Turismo en Londres: Visitando el Parlamento Británico


Como cada año, en las fechas próximas al día de la constitución, el Congreso de los Diputados realiza su jornada de puertas abiertas en la que los visitantes pueden conocer el lugar donde tienen lugar los principales acontecimientos políticos del país, así como contemplar algunas de las obras artísticas que alberga. Pero fuera de esos días, la visita al Congreso no es fácil: sólo los sábados por la mañana, salvo contratación de visita en grupo… o la posibilidad de unirse a alguno de estos grupos si no llegan al número máximo. Vamos, que o estás un sábado por la mañana, o si consigues entrar es de pura potra. Y no, yo no lo he visto. Curiosamente, el que sí he visitado es el parlamento británico, el maravilloso Palacio de Westminster. Y sí, la visita fue pura coincidencia, porque no la tenía planeada en absoluto. Y es que tampoco es fácil de visitar: salvo en agosto, sólo se puede visitar los sábados (aunque en un horario mucho más amplio que el español). Bueno, también se puede ir a ver una sesión parlamentaria, pero no es fácil, porque el aforo es limitado, obviamente. Por eso, no contaba visitarlo. Pero sucedió lo siguiente:




Era un martes, hace año y medio, mes de abril si no me equivoco. Comenzaba el día con la visita de uno de los lugares que más me interesaban de todo Londres, la Abadía de Westminster, que está justo en frente del Parlamento. Ya me había hecho con una London Pass, que incluye acceso gratuito a muchos monumentos, Abadía incluida, con pase preferente (eso que llamamos Fast pass, que en un lugar como la Abadía de Westminster, con unas colas interminables, no os imagináis lo que se agradece). Mis padres no la cogieron, porque los minusválidos y acompañantes a menudo tampoco pagan (o pagan entrada reducida), y tampoco tienen que hacer cola. Además, lo bueno es que en Londres la mayoría de las entradas a lugares como la Abadía incluyen ya la audioguía.

Tras visitar la abadía (visita IMPRESCINDIBLE si vais a Londres), mi intención era ir a la Jewel Tower, una pequeña torre, vestigio del antiguo palacio, que se encuentra justo frente a la Victoria Tower del palacio de Westminster. Yo entro directamente, mientras mis padres cogen el ticket en taquilla, y entonces mi madre me pregunta: ¿Esto cuesta 17 libras? Y la visita es a la 1:30 (del mediodía, obviamente, y en ese era la 1:15). No puede ser, es una torre pequeñita… y cuando miro sus tickets… ¡habían cogido entrada para visitar el parlamento! Pues nada, a coger yo también el ticket (que no va incluido en la London Pass, y que por lo que veo ya cuesta 18 libras) y a correr para acceder al parlamento. Porque es que además hay que pasar un control de seguridad similar al de los aeropuertos, con arco de seguridad, vaciado de bolsillos (como los míos siempre van llenos, la cosa es complicada)…

Por qué siendo un martes de abril sin nada particular pudimos ver el palacio de Westminster, no me lo preguntéis, no tengo ni idea. Pero os aseguro que fue una experiencia que valió la pena. La entrada incluía audioguía, y durante la visita no se pueden realizar fotos.

Comenzamos la visita en el salón Westminster, uno de los pocos vestigios del antiguo palacio que sobrevivieron al incendio de 1834 y el único que vemos en la visita. Este es su aspecto exterior:

El aspecto interior no desmerece del exterior: una enorme sala sin ningún tipo de columnas que sostengan el techo.

Es en esta sala donde recogemos las audioguías y comenzamos la visita:

Vamos escuchando las explicaciones de la audioguía según avanzamos hacia la sala redonda marcada en el mapa que acabo de poner con una E. En este punto nos dirigiremos a la cámara de los Lores (a la izquierda en el mapa, señalada con la letra D), aunque no vamos a entrar directamente desde el pasillo y la antesala, sino que desde esta antesala pasaremos al pasillo que se ve justo encima, y accedemos a la cámara justo por el otro extremo, y la atravesaremos completa para, ahora sí, salir directamente a la antesala. Mientras tanto, la audioguía no explica el funcionamiento de las votaciones, la elección de los Lores y muchos otros detalles. Conviene sentarse en alguna de las butacas del pasillo mientras escuchamos las explicaciones, porque dentro de la sala no vamos a poder sentarnos en los escaños, está totalmente prohibido.

Los pasillos y antesalas de ambas cámaras están adornados con bustos de muchos primeros ministros británicos. La Tatcher aparece por todos lados. Más me sorprendió que, sin haber busto de Tony Blair, si lo hubiera de John Major, con sus gafitas inluídas: a ver, yo lo recuerdo (y hasta le pongo cara) porque era el primer ministro cuando yo era niño, y salía en el telediario y todo eso, pero… ¿alguien puede decirme algo relevante que hiciera este señor? No sé, salí con la impresión de que a la hora de colocar los bustos, los conservadores priman sobre los laboristas… llamadme “teórico de la conspiración” si queréis.

Visitamos de igual forma la cámara de los comunes, donde de nuevo está prohibido sentarse ( y yo que quería sentarme en el escaño de Ed Miliband…). Y de ahí volvemos al mismo lugar por el que hemos entrado.

Con la hora que era, tocó comer en la cafetería del palacio antes de salir. Y una fotito a la salida:

Sí, por desgracia sólo se ve la base del Big Ben. Pero se aprecia muy bien el estilo arquitectónico neogótico (bellísimo en mi opinión) en el que fue reconstruido el Palacio tras el incendio en el siglo XIX.

Lo cierto es que tras visitar semejante maravilla arquitectónica, la visita a la Jewel Tower posterior sabe a poco, aunque tiene su gracia, ya que en ella hay una maqueta que reproduce cómo era el Palacio antes del incendio, y con la información que has escuchado a través de la audioguía, esta maqueta cobra más sentido, la entiendes mucho mejor.

Alzado al borde del Támesis, el Palacio de Westminster, declarado Patrimonio de la Humanidad junto con la vecina Abadía homónima, destaca enormemente en la silueta de Londres. Y ya si cruzamos el río y montamos en la gigantesca noria “London Eye”, las vistas son impresionantes:

Sí, por desgracia cuando monté en el London Eye llovía, pero aún así la vista merece la pena.

Y así fue como, por pura coincidencia, visité el parlamento británico, que ni artística ni políticamente se parece mucho al español. Una visita que os recomiendo y que repetiría sin dudarlo.



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.