Turismo en Gipuzkoa: el Museo Oiasso de Irun


Creo que nos pasa a todos: nos movemos a lugares a menudo lejanos para visitar cosas cuando no hemos visto otras que tenemos al lado de casa. Yo desde luego tengo tantas “asignaturas pendientes” cerca de casa como las que tengo a mayor distancia. Por eso quise aprovechar el Día Internacional de los Museos de este año para visitar una de esas asignaturas pendientes que tenía, el Museo Oiasso, situado en Irun, dedicado fundamentalmente a la historia romana de la localidad, la civitas vascona de Oiasso.




Había dudas sobre la ubicación exacta de esta civitas romana conocida por los escritores clásicos, hasta que en los años 90 del pasado siglo se pudo confirmar que se encontraba bajo la actual ciudad de Irun (que es la segunda más grande de Gipuzkoa), junto a la desembocadura del río Bidasoa. Era por tanto un importante puerto marítimo para la exportación del metal que se extraía de las cercanas minas de Arditurri (explotadas desde época romana hasta el siglo XX), que también están abiertas al público. 

El museo, inaugurado en el año 2006, esta ubicado en las antiguas escuelas junto a la iglesia parroquial del Juncal, en pleno centro urbano. La ubicación es perfecta, ya que en la parte trasera se encuentran los restos de las termas romanas (aunque éstas todavía no están abiertas al público… esperemos que se arreglen los problemas cuanto antes para poder visitarlas). Cuenta con 2 pisos y tres salas, a parte de las exposiciones temporales (no había ninguna cuando yo estuve). Dejo antes de nada un enlace a la página oficial del museo. 

De la recepción se sube a las dos plantas del museo a través de rampas con carteles informativos en los paredes, que nos meten en contexto explicando detalles históricos y geográficos. 

La primera sala está dedicada sobre todo a la Gipuzkoa pre-romana (excepto un audiovisual que nos habla ya de la ciudad romana). Y es que de la edad del hierro se han localizado numerosos yacimientos en territorio gipuzkoano, situados a menudo en altura, como vemos en esta maqueta-reproducción de uno de ellos: 

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En la misma sala, junto a diversos objetos de la edad del hierro, destaca otra maqueta, que en este caso reproduce una vivienda típica de estos poblados pre-romanos: 

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Subimos ahora a la segunda planta, dedicada ya a la ciudad romana de Oiasso.

La primera de las dos salas de esta planta superior del Museo Oiasso está dedicada al puerto de la ciudad, cuyos muelles fueron descubiertos en 1992 en la cercana calle de Santiago. Destacan los muelles a 4 alturas, que se usaban según la altura de la marea.

De nuevo tenemos un audiovisual en esta sala que nos cuenta mejor la historia del puerto. Y en las vitrinas del fondo nos encontramos con diversos objetos relacionados precisamente con el puerto, como anzuelos, cerámica, e incluso redes y objetos de madera que han conseguido conservarse hasta nuestro día, como estos fragmentos de cuerda:

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Y es que, pese a lo que se pensaba hasta no hace mucho, la costa gipuskoana (y la vecina costa francesa) contaban con más asentamientos romanos, ya que en esta zona se producía el famoso garum (prueba de ello son los nombres del municipio gipuzkoano de de Getaria y el labortano de Géthary tienen su origen en las factorías de garum conocidas como Cetaria).

La última sala está dedicada a la vida cotidiana en la ciudad, dedicando los últimos paneles a su decadencia. En el centro de la sala destaca una maqueta con una posible reconstrucción de la Oiasso romana:

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Las partes que en la foto aparecen blancas (de metacrilato) son las que se corresponden a los hallazgos arqueológicos: el de más adelante, los muelles del puerto; el central, las termas; y el pequeñito del fondo, la necrópolis hallada bajo la ermita de Santa Elena. El resto es una simple suposición de cómo pudo ser la ciudad romana, basándose por supuesto en la distribución habitual de los edificios en otras ciudades (por ejemplo, el foro se ha situado frente a las termas).

Las vitrinas del alrededor nos muestran restos de la vida cotidiana encontrados, incluyendo cerámica en incluso objetos de vidrio. También, por supuesto, joyas, como este camafeo; la lupa ya nos permite hacernos una idea de su pequeño tamaño:

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Tenemos también peines y otros objetos de adorno personal.

Hay también restos de lo que comían, como las conchas de los moluscos o los huesos y cáscaras de ciertas frutas; de alguna de ellas (creo recordar que eran los melocotones) son los primeros rastos hallados en la península:

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Y hay también restos de armas e incluso una urna cineraria de la necrópolis de Santa Elena:

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Se puede comprobar como, junto a los restos incinerados del difunto, se incluían objetos metálicos e incluso de cristal. Por desgracia, la Ermita de Santa Elena sólo se puede visitar los sábados, por lo que me quedé sin verla (la había visto ya bastantes años antes, cuando fuimos con el Instituto, antes de la existencia del museo), y recuerdo que era una visita que merecía la pena.

Con este post sólo he pretendido destacar algunos de los detalles del Museo Oiasso que más llamaron mi atención (y los que recuerdo, que escribo este post un mes después de haber visitado el museo). Para saber más, lo mejor es por supuesto visitar el museo. Nos permite conocer mejor un período apenas conocido (y de descubrimiento reciente) de la historia de Gipuzkoa.



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