Viajes organizados: ¿a favor o en contra?


Cada vez que vamos andando por cualquier ciudad o pueblo mínimamente grande nos vamos a encontrar con alguna agencia de viajes que nos ofrece una variada oferta que seguro que nos abre el apetito (o quizá nos da dolor de estómago al ver los precios). Por eso hay que preguntarse si estos viajes merecen la pena. Así que vamos a analizar algunos factores.




El primero: en mi caso, cuando viajo a una ciudad, me suele gustar ver todo lo posible de ella, visitar todos los puntos de interés: museos, castillos y palacios, iglesias (o sinagogas o mezquitas o lo que corresponda a la región en cuestión), cementerios, ruinas… por lo general los viajes organizados tienen programas muy cerrados y suelen parar poco tiempo en las ciudades para poder disfrutarlas de verdad. Por lo tanto, en aquellos destinos más o menos accesibles (Europa en general, por ejemplo), prefiero ir por mi cuenta.

El tema económico también es importante, por supuesto. Por eso hay no pocos trucos para ahorrar en los viajes que queramos hacer. Por ejemplo, por lo general alquilar un apartamento (y hay varias páginas en internet que ofrecen precios muy buenos) salen más baratos que los hoteles, y ofrecen una importante ventaja: puedes prepararte el desayuno y la cena en “casa”, ahorrándote el restaurante de turno. También valen los bungalows de los campings, con la ventaja estos últimos de que a menudo cuentan con piscina (os aseguro que en Roma en pleno julio se agradece, y no poco), aunque los precios puedan ser algo más caros. Pero casi siempre compensan. Todo es cuestión de buscar por internet y comparar.

Cuando nos vamos a una ciudad grande por lo general no vamos a tener problemas de transporte. Ya habrá metro, tranvía o autobús para desplazarnos. Y aún en el caso de que queramos salir de la ciudad a visitar algún sitio concreto, si no es muy lejano por lo general el tren ofrece buenas opciones. En mi caso, desde Florencia hice escapadas de un día a Pisa y a Lucca en tren y las frecuencias eran más que correctas. Por lo tanto, no es necesario el coche y se puede viajar en avión tranquilamente.

Otra cosa es que vayamos a una zona en la que tengamos que desplazarnos mucho, o queramos hacer una ruta. Ahí tenemos dos opciones: llevar el coche o alquilar uno. Los alquileres obviamente encarecen el viaje, pero a veces las distancias obligan a ellos (también depende de lo que nos guste conducir). Pero también encontramos opciones más que interesantes para llevar nuestro coche: recientemente probé el ferry para ir de Barcelona a Italia, y tanto por precio como por las posibilidades que ofrece es una opción más que interesante.

Casi todas las ciudades (o hasta regiones, como en el caso de Campania) cuentan con alguna tarjeta que ofrece descuentos (o entradas gratuitas) a muchos de los monumentos que seguramente vamos a visitar. Conviene siempre informarse antes de ir para ver si existen, qué ventajas ofrecen y si merecen la pena. Os aseguro que el fast pass en el Coliseo o en la abadía de Westminster merece la pena, y mucho.

Lo bueno de los viajes organizados es que suelen incluir visitas guiadas (aunque cuidado, porque puede que algunas o muchas de las excursiones sean optativas y no estén incluidas en el precio original del viaje). Pero casi siempre vamos a poder encontrar un buen sustituto. En algunos lugares hay visitas guiadas por un precio algo superior al de la entrada libre (por ejemplo en el castillo de Loarre), y algunos otros de hecho sólo pueden ser visitados acompañados de un guía (las catacumbas de Roma o las de Nápoles, por ejemplo). Otra cosa es la oferta lingüística que ofrezcan (de ahí la importancia de tener por lo menos algunas nociones de inglés). Y en la mayoría de los sitios vais a tener audioguías con una mayor variedad de idiomas, en muchos casos pagando un suplemento, pero en otros incluídas en el precio de entrada (la abadía de Westminster que ya mencioné antes, o el castillo de Windsor. También por ejemplo en muchas catedrales españolas, como las de Salamanca, Guadix o Baeza, por ejemplo). Por lo general en los museos las audioguías pueden resultar excesivamente largas, pero en monumentos y palacios son una ayuda muy interesante. Hay lugares en los que incluso el sistema de audioguía va a través del wifi en el móvil (museo de la catedral de la Almudena de Madrid o Monasterio de San Juan de los reyes en Toledo).

Y siempre existe la opción de contratar excursiones in situ. En Roma por ejemplo te ofrecen excursiones de un día a Pompeya (yo no os lo aconsejo), pero también a la villa adrana de Tivoli (no pude hacerla, pero me quedé con las ganas). Incluso el otro día, mirando por internet excursiones en Egipto, hay agencias que ofrecen excursiones más que interesantes (excursión de 2 días desde El Cairo para subir al monte Sinaí y visitar el monasterio de Santa Catalina, o excursión de dos días desde Luxor a Miniah para visitar tell Amarna y Beni Hassan… los precios no eran muy baratos, pero leyéndolo se me caía la baba… y los viajes organizados tradicionales no ofrecen esas posibilidades). Incluso te ofrecen la opción de organizar el viaje a tu medida.

Otro tema a tener en cuenta obviamente es la seguridad. Todo depende de lo atrevidos que seamos, de nuestros conocimientos idiomáticos (difícil moverse por muchos sitios fácilmente sin saber por lo menos algo de inglés) y de lo seguro que sea el país. Aunque eso también es relativo… ayer era más seguro estar en Basora o en Erbil, en Irak, que estar en París (por desgracia y con todo el dolor de mi corazón, que ama con locura la capital francesa). A veces tenemos miedos un tanto estúpidos a lugares con culturas diferentes a la nuestra, pero no por ello son inseguros. Y la amenaza del terrorismo ahora mismo nos afecta a todos casi por igual (pensar que hoy hace 2 años yo estaba en París, alojado muy cerquita del lugar de los atentados, o visitando la abadía de Saint-Denis, pueblo en el que está el estadio en el que también hubo atentados, te hacen darte cuenta de que no estás a salvo en ningún lugar… y todo gracias a esos malnacidos…). Eso no quita que hay lugares peligrosos que es mejor no visitar ni por libre ni e viajes organizados (a ver quién es el guapo que viaja ahora a Mosul o a Palmira… y mira que me gustaría hacerlo, pero…)

Pero claro, resulta que ahora me apetece ir a Myanmar, o a Vietnam y Camboya… cito dos destinos que me encantaría visitar. Por el momento, por supuesto que recurriría a una agencia de viajes. Ya lo hice cando hace 4 años visité la India (una experiencia inolvidable y sumamente recomendable). Pero ahora que he podido conocer un poco el país y entender cómo funcionan las cosas, la próxima vez que vaya preferiría organizarme yo el viaje (aunque sea a través de una agencia que te haga el viaje a medida). Claro que en aquel viaje tuvimos guía y chofer para nosotros solos, y por muy buen precio. Así que, como en todo, hay que valorar los pros y los contras de cada opción. Pero desde luego, en mi caso, siempre que sea posible, evito los viajes organizados. No van conmigo. Si en cambio a ti sí te van, pues haz lo que veas mejor.



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