Una calle de París: Jean Jaurès


No sé si es posible encontrar en Francia una ciudad que no tenga una calle dedicada a Leon Gambetta (mejor no cuento la historia de cómo descubrí yo ese nombre…). Aunque no tan frecuente, otro nombre bastante habitual en el callejero francés, especialmente en las ciudades del sur (aquí al lado mío las hay en Bayona, Biarritz y Ciboure, por ejemplo), es el de Jean Jaurès. Y bueno, ya aprovecho para titular este post con un particular recuerdo a mis paisanos de Duncan Dhu, ya puestos…




La primera vez que oí (o mejor dicho leí) ese nombre fue cuando, en noviembre hará dos años, estuve en París. De los 5 días que estuve, los tres últimos estaba solo, así que iba a mi bola y a mi ritmo. El primero de ellos, el miércoles, fui desde el apartamento en el que estaba alojado, en el barrio obrero de Beleville, al parque de Buttes-Chaumont a dar una pequeña vuelta. Mi siguiente parada era el cementerio de Père-Lachaise, así que cogí el metro y me tocó hacer transbordo en una estación llamada Jaurès (porque la estación está en la avenida Jean Jaurès, obviamente). Por algún extraño motivo el nombre ya me llamó la atención.

Pasan dos días y llegamos al viernes, mi último día en París, que dedico a conocer la zona al sur del Sena. Y una parada imprescindible es el Panthéon. Allí, en la cripta,  son sepultados los restos de ilustres franceses que han tenido una gran trascendencia en la historia de su país. Allí están Voltaire y Rousseau, el corazón de Gambetta, Pierre y Marie Curie, mi admirado Victor Hugo, el no menos grande Alejandro Dumas (padre)… vamos, un lugar casi mágico para un mitómano como yo. Y entre todos esos ilustres franceses me encuentro un nombre para mí desconocido: Jean Jaurès. Así que me detengo brevemente a leer por encima lo que cuentan de su historia. Y con lo poco que me enteré en ese momento ya me di cuenta de que es un personaje muy interesante al que me temo que muy poca gente recuerda, al menos fuera de Francia. Así que vamos a contar algunos detalles de su historia.

Jean Jaurès nace en Castres (esa ciudad de los pirineos centrales franceses en la que hay un museo dedicado a Goya) el 3 de septiembre de 1859 en el seno de una familia pequeño-burguesa. Estudia filosofía y trabaja como profesor.

En 1885, con 26 años, consigue ser elegido diputado por el departamento de Tarn. Por cierto, Tarn es un departamento situado en la región de Midi-Pyrénées y con capital en Albi, ciudad destacada por ser la cuna del pintor Henry Toulouse-Lautrec, por dar nombre a la cruzada contra los cátaros (la cruzada albigense) y por su bellísima catedral gótica policromada. Bueno, volvemos a Jaurès: con el III imperio caído en la década anterior y las disputas entre monárquicos y republicanos, él se une a estos últimos. En este momento teme la violencia de los socialistas, aunque se interesa por las causas sociales y propugna la unión de la clase obrera con la pequeña burguesía para poder reformar el país y devolverle los ideales revolucionarios.

4 años después vuelve a haber elecciones, en las que los republicanos obtienen por fin la victoria. Pero curiosamente Jean Jaurès no lo consigue: pierde en su departamento frente al Marqués de Solages, miembro del consejo de administración de las minas de Carmaux. Tras este golpe se refugia de nuevo en la docencia, durante la cual se adentra más en el mundo socialista alemán.

Pero un incidente cambiará su vida por completo: en 1892 estalla una huelga en las minas de Carmaux. El consejo de administración de las minas (del que formaba parte el diputado regional, como ya hemos mencionado) expulsa de su puesto al alcalde electo de Carmaux (municipio que ronda ya los 10.000 habitantes), Jean Baptiste Calvignac. Los obreros de las minas inician una huelga para defender a su alcalde, pero la república se posiciona a favor de los propietarios frente a los obreros. En este momento Jean Jaurès se da cuenta de que la república busca más los intereses de las finanzas y los industriales frente a la clase obrera y al respeto al ciudadano. Jaurès ya no es un republicano, sino un socialista.

La presión de la huelga obliga al gobierno a arbitrar en el conflicto entre Calvignac y Solages, que ganará el primero. Solages dimite como diputado y Jean Jaurès es elegido para sustituirle por parte de los mineros, pero ya no como republicano, sino como socialista independiente. Desde su cargo defenderá las causas sociales.

En 1984 surge un gran problema en Francia: el caso Dreyfus. Sería interesante hablar más detalladamente de él en otra ocación, pero se impone resumir brevemente el conflicto: un oficial del Estado Mayor francés estaba actuando como espía para los alemanes. Las sospechas recayeron sobre el capitán Alfred Dreyfus, de origen judío, aunque no había pruebas serias que lo inculparan. Los medios de comunicación, azuzados por la derecha y potenciando los sentimientos antisemitas del pueblo, atacaron a Dreyfus, quien fue declarado culpable y desterrado a la Guayana Francesa. Mientras tanto, muchos intelectuales, encabezados por Émile Zola, defendieron la injusticia del caso y la inocencia de Dreyfus (hoy día absolutamente demostrada). Y aquí es dónde se abre el debate entre los socialistas: Dreyfus era un oficial burgués, pero también era víctima de una flagrante injusticia. Tras unos titubeos iniciales, la presión popular hizo que Jaurès se decantara por la defensa de Dreyfus, quien al margen de su clase social era víctima de una injusticia, y los socialistas se oponían a cualquier tipo de injusticia.

Pero no todos los socialistas pensaban como él: los marxistas radicales priorizaban su visión de Dreyfus como burgués, lo que provocó una división entre los socialistas franceses que no terminaría hasta 1905, bajo presión de la internacional socialista.

Pero Jaurès es un idealista, que sigue defendiendo la reforma de la sociedad desde la propia república, sin los conflictos violentos de la lucha de clases. Portavoz del grupo socialista en la asamblea francesa, apoya el gobierno del bloque de izquierdas de Émile Combes, durante el que ocupa el cargo de vicepresidente de la cámara y encabeza la redacción del algunas reformas. Pero no tarda en desilusionarse por la lentitud de estas, y cuando en 1904 no es reelegido como vicepresidente, renuncia a apoyar a gobiernos republicanos, lo que no impide que, tras la fusión de los distintos grupos socialistas, consiga que la sección más radical se integre en el juego político.

En mi opinión es de destacar el hecho de que en 1911 defendiera la enseñanza en las escuelas del occitano (que todavía se hablaba en su región de origen), el bretón y el euskera. De poco sirvió, y hoy, más de un siglo después, los tres idiomas están en grave riesgo de desaparición en Francia.

El otro aspecto más destacable de Jaurès fue su pacifismo, especialmente durante la guerra de los Balcanes de 1912-1913. El fantasma de una guerra en Europa desaparece con el fin de esta guerra, y todo parece  marchas bien, hasta que…

Unos disparos en Sarajevo el 28 de junio de 1914 sacuden al mundo. La tensión acumulada entre distintas potencias europeas está a punto de estallar, y una ola de nacionalismo sacude los países europeos. Todos están dispuestos a ir a la guerra… menos Jaurès. El 23 de julio da un discurso en Lyon en el que culpa a las élites de los países europeos de la situación y, recordando lo acordado en la internacional socialista, llama a todos los obreros de los diferentes países implicados a oponerse a la guerra y convocar una huelga general con el fin de detenerla.

Pero poco consigue: la guerra comienza apenas 5 días después, el 28 de julio. Y el ultranacionalismo chauvinista francés no podía dejar que Jaurès lo estropeara todo: una campaña de calumnias y odio contra él provoca que sólo 3 días después, el 31 de julio, un estudiante nacionalista, Raoul Villain, le pegara a corta distancia dos tiros en el  Café Le Croissant de la calle Montmartre de París. Su muerte dejó a la izquierda sin un líder antibelicista, por lo que incluso muchos socialistas renuncian a la huelga general para unirse a la guerra.

La cosa no termina ahí: Villain es absuelto del asesinato en 1919, en un contexto todavía fuertemente nacionalista. Curiosamente, Villain, exiliado en Ibiza, es asesinado en 1936 por un grupo de anarquistas que, sin saber quién es, piensan que puede ser un infiltrado de los sublevados en la Guerra Civil Española.

Pero pocos años después, la figura de Jaurès fue por fin restaurada, y sus restos fueron llevados al Panthéon:

Todo había cambiado, y aunque tarde, muchos comenzaron a darse cuenta de que Jaurès tenía razón. Además, al margen de estar de acuerdo con él o no, está claro que fue coherente con su ideología hasta sus últimas consecuencias. Y no deja de resultar curioso que, viendo hoy día a tantos líderes de la izquierda volverse sumamente reaccionarios con la edad, Jaurès fuera virando cada vez más a la izquierda a lo largo de su vida.

Así que ya sabéis, la próxima vez que vayáis a París (“Siempre nos quedará parís, no lo teníamos, lo habíamos perdido; pero viniste a Casablanca y lo recuperamos”), aprovechad vuestra vuelta por el barrio latino o vuestra visita a la Sorbonne (no sé si se puede visitar la tumba de Richelieu en la capilla de la universidad… otro punto a favor de visitar la zona), aprovechad la ocasión para visitar el Panthéon. Os aseguro que merece la pena. Y mientras visitéis en la cripta las tumbas de tantos ilustres franceses, cuando os encontréis con el nombre de un tal Jean Jaurès, ya sabréis quién fue y por qué mereció que sus restos fueran llevados al lugar donde sólo pueden reposar aquellos que marcaron de forma destacable la historia de Francia. Juzgad cada uno si en su caso esto se cumple.



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