta, ya que el propio abrigo rocoso bajo el que se construyó ejerce la función de techo. Se conservan dos de las cuatro secciones de arcadas con sus correspondientes capiteles esculpidos, verdaderas joyas del arte románico. Los que se conservan nos cuentan episodios del Génesis y de los evangelios. Vamos a ver sólo uno (que sino no acabamos):

El elegido ha sido el milagro de las bodas de Caná, en el que Jesús transforma el agua en vino. destacan los ojos almendrados de las figuras humanas. hay que destacar también de nuevo el ajedrezado jaqués en los arcos (esta decoración es una constante en el monasterio, la encontramos también en la iglesia, por ejemplo).

Adosada a la pared (el 7 en el plano) encontramos la capilla de San Victorián, de estilo gótico flamígero del siglo XIII, ricamente adornado con pináculos, que sirvió de panteón para algunos abades del monasterio:

Por último, al fondo (número 9 en el plano) encontramos la barroca capilla de San Voto y San Félix, míticos fundadores del monasterio. Y aquí concluye nuestra visita al Monasterio de San Juan de la Peña.

El valle del río Aragón en uno de los lugares clave del resurgimiento de la península cristiana, y también uno de los principales lugares de entrada de nuevas corrientes europeas (el arte románico, el rito litúrgico romano) que contribuyen a dar una mayor uniformidad a esa Europa que se irá extendiendo culturalmente hablando hacia el sur, hacia territorios ocupados por los musulmanes. El monasterio de San Juan de la Peña es por ello uno de los lugares clave que nos permiten entender el posterior desarrollo histórico y artístico de una península ya plenamente europeizada, y por tanto una joya de visita imprescindible.



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